joomla visitor
AuditorŪa
Tres doncellitas al triple sin tiple
Buscar Autor o Artículo
ÔĽŅ
PULSE LA TECLA ENTER
Voces Diario
Banner
Noticias
389 Suplemento
Banner
Voces del Periodista EnVivo
Banner
Radioteca
Posada del Periodista
Banner
Club de Periodistas
408
407
Banner
406
Banner
405
Banner
ÔĽŅ

Ver Otros Artículos de Este Autor

Edición 346

PINO 1

 

PINO 2

(A la Dra. Nelly quien con mi Libertad estuvo)

LOS AZARES SIN H pero con aroma de flor, conjuntaron en diversas eras y esferas, un juvenil trío de doncellitas de 17 abriles, a tal edad matrimoniándose, y en tal adolescencia apisonando la vid de su propia historia: Margarita Maza Parada, Carmen Romero Rubio y Hanna Arendt, en triada de variaciones, pero con sinonimia de bellísima juventud tan prontamente casadera.

 

Sin Margarita no habría juarismo como sin Jenny tampoco marxismo

 

Margarita era una chica asediada por faunos de la alta burgues√≠a oaxaque√Īa, no s√≥lo la persegu√≠an por su hermosura, asimismo por su pertenencia a una familia de alcurnia, pero ella prefiri√≥ a un hombre que le llevaba 20 calendarios: Benito Ju√°rez Garc√≠a, quien a sus 37 a√Īitos ya maduritos a√ļn no prefiguraba siquiera la inmensidad hist√≥rica en cuya tez todo un pueblo se refleja.

Cu√°nta envidia empapaba de hiel ajena a Benito, los racistas le asaeteaban flechas sin Cupido, aunque las mismitas con que victimaron a San Sebasti√°n; entre s√≠ se inquir√≠an furibundos los cr√≠os de latifundistas, agiotistas y bur√≥cratas de post√≠n y postre ‚Äú¬ŅA qu√© se debe que una muchacha rica en todos los sentidos‚Ķ haya preferido a un abogado oscuro -tambi√©n en todos los sentidos- indio cuya fealdad rompe moldes y portarretratos de la estereotipada guapura occidental?‚ÄĚ; qu√© ira, ¬Ņqu√© ir√° a decir m√°s el arsenal de los prejuicios que todav√≠a perdura con renovados ep√≠tetos y similares gargajeos?

PINO 3El amorciano de una y otro fue aut√©ntico, sin moment√°nea melcocha, un v√≠nculo de unidad de vidas que incluy√≥ el estar de Margarita con Benito en lo m√°s aciago del amargu√≠simo temporal; del exilio que le impuso Santa Anna, de la estancia asilada de Ju√°rez en Cuba agenci√°ndose el sustento en su orgullosa condici√≥n de obrero, doblando el tabaco de donde salen los puros de er√≥tica largura; de mantener presidencia, rep√ļblica y pa√≠s durante la invasi√≥n trimperialista encabezada por Napole√≥n III, asociado al rey Leopoldo de B√©lgica, genocida de congole√Īos y papa√≠to de Carlotita; tambi√©n socio-sucio de Francisco Jos√©, emperador austriaco y carnal de don Max, al que ya mero canonizan y ‚Äúca√Īonizan‚ÄĚ con un titipuchal de honor√≠ficos estruendos, sus ap√≥logos de anta√Īo y hoga√Īo.

Margarita es de una entereza tan impresionante que al m√°s inconmovible emociona, con el marido siempre estuvo pese a la lontananza de tanto empujar tan represivo; en esas etapas de crueldad hijos le fallecieron ¬°y con el luto enjaezado en el esp√≠ritu representaba a su marido!, le aportaba l√≠neas fundamentales de manera epistolar, de importantes sugerencias insemin√°base cada p√°rrafo, informaci√≥n y deducci√≥n de lo que transcurr√≠a en la patria tan hollada; qu√© parang√≥n hay entre ella y Jenny von Westphalen, esposa de Karl Marx, integrante de cremat√≠stica parentela prusiana, hermosa como aqu√©lla, tambi√©n con la p√©rdida de varios hijos en lo m√°s proceloso del reprimir, igualmente camarada de hogar e ideas que much√≠simo orientaron al sabio de Tr√©veris; sin la de all√° ni la de acull√° no se hubiese suscitado el juarismo ni el marxismo, imposible hubiese resultado el surgimiento de Reforma y leyes aut√©nticas, o El capital que a√ļn hasta la m√©dula encuera a la burgues√≠a.

