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Edición 305

LA HUMANIDAD EN PELIGRO: 
CAMINO AL DESASTRE

 

Al borde de la destrucción
 (o c√≥mo destruir el planeta sin apenas esfuerzo)
NOAM CHOMSKY*

 

 


¬ŅQu√© nos depara el futuro? Para escrutarlo, una posibilidad ser√≠a observar a la especie humana desde fuera. Por tanto, imag√≠nense que son observadores extraterrestres que est√°n tratando de averiguar qu√© est√° sucediendo aqu√≠ o, si vamos al caso, imag√≠nense que dentro de cien a√Īos son historiadores ‚Äďasumiendo que haya alg√ļn historiador dentro de cien a√Īos, lo que no resulta tan obvio- y que est√°n mirando hacia atr√°s, a lo que est√° sucediendo hoy en d√≠a. Ver√≠an algo totalmente incre√≠ble.

Por primera vez en la historia de la especie humana, hemos desarrollado claramente la capacidad de destruirnos a nosotros mismos. Y así llevamos desde 1945. Es ahora cuando al fin se está reconociendo que hay procesos a más largo plazo, como la destrucción medioambiental, que van en esa misma dirección; quizá no de la destrucción total pero sí al menos hacia la destrucción de la posibilidad de una existencia decente.

Y hay otros peligros, como las pandemias, que tienen que ver con la globalización e interacciones. Por tanto, hay procesos e instituciones aplicándose a tal fin, como los sistemas de armas nucleares, que podrían provocar un inmenso desastre o incluso poner fin a una existencia organizada.

Cómo destruir un planeta sin apenas esfuerzo

La pregunta es: ¬ŅQu√© est√° haciendo la gente frente a esta situaci√≥n? Nada de todo esto es secreto. Todo aparece perfectamente claro. En realidad, hay que hacer esfuerzos para no verlo.



Ha habido todo un abanico de reacciones. Est√°n los que trabajan resueltamente intentando hacer algo frente a esas amenazas, mientras que otros se esfuerzan en intensificarlas. Si Vds. pudieran ver qui√©nes son, los futuros historiadores u observadores extraterrestres percibir√≠an algo muy extra√Īo. Tratando de mitigar o superar esas amenazas tenemos a las sociedades menos desarrolladas, a las poblaciones ind√≠genas, o a lo que queda de ellas, las sociedades tribales y abor√≠genes del Canad√°. No hablan de guerra nuclear sino de desastre medioambiental y est√°n realmente intentando hacer algo.

De hecho, por todo el mundo -Australia, India, Sudam√©rica-, hay batallas emprendidas y, en ocasiones, guerras. En la India, hay una guerra importante respecto a la destrucci√≥n medioambiental directa, con las sociedades tribales intentando resistirse a las operaciones de extracci√≥n de recursos que est√°n causando da√Īos inmensos en las comunidades locales, pero tambi√©n respecto a sus consecuencias generales. En sociedades donde las poblaciones ind√≠genas tienen influencia, muchos est√°n adoptando una posici√≥n firme. El pa√≠s que muestra la posici√≥n m√°s firme respecto al calentamiento global es Bolivia, que tiene una mayor√≠a ind√≠gena y mandatos constitucionales que protegen ‚Äúlos derechos de la naturaleza‚ÄĚ. Ecuador, que tambi√©n tiene una gran poblaci√≥n ind√≠gena, es el √ļnico exportador de petr√≥leo que conozco donde el gobierno est√° buscando apoyos que le ayuden a mantener ese petr√≥leo en la tierra, en vez de producirlo y exportarlo, y es en la tierra donde deber√≠a estar.

