joomla visitor
AuditorŪa
Periodismo a contrapelo
Buscar Autor o Artículo
ÔĽŅ
PULSE LA TECLA ENTER
Voces Diario
Banner
Noticias
389 Suplemento
Banner
Voces del Periodista EnVivo
Banner
Radioteca
Posada del Periodista
Banner
Club de Periodistas
408
407
Banner
406
Banner
405
Banner
ÔĽŅ

Ver Otros Artículos de Este Autor

Edición 299

PERIODISMO A CONTRAPELO
ABRAHAM GARC√ćA IBARRA

 

Quien no conoce la fuerza de la palabra,

no conoce la fuerza del hombre

 

COMO NO LA GIRO DE SEDICENTE ‚Äúl√≠der de opini√≥n‚ÄĚ, mi filosof√≠a editorial es: Un autor, un lector. A √©ste me remito rara vez para pedir licencia de hablar en primera persona. Esta es una de ellas.

Abraham

En la reciente ocasi√≥n de presentaci√≥n de la nueva comisi√≥n senatorial para la investigaci√≥n de cr√≠menes contra periodistas, me visitaron en redacci√≥n j√≥venes oficiantes del ejercicio period√≠stico de San Luis Potos√≠ y Guadalajara. Sin formalismo, plantearon dos preguntas sumarias: ¬ŅPor qu√© matan a los periodistas? ¬ŅQu√© periodista admira m√°s?

Respuesta a la primera pregunta. ¬ŅPor qu√© matan a los periodistas? Por la misma raz√≥n que mueren los periodistas: Por su voluntaria y apasionada entrega a la causa de la verdad. Como sea que entiendan esta verdad y traten de trasmitirla y sedimentarla en el imaginario colectivo.

(Reprim√≠ en ese momento la respuesta a la segunda pregunta por temor a la pedanter√≠a, pero en esta nota me rindo ante la leyenda: Mateo, Marco, Lucas y Juan. Y me acerco al tributo a Rizard Kapuscinski). Poni√©ndonos serios, relato algo de la trayectoria personal que iniciamos en 1954 y, aunque cito nombres, en mi condici√≥n de lector pretendo subrayar la influencia que percib√≠ del trabajo period√≠stico de algunos de ellos en la reacci√≥n y formaci√≥n del esp√≠ritu p√ļblico.

Carmen Lira con el Comandante Fidel.
Carmen Lira con el Comandante Fidel.

Mi primer maestro y jefe de redacci√≥n en El Sol del Pac√≠fico (Mazatl√°n, Sinaloa), de la Cadena Garc√≠a Valseca (CGV), fue el ex seminarista jalisciense Francisco Robles Hern√°ndez, a su vez formado en este oficio nuestro por Salvador Borrrego Escalante (poco m√°s de 98 a√Īos; 77 reporteando, escribiendo, fundando y dirigiendo al menos 37 diarios, qui√©n sabe cu√°ntas revistas y autor de unos 40 libros. √Čl no me perdonar√≠a el gerundio). Borrego Escalante ha ganado fama como el √ļnico verdadero nazi mexicano a partir de su obra cumbre Derrota Mundial.

En todo caso, para efecto de estas notas, nuestro contacto indirecto con su magisterio fue al trav√©s de su conciso y claro manual: Periodismo trascendente, de contenido neutro y estrictamente profesional. Hace unas semanas, por fin lo identificamos personalmente en la sede del Club de Periodistas de M√©xico, ‚Äútodav√≠a reporteando‚ÄĚ la presentaci√≥n de un libro del general Roberto Badillo Mart√≠nez. Dado este dato s√≥lo para confirmar que Borrego Escalante existe, ya que el mito que lo rodea es que se trata de un equipo-seud√≥nimo. As√≠ de prol√≠fica es su materia gris, siempre administrada y dirigida con certera punter√≠a.

Primera Universidad Socialista del Noroeste

En mi natal Sinaloa, al fragor del cardenismo, en la d√©cada de los 30 del siglo pasado se dieron dos acontecimientos cultural y pol√≠ticamente fascinantes. El antiguo Colegio Rosales fue declarado en 1937 primera Universidad Socialista del Noroeste, concebida para formar a los j√≥venes en un ‚Äúsocialismo organizado y creador‚ÄĚ. Su √ļnico rector fue Sol√≥n Zabre, expulsado del encargo y del estado por el coronel gobernador Alfredo Delgado, que no era necesariamente un general Jos√© Mill√°n-Astray frente a Unamuno. Fue en torno y dentro de esa instituci√≥n que, en 1939, en Sinaloa el Partido Comunista Mexicano tuvo la membres√≠a m√°s numerosa de todo el pa√≠s; all√°, cuando al militante se le seleccionaba, no se le daba el fiat porque s√≠.

