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Edición 416

 41610

 

La ‚Äúamenaza rusa‚ÄĚ

 

Dr. Paul Craig Roberts

 

La construcci√≥n de un mito, el soporte de una ‚Äúnueva guerra fr√≠a‚ÄĚ

 

Durante 2016, el director de la CIA, John Brennan, y el director del FBI, James Comey, junto con el corrupto partido demócrata, comenzaron a orquestar el Russiagate para evitar que Trump redujera el riesgo de una guerra nuclear y normalizara las relaciones con Rusia.

 

EL PRESIDENTE Trump trató de cortar de raíz una Nueva Guerra Fría, pero eso no fue en interés del poder y el beneficio del complejo militar/de seguridad que necesita desesperadamente la "amenaza rusa" como su razón de ser.

 

Stephen Cohen, yo mismo y algunos otros expresamos nuestra preocupación de que las tensiones entre las dos potencias nucleares se estuvieran llevando a niveles más peligrosos que los que jamás existieron durante la Guerra Fría del siglo XX. Muchos sitios web se unieron para desacreditar la fabricación orquestada de Russiagate.

 

Para desacreditar estas voces, un nuevo sitio web, PropOrNot, apareci√≥ de repente con una lista de 200 ‚Äúagentes/enga√Īos rusos‚ÄĚ. Aquellos de nosotros que hab√≠amos levantado banderas rojas sobre Russiagate y el empeoramiento de las tensiones est√°bamos en la lista. El The Washington Post dio credibilidad a la acusaci√≥n al informar de la acusaci√≥n de PropOrNot de que quienes disent√≠an de una pol√≠tica hostil hacia Rusia eran ‚Äúagentes de Putin‚ÄĚ.

 

Varios de los sitios web falsamente acusados fueron intimidados y abandonaron la verdad. CounterPunch fue a√ļn m√°s lejos. Dej√≥ caer a sus mejores y m√°s incisivos escritores: personas como Mike Whitney y Diana Johnstone. CounterPunch, que una vez hab√≠a recopilado, publicado y comercializado una colecci√≥n de mis ensayos como un libro, de repente descubri√≥ que prefer√≠a la ficci√≥n a la realidad. Otros sitios web que hab√≠an reproducido religiosamente todas mis columnas ahora se volvieron selectivos sobre qu√© partes de la narrativa oficial permitir√≠an que se examinaran en sus sitios. Este fue, quiz√°s, el comienzo del movimiento para des-plataforma a todos los que desaf√≠an la narrativa.

 

La amenaza para los que dicen la verdad ahora se ha elevado por la √ļltima Orden Ejecutiva del ladr√≥n electoral Joe Biden que declara una ‚Äúemergencia nacional‚ÄĚ para ‚Äúhacer frente a la amenaza rusa‚ÄĚ. Pepe Escobar informa que la orden de Biden abre a todos los estadounidenses a ser acusados de ser un agente ruso dedicado a socavar la seguridad de Estados Unidos. ‚ÄúUn subp√°rrafo (C), que detalla 'acciones o pol√≠ticas que socavan los procesos o instituciones democr√°ticos en los Estados Unidos o en el extranjero', es lo suficientemente vago como para eliminar cualquier periodismo que apoye las posiciones de Rusia en los asuntos internacionales‚ÄĚ.

 

¬ŅSe puede evitar la guerra con Rusia?

 

‚ÄúApoya la posici√≥n de Rusia‚ÄĚ incluye una descripci√≥n objetiva y un an√°lisis no partidista de la pol√≠tica rusa. El punto crucial es que, en efecto, la orden ejecutiva de Biden coloca a todos los que informan objetivamente sobre las posiciones pol√≠ticas de Rusia como una amenaza potencial para Estados Unidos. Mira esto.