El Presidente venezolano Hugo Ch√°vez, que muri√≥ recientemente y fue objeto de burlas, insultos y odio en todo el mundo occidental, asisti√≥ hace pocos a√Īos a una sesi√≥n de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la que suscit√≥ todo tipo de mofas por llamar diablo a George W. Bush. Pero tambi√©n ofreci√≥ un discurso que result√≥ muy interesante. Ya sabemos que Venezuela es un importante productor de petr√≥leo. Pr√°cticamente, el petr√≥leo supone todo su PIB. En aquel discurso, advert√≠a de los peligros del uso excesivo de combustibles f√≥siles e instaba a unirse a los pa√≠ses productores y consumidores s fin de encontrar v√≠as que redujeran el uso de dichos combustibles. Resultaba sorprendente que ese discurso surgiera de un productor de petr√≥leo. Pero, ya saben, √©l era en parte indio, de origen ind√≠gena. A diferencia de las cosas divertidas que hizo, no se inform√≥ nunca de este aspecto de su intervenci√≥n ante la ONU.

As√≠ pues, por un extremo tienen las sociedades ind√≠genas tribales intentando detener la carrera al desastre. En el otro extremo, las sociedades m√°s poderosas y ricas de la historia del mundo, como Estados Unidos y Canad√°, inmersas en una veloz carrera para destruir el medioambiente lo m√°s r√°pidamente posible. A diferencia de Ecuador y de las sociedades ind√≠genas por todo el mundo, quieren extraer de la tierra hasta la √ļltima gota de los hidrocarbonos y a la m√°xima velocidad posible.

Los dos partidos pol√≠ticos estadounidenses, el presidente Obama, los medios y la prensa internacional parecen esperar con gran entusiasmo eso que llaman ‚Äúun siglo de independencia energ√©tica‚ÄĚ para EEUU. La independencia energ√©tica es un concepto que casi no tiene sentido, pero dejemos eso ahora a un lado. Lo que est√°n queriendo decir es esto: Tendremos un siglo en el que vamos a maximizar el uso de combustibles f√≥siles y contribuir cuanto podamos a la destrucci√≥n del planeta.

E igual pasa por casi todas partes. Es cierto que en lo que se refiere al desarrollo de las alternativas energ√©ticas, Europa est√° intentando hacer algo. Mientras tanto, EEUU, el pa√≠s m√°s rico y poderoso en la historia del mundo, es la √ļnica naci√≥n entre las cien m√°s importantes que no tiene una pol√≠tica nacional para restringir el uso de combustibles f√≥siles, que ni siquiera tiene objetivos de energ√≠a renovable. Y no es porque su poblaci√≥n no quiera. Los estadounidenses est√°n muy cerca de la media internacional en su preocupaci√≥n por el calentamiento global. Son sus estructuras institucionales las que bloquean el cambio. Los intereses empresariales no quieren y tienen un poder casi absoluto a la hora de determinar las pol√≠ticas, por lo que, en un mont√≥n de cuestiones, incluida √©sta, hay una enorme brecha entre lo que quiere la opini√≥n p√ļblica y lo que los pol√≠ticos hacen.

Por tanto, eso es lo que el futuro historiador ‚Äďsi es que queda alguno- ver√≠a. Podr√≠a tambi√©n leer las revistas cient√≠ficas actuales. Casi cada una de las que abra contendr√° una predicci√≥n m√°s terrible que la anterior.

‚ÄúEl momento m√°s peligroso en la historia‚ÄĚ

La otra cuestión es la guerra nuclear. Somos conscientes desde hace bastante tiempo de que si una gran potencia lanza un primer ataque, incluso aunque no haya represalias, lo más probable es que la civilización acabara desapareciendo tan sólo por las consecuencias que sobrevendrían del invierno nuclear. Pueden leer sobre ello en el Bulletin of Atomic Scientists. Lo entenderán bien. El peligro ha sido siempre mucho más grave de lo que pensábamos.



Acaba de pasar el 50¬ļ aniversario de la Crisis de los Misiles de Cuba, que el historiador Arthur Schlesinger, asesor del presidente John F. Kennedy, denomin√≥ como el ‚Äúmomento m√°s peligroso en la historia‚ÄĚ. Y lo fue. Nos salvamos por los pelos y tampoco fue √©sa la √ļnica vez. Sin embargo, de alguna manera, el aspecto m√°s negativo de todos esos nefastos sucesos es que no se aprenden las lecciones.