Blanche Petrich entre Hugo Ch√°vez y Ra√ļl Castro
Blanche Petrich entre Hugo Ch√°vez y Ra√ļl Castro

De aquella fecunda veta intelectual -juvenil y jovial- emigraron al oficio period√≠stico algunos varones que, aplicados a la investigaci√≥n y la divulgaci√≥n hist√≥rica e ideol√≥gica, le dieron a la sociedad sinaloense un nuevo santo y se√Īa, contrario sensu a la lapidaria expresi√≥n de Jos√© Vasconcelos que, al llegar por primera vez a Culiac√°n, dijo sentir que entraba al reino de la barbarie.

Hacia 1957 particip√©, en la capital del estado, en la fundaci√≥n de El Sol de Sinaloa (CGV), experiencia que me dio la oportunidad de convivir con aut√©nticos militantes del ejercicio period√≠stico, algunos perseguidos rabiosamente, entre ellos Francisco Gil Leyva, Antonio Nakayama, Antonio Pineda Guti√©rrez, Jorge Medina Le√≥n (citados primero por los lazos amistosos que cultivamos), que compart√≠an cultivado ingenio, aceradas lanzas y caldos espirituosos con el doctor Enrique Pe√Īa Guti√©rrez (inventor en Mocorito lo que se conoci√≥ pretenciosamente como la Atenas de M√©xico), Enrique F√©lix, Antonio Paliza, Manuel Jim√©nez L√≥pez, etc√©tera.

El primer ingreso al diario El Día

En la primera azarosa fuga hacia la Ciudad de M√©xico (1968), gracias a la generosidad del maestro Ernesto √Ālvarez Nolasco (quien al tiempo nos aproximar√≠a a don Jes√ļs Reyes Heroles), nuestra debutante y prolongada escala fue en El D√≠a, fundado y editado por una veterana generaci√≥n, mezcla de mocedades comunistas, carnets del Partido Popular, uno que otro mao√≠sta o trotskista, catalizados amistosa, pol√≠tica y profesionalmente por don Enrique Ram√≠rez y Ram√≠rez, conocido coloquialmente como El martillo ideol√≥gico, identidad que en su juventud le otorgar√≠a Vicente Lombardo Toledano.

Kapuscinski
Kapuscinski

Ah√≠, en condici√≥n de novatos de ligas mayores, tuvimos lecciones de sabidur√≠a y afectuosa cercan√≠a con el maestro grabador Alberto Beltr√°n, Javier Romero, Leonardo Ram√≠rez, Julio Pomar, V√≠ctor C√°zares, Javier Zamora, Ricardo Cort√©s Tamayo, Eugenio M√ļzquiz, Manuel Buend√≠a T√©llez-Gir√≥n, Socorro D√≠az Palacios y Jorge Aymami -seg√ļn Ram√≠rez y Ram√≠rez, entonces el √ļnico aut√©ntico comunista activo en M√©xico- y Ra√ļl Moreno Wonche. En esa irrepetible redacci√≥n, mir√© emprender el vuelo a Lourdes Galaz Ram√≠rez y Sara Lovera. Sent√≠ la fibra de las hermanas Magdalena y Carmen Galindo. Por ¬†supuesto, de Mar√≠a La China Mendoza.

La arom√°tica tertulia cafetera en El Gran Premio o et√≠lica en La Castellana, nos permiti√≥ estar en la mesa de la barra de opini√≥n, entre otros, con Efra√≠n Huerta y Francisco Mart√≠nez de la Vega, que compart√≠an cr√©ditos editoriales en El D√≠a con una pl√©yade de ascendientes acad√©micos de la UNAM. Desde¬† aqu√©l El D√≠a -en el que suceder√≠a en la direcci√≥n general a Ram√≠rez y Ram√≠rez, D√≠az Palacios-, coincidimos en tareas reporteriles con j√≥venes principiantes que han alcanzado la cima, como Carmen Lira, ahora directora general de La Jornada. Hecho en la bronca acci√≥n militante, bregaba en la Secci√≥n Internacional nuestro paisano del Estado de Occidente, Jos√© Carre√Īo Carl√≥n, hoy director del Fondo de Cultura Econ√≥mica.

En Insurgentes Centro 123 (en los altos viv√≠a la viuda del republicano espa√Īol Manuel Aza√Īa), visiones del horizonte exterior nos la brindaron los hispanos Hernando Pacheco-Juan Mar√≠a Alponte y Mario Zapata. Especial menci√≥n nos merece el ¬†doctor Rodolfo Puiggr√≥s, imbatible combatiente y pensador activo en la resistencia peronista (Argentinos de pi√©/ Editorial Patria Grande), quien llegar√≠a a ocupar la rector√≠a de la Universidad Nacional. √Čl, en visita a Buenos Aires, durante el gobierno de facto del general Alejandro Agust√≠n Lanussse (1971-1973), nos facilitar√≠a contactos period√≠sticos con los frentes obrero y juvenil de resistencia peronista a la dictadura, de donde sigui√≥ nuestro reporte Los militares, enfermos de soledad.