 

Si somos honestos, reconoceremos que hemos sufrido el colapso total de Estados Unidos. La verdad est√° prohibida en los medios de comunicaci√≥n, los sistemas escolares y las universidades si entra en conflicto con las agendas de √©lite a las que sirven las narrativas oficiales. La Primera Enmienda est√° muerta y enterrada. La libertad de expresi√≥n est√° reservada para las narrativas oficiales, como ‚Äúracismo sist√©mico‚ÄĚ y ‚Äúamenaza rusa‚ÄĚ. Quienes ejercen su derecho constitucional se encuentran desplazados o despedidos.

 

Para comprender cómo la victoria de la propaganda sobre la verdad eleva la probabilidad de un Armagedón nuclear, considere la diferencia entre las guerras frías del siglo XX y las del siglo XXI.

 

En la Guerra Fría original, tanto los líderes soviéticos como los estadounidenses trabajaron para aliviar las tensiones. Se concertaron acuerdos sobre el control de armamentos y el tratado de misiles antibalísticos. Hubo reuniones o cumbres regulares entre líderes estadounidenses y soviéticos. Se mantuvo el decoro diplomático. Hubo acuerdos que permitieron a cada parte inspeccionar el cumplimiento de la otra.

 

Este proceso comenzó con el presidente John F. Kennedy y el primer secretario soviético Nicolai S. Khrushchev. Continuó a través del presidente Reagan y, más o menos, del presidente George HW Bush. Terminó con el régimen de Clinton y ha ido cuesta abajo desde entonces.

 

El presidente Trump tenía la intención de reducir las peligrosas tensiones, pero no se lo permitió. De hecho, su intención fue motivo suficiente para que el establishment lo expulsara del cargo. 2020 fue un golpe, no una elección.

 

En el siglo XX, los expertos rusos de la Guerra Fr√≠a difer√≠an en sus evaluaciones de la amenaza, y sus diferencias se dieron a conocer p√ļblicamente. Se debatieron diferentes evaluaciones. Los disidentes no fueron demonizados como agentes rusos. Hoy en d√≠a, los expertos rusos estadounidenses encuentran que ser rusof√≥bico es un impulso profesional. En el siglo XX, el The New York Times y el The Washington Post se alinearon con los esfuerzos por la paz. Hoy forman parte del ministerio de propaganda de los belicistas neoconservadores.

 

La alarmante conclusi√≥n es que, desde el r√©gimen de Clinton, el gobierno de Estados Unidos ha trabajado consistentemente para empeorar las relaciones con Rusia hasta el punto de demonizar p√ļblicamente al presidente ruso y estrangular el debate objetivo en Estados Unidos. Esta es la base perfecta para la guerra.

 

Mientras tanto, los estadounidenses despreocupados eligieron gobiernos que aumentaron sucesivamente la probabilidad de una aniquilaci√≥n nuclear al tiempo que cerraron las preocupaciones de los disidentes. Como inform√© el 17 de marzo, ‚ÄúEn los Estados Unidos, los estudios rusos han degenerado en propaganda. Recientemente, dos miembros del grupo de expertos del Atlantic Council, Emma Ashford y Matthew Burrows, sugirieron que la pol√≠tica exterior estadounidense podr√≠a beneficiarse de un enfoque menos hostil hacia Rusia. Al instante, 22 miembros del grupo de expertos denunciaron el art√≠culo de Ashford y Burrows‚ÄĚ.

 

Hoy, incluso en c√≠rculos republicanos y conservadores, cuestionar la demonizaci√≥n de Putin levanta las cejas de desaprobaci√≥n (lo mismo para China e Ir√°n). El establecimiento estadounidense ha logrado etiquetar el an√°lisis objetivo como ‚Äúprorrusos‚ÄĚ (o pro-chinos o pro-iran√≠es). Esto significa que una visi√≥n objetiva de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia est√° fuera del alcance de los pol√≠ticos estadounidenses.

 

La ‚Äúamenaza rusa‚ÄĚ es otro enga√Īo, uno que destruir√° el mundo.

