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CHINA Auge, caída y resurgimiento como potencia global
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Edición 278

CHINA

China

Auge, caída y resurgimiento
como potencia global
JAMES PETRAS
*

 

LOS ESTUDIOS SOBRE LA POTENCIA MUNDIAL aparecen contaminados de la visión de los historiadores eurocéntricos, que distorsionaron e ignoraron el papel dominante que China jugó en la economía mundial entre 1100 y 1800.

China

 

LA BRILLANTE INVESTIGACION histórica sobre la economía mundial a lo largo de ese período realizada por John Hobson proporciona una abundancia de datos empíricos que defienden la superioridad económica y tecnológica de China sobre la civilización occidental durante buena parte del milenio referido antes de su conquista y decadencia en el siglo XIX.

La reaparición de China como potencia económica mundial plantea importantes preguntas sobre qué podemos aprender de su anterior auge y caída y sobre las amenazas externas e internas a las que puede enfrentarse esta superpotencia económica emergente en el futuro inmediato.

En primer lugar, vamos a trazar los contornos principales del auge hist√≥rico de China hasta su superioridad econ√≥mica global Chinasobre Occidente antes del siglo XIX siguiendo estrechamente el relato de John Hobson en The Eastern Origins of Western Civilization. Debido a que la mayor√≠a de los historiadores econ√≥micos occidentales (liberales, conservadores y marxistas) han presentado a la China hist√≥rica como una sociedad estancada, atrasada y provinciana, un ‚Äúdespotismo a la oriental‚ÄĚ, es preciso hacer ciertas detalladas correcciones. Y es especialmente importante subrayar c√≥mo China, la potencia tecnol√≥gica mundial entre 1100 y 1800, hizo posible la aparici√≥n de Occidente. Fue solo tomando prestadas y asimilando las innovaciones chinas que Occidente pudo llevar a cabo la transici√≥n al capitalismo moderno y a las econom√≠as imperialistas.

En segundo lugar, analizaremos y discutiremos los factores y circunstancias que llevaron a la decadencia china en el siglo XIX y su consiguiente dominación, explotación y pillaje por parte de los países imperiales occidentales, primero Inglaterra y después Europa, Japón y los EEUU.

En tercer lugar, se√Īalaremos brevemente los factores que llevaron a la emancipaci√≥n china del dominio colonial y neocolonial y analizaremos su reciente auge hasta convertirse en la segunda mayor potencia econ√≥mica global.

Finalmente, consideraremos las amenazas pasadas y presentes al auge de China como potencia económica global, subrayando los parecidos entre el colonialismo británico de los siglos XVIII y XIX y las actuales estrategias imperialistas de EEUU, centrándonos en las debilidades y fortalezas de las pasadas y presentes respuestas chinas.

China: Auge y consolidación como potencia global (1100-1800)

En un formato comparativo sistemático, John Hobson proporciona una abundancia de indicadores empíricos que demuestran la superioridad económica global de China sobre Occidente y, en particular, sobre Inglaterra. Estos son algunos de los hechos destacados:

  • Ya en el a√Īo 1078, China era el mayor productor de acero (125.000 toneladas); mientras que Gran Breta√Īa produjo, en 1788, 76.000 toneladas. Y China estaba a la cabeza del mundo en innovaciones t√©cnicas para la fabricaci√≥n de textiles siete siglos antes de la ‚Äúrevoluci√≥n textil‚ÄĚ del siglo XVIII de Gran Breta√Īa.
  • China era la principal naci√≥n en el sector comercial, con un comercio a larga distancia que llegaba hasta la mayor parte del Sur de Asia, √Āfrica, Oriente Medio y Europa. La ‚Äúrevoluci√≥n agr√≠cola‚ÄĚ y la productividad superaron las de Occidente hasta el siglo XVIII.
  • Sus innovaciones en la producci√≥n de papel, imprenta, armas de fuego y herramientas la convirtieron en una superpotencia manufacturera cuyos productos se transportaban por todo el mundo a trav√©s del m√°s avanzado sistema de navegaci√≥n. China pose√≠a el mayor n√ļmero de barcos comerciales en el mundo. En 1588, los buques ingleses m√°s grandes desplazaban alrededor de 400 toneladas, los de China 3.000 toneladas. Incluso hasta finales del siglo XVIII, los comerciantes chinos dispon√≠an de 130.000 buques privados de transporte, varias veces los de Gran Breta√Īa. China conserv√≥ su posici√≥n preeminente en la econom√≠a mundial hasta principios del siglo XIX.
  • Los fabricantes brit√°nicos y europeos segu√≠an el ejemplo de China, asimilando y adoptando sus m√°s avanzadas tecnolog√≠as y estaban ansiosos por penetrar en el avanzado y lucrativo mercado chino.
  • La banca, la econom√≠a con papel moneda estable, la industria manufacturera y los altos rendimientos en la agricultura hicieron que el ingreso per capita de China igualara el de Gran Breta√Īa en 1750.
  • La posici√≥n global dominante de China se vio desafiada por el auge del imperialismo brit√°nico, que hab√≠a adoptado las avanzadas innovaciones tecnol√≥gicas, de navegaci√≥n y mercado de China y otros pa√≠ses asi√°ticos a fin de eludir las primeras etapas para llegar a convertirse en una potencia mundial.

