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Edición 420

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VOCES DEL DIRECTOR


 

La jugada que perfiló el Nuevo Orden Mundial

 

Mouris Salloum George

 

DESDE el autoatentado que acabó con las Torres Gemelas de Nueva York, la política se parece cada día más a un juego de espejos. Casi nada de lo que se ve es igual a sí mismo.

 

En aquella ocasión, los Republicanos en el poder aliados con J.P. Morgan, el emblemático consorcio financiero judío, decidieron trasladar los 3 billones 750 mil millones de dólares en barras de oro depositados en las bóvedas de esos edificios, a las cuentas de Xi Jinping en las Bahamas.

 

Esa fue la jugada que perfiló el Nuevo Orden Mundial.

 

Un consorcio religioso-financiero internacional, donde aparecen las manos del Grupo Bilderberg, el Grupo Rockefeller y los principales exponentes del judaísmo, la masonería, la iglesia ortodoxa rusa y las cúpulas religiosas chinas, que decidió unir a las élites de izquierda y derecha en torno al modelo de capitalismo que le interesar implementar.

 

Por órdenes directas de David Rockefeller, David Rothschild y Kissinger, y de altos dirigentes del Grupo Bilderberg, ejecutan el plan de desfondar la Reserva americana y aparecer ante los chinos como aliados incondicionales.

 

Xi Jinping apareció ante el mundo como un mago capaz de construir y equipar un hospital de la especialidad en siete días, los mismos que según la tradición utilizó el Creador para hacer el mundo, subiendo de inmediato a los altares de la adoración humana.

 

Alianza cupular

 

Independientemente de todas las maniobras para dejar en manos de los orientales el control de la deuda externa de treinta trillones de dólares, impagable, está demostrada su labor reiterada del envío de miles de toneladas de oro de la Reserva Federal a la República Popular China, lo que ha causado una enorme sangría que pega hacia todos lados.

 

Desde entonces, se ha venido concretando el amarre entre las cúpulas que definen el panorama internacional. El Grupo BlackRock, operador de bolsa e inversiones de la Reserva Federal estadunidense, recibió algo así como tres billones de dólares para premiar o castigar a los incautos, para establecer un pensamiento monocorde.

 

Comenzaron a aparecer con mayor fuerza Bill Gates, Elon Musk y toda la parafernalia de personajes, que no son más que sujetos que dan la cara para las diversas ocasiones. Si alguien se la cree, es eliminado, como pasó con Steve Job, y según parece puede pasar con Sam Walton, dueño de la cadena Wall Mart, entre otros.

 

Quien esté fuera de esa jugada, está fuera del nuevo mundo, plantearon. La reunión que hubo en el Vaticano, donde se aprecia al Papa católico Francisco besar la mano de Rockefeller, acompañado de Rothschild, Kissinger y dignatarios ortodoxos, es por demás reveladora.

 

No hay lugar para la duda: Hecho el tiro, muerto el pato.

 

Los talibanes y Biden

 

La guerra y el caos es parte del esquema del Nuevo Orden Mundial liberal.

 

La conferencia de prensa dada por el presidente Biden fue lo peor de esta loca jornada: la guerra que desataron los talibanes contra la minoría laica de Kabul, porque visto por la lupa del Tío Sam, el ser humano es simple número o fracción.

 

Eso no hace que se muevan los sentimientos de Biden y su banda criminal por aquéllos que murieron colgados de los aviones con su intentona de escapar del terror de los talibanes; e independientemente del terror que les espera a las mujeres en aquél desafortunado país, pues sobre todo la posibilidad de que oleadas de radicales islámicos saldrían de ahí así a los países vecinos y occidentales para volver a sembrar el terror nuevamente.

 

Estando a menos de un mes de volver a conmemorar los ataques a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001, cumpliendo veinte años de aquél fatídico acontecimiento que cambió la historia del mundo para siempre.

 

La retirada de las tropas americanas de Afganistán, vista por muchos como derrota y por radicales islámicos como triunfo divino con ayuda de Alá sobre el ejército más poderoso del mundo; les daría la fe de seguir con la Yihad contra los infieles occidentales. Simplemente vivir en tiempos de los talibanes es ya una derrota interna y personal, y sobre todo acompañada del rostro sonriente y feliz de Biden.