An√°logas adem√°s Margarita y Jenny en no hacer estampitas ni futuros teleculebrones en su vida familiar, ya que Benito tuvo una relaci√≥n sentimental con Gloria Chagoya (casi hom√≥nima de do√Īa Juana dizque la cubana), con dos hijos -en par de insistencia y asistencia-; la gran Margarita reconoci√≥ a Susana Ju√°rez, descendiente del nexo referido e incluso la incluy√≥ sin pleonasmo en sucesi√≥n testamentaria; Jenny supo que su c√≥nyuge tuvo un descendiente en las periferias del matrimonio con Helene Demuth y pese a la dolencia que la infidelidad impone, ella sobrepuso su aporte maravilloso en el hogar y los ideales. Qu√© mujeres. Cu√°nta enormidad de ser. Margarita es flor que habita en la solapa de los poetas frente al mexicano coraz√≥n.

 

Carmelita devino do√Īa en plenitud de adolescencia

 

Porfirio D√≠az Mori ten√≠a 51 a√Īejos madurotes cuando despos√≥ a Carmen Romero Rubio de 17 abriles fresquecitos; √©l era viudo de su sobrina Delfina, hija de la hermana del dictador, Petra D√≠az Mori, la cual extramaritalmente qued√≥ embarazada de Manuel Ortega, un pomadoso investigador cient√≠fico que rechaz√≥ aportar su apellido a la hija‚Ķ hasta que el cu√Īao lo hizo entrar en raz√≥n coloc√°ndole la frialdad de un sable en lo amanzanado del cogote.

M√°s de un tecleador rese√Īa que el cincuentenario noviecito abus√≥ de sus a√Īales y encaramamiento al poder contra una doncellita temblorosa por compartir lecho y techo entre lascivias de carcam√°n; entre tales escritores est√° John Kenneth Turner, s√≠, el de M√©xico B√°rbaro, los que imaginaban la inicial noche de bodas como el ritual del ‚Äúdesempolvamiento‚ÄĚ.

La juvenil Carmen, empero, nada pose√≠a de inocencia embaucada, aunque nadie negaba su virtud sin las mal√©volas inferencias de sarcasmo; no fue seducida, solamente cortejada por su semicentenario rondador; su inminente prometido fue alumno suyo de ingl√©s, don Porfis de ese idioma s√≥lo aprendi√≥ unas palabritas a lo Fox y a lo Enriquito: Yea-yea y chur-chur; la profesora le ense√Ī√≥ la lengua sin majader√≠a alguna y menos a√ļn con las mefistof√©licas intenciones del cunnis linguae; le ense√Īaba y le ense√Īaba cositas de gram√°tica inglesa ¬°y cosotas de hermosura mexicana! y el porfiado don Porfirio no aprendi√≥ pero s√≠ aprehendi√≥.

La venidera do√Īa Carmelita se hallaba en el exilio, en los yunaites, junto a su progenitor Manuel Romero Rubio ¬°expatriado por el mism√≠simo Porfirio D√≠az!, tras su golpista Plan de Tuxtepec, levantado contra el presidente Sebasti√°n Lerdo de Tejada, con quien don Manuel ocupaba elevad√≠simo puesto en el gabinete; la esposa hizo que a papa√≠to le dieran una especie de beca vitalicia o de aviadur√≠a tambi√©n de por vida en el entonces ministerio de Gobernaci√≥n; de inmediato torn√≥se do√Īa con m√°s poder√≠o sin ficci√≥n que Do√Īa B√°rbara, Romulo Gallegos y Mar√≠a F√©lix integrados; en una descripci√≥n lineal era la personificaci√≥n de la categor√≠a, culta y bella, por si aquello poquito fuese: pol√≠glota, pianista que a Chopin le reencend√≠a selenita su Claro de luna, lectora a fondo exenta de citaderos de pr√≥logos chiquitos e informes cuarteados en la cuarta de forros.