El imperialismo de Occidente y la decadencia de China

La conquista imperial británica y occidental del Oriente se basó en la naturaleza militarista del estado imperial, en sus no recíprocas relaciones económicas comerciales con los países de ultramar y en la ideología imperial occidental que motivó y justificó las conquistas en el exterior.

A diferencia de China, fue la pol√≠tica militar la que impuls√≥ la revoluci√≥n industrial brit√°nica y la expansi√≥n exterior. Seg√ļn Hobson, durante el per√≠odo 1688-1815, Gran Breta√Īa estuvo implicada en guerras durante el 52% de ese per√≠odo. Mientras que los chinos confiaban en sus mercados abiertos y en su producci√≥n superior y sofisticadas t√©cnicas bancarias y comerciales, los brit√°nicos acudieron a la protecci√≥n arancelaria, a la conquista militar, a la destrucci√≥n sistem√°tica de empresas competitivas extranjeras, as√≠ como a la apropiaci√≥n y saqueo de recursos locales. El predominio global chino se basaba en ‚Äúbeneficios rec√≠procos‚ÄĚ con sus socios comerciales, mientras que Gran Breta√Īa depend√≠a de ej√©rcitos mercenarios de ocupaci√≥n, de la represi√≥n salvaje y de la pol√≠tica de ‚Äúdivide y vencer√°s‚ÄĚ para fomentar rivalidades locales. Frente a la resistencia de los nativos, los brit√°nicos (as√≠ como otras potencias imperiales occidentales) no dudaron en exterminar a comunidades enteras.

China

Incapaces de apoderarse del mercado chino a trav√©s de la competitividad econ√≥mica, Gran Breta√Īa se apoy√≥ en un poder militar brutal. Moviliz√≥, arm√≥ y envi√≥ mercenarios, desde sus colonias en la India y m√°s lugares para forzar a China a aceptar sus exportaciones e imponer tratados injustos con tarifas m√°s bajas. Como consecuencia, China se vio inundada del opio brit√°nico producido en las plantaciones brit√°nicas en la India, a pesar de las leyes chinas que prohib√≠an o regulaban la importaci√≥n y venta de narc√≥ticos. Los gobernantes chinos, acostumbrados desde hac√≠a mucho tiempo a su superioridad manufacturera y comercial, no estaban preparados ante las ‚Äúnuevas normas imperiales‚ÄĚ para hacerse con el poder global. La disposici√≥n de Occidente a utilizar el poder militar para establecer colonias, saquear recursos y reclutar ej√©rcitos inmensos de mercenarios dirigidos por oficiales europeos anunci√≥ el fin de China como potencia mundial.

China hab√≠a basado su predominio econ√≥mico en la ‚Äúno interferencia en los asuntos internos de¬†sus socios comerciales‚ÄĚ. En cambio, los imperialistas brit√°nicos intervinieron violentamente en Asia, reorganizando las econom√≠as locales para ajustarlas a las necesidades del imperio (eliminando los competidores econ√≥micos, incluidos los m√°s eficientes fabricantes indios del algod√≥n) y se apropiaron del control del aparato pol√≠tico, econ√≥mico y administrativo para establecer el estado colonial.

El imperio brit√°nico se construy√≥ con los recursos saqueados a las colonias y mediante la militarizaci√≥n masiva de su econom√≠a . Fue as√≠ como pudo afianzar la supremac√≠a militar sobre China. La excesiva confianza de las elites gobernantes chinas en las relaciones comerciales obstaculiz√≥ su pol√≠tica exterior. Las elites de comerciantes y funcionarios chinos trataron de apaciguar a los brit√°nicos y convencer al emperador de que hiciera devastadoras concesiones extraterritoriales abriendo mercados en detrimento de los fabricantes chinos, a la vez que renunciaban a la soberan√≠a local. Como siempre, los brit√°nicos favorecieron las revueltas y rivalidades internas desestabilizando a√ļn m√°s el pa√≠s.

La penetraci√≥n y colonizaci√≥n brit√°nica y occidental del mercado chino cre√≥ toda una nueva clase: Los ‚Äúcompradores‚ÄĚ chinos ricos importaban productos brit√°nicos y facilitaban la apropiaci√≥n de los mercados y recursos locales. El pillaje imperialista forz√≥ la explotaci√≥n, adem√°s de mayores impuestos, de las grandes masas de campesinos y trabajadores chinos. Los gobernantes de China se vieron obligados a pagar las deudas de la guerra y los d√©ficits financieros comerciales impuestos por las potencias imperiales occidentales exprimiendo a su campesinado. Esto provoc√≥ hambre y revueltas entre los campesinos.

A primeros del siglo XX (menos de un siglo despu√©s de las Guerras del Opio), China hab√≠a descendido de potencia econ√≥mica mundial a convertirse en un destrozado pa√≠s semicolonial con una inmensa poblaci√≥n indigente. Los puertos principales estaban controlados por los funcionarios de las potencias occidentales y el campesinado estaba sometido al dominio de corruptos y brutales se√Īores de la guerra. El opio brit√°nico esclaviz√≥ a millones de seres.