 

 

La jugada que perfiló el Nuevo Orden Mundial

Mouris Salloum George

DESDE el autoatentado que acabó con las Torres Gemelas de Nueva York, la política se parece cada día más a un juego de espejos. Casi nada de lo que se ve es igual a sí mismo.

En aquella ocasión, los Republicanos en el poder aliados con J.P. Morgan, el emblemático consorcio financiero judío, decidieron trasladar los 3 billones 750 mil millones de dólares en barras de oro depositados en las bóvedas de esos edificios, a las cuentas de Xi Jinping en las Bahamas.

Esa fue la jugada que perfiló el Nuevo Orden Mundial.

Un consorcio religioso-financiero internacional, donde aparecen las manos del Grupo Bilderberg, el Grupo Rockefeller y los principales exponentes del judaísmo, la masonería, la iglesia ortodoxa rusa y las cúpulas religiosas chinas, que decidió unir a las élites de izquierda y derecha en torno al modelo de capitalismo que le interesar implementar.

Por órdenes directas de David Rockefeller, David Rothschild y Kissinger, y de altos dirigentes del Grupo Bilderberg, ejecutan el plan de desfondar la Reserva americana y aparecer ante los chinos como aliados incondicionales.

Xi Jinping apareció ante el mundo como un mago capaz de construir y equipar un hospital de la especialidad en siete días, los mismos que según la tradición utilizó el Creador para hacer el mundo, subiendo de inmediato a los altares de la adoración humana.

Alianza cupular

Independientemente de todas las maniobras para dejar en manos de los orientales el control de la deuda externa de treinta trillones de dólares, impagable, está demostrada su labor reiterada del envío de miles de toneladas de oro de la Reserva Federal a la República Popular China, lo que ha causado una enorme sangría que pega hacia todos lados.

Desde entonces, se ha venido concretando el amarre entre las cúpulas que definen el panorama internacional. El Grupo BlackRock, operador de bolsa e inversiones de la Reserva Federal estadunidense, recibió algo así como tres billones de dólares para premiar o castigar a los incautos, para establecer un pensamiento monocorde.

Comenzaron a aparecer con mayor fuerza Bill Gates, Elon Musk y toda la parafernalia de personajes, que no son más que sujetos que dan la cara para las diversas ocasiones. Si alguien se la cree, es eliminado, como pasó con Steve Job, y según parece puede pasar con Sam Walton, dueño de la cadena Wall Mart, entre otros.

Quien esté fuera de esa jugada, está fuera del nuevo mundo, plantearon. La reunión que hubo en el Vaticano, donde se aprecia al Papa católico Francisco besar la mano de Rockefeller, acompañado de Rothschild, Kissinger y dignatarios ortodoxos, es por demás reveladora.

No hay lugar para la duda: Hecho el tiro, muerto el pato.

Los talibanes y Biden

La guerra y el caos es parte del esquema del Nuevo Orden Mundial liberal.

La conferencia de prensa dada por el presidente Biden fue lo peor de esta loca jornada: la guerra que desataron los talibanes contra la minoría laica de Kabul, porque visto por la lupa del Tío Sam, el ser humano es simple número o fracción.

Eso no hace que se muevan los sentimientos de Biden y su banda criminal por aquéllos que murieron colgados de los aviones con su intentona de escapar del terror de los talibanes; e independientemente del terror que les espera a las mujeres en aquél desafortunado país, pues sobre todo la posibilidad de que oleadas de radicales islámicos saldrían de ahí así a los países vecinos y occidentales para volver a sembrar el terror nuevamente.

Estando a menos de un mes de volver a conmemorar los ataques a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001, cumpliendo veinte años de aquél fatídico acontecimiento que cambió la historia del mundo para siempre.

La retirada de las tropas americanas de Afganistán, vista por muchos como derrota y por radicales islámicos como triunfo divino con ayuda de Alá sobre el ejército más poderoso del mundo; les daría la fe de seguir con la Yihad contra los infieles occidentales. Simplemente vivir en tiempos de los talibanes es ya una derrota interna y personal, y sobre todo acompañada del rostro sonriente y feliz de Biden.




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