Do√Īa Carmelita de D√≠az, a su esposo le dise√Ī√≥ un t√°ctico panorama: del m√≠lite tosco de puras sonadas asonadas‚Ķ recre√≥ un adalid batiente, combatiente y estatuido cuyo pecho albergaba una constelaci√≥n de corcholatas; a ella se le atribuye orquestar el afrancesamiento de la capital y los encumbrados c√≠rculos de la altota socied√°, donde la aristocracia pulquera, la elegant√≠sima monarqu√≠a del tlachique, le atoraba coloquial al franchute con sus g√ľi-g√ľi, comantaleb√ļ, y el cl√°sico olal√° que parisinas tanto tralalalal√° ensalivaban.

PINO 4Experta en m√ļsica, le toc√≥ a do√Īa Carmelita descubrir e impulsar a Juventino Rosas sin pintarle ning√ļn viol√≠n ni hacer olas Sobre las olas, adem√°s, a Jes√ļs F. Contreras (efe no de feo ni de Francisco, sino de fruct√≠fero Fructuoso), el de la estupenda escultura Malgretout (A pesar de todo) realizada con un solo brazo, pues el otro el c√°ncer se lo hab√≠a confiscado; a bardos que inclinaban caravanas al porfiriato los dot√≥ de inspiradores insumos pecuniarios: Amado Nervo, L√≥pez Velarde, D√≠az Mir√≥n, Enrique Gonz√°lez Mart√≠nez, Jes√ļs E. Valenzuela en un rosario de etc√©teras que desde luego integra a Jos√© Juan Tablada, cuyo poema Misa negra, do√Īa Carmelita prohibi√≥ que fuese declamado por considerarlo tostadito de cachondez;

Su conservadurismo e instrucci√≥n no evitaron que adoptara a Amadita D√≠az (en similitud de do√Īa Margarita) la hija chiquead√≠sima del dictador, que tuviera casorio con Ignacio de la Torre y Mier; s√≠, el mismo cr√≠o de don Isidoro, socio √©ste de Jean Jecquer, el suizo naturalizado franc√©s por Napo El Chirris, el de los bonos ultra roedores en pre Fobaproa que le enjaret√≥ a Miguel Miram√≥n, el ‚Äúpresidente‚ÄĚ patito; s√≠, el mismo que contratara al gran Zapata para la doma de cuacos; s√≠, el mismo que el gobernador de la Ciudad de M√©xico -Guillermo de Landa y Escand√≥n- liberara en una redada en que la polic√≠a detuvo a 40 caballeros que compart√≠an mostacho con mostacho en quicoretes de aspiraci√≥n a lo Electrolux; de los 40 dichos faltaba uno para el futurista dicho del d√≠gito que la historia en sustantivo sustenta: El 41.

De do√Īa Carmen brot√≥ el proyecto publicitario y exitoso que conllev√≥ a que Porfirio D√≠az fuese elogiado por doquier, hasta a Tolstoi le endilgan porfirianas alabanzas. Una dama de primera fue, sin necesidad de presidenciales titulares.

 

Hanna y Martin, en rom√°ntico didactismo reiterado

 

Hanna Arendt cintilaba 17 onom√°sticos y su maestro Martin Heidegger el doble ya sin cintilar, cuando alumna y profe le atoraron jocundos al arrumaco; de la ruptura sentimental hay un mundanal de hip√≥tesis, la que mayor prevalencia posee radica en que aqu√©l se hizo miembro con todo y membrete encruzgamado del partido nazi, al respecto, d√©cadas posteriores, al final de la segunda guerra mundial, Herbert Marcuse solicitaba a Heidegger su retractaci√≥n ex post del hitlerismo, don Martin, empero, opt√≥ por el mutismo antes de engrosar el listado de los ‚Äúarrepentidos‚ÄĚ con cocodrilescos lagrimones de aserr√≠n.

