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Edición 299

NOAM CHOMSKY:
LA PARANOIA DE LOS RIQUISIMOS Y PODEROSISIMOS

Occidente se desmorona

pero no pierde de vista el petróleo

DAVID BARSAMIAN/NOAM CHOMSKY*

 

(ESTE ART√ćCULO ES UNA ADAPTACI√ďN del cap√≠tulo Uprisings contenido en el libro Power Systems: Conversations on Global Democratic Uprisings and the New Challenges to U.S. Empire, en el que se ofrecen una serie de entrevistas entre Chomsky y David Barsamian. (Con nuestro agradecimiento hacia la editorial, Metropolitan Books). Las preguntas son de Barsamian; las respuestas de Chomsky.)

 

Chomsky7

¬ŅTiene actualmente Estados Unidos el mismo control que ten√≠a en otras √©pocas sobre los recursos energ√©ticos del Oriente Medio?

Los pa√≠ses productores de energ√≠a m√°s importantes del mundo siguen estando a√ļn bajo el control de las dictaduras que Occidente apoya. Eso hace que los progresos conseguidos por la Primavera √Ārabe sean en realidad limitados, aunque no insignificantes. El sistema dictatorial controlado por Occidente est√° erosion√°ndose. De hecho, lleva tiempo ya debilit√°ndose. Por eso, por ejemplo, si retrocedemos 50 a√Īos, vemos que los recursos energ√©ticos -la principal preocupaci√≥n de los estrategas estadounidenses- han sido en su mayor√≠a nacionalizados. Hay constantes intentos para revertir ese hecho pero no han tenido √©xito.

Tomemos, por ejemplo, la invasi√≥n de Irak. Para todo el mundo, excepto para alg√ļn entregado ide√≥logo, era totalmente obvio que invad√≠amos Irak no por nuestro amor a la democracia, sino porque es tal vez el segundo o tercer pa√≠s m√°s rico en petr√≥leo del mundo y porque se halla justo en medio de la regi√≥n productora m√°s importante. Se supone que no puedes decir esto porque se considera una teor√≠a de la conspiraci√≥n.

EEUU fue seriamente derrotado en Irak por el nacionalismo iraquí, sobre todo por la resistencia no violenta. EEUU podía matar insurgentes pero no podía enfrentarse a medio millón de personas que se manifestaban por las calles. Paso a paso, Irak fue capaz de ir desmantelando los controles establecidos por las fuerzas ocupantes. En noviembre de 2007 estaba ya muy claro que iba a ser muy difícil conseguir los objetivos estadounidenses.

George Kennan.
George Kennan.

Y fue precisamente en ese momento cuando se formularon expl√≠citamente esos objetivos. Por tanto, en noviembre de 2007, la administraci√≥n Bush II apareci√≥ con una declaraci√≥n oficial acerca de c√≥mo deber√≠a ser cualquier acuerdo a que se llegase con Irak. Deber√≠a cumplir dos requerimientos importantes: Uno, que EEUU deb√≠a ser libre para llevar a cabo operaciones de combate desde sus bases militares, que conservar√≠a; y dos, ‚Äúpromover el flujo de inversiones extranjeras hacia Irak, especialmente de las inversiones estadounidenses‚ÄĚ. En enero de 2008, Bush dej√≥ todo esto claro en una de las declaraciones con firma. Un par de meses despu√©s, en vista de la resistencia iraqu√≠, EEUU tuvo que olvidarse de ello. El control de Irak se le est√° escapando ya de las manos.

Irak fue un intento de restituir por la fuerza algo parecido al viejo sistema de control pero ese intento fue repelido. Pienso que, por lo general, las políticas de EEUU se han mantenido constantes y se remontan a la II Guerra Mundial. Pero su capacidad para llevarlas a la práctica está reduciéndose.

¬ŅSe debe esa merma de capacidad a su debilidad econ√≥mica?

En parte, porque el mundo es cada vez m√°s diverso. Y cuenta con centros de poder cada vez m√°s diversos. Al final de la II Guerra Mundial, EEUU estaba en el cenit de su poder. Ten√≠a la mitad de las riquezas del mundo y todos sus competidores hab√≠an acabado gravemente da√Īados o destruidos. Ten√≠a una posici√≥n de seguridad inimaginable y hab√≠a desarrollado planes para dirigir b√°sicamente el mundo, lo cual, en aquella √©poca, no era algo poco realista.

¬ŅA eso se le llam√≥ planificaci√≥n de un √Ārea Grandiosa?

Sí, inmediatamente después de la II Guerra Mundial, George Kennan, director del equipo de planificación política del Departamento de Estado de EEUU, y otros más, trazaron los detalles y después los llevaron a la práctica.