La experiencia en El Correo de la Tarde

Para hacernos cargo de la edici√≥n del hist√≥rico El Correo de la Tarde (alguna vez dirigido por el ex militar, escritor y periodista antiporfirista Heriberto Fr√≠as, autor de Tom√≥chic), en 1974 volvimos a las marismas mazatlecas. Consignamos el dato apenas para anunciar que de ese periodo data la inauguraci√≥n de cr√≠menes contra periodistas maquinados por las bandas del narcotr√°fico: La v√≠ctima, Roberto Mart√≠nez Montenegro (El Noroeste/Exc√©lsior), en Culiac√°n; tiempo despu√©s (febrero de 1988), en Mazatl√°n, Manuel Burgue√Īo Ordu√Īo, compa√Īero de p√°ginas en El Correo, asesinado en la mesa de su comedor hogare√Īo frente a esposa e hijos. Siete a√Īos despu√©s, en la Ciudad de M√©xico, ser√≠a Buend√≠a T√©llez-Gir√≥n, y contando‚Ķ

Cristina Pacheco.
Cristina Pacheco.

De Virgilio Dante Caballero tuvimos las primeras noticias hacia los a√Īos 60, como candidato al pared√≥n en el Campo Militar N√ļmero 1. Impetuoso e intransigente estudiante, se mov√≠a en la protesta contra las tarifas de consumo de energ√≠a el√©ctrica en la Ciudad de M√©xico. El primer contacto personal con este infatigable activista de y en los medios, fue telef√≥nico. Nos llam√≥ al puerto en 1978, a fin de reclutarnos para los proyectos noticioso Enlace y -de an√°lisis- Del hecho al dicho, acogidos por Canal 11. Aceptamos.

Esta nueva y alucinante aventura editorial nos permiti√≥ el rencuentro con el maestro Manuel Buend√≠a y con Miguel √Āngel Granados Chapa, con quien, en la primera etapa metropolitana, debatimos en mesas organizadas por la Escuela de Periodismo Carlos Septi√©n Garc√≠a, entonces dirigida por el paisano don Alejandro Avil√©s.

Mouris Salloum George con Celeste S√°enz de Miera
Mouris Salloum George con Celeste S√°enz de Miera

Del hecho‚Ķ conducido por Virgilio Caballero nos auspici√≥ participaci√≥n en sesiones dominicales en las que alternaban, con los nombrados, entre otros, Carlos Monsiv√°is, H√©ctor Aguilar Cam√≠n, y relevantes personajes de la academia o l√≠deres pol√≠ticos extranjeros en ascenso. Para Del hecho‚Ķ, de alg√ļn modo avis√≥ su censura el tratamiento de la primera visita de Juan Pablo II, episodio acaso favorable, porque a√Īos despu√©s Caballero nos incorpor√≥ a la iniciativa y el empuje de los sistemas de radio y televisi√≥n de Quintana Roo y Oaxaca.

Eventualmente, por invitación de Caballero o Buendía, se nos dio asiento en el ácido y temido Ateneo de Angangueo, verdadero azote para los políticos más folclóricos, dicho el adjetivo con la mayor indulgencia. En futuras agendas, con Monsiváis atenderíamos algunas invitaciones deliberativas sobre la disidencia magisterial en la Ciudad de México; o de las universidades de Sinaloa y Sonora; en la primera, para analizar protagonistas de la cultura mexicana. No omito mi aprendizaje con León García Soler, mi director en Jueves de Excélsior.

Carlos Montemayor y Vicente Garrido

Puestos en esa frecuencia, en foros para la Reforma Pol√≠tica (1982/1988) y en los temas referidos al Derecho a la Informaci√≥n y relaciones Medios-Estado, nos toc√≥ alternar con el maestro Ra√ļl Trejo Delabre, entre otros, que me ha incitado al seguimiento de la obra a√ļn inconclusa de la Asociaci√≥n Mexicana del Derecho a la Informaci√≥n (AMEDI). ¬†Ya en noches de encuentro bohemio, en casa de Caballero tuvimos la suerte de acercarnos al entra√Īable Carlos Sotomayor, identificado cicateramente en esas ocasiones s√≥lo como poeta. Nada qu√© ver estrictamente con el ejercicio period√≠stico, pero ah√≠ gozamos el √≠ntimo concierto de Vicente Garrido. Nom√°s para inquietar el alma, Una semana sin ti.

Carmen Aristegui.
Carmen Aristegui.

