joomla visitor
AuditorŪa
LA DECADENCIA DE EE.UU. ES PERSPECTIVA (PARTE II)
Buscar Autor o Artículo
ÔĽŅ
PULSE LA TECLA ENTER
Voces Diario
Banner
Noticias
389 Suplemento
Banner
Voces del Periodista EnVivo
Banner
Radioteca
Posada del Periodista
Banner
Club de Periodistas
408
407
Banner
406
Banner
405
Banner
ÔĽŅ

Ver Otros Artículos de Este Autor

Edición 278

LA DECADENCIA DE EE.UU. ES PERSPECTIVA
(PARTE II)

 

El camino imperial
NOAM CHOMSKY
*

Suramérica, hacia su segunda independencia

 

EN LOS A√ĎOS DE CONSCIENTE, AUTO-INFLINGIDA DECADENCIA EN EL PA√ćS, las ‚Äúp√©rdidas‚ÄĚ siguieron aumentando en otros sitios. En la √ļltima d√©cada, por primera vez en 500 a√Īos, Suram√©rica ha emprendido pasos exitosos para liberarse de la dominaci√≥n occidental, otra p√©rdida seria.

LA REGI√ďN HA PROGRESADO hacia la integraci√≥n, y ha comenzado a encarar algunos de los terribles problemas internos de sociedades gobernadas por elites en su mayor parte europeizadas, peque√Īas islas de extrema riqueza en un mar de miseria. Tambi√©n se han librado de todas las bases de EE.UU. y de controles del FMI. Una organizaci√≥n recientemente formada, CELAC, incluye a todos los pa√≠ses del hemisferio con la excepci√≥n de EE.UU. y Canad√°. Si realmente funciona, ser√° otro paso en la decadencia de EE.UU., en este caso en lo que siempre ha considerado como su ‚Äúpatio trasero‚ÄĚ.

Los_Terroristas
Socios hasta que la muerte los separe


Incluso m√°s seria ser√≠a la p√©rdida de los pa√≠ses de MENA -Medio Oriente/Norte de √Āfrica- que han sido considerados por los planificadores desde los a√Īos cuarenta como ‚Äúuna estupenda fuente de poder estrat√©gico, y una de las mayores preseas materiales en la historia del mundo‚ÄĚ. El control de las reservas energ√©ticas de MENA generar√≠a ‚Äúun sustancial control del mundo‚ÄĚ, en las palabras del influyente consejero de Roosevelt, A.A. Berle.

Sin duda, si las proyecciones de un siglo de independencia energética de EE.UU. basada en recursos energéticos norteamericanos resultaran ser realistas, la importancia de controlar MENA disminuiría en algo, aunque probablemente no en mucho: la preocupación principal ha sido siempre el control más que el acceso. Sin embargo, las probables consecuencias para el equilibrio del planeta son tan ominosas que la discusión puede ser en gran parte un ejercicio académico.

La Primavera √Ārabe, otro evento de importancia hist√≥rica, puede presagiar por lo menos una ‚Äúp√©rdida‚ÄĚ parcial de MENA. EE.UU. y sus aliados han hecho lo posible por impedir ese resultado -hasta ahora con considerable √©xito. Su pol√≠tica hacia las revueltas populares se ha ajustado de cerca a las l√≠neas directivas est√°ndar: Apoyar a las fuerzas m√°s sensibles a la influencia y el control de EE.UU.

Los dictadores preferidos son apoyados mientras puedan mantener el control (como en los principales Estados petroleros). Cuando ya no es posible, son descartados y se trata de restaurar el antiguo r√©gimen en la mayor medida posible (como en T√ļnez y en Egipto). El patr√≥n general es familiar: Somoza, Marcos, Duvalier, Mobutu, Suharto, y muchos otros. En un caso, Libia, las tradicionales tres potencias imperiales intervinieron mediante la fuerza a fin de participar en una rebeli√≥n para derrocar a un dictador mercurial y poco fiable, abriendo el camino, como se espera, a un control m√°s eficiente de los ricos recursos de Libia (primordialmente el petr√≥leo, pero tambi√©n el agua, de particular inter√©s para las corporaciones francesas), a una posible base para el Comando √Āfrica de EE.UU. (limitado hasta ahora a Alemania) y a la inversi√≥n de la creciente penetraci√≥n china. En lo que respecta a la pol√≠tica, ha habido pocas sorpresas.