Hasta cierto punto, lo que est√° sucediendo ahora en Oriente Medio, en el Norte de √Āfrica y sobre todo en Sudam√©rica, nos hace retroceder a la d√©cada de los cuarenta del pasado siglo. El primer √©xito importante de resistencia frente a la hegemon√≠a estadounidense se produjo en 1949. En ese a√Īo fue cuando tuvo lugar un acontecimiento que, curiosamente, se denomina como ‚Äúla p√©rdida de China‚ÄĚ. Es una frase muy interesante que no se ha cuestionado nunca.

 

Bill Clinton.
Bill Clinton.

Hubo muchas discusiones sobre qui√©n era el responsable de la p√©rdida de China. Se convirti√≥ en una inmenso conflicto interno. Pero es una frase muy interesante. S√≥lo puedes perder algo cuando posees algo. Pero se daba por sentado que pose√≠amos China y si luchaban por su independencia y la consegu√≠an, hab√≠amos perdido China. M√°s tarde, llegaron las preocupaciones por ‚Äúla p√©rdida de Latinoam√©rica‚ÄĚ, ‚Äúla p√©rdida del Oriente Medio‚ÄĚ, ‚Äúla p√©rdida de‚ÄĚ ciertos pa√≠ses, todo ello a partir de la premisa de que poseemos el mundo y todo lo que debilite nuestro control supone para nosotros una p√©rdida y por eso nos planteamos c√≥mo recuperarlo.

Si leemos revistas de pol√≠tica exterior de ahora o si se nos ocurre la tonter√≠a de ponernos a escuchar los debates de los republicanos, oiremos que est√°n plante√°ndose: ‚Äú¬ŅC√≥mo podemos prevenir nuevas p√©rdidas?‚ÄĚ.

Por otra parte, se ha reducido dr√°sticamente la capacidad de preservar el control. En 1970, el mundo era econ√≥micamente tripolar, con un centro industrial norteamericano emplazado en EEUU, un centro europeo radicado en Alemania, m√°s o menos comparable en tama√Īo, y un centro en el este de Asia ubicado en Jap√≥n, que entonces era la regi√≥n con un crecimiento m√°s din√°mico del mundo. Desde entonces, nuestro orden econ√≥mico global se ha ido diversificando mucho. Por eso es m√°s complicado desarrollar nuestras pol√≠ticas, pero los principios subyacentes no han cambiado gran cosa.

Veamos la doctrina Clinton. La doctrina Clinton postulaba que EEUU ten√≠a derecho a acudir al uso unilateral de la fuerza para asegurar un ‚Äúacceso sin restricciones a mercados clave, suministros energ√©ticos y recursos estrat√©gicos‚ÄĚ. Eso iba m√°s all√° de lo que dijo George W. Bush. Pero de forma discreta, no arrogante ni abrasiva, por eso no caus√≥ gran alboroto. La creencia en que tenemos ese derecho sigue en pie hasta el momento actual. Forma tambi√©n parte de la cultura intelectual.

Justo después del asesinato de Osama bin Laden, en medio de todas aquellas aclamaciones y aplausos, hubo unos cuantos comentarios críticos cuestionando la legalidad del acto. Siglos atrás, había algo que denominábamos presunción de inocencia. Si arrestas a un sospechoso, es sospechoso hasta que se pruebe que es culpable. Debería habérsele llevado a juicio. Es una parte esencial del derecho estadounidense que puede rastrearse hasta la Carta Magna. Por eso hubo un par de voces que dijeron que quizá no debiéramos echar abajo toda la base del derecho anglo-estadounidense.

Eso produjo un mont√≥n de reacciones muy indignadas y furiosas, aunque las m√°s interesantes pertenec√≠an, como de costumbre, al extremo liberal de izquierdas del espectro. Matthew Iglesias, un conocido y muy respetado comentarista de la izquierda liberal, escribi√≥ un art√≠culo en el que ridiculizaba esos puntos de vista. Dijo que eran ‚Äúsorprendentemente ingenuos‚ÄĚ, absurdos. Despu√©s manifest√≥ las razones. Aleg√≥ que ‚Äúuna de las principales funciones del orden institucional internacional es precisamente legitimar el uso de fuerza militar letal por parte de las potencias occidentales‚ÄĚ. Desde luego, no se refer√≠a a Noruega. Quer√≠a decir Estados Unidos. As√≠ que el principio en el que se basa es que EEUU tiene derecho a utilizar la fuerza a voluntad. Hablar de que EEUU viola el derecho internacional o algo parecido es asombrosamente ingenuo, completamente absurdo. Por cierto, era yo el blanco de esos comentarios y me siento feliz de confesar mi culpa. Creo que la Carta Magna y el derecho internacional se merecen que les prestemos alguna atenci√≥n.