Debo memoria excepcional a Blanche Petrich, mi hero√≠na favorita. En esta menci√≥n soy poco objetivo. Estupefacto, me top√© con ella, o ella se top√≥ conmigo en mis d√≠as en El Correo de la Tarde hacia 1974. He seguido desde entonces su consistente y desafiante trayectoria a lo largo de su vida profesional, que alcanza su curva cenital en La Jornada. Rindo homenaje a Cristina Pacheco. No nos ha tocado coincidir en la tinta, pero igual sigo con, a veces entusiasta, a veces preocupada asiduidad amiga, sus aportaciones al periodismo como evangelio de y en la calle, seg√ļn dec√≠an los cl√°sicos. Asimismo, rindo mi respeto a la inquebrantable Carmen Aristegui, a quien hasta mi nieta Ivanna Marina, de cinco a√Īos, monitorea todas las ma√Īanas.

De la d√©cada de colaboraci√≥n en Voces del Periodista, me quedo con los nombres que nos iluminan¬† la rosa de los vientos period√≠stica: Alfredo Jalife-Rahme, Michel Chossudovsky, James Petras, y me sumo a la admiraci√≥n colectiva a Pino P√°ez, sin olvidar al tormentoso Juan Ram√≥n Jim√©nez de Le√≥n ni al infatigable don Manuel Maga√Īa Contreras. Ahora, a mis paisanos √Ālvaro Arag√≥n Ayala, Jorge Guillermo Cano y Armando Sep√ļlveda Ibarra. Mi acercamiento a tama√Īos personajes se lo agradezco a Mouris Salloum George y a la incontenible Celeste S√°enz de Miera. Voces, literalmente, me cuesta el coraz√≥n.

Socorro Díaz y Andrés Manuel López Obrador
Socorro Díaz y Andrés Manuel López Obrador

S

ocorro Díaz y Andrés Manuel López Obrador

 

Socorro Díaz y Andrés Manuel López Obrador

De la prensa marginal, a los medios convencionales; del anonimato a la consagración de esos para mí modelos de periodista, en la propuesta personal encuentro que la nómina trascrita -en la que seguramente no están todos los que son; perdón por las involuntarias omisiones-, es la fuente seminal del satanizado círculo rojo del periodismo nacional. Unos han muerto o han sido asesinados con el arnés puesto. En el largo y sinuoso recorrido -sólo las piedras no cambian, solía decir don Enrique Ramírez y Ramírez-, unos fueron asimilados por el viejo priismo, otros cooptados por el salinismo, que luego les llamó intelectuales mutantes. El zedillismo los despreció. Vicente Fox recomendó no leerlos. Y Felipe Calderón Hinojosa se alegró de su muerte. Tope en ello, la palabra y el libre pensamiento circulan, así sea, como debe ser, a contrapelo. Porque, como sentenciaba Confucio: Quien no conoce la fuerza de la palabra, no conoce la fuerza del hombre. Con esto está dicho todo.

En cuanto a m√≠: Soy yo y mi circunstancia: Amo a mi oficio, como amo a mi esposa Elva Elena, a mis hijos Abraham, Elba Elena e Iv√°n, que me han apoyado con su sacrificio filial durante mis m√°s recientes 52 a√Īos. ¬†Doy como respuesta a mis j√≥venes inquisidores de San Luis y Guadalajara la elecci√≥n. Una cosa s√≠ les advierto: Contra esta individual vocaci√≥n, no hay vacuna. Si hay, en abundancia, plomo y, para los otros, cobre. Es cuanto.



More articles by this author

Urge restaurar el Estado constitucionalUrge restaurar el Estado constitucional
  Urge restaurar el Estado constitucional Abraham Garc√≠a Ibarra SI LE QUITAMOS algunas...
Friedman sigue hospedado en Palacio NacionalFriedman sigue hospedado en Palacio Nacional
  Friedman sigue hospedado en Palacio Nacional Abraham Garc√≠a Ibarra   CONSTA, en los...
Comentarios (1)Add Comment
0
Fernando Acosta Riveros
marzo 04, 2015
187.194.228.162
Votos: +0
Un buen periodista Abraham García Ibarra

Saludo de paz y bendiciones desde Jalisco. Conoc√≠ hace varios a√Īos en la redacci√≥n de El D√≠a al ilustre Abraham Garc√≠a Ibarra. Me acompa√Ī√≥ a presentar libros con el maestro Alberto Beltr√°n y con Rub√©n Monted√≥nico Rodr√≠guez. Reciban saludo bolivariano y macondiano,
Fernando Acosta Riveros, ahora lector del diario La Jornada

Escribir comentario
 
 
corto | largo
 

busy
¬ŅQui√©n est√° en l√≠nea?
Tenemos 563 invitados conectado(s)
Tenemos visitas de:

224
Banner
273 Suplemento
Banner
404
Banner
403
Banner
402
Banner
401
Banner
400
Banner
399
Banner