Los académicos británicos: Excelentes apologistas de la conquista imperial

Toda la profesi√≥n acad√©mica occidental ‚Äďsobre todo los historiadores imperiales brit√°nicos- atribuyeron el dominio imperial brit√°nico de Asia a la ‚Äúsuperioridad tecnol√≥gica‚ÄĚ inglesa y la miseria y status colonial de China al ‚Äúatraso oriental‚ÄĚ, omitiendo cualquier menci√≥n al milenio de progreso y superioridad t√©cnica y comercial de China hasta comienzos del siglo XIX. A finales de la d√©cada de 1920, con la invasi√≥n imperial japonesa, China dej√≥ de existir como pa√≠s unificado. Bajo la √©gida del dominio imperial, cientos de millones de chinos hab√≠an muerto de hambre o hab√≠an quedado despose√≠dos o masacrados. Toda la elite compradora ‚Äúcolaboracionista‚ÄĚ china hab√≠a quedado desacreditada a los ojos del pueblo chino.

Lo que qued√≥ en la memoria colectiva de la gran masa del pueblo chino ‚Äďtotalmente ausente de los relatos de los prestigiosos acad√©micos estadounidenses y brit√°nicos- fue la sensaci√≥n de que China hab√≠a sido en otro tiempo una potencia mundial pr√≥spera, din√°mica e importante. Los comentaristas occidentales rechazaban esa memoria ‚Äúcolectiva‚ÄĚ de la supremac√≠a china como las locas pretensiones de una realeza y se√Īores nost√°lgicos: la vana arrogancia Han.

China emerge de las cenizas de la humillación y el saqueo imperialistas: La revolución comunista china

El auge de la China moderna hasta convertirse en la segunda mayor econom√≠a mundial fue posible solo a trav√©s de los √©xitos de la revoluci√≥n comunista china de mediados del siglo XX. El Ej√©rcito Rojo de Liberaci√≥n Popular derrot√≥ primero al invasor ej√©rcito imperialista japon√©s y despu√©s al ej√©rcito nacionalista del Kuomintang, al que apoyaba el imperialismo estadounidense. Esto permiti√≥ reunificar China como estado soberano independiente. El gobierno comunista aboli√≥ los privilegios extraterritoriales de los imperialistas occidentales, puso fin a los feudos territoriales de los se√Īores de la guerra y g√°ngsteres regionales y expuls√≥ a los millonarios propietarios de burdeles, a los traficantes de mujeres y drogas as√≠ como a otros ‚Äúproveedores de servicios‚ÄĚ al Imperio Europeo-Estadounidense.

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La revoluci√≥n comunista forj√≥ el moderno estado chino en todos los sentidos. Los nuevos dirigentes procedieron entonces a reconstruir una econom√≠a arrasada por las guerras imperiales y saqueada por los capitalistas japoneses y occidentales. Despu√©s de 150 a√Īos de infamia y humillaci√≥n, el pueblo chino recuper√≥ su orgullo y dignidad nacionales. Los elementos socio-psicol√≥gicos eran esenciales para motivar a los chinos en la defensa de su pa√≠s ante los ataques, sabotajes, boicots y bloqueos orquestados por EEUU inmediatamente despu√©s de su liberaci√≥n.

A diferencia de lo que dicen los economistas neoliberales chinos y occidentales, el crecimiento din√°mico de China no empez√≥ en 1980. Empez√≥ en 1950, cuando la reforma agraria proporcion√≥ tierra, infraestructuras, cr√©ditos y asistencia t√©cnica a cientos de millones de campesinos destituidos y trabajadores rurales sin tierras. Mediante lo que ahora se llama ‚Äúcapital humano‚ÄĚ y una movilizaci√≥n social gigantesca, los comunistas construyeron carreteras, aeropuertos, puentes, canales y v√≠as f√©rreas as√≠ como industrias b√°sicas, como la del carb√≥n, hierro y acero, para formar la columna vertebral de la econom√≠a moderna china. Los inmensos sistemas sanitario y educativo gratuitos de la China comunista crearon una fuerza de trabajo saludable, educada y motivada. Su ej√©rcito, altamente profesional, impidi√≥ que EEUU extendiera su imperio militar a trav√©s de la pen√≠nsula de Corea hasta las fronteras territoriales chinas. Al igual que los acad√©micos y propagandistas occidentales del pasado fabricaron una historia acerca de un imperio ‚Äúestancado y decadente‚ÄĚ para justificar sus destructivas conquistas, de la misma forma sus hom√≥logos modernos han vuelto a escribir los primeros treinta a√Īos de la historia comunista china, negando el papel de la revoluci√≥n en el desarrollo de todos los elementos esenciales para un estado, una sociedad y una econom√≠a modernas. Est√° claro que el r√°pido crecimiento econ√≥mico de China se bas√≥ en el desarrollo de su mercado interno, en el r√°pido crecimiento de su equipo de cient√≠ficos, t√©cnicos y trabajadores bien formados y en la red de seguridad social que protegi√≥ y promovi√≥ la movilidad de la clase trabajadora y campesinado, todo ello producto de la planificaci√≥n e inversiones chinas.