Crucialmente, es importante reducir la amenaza de una democracia que funcione, en la cual la opini√≥n popular pueda influencia significativamente la pol√≠tica. Esto, de nuevo, es rutina, y es bastante comprensible. Una mirada a los estudios de opini√≥n p√ļblica realizados por agencias de sondeo en los pa√≠ses de MENA explica f√°cilmente el temor occidental a una aut√©ntica democracia, en la cual la opini√≥n p√ļblica influencie significativamente la pol√≠tica.

Israel y el Partido Republicano

Consideraciones semejantes se trasfieren directamente a la segunda preocupación importante planteada en la edición de Foreign Affairs citada en la primera parte de este artículo: El conflicto Israel-Palestina. Será difícil mostrar con más claridad el temor a la democracia que en este caso. En enero de 2006, hubo una elección en Palestina, calificada de libre e imparcial por monitores internacionales. La reacción instantánea de EE.UU. (y claro está de Israel), y Europa lo siguió cortésmente, fue imponer duras sanciones a los palestinos por haber votado de manera equivocada.

La_amenaza_Iran
Ir√°n no es Ir√°k

No es ninguna innovaci√≥n. Est√° perfectamente de acuerdo con el principio general y nada sorprendente reconocido por los expertos dominantes: EE.UU. apoya la democracia si, y solo si, el resultado est√° de acuerdo con sus objetivos estrat√©gicos y econ√≥micos, la conclusi√≥n lastimera del neo-reaganita Thomas Carothers, el m√°s cuidadoso y respetado analista experto de las iniciativas de ‚Äúpromoci√≥n de la democracia‚ÄĚ.

De un modo m√°s general, durante 35 a√Īos EE.UU. ha encabezado el campo negacionista sobre Israel-Palestina, bloqueando un consenso internacional que pide una soluci√≥n pol√≠tica en t√©rminos demasiado conocidos como para que requieran repetici√≥n. El mantra occidental es que Israel busca negociaciones sin condiciones previas, a lo que se niegan los palestinos. Lo contrario es m√°s exacto. EE.UU. e Israel exigen precondiciones estrictas que, adem√°s, han sido elaboradas para asegurar que las negociaciones conduzcan a una capitulaci√≥n palestina sobre temas cruciales, o a ninguna parte.

La primera condición previa es que las negociaciones deben ser supervisadas por Washington, lo que tiene tanto sentido como exigir que Irán supervise la negociación de conflictos entre suníes y chiíes en Irak. Las negociaciones serias tendrían que tener lugar bajo los auspicios de alguna parte neutral, preferiblemente una que goce de un cierto respeto internacional, tal vez Brasil. Las negociaciones tratarían de resolver los conflictos entre los dos antagonistas: EE.UU./Israel por una parte, y la mayor parte del mundo por la otra.

La segunda condición previa es que Israel debe tener libertad para expandir sus asentamientos ilegales en Cisjordania. Teóricamente, EE.UU. se opone a esas acciones, pero con un ligerísimo tirón de orejas, mientras sigue suministrando apoyo económico, diplomático y militar. Cuando EE.UU. tiene algunas objeciones limitadas, impide con gran facilidad las acciones, como en el caso del proyecto E-1 para vincular Gran Jerusalén con la ciudad de Ma’aleh Adumim, dividiendo prácticamente en dos Cisjordania, una altísima prioridad para los planificadores israelíes (de todo el espectro), pero provocando algunas objeciones en Washington, por lo que Israel ha tenido que recurrir a medidas tortuosas para mermar el proyecto.

El fingimiento de oposici√≥n lleg√≥ al nivel de farsa en febrero pasado cuando Obama vet√≥ una resoluci√≥n del Consejo de Seguridad que ped√≠a la implementaci√≥n de pol√≠tica oficial de EE.UU. (agregando tambi√©n la observaci√≥n no pol√©mica de que los propios asentamientos son ilegales, a diferencia de su expansi√≥n). Desde entonces se ha hablado poco de la terminaci√≥n de la expansi√≥n de asentamientos, que contin√ļa, con una provocaci√≥n premeditada.

Por lo tanto, mientras representantes israelíes y palestinos se preparaban para reunirse en Jordania en enero de 2011, Israel anunció nuevas construcciones en Pisgat Ze’ev y Har Homa, áreas de Cisjordania que considera que se encuentran dentro del área considerablemente expandida de Jerusalén, anexada, cubierta de asentamientos y construida como capital de Israel, todo en violación de órdenes directas del Consejo de Seguridad. Otras acciones incluyen el mayor plan de separar los enclaves que le puedan quedar a la administración palestina del centro cultural, comercial y político de la vida palestina en la antigua Jerusalén.