 


 

El Dr. Paul Craig Roberts escribe en su blog, PCR Institute for Political Economy, donde se publicó originalmente este artículo. Es un colaborador frecuente de Global Research.

 

La ‚Äúamenaza rusa‚ÄĚ

Dr. Paul Craig Roberts

La construcci√≥n de un mito, el soporte de una ‚Äúnueva guerra fr√≠a‚ÄĚ

Durante 2016, el director de la CIA, John Brennan, y el director del FBI, James Comey, junto con el corrupto partido demócrata, comenzaron a orquestar el Russiagate para evitar que Trump redujera el riesgo de una guerra nuclear y normalizara las relaciones con Rusia.

EL PRESIDENTE Trump trató de cortar de raíz una Nueva Guerra Fría, pero eso no fue en interés del poder y el beneficio del complejo militar/de seguridad que necesita desesperadamente la "amenaza rusa" como su razón de ser.

Stephen Cohen, yo mismo y algunos otros expresamos nuestra preocupación de que las tensiones entre las dos potencias nucleares se estuvieran llevando a niveles más peligrosos que los que jamás existieron durante la Guerra Fría del siglo XX. Muchos sitios web se unieron para desacreditar la fabricación orquestada de Russiagate.

Para desacreditar estas voces, un nuevo sitio web, PropOrNot, apareci√≥ de repente con una lista de 200 ‚Äúagentes/enga√Īos rusos‚ÄĚ. Aquellos de nosotros que hab√≠amos levantado banderas rojas sobre Russiagate y el empeoramiento de las tensiones est√°bamos en la lista. El The Washington Post dio credibilidad a la acusaci√≥n al informar de la acusaci√≥n de PropOrNot de que quienes disent√≠an de una pol√≠tica hostil hacia Rusia eran ‚Äúagentes de Putin‚ÄĚ.

Varios de los sitios web falsamente acusados fueron intimidados y abandonaron la verdad. CounterPunch fue a√ļn m√°s lejos. Dej√≥ caer a sus mejores y m√°s incisivos escritores: personas como Mike Whitney y Diana Johnstone. CounterPunch, que una vez hab√≠a recopilado, publicado y comercializado una colecci√≥n de mis ensayos como un libro, de repente descubri√≥ que prefer√≠a la ficci√≥n a la realidad. Otros sitios web que hab√≠an reproducido religiosamente todas mis columnas ahora se volvieron selectivos sobre qu√© partes de la narrativa oficial permitir√≠an que se examinaran en sus sitios. Este fue, quiz√°s, el comienzo del movimiento para des-plataforma a todos los que desaf√≠an la narrativa.

La amenaza para los que dicen la verdad ahora se ha elevado por la √ļltima Orden Ejecutiva del ladr√≥n electoral Joe Biden que declara una ‚Äúemergencia nacional‚ÄĚ para ‚Äúhacer frente a la amenaza rusa‚ÄĚ. Pepe Escobar informa que la orden de Biden abre a todos los estadounidenses a ser acusados de ser un agente ruso dedicado a socavar la seguridad de Estados Unidos. ‚ÄúUn subp√°rrafo (C), que detalla 'acciones o pol√≠ticas que socavan los procesos o instituciones democr√°ticos en los Estados Unidos o en el extranjero', es lo suficientemente vago como para eliminar cualquier periodismo que apoye las posiciones de Rusia en los asuntos internacionales‚ÄĚ.

¬ŅSe puede evitar la guerra con Rusia?

‚ÄúApoya la posici√≥n de Rusia‚ÄĚ incluye una descripci√≥n objetiva y un an√°lisis no partidista de la pol√≠tica rusa. El punto crucial es que, en efecto, la orden ejecutiva de Biden coloca a todos los que informan objetivamente sobre las posiciones pol√≠ticas de Rusia como una amenaza potencial para Estados Unidos. Mira esto.

