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Edición 214

  

 

 

SI JUGAR IRRACIONALMENTE con la vida del ser humano es un acto de suyo detestable, hacer deliberadamente de la vida de la niñez una mercancía exponible al infanticidio, es un crimen de lesa humanidad, sólo explicable por la derrota moral de los hombres del poder público caídos en el fango.

   Para la historia negra del Partido Acción Nacional (PAN), queda la página del incendio de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, subrogada  a principios del gobierno panista de Vicente Fox por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a particulares, de acuerdo con un esquema normativo promovido en 2003 por el ex director general de esa institución y ex senador priista  Genaro Borrego Estrada, e instrumentado para su operación por el entonces director general foxiano del IMSS, Santiago Levy. El seguro de guarderías fue una prestación instituida en 1973, como responsabilidad delegada al IMSS en favor de sus afiliados y derechohabientes, y corrompida dos décadas después en el altar del neoliberalismo.

   Aunque la brutal ofensiva para privatizar la administración del Seguro Social la inició el gobierno priista de Ernesto Zedillo Ponce de León con el despojo de la gestión financiera de los fondos para el retiro de los trabajadores, obedeciendo los designios del Fondo Monetario Mundial y el Banco Mundial,  señalar al PAN no es fortuito ni gratuito. El foxismo cometió la grosera impertinencia de promulgar el cambio de régimen del servicio de guarderías y, de acuerdo con él, entregar las concesiones a los favoritos del gobierno, entre ellos familiares del propio Zedillo y del mismo Fox. De la empresa privada regenteadora de la ABC, es socia Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella, tía de la esposa de Felipe Calderón Hinojosa, Margarita Zavala Gómez del Campo.

   La conflagración de Hermosillo ha costado ya la vida de 48 indefensos niños. Sobre sus cenizas y el luto y el dolor de sus deudos se han dado sesiones de oración y movimientos populares de denuncia, en reclamo de castigo a los responsables y exigiendo renunciar a la inmoral divisa de, “para los amigos, justicia y gracia; para los enemigos, justicia a secas”.

   El panismo no pareció ponderar la oprobiosa dimensión del crimen o, si lo hizo, echando los escrúpulos a los nauseabundos resumideros se encaramó en el drama para hacerlo bandera electorera en ocasión de la campaña política para decidir la nueva gobernación de Sonora. Y ese alejamiento de la ética le rindió al PAN amargos pero rentables saldos. Su candidato, Guillermo Padrés Elías protestará próximamente como gobernador de aquella entidad.

   En el obsceno manoseo de la ley, tanto por el procurador de Justicia de Sonora, Abel Murrieta Gutiérrez, como por el procurador general de la República, Eduardo Medina Mora (“ninguno de los implicados pisará la cárcel”, fue una de sus primeras convicciones), jugaron al peloteo; el primero, tratando de encontrar culpas en funcionarios federales y, el segundo, revirando contra socios, amigos y colaboradores del gobernador Eduardo Bours Castelo. Así se las gasta el grupo, no gobernante, sino dominante.

   Pero la tragedia de Hermosillo, de por sí condenable, puso a flote flores de fango del abusivo intercambio de favores entre las pandillas partidistas. Al comparecer por fin, esquivamente, el director general del IMSS, Daniel Karam Touhmed, ante congresistas federales, se hizo pública una lista de los usufructuarios de las subrogaciones de guarderías del IMSS. Gobernantes y sus familiares y amigos, de los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional y de la Revolución Democrática fueron sacados a balcón, incluyendo hermanas del difunto ex candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio.

   La lista es todo un monumento al patrimonialismo e influyentismo corruptores. Un cuñado de Ernesto Zedillo en Colima; un hermano (José) de Fox, en Guanajuato, acompañado del ex jefe de la Oficina de la Presidencia foxiana, Juan Carlos Murillo; un pariente político de Calderón Hinojosa (primo de su esposa Margarita Zavala), éste favorecido con un contrato de tres mil millones 100 mil pesos, asignado por el ex director del IMSS y ahora secretario de Comunicaciones y Transportes, Juan Molinar Horcasitas, para servicios de computación al Instituto, según lo hizo circular el legislador priista José Murat.

   Pero en el sucio enjuague, así sea aleatoriamente, aparecen también los nombres del actual coordinador de la bancada de diputados federales priistas, Emilio Gamboa Patrón, otro que pasó por el IMSS, como lo hizo el ya mencionado Borrego Estrada, una de cuyas hermanas se aprovechó del parentesco para tener su concesión. Ahí están también el ex panista gobernador de Guanajuato, Carlos Medina Plascencia: de Colima el priista Fernando Moreno Peña o de Campeche, el también tricolor José Antonio González Kuri.

   Tema abominable, el aquí tratado, lo que revela es que el PAN, el partido “de la gente decente” -que hizo  de Fox el candidato presidencial que combatiría la corrupción, y de esta desviación asunto de la pasada campaña electoral- resultó cortado por la misma tijera que diseñó a los priistas. En última lectura, el fétido escándalo confirma que los panistas llegaron al poder, no para regenerar a la República, sino para quedarse con su apetitosa cuota del botín. ¿Cómo, pues, no iba a perder las pasadas elecciones?  



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