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El neoliberalismo pudre legitimidad democr√°tica del Estado Espa√Īol
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Ediciòn 291

BARCELONA TRAS EL 11 DE SEPTIEMBRE DEL 2012


El neoliberalismo pudre legitimidad

democr√°tica del Estado Espa√Īol
ARMANDO FERN√ĀNDEZ STEINKO*

 

 

EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2012 es el √ļltimo hito de un proceso que viene durando cuatro o cinco a√Īos, los que dibujan la trayectoria ascendente del apoyo a una Catalu√Īa independiente. Pero la semilla se plant√≥ en 1978 y de ella brot√≥ lo que est√° sucediendo ahora. La soluci√≥n constitucional elegida para afrontar el problema de la configuraci√≥n nacional-estatal en medio del avance de una l√≥gica primero monetarista, luego directamente neoliberal, hab√≠a convertido hace ya a√Īos a Barcelona 2012 en una cuesti√≥n de tiempo.

 

Artur Mas.
Artur Mas

Varios factores han venido tapando un problema de fondo: El Estado del Bienestar financiado con endeudamiento en vez de con impuestos parecía capaz de llenar el vacío identitario con prosperidad material, ETA eclipsaba un problema político con el destello de la violencia, el modelo de crecimiento daba pan a pesar de su naturaleza destructiva en lo social y lo ambiental, Europa parecía curar todas las heridas sin necesidad de diagnosticarlas.

El reconocimiento de las nacionalidades hist√≥ricas como espacios de excepcionalidad dentro de una ‚ÄúEspa√Īa‚ÄĚ que los pactos de la transici√≥n decidieron que ten√≠a que seguir siendo la misma en aspectos centrales, parec√≠a funcionar a las mil maravillas. Y esto a pesar de que la asimetr√≠a nacional chocaba una y otra vez con el leg√≠timo deseo de todos los territorios y ciudadanos de recibir un trato igualitario. Las √©lites empezaron a dar clases de transici√≥n a otros pa√≠ses hablando de modelos que eran m√°s apariencia que otra cosa. La semilla del enfrentamiento identitario hab√≠a agarrado en el coraz√≥n pol√≠tico del sistema. Ven√≠a brotando con fuerza, d√©cada tras d√©cada, regada por el enfrentamiento pendular entre culturas que necesitan excluirse para sentirse seguras.

Lo peor ha sido el papel de la izquierda y su seguidismo nacionalista. Se daba por satisfecha apelando de forma vaga y formal a un remoto derecho republicano a la autodeterminaci√≥n sin precisarlo ni poner encima de la mesa la tercera pregunta, la clave en para darle soluci√≥n a un Estado antiguo como este: El derecho a optar tambi√©n por la configuraci√≥n de una federaci√≥n solidaria y republicana de territorios. Un segundo mito en su discurso fue acumulando fatalidades adicionales: La fragmentaci√≥n del Estado fue considerada un proceso autom√°ticamente progresista lo cual abr√≠a la necesidad de sumarse al independentismo sin preguntar quienes eran los grupos e intereses que lo impulsaban. Es verdad: La legitimidad democr√°tica del Estado espa√Īol ha sido hist√≥ricamente breve pero esto no legitima deso√≠r las lecciones del Este de Europa o la comparaci√≥n con procesos de descolonizaci√≥n ex√≥ticos que poco o nada tienen que ver con Europa y las regiones m√°s ricas del Estado.

A veces sin saberlo, el argumento antiestatalista de la izquierda despistada engros√≥ las filas de los enemigos econ√≥micos de lo p√ļblico: Los neoliberales del Estado m√≠nimo de todos los colores identitarios. La izquierda acab√≥ tir√°ndose a una piscina ambigua en la que el agua del argumento social quedaba cada vez m√°s diluida frente al cloro purificador del argumento identitario. Mientras la mayor√≠a de la poblaci√≥n miraba a otro lado, los nacionalistas constru√≠an sus nuevas naciones y normalizaban el uso de "sus" lenguas. Por su parte, los espa√Īolistas prorrogaban el pa√≠s salido del franquismo poniendo a cantar a Manolo Escobar para celebrar el triunfo de la Selecci√≥n en los mundiales de 2011, una de las m√°s grandes meteduras de pata de Madrid de los √ļltimos a√Īos. Ambos se alimentaban mutuamente en una din√°mica pendular: El avance electoral simult√°neo de Artur Mas y de Mariano Rajoy/Esperanza Aguirre/Rosa D√≠az es un reflejo de ese p√©ndulo.