El auge de China como potencial global empezó en 1949 con la eliminación de las parásitas clases financieras, compradoras y especulativas que habían servido de intermediarias para los imperialistas europeos, japoneses y estadounidenses que despojaron a China de sus grandes riquezas.

La transición de China al capitalismo

A principios de 1980, el gobierno chino inici√≥ un cambio dr√°stico en su estrategia econ√≥mica: Durante las tres d√©cadas siguientes, abri√≥ el pa√≠s a la inversi√≥n exterior a gran escala; privatiz√≥ miles de industrias y puso en marcha un proceso de concentraci√≥n de la renta basado en una deliberada estrategia de recrear una clase econ√≥mica dominante de multimillonarios vinculados a capitalistas extranjeros. La clase pol√≠tica gobernante china abraz√≥ la idea de ‚Äúprestar‚ÄĚ conocimientos t√©cnicos y el acceso a los mercados de ultramar de firmas extranjeras a cambio de proporcionar abundante mano de obra barata al coste m√°s bajo. El estado chino desvi√≥ subvenciones p√ļblicas masivas a promover un alto crecimiento capitalista desmantelando su sistema nacional de educaci√≥n y sanidad p√ļblicas gratuitas. Acabaron con la vivienda p√ļblica subvencionada para cientos de millones de campesinos y trabajadores de f√°bricas urbanas y proporcionaron financiaci√≥n a los especuladores inmobiliarios para la construcci√≥n de apartamentos privados de lujo y rascacielos de oficinas. La nueva estrategia capitalista de China, as√≠ como su crecimiento de dos d√≠gitos, se basaron en los profundos cambios estructurales y en las masivas inversiones p√ļblicas del anterior gobierno comunista. El despegue del sector privado de China se llev√≥ a cabo en base a los inmensos desembolsos p√ļblicos hechos a partir de 1949.

La nueva clase capitalista triunfante y sus colaboradores occidentales reclamaron todo el cr√©dito posible para este ‚Äúmilagro econ√≥mico‚ÄĚ mientras China se convert√≠a en la segunda mayor econom√≠a mundial. Estas nuevas elites chinas han estado menos dispuestas a anunciar el estatus de primera categor√≠a de China a partir de las brutales desigualdades de clase, rivalizando solo con EEUU.

China: De la dependencia imperial al competidor mundial de primer orden

El sostenido crecimiento chino en el sector manufacturero fue consecuencia de inversiones p√ļblicas altamente concentradas, altos beneficios, innovaciones tecnol√≥gicas y un mercado interno protegido. Aunque el capital extranjero obtuvo beneficios, fue siempre dentro del marco de las prioridades y reglamentaciones estatales chinas. La din√°mica del r√©gimen de la ‚Äúestrategia de exportaci√≥n‚ÄĚ ha creado inmensos excedentes comerciales, que finalmente han hecho de China uno de los mayores acreedores del mundo, especialmente de deuda estadounidense. Para mantener sus din√°micas industrias, China ha necesitado de entradas inmensas de materias primas, lo que ha motivado inversiones exteriores a gran escala y acuerdos comerciales con pa√≠ses exportadores de agro-minerales en √Āfrica y Latinoam√©rica. En 2010, China desplaz√≥ a EEUU y Europa como principal socio comercial de muchos pa√≠ses de Asia, √Āfrica y Latinoam√©rica.

El ascenso de la China moderna a potencia económica mundial, como su predecesora entre 1100 y 1800, se ha basado en su gigantesca capacidad productiva: el comercio y la inversión se han regido por una política de estricta no interferencia en las relaciones internas de sus socios comerciales. A diferencia de EEUU, China no inició guerras brutales por el petróleo; en cambio firmó contratos lucrativos. Y China no combatió guerras en interés de los chinos de ultramar, como EEUU ha hecho en Oriente Medio a favor de Israel.

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El aparente desequilibrio entre el poder econ√≥mico y militar de China contrasta de forma aguda con EEUU, donde un imperio militar inflado y parasitario contin√ļa socavando su propia presencia econ√≥mica global.

El gasto militar de EEUU es doce veces el de China. Cada vez más, el ejército de EEUU juega un papel clave a la hora de moldear la política en Washington mientras trata de debilitar el ascenso de China a potencia global.

El ascenso de China a potencia mundial: ¬Ņse repetir√° la historia a s√≠ misma?

China ha estado creciendo a un 9% por a√Īo y sus productos y servicios est√°n aumentando r√°pidamente en calidad y valor. En cambio, EEUU y Europa llevan revolc√°ndose en un crecimiento 0% desde 2007 a 2012. El innovador establishment tecno-cient√≠fico chino asimila rutinariamente los inventos m√°s recientes de Occidente (y Jap√≥n) mejor√°ndolos, rebajando por tanto los costes de producci√≥n. China ha sustituido a las ‚Äúinstituciones financieras internacionales‚ÄĚ controladas por EEUU y Europa (el FMI, el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo Interamericano) como principal prestamista en Latinoam√©rica. China contin√ļa estando a la cabeza como principal inversor en los recursos mineros y energ√©ticos de √Āfrica. China ha sustituido a EEUU como principal mercado para el petr√≥leo iran√≠, sudan√©s y saud√≠ y pronto sustituir√° a EEUU como principal mercado para los productos petrol√≠feros venezolanos. En la actualidad, China es el mayor exportador y fabricante de manufacturas del mundo, dominando incluso el mercado estadounidense, mientras juega el papel de salvavidas financiero al poseer alrededor de 1.300 billones de d√≥lares en bonos del Tesoro estadounidense.