Es comprensible que los derechos palestinos deban ser marginados en la pol√≠tica y el discurso estadounidense. Los palestinos carecen de riqueza y de poder. No ofrecen pr√°cticamente nada a los intereses pol√≠ticos de EE.UU.; de hecho, tienen valor negativo, son una molestia que moviliza a ‚Äúla calle √°rabe‚ÄĚ.

Israel, al contrario, es un valioso aliado. Es una sociedad rica, con una industria de alta tecnolog√≠a sofisticada, en gran parte militarizada. Durante d√©cadas, ha sido un altamente apreciado aliado militar y estrat√©gico, en particular desde 1967, cuando hizo un gran servicio a EE.UU. y a su aliado saud√≠ al destruir el ‚Äúvirus‚ÄĚ nasserista, estableciendo la ‚Äúrelaci√≥n especial‚ÄĚ con Washington en la forma que ha persistido desde entonces. Tambi√©n es un centro creciente para inversiones de alta tecnolog√≠a de EE.UU. De hecho, las industrias de alta tecnolog√≠a, y particularmente militares, en los dos pa√≠ses est√°n estrechamente vinculadas.

Aparte de semejantes consideraciones elementales de pol√≠tica de gran potencia, hay factores culturales que no deben ser ignorados. El sionismo cristiano en Gran Breta√Īa y en EE.UU. precedi√≥ de largo al sionismo jud√≠o, y ha sido un significativo fen√≥meno elitista con claras implicaciones pol√≠ticas (incluida la Declaraci√≥n Balfour, que se bas√≥ en √©l). Cuando el general Allenby conquist√≥ Jerusal√©n durante la Primera Guerra Mundial, fue aclamado en la prensa estadounidense como Ricardo Coraz√≥n de Le√≥n, quien hab√≠a finalmente vencido en las Cruzadas y expulsado a los paganos de Tierra Santa.

La_guerra

El siguiente paso fue que el Pueblo Elegido volviera a la tierra que le fuera prometida por el Se√Īor. Articulando un punto de vista com√ļn de la elite, el secretario del Interior del presidente Franklin Roosevelt, Harold Ickes, describi√≥ la colonizaci√≥n jud√≠a de Palestina como un logro ‚Äúsin igual en la historia de la raza humana‚ÄĚ. Semejantes doctrinas encuentran f√°cilmente su lugar dentro de las doctrinas providencialistas que hab√≠an sido un fuerte elemento en la cultura popular y de la elite desde los or√≠genes del pa√≠s: la creencia en que Dios tiene un plan para el mundo y que EE.UU. lo est√° realizando bajo gu√≠a divina, como es articulado por una larga lista de personajes destacados.

Por otra parte, el cristianismo evang√©lico es una importante fuerza popular en EE.UU. M√°s hacia los extremos, el cristianismo evang√©lico del Fin de los Tiempos tambi√©n tiene un enorme alcance popular, vigorizado por el establecimiento de Israel en 1948, revitalizado a√ļn m√°s por la conquista del resto de Palestina en 1967 -todas se√Īales de que se acercan el Fin de los Tiempos y la Segunda Venida.

Estas fuerzas se han vuelto particularmente significativas desde los a√Īos de Reagan, ya que los republicanos han abandonado la pretensi√≥n de ser un partido pol√≠tico en el sentido tradicional, mientras se dedican en virtual formaci√≥n uniforme a servir a un √≠nfimo porcentaje de s√ļper ricos y al sector corporativo. Sin embargo, el peque√Īo electorado que es servido primordialmente por el partido reconstruido no puede proveer votos, de modo que se han vuelto a otra parte.

La √ļnica alternativa es movilizar tendencias que siempre han estado presentes, aunque raramente como una fuerza pol√≠tica organizada: primordialmente nativistas que tiemblan de miedo y odio, y elementos religiosos que son extremistas seg√ļn est√°ndares internacionales, pero no en EE.UU. Un resultado es la reverencia por supuestas profec√≠as b√≠blicas, de ah√≠ no solo el apoyo a Israel y sus conquistas y expansi√≥n, sino un amor apasionado por Israel, otra parte fundamental del catequismo que debe ser entonado por candidatos republicanos -y dem√≥cratas, de nuevo, no demasiado lejos.

Dejando de lado estos factores, no hay que olvidar que la ‚ÄúAnglosfera‚ÄĚ -Gran Breta√Īa y sus reto√Īos- consiste de sociedades de colonos, que surgieron de las cenizas de poblaciones ind√≠genas, reprimidas o virtualmente exterminadas. Las pr√°cticas del pasado deben haber sido b√°sicamente, en el caso de EE.UU., incluso ordenadas por la Divina Providencia. Por lo tanto a menudo existe una simpat√≠a intuitiva por los hijos de Israel cuando siguen un camino semejante. Pero primordialmente prevalecen los intereses geoestrat√©gicos y econ√≥micos, y la pol√≠tica no est√° grabada en piedra.