Si somos honestos, reconoceremos que hemos sufrido el colapso total de Estados Unidos. La verdad est√° prohibida en los medios de comunicaci√≥n, los sistemas escolares y las universidades si entra en conflicto con las agendas de √©lite a las que sirven las narrativas oficiales. La Primera Enmienda est√° muerta y enterrada. La libertad de expresi√≥n est√° reservada para las narrativas oficiales, como ‚Äúracismo sist√©mico‚ÄĚ y ‚Äúamenaza rusa‚ÄĚ. Quienes ejercen su derecho constitucional se encuentran desplazados o despedidos.

Para comprender cómo la victoria de la propaganda sobre la verdad eleva la probabilidad de un Armagedón nuclear, considere la diferencia entre las guerras frías del siglo XX y las del siglo XXI.

En la Guerra Fría original, tanto los líderes soviéticos como los estadounidenses trabajaron para aliviar las tensiones. Se concertaron acuerdos sobre el control de armamentos y el tratado de misiles antibalísticos. Hubo reuniones o cumbres regulares entre líderes estadounidenses y soviéticos. Se mantuvo el decoro diplomático. Hubo acuerdos que permitieron a cada parte inspeccionar el cumplimiento de la otra.

Este proceso comenzó con el presidente John F. Kennedy y el primer secretario soviético Nicolai S. Khrushchev. Continuó a través del presidente Reagan y, más o menos, del presidente George HW Bush. Terminó con el régimen de Clinton y ha ido cuesta abajo desde entonces.

El presidente Trump tenía la intención de reducir las peligrosas tensiones, pero no se lo permitió. De hecho, su intención fue motivo suficiente para que el establishment lo expulsara del cargo. 2020 fue un golpe, no una elección.

En el siglo XX, los expertos rusos de la Guerra Fr√≠a difer√≠an en sus evaluaciones de la amenaza, y sus diferencias se dieron a conocer p√ļblicamente. Se debatieron diferentes evaluaciones. Los disidentes no fueron demonizados como agentes rusos. Hoy en d√≠a, los expertos rusos estadounidenses encuentran que ser rusof√≥bico es un impulso profesional. En el siglo XX, el The New York Times y el The Washington Post se alinearon con los esfuerzos por la paz. Hoy forman parte del ministerio de propaganda de los belicistas neoconservadores.

La alarmante conclusi√≥n es que, desde el r√©gimen de Clinton, el gobierno de Estados Unidos ha trabajado consistentemente para empeorar las relaciones con Rusia hasta el punto de demonizar p√ļblicamente al presidente ruso y estrangular el debate objetivo en Estados Unidos. Esta es la base perfecta para la guerra.

Mientras tanto, los estadounidenses despreocupados eligieron gobiernos que aumentaron sucesivamente la probabilidad de una aniquilaci√≥n nuclear al tiempo que cerraron las preocupaciones de los disidentes. Como inform√© el 17 de marzo, ‚ÄúEn los Estados Unidos, los estudios rusos han degenerado en propaganda. Recientemente, dos miembros del grupo de expertos del Atlantic Council, Emma Ashford y Matthew Burrows, sugirieron que la pol√≠tica exterior estadounidense podr√≠a beneficiarse de un enfoque menos hostil hacia Rusia. Al instante, 22 miembros del grupo de expertos denunciaron el art√≠culo de Ashford y Burrows‚ÄĚ.

Hoy, incluso en c√≠rculos republicanos y conservadores, cuestionar la demonizaci√≥n de Putin levanta las cejas de desaprobaci√≥n (lo mismo para China e Ir√°n). El establecimiento estadounidense ha logrado etiquetar el an√°lisis objetivo como ‚Äúprorrusos‚ÄĚ (o pro-chinos o pro-iran√≠es). Esto significa que una visi√≥n objetiva de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia est√° fuera del alcance de los pol√≠ticos estadounidenses.

La ‚Äúamenaza rusa‚ÄĚ es otro enga√Īo, uno que destruir√° el mundo.


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