China4

Bajo las crecientes presiones de sus trabajadores y campesinos, los gobernantes chinos han estado desarrollando el mercado interno aumentando los salarios y el gasto social para reequilibrar la econom√≠a y evitar el espectro de la inestabilidad social. En cambio, los salarios y servicios p√ļblicos vitales de EEUU han disminuido de forma aguda en t√©rminos absolutos y relativos.

Teniendo en cuenta las tendencias históricas actuales, está claro que China sustituirá a EEUU como principal potencia económica mundial en la próxima década si el imperio estadounidense no contraataca y si las profundas desigualdades de clase chinas no provocan importantes agitaciones sociales.

El ascenso de la China moderna a potencia global enfrenta serios desaf√≠os. A diferencia del hist√≥rico ascenso chino a nivel mundial del pasado, el poder econ√≥mico global moderno chino no va acompa√Īado de ninguna empresa imperialista. China ha quedado seriamente rezagada detr√°s de EEUU y Europa en cuanto a la capacidad agresiva de hacer la guerra. Quiz√° esto ha permitido a China dirigir recursos p√ļblicos a maximizar el crecimiento econ√≥mico, pero ha dejado a China en situaci√≥n vulnerable ante la superioridad militar estadounidense frente a su arsenal masivo, su red de bases de avanzada y sus posiciones geomilitares y estrat√©gicas justo frente a la costa china y en los territorios colindantes.

En el siglo XIX, el imperialismo brit√°nico ech√≥ abajo la posici√≥n global china con su superioridad militar, apropi√°ndose de los puertos chinos, debido a la confianza de China en su ‚Äúsuperioridad mercantil‚ÄĚ.

La conquista de la India, Birmania y la mayor parte de Asia permitió a los británicos establecer bases coloniales y reclutar ejércitos mercenarios locales. Los británicos y sus mercenarios aliados cercaron y aislaron a China, preparando el camino para perturbar los mercados chinos e imponer condiciones brutales a su comercio. La presencia armada del Imperio británico dictó lo que China tenía que importar (con el opio alcanzando el 50% de las exportaciones británicas en la década que se inició en 1850) mientras socavaban las ventajas competitivas de China a través de políticas arancelarias.

Hoy en d√≠a, EEUU est√° siguiendo pol√≠ticas parecidas: La flota naval estadounidense patrulla y controla las rutas mar√≠timas comerciales chinas y los recursos petroleros extraterritoriales a trav√©s de sus bases en el exterior. La Casa Blanca de Obama-Clinton est√° en proceso de desarrollar una respuesta militar r√°pida que implicar√° a sus bases en Australia, Filipinas y otros lugares de Asia. EEUU est√° intensificando sus esfuerzos para socavar el acceso exterior de China a los recursos estrat√©gicos mientras se dedica a apoyar ‚Äúbases‚ÄĚ de separatistas e ‚Äúinsurgentes‚ÄĚ en el oeste de China, Tibet, Sud√°n, Birmania, Ir√°n, Libia, Siria y otros lugares. Los acuerdos militares de EEUU con la India y la instalaci√≥n de un r√©gimen-t√≠tere acomodaticio en Pakist√°n han hecho avanzar su estrategia de aislar a China. Aunque China mantiene su pol√≠tica de ‚Äúdesarrollo armonioso‚ÄĚ y ‚Äúno interferencia en los asuntos internos de otros pa√≠ses‚ÄĚ, se ha hecho a un lado cuando el imperialismo b√©lico europeo y estadounidense ha atacado a alguno de los socios comerciales de China con el objetivo fundamental de invertir la pac√≠fica expansi√≥n comercial de China. La carencia de una estrategia ideol√≥gica y pol√≠tica de China capaz de proteger sus intereses econ√≥micos en el exterior ha sido una invitaci√≥n para que EEUU y la OTAN establecieran reg√≠menes hostiles a China.

El ejemplo más destacado es Libia, donde EEUU y la OTAN intervinieron para derrocar a un gobierno independiente dirigido por el presidente Gadafi, con quien China había firmado acuerdos comerciales e inversiones por valor multimillonario. Los bombardeos de ciudades, puertos e instalaciones petrolíferas por la OTAN obligaron a los chinos a retirar a 35.000 trabajadores de la construcción e ingenieros del petróleo chinos en cuestión de días. Lo mismo sucedió en Sudán, donde China había invertido miles de millones para desarrollar su industria petrolera. EEUU, Israel y Europa armaron a los rebeldes de Sudán del Sur para interrumpir el flujo de petróleo y atacar a los trabajadores chinos en el sector. En ambos casos, China permitió pasivamente que los imperialistas estadounidenses y europeos atacaran a sus socios comerciales y frenaran sus inversiones.