Gamal Abdel Nasser
Gamal Abdel Nasser

Lo menciono sólo para ilustrar que en la cultura intelectual, incluso en el denominado extremo liberal de izquierdas del espectro político, los principios fundamentales no han cambiado mucho. Pero la capacidad para ponerlos en práctica se ha reducido bastante. Es por esa razón por la que se habla tanto de la decadencia estadounidense.

Echemos un vistazo al √ļltimo n√ļmero del a√Īo pasado de Foreign Affairs, la principal revista del establishment. En la portada, en negritas, pregunta: ‚Äú¬ŅEst√°n acabados los EEUU?‚ÄĚ. Es la queja habitual de quienes piensan que deber√≠an tenerlo todo. Si t√ļ piensas que debes tenerlo todo y hay algo que se te escapa, eso es una tragedia, el mundo se est√° viniendo abajo. Por tanto, ¬Ņest√°n acabados los EEUU? Hace mucho tiempo perdimos China, perdimos el Sureste Asi√°tico, perdimos Sudam√©rica. Quiz√° perdamos los pa√≠ses del Oriente Medio y el Norte de √Āfrica. ¬ŅEst√°n acabados los EEUU? Es una especie de paranoia, pero es la paranoia de los riqu√≠simos y los poderos√≠simos. Si no lo tienes todo, es el desastre.

El New York Times describe el ‚Äúdilema pol√≠tico que define la Primavera √Ārabe: ¬ŅC√≥mo cuadrar los contradictorios impulsos estadounidenses que incluyen el apoyo al cambio democr√°tico, el deseo de estabilidad con el recelo hacia los islamistas que se han convertido en una fuerza pol√≠tica poderosa?‚ÄĚ El Times identifica esos tres objetivos de EEUU. ¬ŅQu√© piensa usted. de ellos?

Osama Bin Laden
Osama Bin Laden

Dos de ellos son exactos. EEUU est√° a favor de la estabilidad. Pero hay que recordar qu√© significa estabilidad. Estabilidad significa conformidad ante las √≥rdenes estadounidenses. Por ejemplo, una de las acusaciones que se le hacen a Ir√°n, la supuesta gran amenaza de nuestra pol√≠tica exterior, es que est√° desestabilizando Irak y Afganist√°n. ¬ŅDe qu√© manera? Al tratar de ampliar su influencia en los pa√≠ses vecinos. Por otra parte, nosotros ‚Äúestabilizamos‚ÄĚ pa√≠ses cuando los invadimos y los destruimos.

En ocasiones he citado una de mis ilustraciones favoritas de este hecho, que es de un conocido y muy buen analista liberal de pol√≠tica exterior, James Chace, antiguo editor de Foreign Affairs. Cuando escribi√≥ sobre el derrocamiento del r√©gimen de Salvador Allende y la imposici√≥n de la dictadura de Augusto Pinochet en 1973, dijo que ten√≠amos que ‚Äúdesestabilizar‚ÄĚ Chile en aras a la ‚Äúestabilidad‚ÄĚ. Eso no se percibe como contradicci√≥n, y no lo es. Ten√≠amos que destruir el sistema parlamentario para conseguir estabilidad, lo que significa que ellos ten√≠an que hacer lo que nosotros dij√©ramos. Por eso, s√≠, estamos a favor de la estabilidad en ese sentido t√©cnico.

Toda la preocupaci√≥n acerca del Islam pol√≠tico es tan s√≥lo la preocupaci√≥n ante cualquier desarrollo independiente. Todo lo que sea independiente tiene que preocuparte porque podr√≠a debilitarte. En realidad, es un poco ir√≥nico, porque EEUU y Gran Breta√Īa han apoyado tradicionalmente y de forma decidida el fundamentalismo radical isl√°mico, no el Islam pol√≠tico, como fuerza para bloquear el nacionalismo laico, que es su aut√©ntica preocupaci√≥n.

Por eso, por ejemplo, Arabia Saudí es el estado fundamentalista más extremista del mundo, un estado islámico radical. Tiene auténtico celo misionero y está extendiendo el Islam radical en Pakistán, financiando el terrorismo. Pero es el bastión de la política estadounidense y británica. Lo apoyaron firmemente contra la amenaza del nacionalismo laico de Gamal Abdel Nasser en Egipto y Abd al-Karim en Irak, entre otros muchos. No les gusta el Islam político porque podría independizarse de ellos.

Barack Obama
Barack Obama

El primero de los tres puntos, nuestro anhelo por la democracia, es como cuando Stalin hablaba del compromiso ruso con la libertad y la democracia para el mundo. Es el tipo de declaración de la que te ríes cuando la escuchas de comisarios o clérigos iraníes, pero vas y asientes educadamente y quizá incluso con admiración cuando la escuchas de sus homólogos occidentales.