Se ha adornado mucho lo acaecido en la Crisis de los Misiles de octubre de 1962 para que parezca que abundaron los actos de coraje y reflexi√≥n. La verdad es que todo el episodio fue cosa de locos. Hubo un punto, cuando la crisis estaba alcanzando su momento √°lgido, en que el Premier sovi√©tico Nikita Kruschev escribi√≥ a Kennedy ofreci√©ndole solucionarla a trav√©s de un comunicado p√ļblico informando de la retirada de los misiles rusos de Cuba y de los estadounidenses de Turqu√≠a. En realidad, Kennedy ni siquiera sab√≠a en aquel momento que EEUU tuviera misiles en Turqu√≠a. Iban a retirarlos de todas formas porque iban a sustituirlos con los submarinos nucleares Polaris, mucho m√°s letales e invulnerables.

As√≠ pues, la oferta fue √©sa. Kennedy y sus asesores la consideraron y la rechazaron. En aquella √©poca, el mismo Kennedy valoraba las probabilidades de una guerra nuclear entre un tercio y la mitad. Por tanto, estaba dispuesto a aceptar un riesgo muy alto de destrucci√≥n masiva a fin de establecer el principio de que nosotros ‚Äďy s√≥lo nosotros- tenemos derecho a disponer de misiles de ataque m√°s all√° de nuestras fronteras, donde se nos antoje, no importa el riesgo que supongan para otros, o para nosotros mismos si las cosas se salen de madre. Tenemos ese derecho, nadie m√°s.

Sin embargo, Kennedy acept√≥ un acuerdo secreto para retirar los misiles que EEUU estaba ya retirando, aunque nunca se hizo p√ļblico. Es decir, Kruschev ten√≠a que retirar abiertamente los misiles rusos mientras que EEUU retiraba secretamente los suyos, que se hab√≠an quedado obsoletos; por tanto, hab√≠a que humillar a Kruschev pero Kennedy ten√≠a que mantener su imagen de macho. Fue muy alabado por esto: valor y sangre fr√≠a bajo la amenaza, etc. El horror de sus decisiones no lleg√≥ siquiera a mencionarse, intenten encontrarlo en los archivos‚Ķ

Y por a√Īadir algo m√°s, un par de meses antes de que estallara la crisis, EEUU hab√≠a enviado misiles con ojivas nucleares a Okinawa. Misiles que estuvieron apuntando hacia China durante un per√≠odo de gran tensi√≥n regional.

Bien, ¬Ņy a qui√©n le importa? Tenemos derecho a hacer lo que se nos antoje en cualquier lugar del mundo. Esa fue una de las lecciones funestas de esa √©poca, pero ir√≠an llegando m√°s.

Diez a√Īos despu√©s, en 1973, el Secretario de Estado Henry Kissinger emiti√≥ una alerta nuclear de alto nivel. Fue su forma de advertir a los rusos que no interfirieran en la guerra √°rabe-israel√≠ en marcha y, especialmente, que no interfieran una vez que inform√≥ a los israel√≠es de que pod√≠an violar el alto el fuego que EEUU y Rusia acababan de acordar. Afortunadamente, no sucedi√≥ nada.

Diez a√Īos m√°s tarde, el Presidente Ronald Reagan llegaba al poder. Poco despu√©s de que pusiera un pie en la Casa Blanca, √©l y sus asesores hicieron que la Fuerza A√©rea empezara a penetrar en el espacio a√©reo ruso para obtener informaci√≥n acerca de los sistemas de alerta rusos, la denominada Operaci√≥n Able Archer [Arquero Capaz]. Se trataba esencialmente de ataques simulados. Los rusos se sent√≠an inseguros, algunas autoridades de alto nivel tem√≠an que ese fuera un paso hacia un primer ataque real. Por fortuna no reaccionaron, aunque estuvieron a punto. Y todo sigue igual.

¬ŅQu√© hacer con las crisis nucleares iran√≠ y norcoreana?