Bajo Mao Tse Tung, China tuvo una pol√≠tica activa de contenci√≥n de la agresi√≥n imperial: Apoyaba a movimientos revolucionarios y a gobiernos del Tercer Mundo. En la actualidad, la China capitalista no tiene una pol√≠tica activa para apoyar gobiernos o movimientos capaces de proteger el comercio bilateral y los acuerdos de inversi√≥n de China. La pol√≠tica exterior de China est√° moldeada por grandes intereses comerciales, financieros y manufactureros que conf√≠an en el ‚Äúaspecto econ√≥mico competitivo‚ÄĚ para conseguir cuotas de mercado y no entienden de bases militares y de seguridad del poder econ√≥mico global. La clase pol√≠tica china est√° profundamente influida por una nueva clase de multimillonarios con fuertes v√≠nculos con los fondos de capital occidentales que han absorbido sin reparo los valores culturales occidentales. Esto queda ilustrado por su preferencia a enviar a sus propios hijos a las universidades de elite en EEUU y en Europa. Tratan de ‚Äúacomodarse a Occidente‚ÄĚ a cualquier precio. Esta falta de comprensi√≥n estrat√©gica de la construcci√≥n del imperio militar les ha llevado a responder de forma ineficaz y ad hoc a cada acci√≥n imperialista que ha socavado su acceso a recursos y mercados.

Aunque la visi√≥n de China del ‚Äúnegocio primero‚ÄĚ pudo haber funcionado cuando era un actor menor en la econom√≠a mundial y los constructores del imperio estadounidense ve√≠an la ‚Äúapertura al capitalismo‚ÄĚ como un oportunidad de hacerse f√°cilmente con las empresas p√ļblicas de China y saquear su econom√≠a, sin embargo, cuando China (a diferencia de la ex URSS) decidi√≥ retener los controles de capital y desarrollar una ‚Äúpol√≠tica industrial‚ÄĚ cuidadosamente calibrada, y bajo control estatal, dirigiendo el capital occidental y la transferencia de tecnolog√≠a a las empresas estatales, que penetraron eficazmente en los mercados internos y exteriores de EEUU, Washington empez√≥ a quejarse y a hablar de represalias.

Los inmensos excedentes comerciales de China con EEUU provocaron una respuesta dual de Washington: Vendi√≥ cantidades masivas de bonos del Tesoro estadounidense a los chinos y empez√≥ a desarrollar una estrategia global para bloquear el avance chino. Como EEUU carec√≠a de apalancamiento econ√≥mico para revertir su decadencia, confi√≥ solo en su ‚Äúventaja comparativa‚ÄĚ: su superioridad militar basada en un amplio sistema mundial de bases de ataque, una red de reg√≠menes-clientes en el exterior, apoderados militares, ONG, intelectuales y mercenarios armados. Washington se volvi√≥ hacia su inmenso, secreto y clandestino aparato de seguridad para debilitar a los socios comerciales de China. Washington depende desde hace mucho tiempo de sus lazos con gobernantes corruptos, disidentes, periodistas y magnates de los medios para proporcionar la cobertura m√°s poderosa propagand√≠stica mientras avanza en su ofensiva militar contra los intereses de China en el exterior.

China no tiene nada para competir con el ‚Äúaparato de seguridad‚ÄĚ de EEUU debido a que practica una pol√≠tica de ‚Äúno interferencia‚ÄĚ. Dado el avanzado estado de la ofensiva imperial occidental, China ha adoptado tan solo unas cuantas iniciativas diplom√°ticas, tales como financiar algunas cadenas de medios en lengua inglesa para presentar sus puntos de vista, utilizando su poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para oponerse a los esfuerzos de EEUU para derrocar el r√©gimen de Asad en Siria y oponerse a la imposici√≥n de sanciones dr√°sticas contra Ir√°n. Repudi√≥ severamente el vitri√≥lico cuestionamiento de la secretaria de estado de EEUU Hillary Clinton acerca de la ‚Äúlegitimidad‚ÄĚ del estado chino cuando vot√≥ contra la resoluci√≥n de EEUU y la ONU preparando un ataque contra Siria.

Los estrategas militares chinos son m√°s conscientes de la situaci√≥n y se sienten alarmados ante la creciente amenaza militar hacia China. Han pedido, y se les ha aceptado, un 19% de incremento anual en el gasto militar para los pr√≥ximos cinco a√Īos (2011-2015) [8]. Incluso con este incremento, los gastos militares de China ser√°n menos de la quinta parte del presupuesto militar estadounidense y China no tiene ninguna base en el exterior en marcado contraste con las m√°s de 750 instalaciones de EEUU por todo el mundo. Las operaciones de inteligencia chinas en el exterior son m√≠nimas e ineficaces. Sus embajadas se ocupan de estrechos intereses comerciales y no entendieron en absoluto la brutal pol√≠tica de la OTAN para cambiar el r√©gimen en Libia y no informaron a Pek√≠n de su importancia para el Estado chino.