Para evitar las hogueras del Tercer Reich, la jovencita Hanna se residenci√≥ en EU, donde para una influyente editorial period√≠stica cubrir√≠a el proceso del genocida Adolf Eichmann, en un reportaje de cuartillas voluminoso, crecido m√°s al conformarlo en libro, as√≠ lleg√≥ La banalidad del mal, reporte y an√°lisis que le concitaron al acto renombre; ensayo, adem√°s, con notorio desarrollo filos√≥fico acerca de la perversidad no asumida como tal por el perverso (con frecuencia la maldad ejercida no se reflexiona‚Ķ hasta que toca el turno de reflejarse a solas en el espejo interno de la vida, roto, hecho a√Īicos, por las mordeduras igualmente adentradas del remordimiento); Arendt, sin embargo, se equivoc√≥ al situar a Eichmann entre la malignidad inconsciente, pues √©l, como sus jefes, perpetraban cr√≠menes colectivos, racismo y tortura a total conciencia, sin sic√≥ticas exclusiones, no por sadismo gratuito, sino como un negociazo, en la grilla de sus crematorios, en sus mazmorras, en sus entretejidos hilachos con la burgues√≠a germana, con los Krupp, los I.G. Farben, los Bayer, los Eher o sus socios sucios y suizos de la Ciba Geigi, o la gringa Kodak, y los gringu√≠simos Morgan‚Ķ. exonerados, con su sinraz√≥n de raz√≥n social a√ļn a cuestas contra las atestadas espaldas de la memoria.

PINO 5Hanna, de origen jud√≠o, hizo un texto referente al ‚ÄúIrg√ļn‚ÄĚ masacrante de Menajem Begin, sionista de la derecha m√°s esquinada, el que contra el pueblo palestino cometi√≥ atrocidades que le celebrar√≠a el mism√≠simo ‚Äúf√ľhrer‚ÄĚ en aplaudidora hornada, tambi√©n exonerado, hasta con un Nobel de la ‚ÄúPaz‚ÄĚ compartido con Sadat; Arendt realiz√≥ una exacta descripci√≥n de Begin, exacta, sin concesiones, ubic√°ndolo en su real dimensi√≥n de multiasesino.

En el ensayo Hanna Arendt oder die liebe zum welt (Hanna Arendt o el amor al mundo) de Alois Prinz, transitan amistades de la biografiada, sus preceptores y fil√≥sofos Husserl, Jasper, dos de los continuadores como Heidegger de una vertientes del existencialismo de Kierkegaard, Sartre, Unamuno‚Ķ cercana asimismo al novelista alem√°n Uwe Johnson, uno de los autores del ‚ÄúNoveau roman‚ÄĚ o ‚ÄúNueva novela‚ÄĚ que por ac√° rebautizaron ‚ÄúAntinovela‚ÄĚ, inaugurada por el franc√©s Robbe Grillet; imprime el se√Īor Prinz c√≥mo evoc√≥ la escritora la conferencia que diera en la Universidad de Heidelberg el nazi Goebbels y c√≥mo varios estudiantes se vistieron y se revistieron ‚Äúcamisas azules‚ÄĚ, militancia hitleriana que la se√Īora Arendt atribuy√≥ a la ‚Äúdespolitizaci√≥n‚ÄĚ en tal plantel, otra discutible hip√≥tesis de do√Īa Hanna, puesto que el racismo se hallaba impregnado en buena parte de la sociedad germana, con el peligroso y convocante simplismo, que tanto atrae sobre todo al peque√Īoburgu√©s, error parecido a la ‚Äúbanalidad del mal‚ÄĚ o la ‚Äúinconciencia‚ÄĚ de los m√°s supinos estropicios cometidos‚Ķ equ√≠vocos que no afectan la obra estupenda de la inolvidable pensadora.

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla



More articles by this author

Yerros a hieros errados y herradosYerros a hieros errados y herrados
  ENCICLOPEDIAS, diccionarios, peri√≥dicos, revistas, ep√≠stolas‚Ķ tambi√©n la riegan con todo...
Dicharajo del carajoDicharajo del carajo
PAREMI√ďLOGOS recolectan dichos, decires an√≥nimos, que flotan una leyenda y...
Comentarios (0)Add Comment
Escribir comentario
 
 
corto | largo
 

busy
¬ŅQui√©n est√° en l√≠nea?
Tenemos 468 invitados conectado(s)
Tenemos visitas de:

224
Banner
273 Suplemento
Banner
404
Banner
403
Banner
402
Banner
401
Banner
400
Banner
399
Banner