Si nos fijamos en los antecedentes, el anhelo de democracia es como una mala broma. Algo que incluso han reconocido los principales eruditos aunque no lo manifiesten de esa forma. Uno de los eruditos más importantes de la supuesta promoción de la democracia es Thomas Carothers, que es bastante conservador y está muy valorado: un neo-reaganita, no un liberal ardiente. Trabajó en el Departamento de Estado con Reagan y tiene varios libros en los que revisa el curso de la promoción de la democracia, que se toma muy en serio.

Dice, s√≠, ese es un ideal estadounidense profundamente asentado, pero tiene una rara historia. La historia es que todas las administraciones estadounidenses son ‚Äúesquizofr√©nicas‚ÄĚ. Apoyan la democracia s√≥lo si se ajusta a determinados intereses econ√≥micos y estrat√©gicos. Carothers describe esto como una especie de patolog√≠a, como si los EEUU necesitaran de tratamiento psiqui√°trico o algo parecido. Desde luego que hay otra interpretaci√≥n, pero no puedes referirte a ella si eres un intelectual bien educado que se comporta de forma adecuada.

A los pocos meses del derrocamiento del Presidente Hosni Mubarak en Egipto, estaba sentado ya en el banquillo enfrent√°ndose a acusaciones penales y procesos judiciales. Sin embargo, es inconcebible que a los dirigentes estadounidenses se les puedan pedir responsabilidades por sus cr√≠menes en Irak y en otros lugares. ¬ŅEs posible que eso pueda cambiar a corto plazo?

Ese es b√°sicamente el principio de Yglesias: el fundamento mismo del orden internacional es que Estados Unidos tiene derecho a utilizar la violencia como quiera. Entonces, ¬Ņc√≥mo va a ser posible acusar a alguien?

¬ŅY nadie m√°s tiene ese derecho?

Por supuesto que no. Bueno, quiz√° nuestros clientes s√≠. Si Israel invade el L√≠bano y mata a mil personas y destruye medio pa√≠s, okey, eso est√° muy bien. Resulta interesante. Barack Obama era senador antes de ser presidente. No hizo gran cosa como senador, pero hizo un par de cosas, sobre todo una de la que se sent√≠a particularmente orgulloso. De hecho, si miras en su p√°gina web antes de las primarias, hac√≠a hincapi√© en el hecho de que, durante la invasi√≥n israel√≠ del L√≠bano, copatrocin√≥ una resoluci√≥n del Senado que exig√≠a que EEUU no hiciera nada para impedir las acciones militares de Israel hasta que este pa√≠s hubiera conseguido sus objetivos, y censur√≥ a Ir√°n y Siria porque estaban apoyando a la resistencia frente a la destrucci√≥n de Israel del sur del L√≠bano; por cierto, la quinta vez en 25 a√Īos. Por tanto, ellos han heredado ese derecho. Y tambi√©n otros clientes.

Abd al-Karim.
Abd al-Karim.

Pero los derechos residen realmente en Washington. Eso es lo que significa poseer el mundo. Es como el aire que respiras. No puedes cuestionarlo. El principal fundador de la teoría contemporánea de las relaciones internacionales, Hans Morgenthau, era realmente una persona muy decente, uno de los pocos científicos políticos y especialistas en asuntos internacionales que criticó la guerra de Vietnam con base en supuestos morales, no tácticos.

Algo muy extra√Īo. Escribi√≥ un libro titulado The Purpose of American Politics. T√ļ ya sabes lo que est√° por venir. Resulta que los otros pa√≠ses no tienen objetivos. El objetivo de EEUU, por otra parte, es ‚Äútrascendente‚ÄĚ: Llevar la libertad y la justicia al resto del mundo. Pero √©l es un buen acad√©mico, como Carothers. Por eso revis√≥ los antecedentes. Dec√≠a: ‚ÄúCuando estudias los hechos, te encuentras con que EEUU no ha estado a la altura de su prop√≥sito trascendente‚ÄĚ. Pero despu√©s dice que criticar nuestro prop√≥sito trascendente ‚Äúes como caer en el error del ate√≠smo, que niega la validez de la religi√≥n por motivos similares‚ÄĚ, esa es una buena comparaci√≥n. Es una creencia religiosa profundamente arraigada. Es tan profunda que va a ser dif√≠cil desentra√Īarla. Y si cualquiera la cuestiona, se cae casi en la histeria y a menudo se hacen acusaciones de ser anti-estadounidense o de ‚Äúodiar a EEUU‚ÄĚ, conceptos interesantes que no existen en las sociedades democr√°ticas, s√≥lo en las sociedades totalitarias y aqu√≠, donde lo expuesto se da por sentado.

*Tom Dispatch



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