Por el momento, la cuestión nuclear, en los casos de Corea el Norte e Irán, sigue ocupando regularmente las primeras páginas de los medios. Pero hay vías para poder abordar estas crisis actuales. Quizá no funcionen pero al menos hay que intentarlo. Sin embargo, no se están teniendo en cuenta, ni siquiera se informa de ellas.



Cojamos el caso de Ir√°n, que es considerado en Occidente ‚Äďno en el mundo √°rabe, no en Asia- como la amenaza m√°s grave para la paz mundial. Es una obsesi√≥n occidental y es interesante investigar las razones de ello, no obstante, dej√©moslo a un lado por el momento. ¬ŅHay alguna v√≠a para abordar esa supuesta amenaza tan grave para la paz mundial? En realidad hay muchas. Hay una v√≠a, muy sensata, que se propuso hace un par de meses en una reuni√≥n de Pa√≠ses No Alineados en Teher√°n. De hecho, estaban s√≥lo reiterando una propuesta que tiene varias d√©cadas de existencia y que especialmente impulsada por Egipto y aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La propuesta consiste en avanzar hacia el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en la regi√≥n. Esa no ser√≠a la respuesta a todo, pero ser√≠a un paso adelante muy significativo. Y hay otras maneras de proceder. Bajo los auspicios de la ONU, deber√≠a haberse celebrado en Finlandia el pasado mes de diciembre una conferencia internacional para intentar poner en marcha una serie de planes que desarrollaran esa propuesta. ¬ŅQu√© fue lo que sucedi√≥?

No lo habr√°n podido leer en los peri√≥dicos, porque no se inform√≥ de nada, s√≥lo en algunas revistas especializadas. A primeros de noviembre, Ir√°n manifest√≥ su acuerdo en asistir a la reuni√≥n. Un par de d√≠as m√°s tarde, Obama cancel√≥ la reuni√≥n, diciendo que no era el momento adecuado. El Parlamento Europeo emiti√≥ un comunicado pidiendo que se mantuviera, al igual que los Estados √°rabes. No se consigui√≥ nada. As√≠ pues, impongamos sanciones cada vez m√°s duras contra la poblaci√≥n iran√≠ ‚Äďque ni rozan al r√©gimen- y despu√©s ¬°a la guerra! ¬ŅQui√©n sabe qu√© suceder√°?

La misma historia tiene lugar en Asia Nororiental. Puede que Corea del Norte sea el pa√≠s m√°s loco del mundo. Sin duda que es un buen competidor al t√≠tulo. Pero s√≠ tiene sentido intentar averiguar qu√© hay en la mente de la gente cuando act√ļa de forma loca. ¬ŅPor qu√© se comportan as√≠? Tan s√≥lo pong√°monos un poco en su situaci√≥n. Imaginen lo que signific√≥ en los a√Īos de la Guerra de Corea, en los primeros a√Īos de la d√©cada que se inici√≥ en 1950, que tu propio pa√≠s acabara totalmente arrasado, totalmente destruido por una inmensa superpotencia, que adem√°s se regodeaba en lo que estaba haciendo. Imaginen la huella que eso deja atr√°s.

Tengan en cuenta que es probable que los l√≠deres de Corea del Norte leyeran las revistas militares p√ļblicas de la √©poca de esa superpotencia que explicaban que, una vez arrasado todo en Corea del Norte, se envi√≥ a la fuerza a√©rea para destruir las presas norcoreanas, presas inmensas que controlaban el suministro de agua; y se hizo a prop√≥sito, un crimen de guerra por el que se colg√≥ a gente en Nuremberg. Y esas revistas oficiales hablaban con excitaci√≥n de lo maravilloso que era ver c√≥mo el agua se desperdiciaba inundando los valles mientras los asi√°ticos corr√≠an a la desesperada tratando de sobrevivir. Las revistas se mostraban exultantes de lo que eso signific√≥ para aquellos ‚Äúasi√°ticos‚ÄĚ, horrores que escapan a cualquier imaginaci√≥n. Signific√≥ la destrucci√≥n de sus cosechas de arroz, lo que a su vez impuso hambruna y muerte. ¬°Cu√°nta gloria! No ha quedado en nuestra memoria, pero s√≠ en su memoria.