La ‚Äúamenaza‚ÄĚ iran√≠ y el tema nuclear

Finalmente consideremos el tercero de los principales temas encarados en los peri√≥dicos del establishment citados anteriormente, la ‚Äúamenaza de Ir√°n‚ÄĚ. Entre las elites y la clase pol√≠tica es considerada generalmente como la amenaza primordial para el orden mundial ‚Äď aunque no entre las poblaciones. En Europa, los sondeos muestran que se considera a Israel como la principal amenaza para la paz. En los pa√≠ses del MENA, este estatus es compartido con EE.UU., hasta el punto que en Egipto, en v√≠speras del levantamiento de la Plaza Tahrir, un 80 por ciento pensaba que la regi√≥n ser√≠a m√°s segura si Ir√°n tuviera armas nucleares. Los mismos sondeos establecieron que solo un 10 por ciento considera que Ir√°n constituye una amenaza -a diferencia de los dictadores gobernantes, quienes tienen sus propias preocupaciones.

Protesta

En EE.UU., antes de las masivas campa√Īas propagand√≠sticas de los √ļltimos a√Īos, una mayor√≠a de la poblaci√≥n estaba de acuerdo con la mayor parte del mundo en que, como firmante del Tratado de No Proliferaci√≥n Nuclear, Ir√°n tiene derecho a enriquecer uranio. E incluso ahora, una gran mayor√≠a est√° a favor de medios pac√≠ficos para tratar con Ir√°n. Incluso existe una fuerte oposici√≥n a una participaci√≥n militar si Ir√°n e Israel estuvieran en guerra. S√≥lo un cuarto considera que Ir√°n sea de alguna manera una preocupaci√≥n importante para EE.UU. Pero no es poco usual que haya una brecha, a menudo un abismo, que divide a la opini√≥n p√ļblica y la pol√≠tica.

¬ŅPor qu√©, exactamente, se considera a Ir√°n como una amenaza tan colosal? La pregunta es poco discutida, pero no es dif√≠cil encontrar una respuesta seria -aunque no, como de costumbre, en los pronunciamientos febriles. La respuesta mejor documentada es provista por el Pent√°gono y los servicios de inteligencia en sus informes regulares al Congreso sobre la seguridad global. Informan que Ir√°n no plantea una amenaza militar. Sus gastos militares son muy bajos incluso seg√ļn los est√°ndares de la regi√≥n, min√ļsculos, claro est√°, en comparaci√≥n con EE.UU.

Ir√°n tiene poca capacidad para desplegar fuerza. Sus doctrinas estrat√©gicas son defensivas, dise√Īadas para disuadir
una invasi√≥n durante suficiente tiempo para que la diplomacia solucione los problemas. Si Ir√°n desarrollara una capacidad de armas nucleares, informan, formar√≠a parte de su estrategia de disuasi√≥n. Ning√ļn analista serio cree que los cl√©rigos gobernantes est√©n ansiosos de ver que su pa√≠s y sus posesiones sean vaporizados, la consecuencia inmediata de que llegaran incluso cerca de iniciar una guerra nuclear. Y es apenas necesario mencionar las razones por las cuales cualquier dirigencia iran√≠ estar√≠a preocupada por la disuasi√≥n, bajo las circunstancias existentes.

 

Thomas_Carothers
Thomas Carothers

No cabe duda de que el r√©gimen es una seria amenaza para gran parte de su propia poblaci√≥n -y desgraciadamente, no se puede decir que sea un caso √ļnico desde ese punto de vista. Pero la amenaza primordial para EE.UU. e Israel es que Ir√°n pueda estorbar su libre ejercicio de violencia. Otra amenaza es que los iran√≠es buscan evidentemente extender su influencia a los vecinos Irak y Afganist√°n, y tambi√©n m√°s lejos. Esos actos ‚Äúileg√≠timos‚ÄĚ son llamados ‚Äúdesestabilizadores‚ÄĚ (o algo peor). Al contrario, la imposici√≥n por la fuerza de la influencia sobre la mitad del mundo contribuye a la ‚Äúestabilidad‚ÄĚ y al orden, de acuerdo con la doctrina tradicional de qui√©n es el due√Īo del mundo.