Existen otras dos debilidades estructurales que socavan el ascenso de China como potencia mundial. Esto incluye a la muy ‚Äúoccidentalizada‚ÄĚ intelligentsia, que se ha tragado sin sentido cr√≠tico la doctrina econ√≥mica estadounidense sobre el libre mercado mientras pasan por alto su militarizada econom√≠a. Esos intelectuales chinos repiten como papagayos la propaganda de EEUU acerca de las ‚Äúvirtudes democr√°ticas‚ÄĚ de las multimillonarias campa√Īas presidenciales a la vez que apoyan la desregulaci√≥n financiera que habr√≠a llevado a Wall Street a apoderarse de los bancos y ahorros chinos. Muchos asesores empresariales y acad√©micos chinos se han educado en EEUU y est√°n influenciados por sus lazos con los acad√©micos estadounidenses y las instituciones financieras internacionales directamente vinculadas con Wall Street y la City londinense.

Han prosperado como asesores bien remunerados que logran puestos prestigiosos en las instituciones chinas. Identifican la ‚Äúliberalizaci√≥n de los mercados financieros‚ÄĚ con las ‚Äúeconom√≠as avanzadas‚ÄĚ capaces de profundizar los lazos con los mercados globales en lugar de ser una fuente importante de la actual crisis financiera global. Estos ‚Äúintelectuales occidentalizados‚ÄĚ son como sus hom√≥logos los compradores del siglo XIX, que subestimaron y rechazaron las consecuencias a largo plazo de la penetraci√≥n imperial occidental. Son incapaces de comprender c√≥mo la desreglamentaci√≥n financiera en EEUU fue lo que precipit√≥ la actual crisis y c√≥mo la desregulaci√≥n va a llevar a que Occidente se apodere del sistema financiero chino, cuyas consecuencias redistribuir√≠an los ahorros internos chinos en actividades no productivas (especulaci√≥n inmobiliaria), precipitar√≠an la crisis financiera y, en √ļltimo t√©rmino, socavar√≠an la importante posici√≥n global de China.

Esos yuppies chinos imitan lo peor de los estilos de vida consumistas de Occidente, y sus puntos de vista políticos están influidos por esos estilos de vida e identidades occidentalizadas que excluyen cualquier sentido de solidaridad con su propia clase trabajadora.

Hay una base econ√≥mica para los sentimientos pro-occidentales de los neocompradores chinos. Han transferido miles de millones de d√≥lares a cuentas en bancos extranjeros, han comprado casas y apartamentos de lujo en Londres, Toronto, Los √Āngeles, Manhattan, Par√≠s, Hong Kong y Singapur. Solo tienen un pie en China (la fuente de su riqueza) y el otro en Occidente (donde consumen y esconden su riqueza).

Los compradores occidentalizados est√°n profundamente empotrados en el sistema econ√≥mico de China al tener v√≠nculos familiares con los dirigentes pol√≠ticos en el aparato del partido y el estado. Sus conexiones son m√°s d√©biles en el ej√©rcito y en los crecientes movimientos sociales, aunque algunos estudiantes ‚Äúdisidentes‚ÄĚ y activistas acad√©micos de los ‚Äúmovimientos pro democracia‚ÄĚ cuentan con el apoyo de las ONG imperiales de Occidente. En la medida en que los compradores van ganando influencia, van debilitando las fuertes instituciones estatales econ√≥micas que han dirigido el ascenso chino a potencia global, al igual que hicieron en el siglo XIX actuando como intermediarios para el Imperio brit√°nico. Proclamando el ‚Äúliberalismo‚ÄĚ del siglo XIX, 50 millones de chinos se volvieron adictos al opio en menos de una d√©cada. Proclamando la ‚Äú democracia y los derechos humanos ‚ÄĚ , las ca√Īoneras estadounidenses patrullan ahora frente a las costas de China. El ascenso de China, dirigido por las elites, a potencia econ√≥mica global ha engendrado desigualdades monumentales entre unos miles de nuevos multimillonarios y millonarios en lo alto de la pir√°mide y cientos de millones de empobrecidos trabajadores, campesinos y emigrantes en la base.

La r√°pida acumulaci√≥n de riqueza y capital de China ha sido posible a trav√©s de una intensa explotaci√≥n de sus trabajadores a los que se despoj√≥ de sus anteriores redes de seguridad social y condiciones reguladas de trabajo que el comunismo garantizaba. Millones de hogares chinos han quedado despose√≠dos a fin de promover a los promotores/especuladores inmobiliarios que se han dedicado despu√©s a construir oficinas de alto nivel y apartamentos de lujo para las elites internas y extranjeras. Esos rasgos brutales de ascendente capitalismo chino han creado una fusi√≥n entre la lucha de las masas por un lugar de trabajo y por un espacio para vivir que es mayor cada a√Īo. El eslogan de los promotores/especuladores de ‚Äúhacerse rico es maravilloso‚ÄĚ ha perdido su capacidad de enga√Īar a la gente. En 2011, hab√≠a alrededor de 200.000 f√°bricas costeras urbanas que englobaban pueblos rurales. El pr√≥ximo paso, que seguro se producir√°, ser√° la unificaci√≥n de estas luchas en nuevos movimientos sociales nacionales con una agenda de clase exigiendo la restauraci√≥n de los servicios educativos y sanitarios disfrutados bajo la era comunista as√≠ como una mayor porci√≥n de la riqueza de China. Las actuales demandas de mayores salarios pueden convertirse en demandas de mayor democracia en el lugar del trabajo. Para responder a estas demandas populares, los nuevos liberales compradores occidentalizados no pueden se√Īalar hacia su ‚Äúmodelo‚ÄĚ en el imperio estadounidense, donde sus trabajadores est√°n inmersos en un proceso por el que les est√°n despojando de los mismos beneficios que los trabajadores chinos est√°n intentando recuperar.

