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Ediciòn 292

VOCES DEL DIRECTOR
MOURIS SALLOUM GEORGE

El inefable se√Īor Obama

 

EL VIEJO ADAGIO POPULAR DEC√ćA: Padre negociante, hijo caballero, nieto pordiosero. Se trataba de ilustrar c√≥mo la herencia es consumida por la frivolidad de la descendencia sangu√≠nea.

Obama

En la historia contemporánea de los Estados Unidos, que empezó a escribirse a raíz de la Gran Depresión de 1929, surgió como monumental héroe nacional del Nuevo Trato, Franklin Delano Roosevelt. De su exitosa política gubernamental, quiso tomar ejemplo John F. Kennedy, quien incluso pretendió un nuevo trato para América Latina, por esa causa asesinado. Al aparecer en la escena política Bill Clinton, sus publicistas lo trataron de posicionar como el nuevo Kennedy. Barack Obama, para congraciarse con su antecesor demócrata, incorporó a la mujer de éste, Hillary, como segunda de abordo en el Departamento de Estado.

De la recuperación socioeconómica de los Estados Unidos entre las décadas de los treinta-cuarenta del siglo pasado, la llamada sociedad de la abundancia -en realidad codificada por algunos sociólogos estadunidenses como sociedad del desperdicio- pasó en la primera década del siglo XXI a la condición de tercermundismo. Es la degradación a la que se aplica la metáfora con la que iniciamos estas líneas.

Al cumplir el primer a√Īo de su gesti√≥n el actual hu√©sped de la Casa Blanca, en tema principal de nuestra publicaci√≥n cabeceamos: Obama, el gran fiasco. Por ser hombre de color, dem√≥crata, por supuesto, se cultivaron expectativas de que Obama podr√≠a ser el consumador del sue√Īo de Martin Luther King. En su actuar, ha encarnado la pesadilla personificada por el clan Bush.

Inmoral guerrerista como sus antecesores, en pol√≠tica interior Obama ha hecho todo lo contrario a lo que concibi√≥ y ejecut√≥ Roosevelt. Verbigracia en la desgracia de la sociedad estadunidense: En la quiebra financiera del sistema, Obama invirti√≥ las prioridades: Primero los especuladores -los banqueros- que provocaron la cat√°strofe, y para pasado ma√Īana la atenci√≥n al drama popular.

En el escenario internacional, particularmente en el Medio Oriente, Obama contin√ļa la l√≠nea belicista impuesta por los halcones que dictan sus perversos designios a El Pent√°gono. El caso m√°s representativo de la pol√≠tica estadunidense en ese campo, es hoy la ofensiva lanzada contra el pueblo sirio. Ofrecer recompensas millonarias por la cabeza del presidente Assad y emplazar a la OTAN en las inmediaciones de aquel pa√≠s, decretando la ultima ratio, son obscenas iniciativas que no acreditan respeto alguno a reg√≠menes soberanos; menos a√ļn cuando se recurre a la coartada de la libertad y la democracia.

Lo tr√°gico para el inefable y desinflado se√Īor Obama -cuando busca un segundo mandato presidencial en elecciones que se realizar√°n el primer martes de noviembre-, es que, asumiendo como estrategia posiciones de la ultraderecha, de todas formas el candidato ultraderechista republicano Mitt Romney eventualmente puede desalojarlo del sal√≥n oval de la Casa Blanca. De lo que sigue la confirmaci√≥n de que es el poder del dinero, y no del voto popular, el que resuelve quien contin√ļa jugando el rol de pelele de los macabros designios imperiales.

Por lo que respecta a la suerte de México de cara al norte, lo mismo da Chana que Juana. El margen de maniobra frente el vecino que condensa la doctrina Monroe en la frase Los Estados Unidos no tienen amigos, tienen intereses, está estrechamente acotado por impotencia o por voluntad propia.

Lamentablemente, con el retorno de lo  más abominable del  PRI a Los Pinos, no está en el presupuesto de la futura política exterior volver los ojos hacia el interior, para movilizar la energía popular en defensa de la soberanía nacional.

Existen dos formas complementarias para acreditar un r√©gimen soberano: La legalidad electoral y la legitimidad de gesti√≥n. La segunda no parece estar en la ruta de navegaci√≥n del sexenio venidero, expuesto por a√Īadidura a la amenaza de una cuarta d√©cada perdida para el pueblo mexicano. Grave asunto.

 



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