Tiene mucho sentido el intento de impedir que Irán se sume a los Estados con armas nucleares, incluidos los tres que se han negado a firmar el Tratado de No Proliferación -Israel, India y Pakistán- todos los cuales han recibido ayuda de EE.UU. para el desarrollo de armas nucleares y siguen recibiendo esa ayuda. No es imposible acercarse a ese objetivo por medios diplomáticos pacíficos. Una actitud, que goza de abrumador apoyo internacional, es emprender pasos significativos hacia el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente, incluidos Irán e Israel (aplicado también a fuerzas de EE.UU. desplegadas en el área); mejor todavía si se extiende al Sur de Asia.

El apoyo para tales esfuerzos es tan fuerte que el gobierno de Obama se ha visto obligado a aceptar formalmente, pero con reservas, que: crucialmente, el programa nuclear de Israel no debe ser colocado bajo los auspicios del Organismo Internacional de Energ√≠a At√≥mica (OIEA), y que no se debe pedir a ning√ļn Estado (lo que quiere decir EE.UU.) que divulgue informaci√≥n sobre ‚Äúinstalaciones y actividades nucleares de Israel, incluida informaci√≥n relacionada con anteriores transferencias nucleares a Israel‚ÄĚ. Obama tambi√©n acepta la posici√≥n de Israel de que toda propuesta semejante debe estar condicionada a un acuerdo de paz exhaustivo, que EE.UU. e Israel pueden seguir retardando indefinidamente.

Este estudio no se aproxima en nada a ser algo exhaustivo, sobra decir. Entre t√≥picos importantes que no son considerados es el cambio en la pol√≠tica militar de EE.UU. hacia la regi√≥n Asia-Pac√≠fico, con las nuevas adiciones al inmenso sistema de bases militares que tiene lugar ahora mismo, en la Isla Jeju frente de Corea del Sur y en el Noroeste de Australia, todos elementos de la pol√≠tica de ‚Äúcontenci√≥n de China‚ÄĚ. Estrechamente relacionado est√° el tema de las bases de EE.UU. en Okinawa, a las que se ha opuesto acremente la poblaci√≥n durante muchos a√Īos, y una continua crisis en las relaciones EE.UU.-Tokio-Okinawa.

Revelando lo poco que han cambiado las presunciones fundamentales, analistas estrat√©gicos estadounidenses describen el resultado de los programas militares de China como un ‚Äúcl√°sico ‚Äėdilema de seguridad‚Äô por lo cual programas militares y estrategias nacionales consideradas defensivas por sus planificadores son vistos como amenazadores por el otro lado‚ÄĚ, como escribe Paul Godwin del Foreign Policy Research Institute. El dilema de la seguridad aparece respecto al control de los mares frente a las costas de China. EE.UU. considera su pol√≠tica de control de esas aguas como ‚Äúdefensiva‚ÄĚ, mientras China la ve como amenazante. Ni siquiera es imaginable un debate parecido respecto a las aguas costeras de EE.UU. Este ‚Äúcl√°sico dilema de seguridad‚ÄĚ tiene sentido, de nuevo, sobre la base de la presunci√≥n de que EE.UU. tiene derecho a controlar la mayor parte del mundo, y que la seguridad de EE.UU. requiere algo que se acerca al control absoluto del globo.

Mientras los principios de la dominación imperial han experimentado poco cambio, la capacidad de implementarlos ha disminuido considerablemente a medida que el poder se ha distribuido más ampliamente en un mundo que se diversifica. Las consecuencias son muchas. Es, sin embargo, muy importante recordar que -por desgracia- ninguna disipa las dos oscuras nubes que se ciernen sobre toda consideración de orden global: la guerra nuclear y la catástrofe medioambiental, que amenazan ambas la decente supervivencia de la especie.

Al contrario, ambas amenazas con siniestras, y aumentan.

*Tom Dispatch

 

 

 

 

 

 

 



More articles by this author

Chomsky: ‚ÄúC√≥mo arruinar una econom√≠a y una sociedad en tres pasos‚ÄĚChomsky: ‚ÄúC√≥mo arruinar una econom√≠a y una sociedad en tres pasos‚ÄĚ
Chomsky: ‚ÄúC√≥mo arruinar¬†una econom√≠a y una sociedad¬†en tres pasos‚ÄĚDURANTE UN SIMPOSIO...
Sobre la sociedad anarquistaSobre la sociedad anarquista
SOBRE LA SOCIEDAD ANARQUISTA Izquierda en movimiento libertario NOAM CHOMSKY* Lo más probable...
Comentarios (0)Add Comment
Escribir comentario
 
 
corto | largo
 

busy
¬ŅQui√©n est√° en l√≠nea?
Tenemos 485 invitados conectado(s)
Tenemos visitas de:

224
Banner
273 Suplemento
Banner
404
Banner
403
Banner
402
Banner
401
Banner
400
Banner
399
Banner