China9

 

China, asolada por un conflicto político y de profundización de los enfrentamientos de clase cada vez más profundo, no puede mantener su deriva hacia el liderazgo económico global. Las elites chinas no pueden afrontar la creciente amenaza militar imperial global de EEUU, con sus aliados compradores en la elite liberal interna, mientras en el país la sociedad está profundamente dividida con unas clases trabajadoras cada vez más hostiles. La época de explotación desenfrenada de la mano de obra china tiene que terminar para poder enfrentar el cerco militar estadounidense de China y el desbaratamiento económico de sus mercados en el exterior. China posee enormes recursos. Con más de 1.500 billones de dólares en reservas, China puede financiar un amplio programa sanitario y educativo nacional por todo el país.

China puede permitirse poner en marcha un ‚Äúprograma de vivienda p√ļblica‚ÄĚ intensivo para los 250 millones de trabajadores que han emigrado del campo y que en la actualidad est√°n viviendo en la miseria urbana. China puede imponer un sistema fiscal progresivo a sus nuevos multimillonarios y millonarios y financiar las peque√Īas cooperativas agr√≠colas familiares y las industrias rurales a fin de reequilibrar la econom√≠a. Su programa de desarrollo de fuentes energ√©ticas alternativas, como paneles solares y energ√≠a e√≥lica, son un prometedor comienzo para abordar su grave contaminaci√≥n medioambiental. La degradaci√≥n del medio ambiente y los problemas relacionados con la salud est√°n ya preocupando a decenas de millones de chinos. En √ļltima instancia, la mejor defensa de China contra las invasiones imperiales es un r√©gimen estable basado en la justicia social para cientos de millones y una pol√≠tica exterior de apoyo a los movimientos y reg√≠menes antiimperialistas en el exterior, cuya independencia es de vital inter√©s para China. Lo que se necesita es una pol√≠tica proactiva basada en empresas mixtas mutuamente beneficiosas, incluida la solidaridad militar y diplom√°tica. Hay ya un grupo peque√Īo, aunque influyente, de intelectuales chinos que est√°n planteando la cuesti√≥n de la creciente amenaza militar estadounidense y est√°n ‚Äúdiciendo no a la diplomacia de las ca√Īoneras‚ÄĚ.

La China moderna cuenta con multitud de recursos y oportunidades de los que no dispon√≠a la China del siglo XIX, cuando se vio subyugada por el Imperio brit√°nico. Si EEUU prosigue intensificando su pol√≠tica agresiva militarista contra China, Pek√≠n puede poner en marcha una seria crisis fiscal inundando el mercado con varios de sus cientos de miles de millones de d√≥lares en bonos del Tesoro estadounidense. China, una potencia nuclear, deber√≠a contactar con su vecina Rusia, armada y amenazada por igual, para enfrentar y frustrar los belicosos comentarios de la secretaria de estado Hillary Clinton. El pr√≥ximo presidente ruso Putin ha prometido incrementar el gasto militar del 3% al 6% del PIB en la pr√≥xima d√©cada para contrarrestar la ofensiva de bases de misiles de Washington en las fronteras de Rusia y truncar los programas de ‚Äúcambio de r√©gimen‚ÄĚ de Obama contra sus aliados, como en el caso de Siria.

China tiene redes poderosas comerciales, financieras e inversiones por todo el planeta así como potentes socios económicos. Estos lazos se han convertido en algo esencial para el crecimiento continuado de muchos países en el mundo en desarrollo. Al enfrentarse a China, EEUU tendrá que enfrentar la oposición de muchas elites poderosas de mercado por todo el mundo. Pocos países o elites pensarían en vincular en el futuro sus fortunas con un imperio económicamente inestable y basado en el militarismo y en destructivas ocupaciones coloniales.

Es decir, la China moderna, como potencia mundial, es incomparablemente m√°s fuerte que a principios del siglo XVIII. EEUU no tiene el apalancamiento colonial que el ascendente Imperio brit√°nico pose√≠a en el per√≠odo previo a las Guerras del Opio. Adem√°s, muchos intelectuales chinos y la inmensa mayor√≠a de sus ciudadanos no tienen la intenci√≥n de aceptar que los actuales ‚Äúcompradores occidentalizados‚ÄĚ vendan el pa√≠s. Nada acelerar√≠a m√°s la polarizaci√≥n pol√≠tica en la sociedad china y adelantar√≠a la llegada de una segunda revoluci√≥n social china que unos dirigentes pacatos someti√©ndose a una nueva era de pillaje imperial de Occidente.

*Rebelión

 



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