Volvamos al presente. Hay una interesante historia reciente. En 1993, Israel y Corea del Norte se estaban acercando a un acuerdo por el cual Corea del Norte dejaría de enviar misiles o tecnología militar a Oriente Medio e Israel reconocería a aquel país. El Presidente Clinton intervino y lo bloqueó. Poco después, en represalia, Corea del Norte llevaba a cabo una prueba nuclear de importancia menor. EEUU y Corea del Norte llegaron entonces, en 1994, a un marco de acuerdo que detuvo sus desarrollos nucleares y que fue más o menos cumplido por ambas partes. Cuando George W. Bush llegó al poder, es posible que Corea del Norte tuviera un arma nuclear y se pudo comprobar que no estaba produciendo más.

Bush lanz√≥ inmediatamente su militarismo agresivo, amenazando a Corea del Norte -‚Äúel eje del mal‚ÄĚ y tal y tal-, por lo que este pa√≠s se puso de nuevo a trabajar en su programa nuclear. Cuando Bush dej√≥ el cargo, ten√≠an de ocho a diez armas nucleares y un sistema de misiles, otro gran logro neocon. Entre medias, sucedieron otras cosas. En 2005, EEUU y Corea del Norte llegaron finalmente a un acuerdo por el cual este √ļltimo pa√≠s ten√≠a que acabar con todas las armas nucleares y desarrollo de misiles. A cambio, Occidente, pero sobre todo EEUU, ten√≠a que proporcionar un reactor de agua ligera para sus necesidades m√©dicas y poner fin a las declaraciones agresivas. A continuaci√≥n, firmar√≠an un pacto de no agresi√≥n e intentar√≠an llegar a un acuerdo razonable.

Todo era muy prometedor, pero Bush se puso a dinamitarlo casi de inmediato. Retiró la oferta del reactor de agua ligera e inició programas para obligar a los bancos a que dejaran de realizar transacciones norcoreanas, incluso las que eran totalmente legales. Los norcoreanos reaccionaron recuperando su programa de armas nucleares. Y todo esto es lo que viene sucediendo.

Es bien conocido. Pueden leerlo directamente en la principal corriente de la erudici√≥n estadounidense. Lo que dicen es lo siguiente: es un r√©gimen muy loco, pero sucede que est√° siguiendo la pol√≠tica del tali√≥n. Vosotros hac√©is un gesto hostil y nosotros respondemos con alg√ļn gesto loco de los nuestros. Vosotros hac√©is un gesto de acercamiento y nosotros os respondemos de la misma manera.

Por ejemplo, se han llevado a cabo hace poco maniobras militares entre EEUU y Corea del Sur en la península de Corea que, desde el punto de vista de Corea del Norte, tenían una intención intimidatoria. Nosotros pensaríamos también que esas maniobras son amenazantes si se produjeran en Canadá y nos tuvieran en el punto de mira. En el curso de las mismas, los bombarderos más avanzados de la historia, los Stealth B-2 y los B-52, llevaron a cabo ataques simulados de bombardeo contra las fronteras de Corea del Norte.

Sin duda, esto activa las alarmas del pasado. Ellos recuerdan bien ese pasado, por eso están reaccionando de una forma muy agresiva y extrema. Y Occidente piensa que todo eso no es más que una demostración de lo locos y horribles que son los dirigentes norcoreanos. Lo son. Pero esa no es toda la historia, y así es cómo el mundo viene funcionando.

Y no es precisamente que no haya alternativas. Las hay, pero no se están teniendo en cuenta. Y eso es peligroso. Por tanto, si se preguntan qué aspecto tendrá el planeta, no van a contemplar un cuadro muy agradable. A menos que la gente haga algo. Siempre podemos hacer algo.

[Nota: Este ensayo se ha adaptado (con la ayuda de Noam Chomsky) de una entrevista por video realizada en la p√°gina web WHAT, dedicada al integrar los conocimientos de diferentes campos con el objetivo de fomentar el equilibrio entre lo individual, la sociedad y el medio ambiente.]

*TomDispatch.com



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