Espa√Īa

Ahora toca abrir los ojos, toca actuar. Y no s√≥lo para abordar el problema nacional sino tambi√©n todo aquello que nos ha llevado hasta aqu√≠: no se puede crear un Estado del bienestar sin dar trabajo digno a una poblaci√≥n cada vez m√°s instruida; no se puede apostar de esta forma por el mercado frente a lo p√ļblico; no se puede liquidar la pol√≠tica industrial para sustituirla por la fiesta y el ladrillo; no se puede asentar la democracia en la renta financiera e inmobiliaria; no se puede seguir con la milonga de que la globalizaci√≥n neoliberal o "Europa" hacen obsoleto el problema de la configuraci√≥n nacional; no se le puede echar la culpa a Madrid del declive de la econom√≠a productiva frente a la financiarizada en todo el mundo, declive que ha debilitado la posici√≥n que ten√≠a Catalu√Īa en el conjunto del Estado; no se puede sostener que las mayor√≠as sociales de Catalu√Īa y de Madrid tienen intereses enfrentados pero coincidentes con los de sus √©lites territoriales; no se puede dejar fuera del c√°lculo pol√≠tico los beneficios econ√≥micos que Catalu√Īa obtiene del resto del Estado o utilizar la falta de concierto econ√≥mico como coartada para hacer pol√≠ticas regresivas tintadas de vino nacional.

Todos estos entendidos y malentendidos desfilaron por las calles de Barcelona el once de septiembre. Y todos, también los que no querían verlo, tienen que hacerlo ahora: la fórmula elegida en 1978 no resuelve el problema nacional sino que lo mantiene abierto en beneficio de los argumentos competitivos y en detrimento de los solidarios.

Es comprensible que los sectores nacionalistas se hayan sentido c√≥modos con este escenario. Y tambi√©n que los sectores espa√Īolitas lo admitieran como una soluci√≥n para conservar intacta su influencia identitaria en Madrid. Era un pacto t√°cito basado en la potenciaci√≥n mutua y la exclusi√≥n cultural y ling√ľ√≠stica en todo el Estado: el catal√°n fuera de Madrid, el castellano fuera de Catalu√Īa etc. Lo preocupante es la pasividad de las fuerzas de la solidaridad y de la izquierda, el oportunismo alegre con el que marchaban por el Paseo de Gracia de la mano de Artur Mas. Hay tres cuestiones esenciales que no tienen en cuenta.

La primera: No hay ninguna posibilidad de generar solidaridad redistributiva, y menos en un entorno neoliberal, si no existen lazos identitarios fuertes y compartidos que contrarrestren la competitividad territorial y la segmentación social provocada por la apoteosis del mercado. La identidad compartida forma parte de cualquier proyecto político que quiera ser compartido, también o precisamente del que abrió la oportunidad desaprovechada de 1978.

La segunda: los lazos identitarios y la propia tradici√≥n se construyen, se crean, no son nada ‚Äúobjetivo‚ÄĚ, no hay nada en la historia que los demuestre por s√≠ mismos. Lo que hay son programas, arduas tareas pol√≠ticas de, al menos, dos generaciones que crean imaginarios, tradiciones y apoyaturas culturales. Para construir lazos fuertes hay que romper aquellos que bloquean su trenzado: no todo vale en los sentimientos por mucho que se intente anular la memoria hist√≥rica. Desde luego es imposible hacerlo en Espa√Īa sin romper con las tradiciones y representaciones de aquellos que dieron un golpe de Estado y destruyeron f√≠sica, cultural y pol√≠ticamente a m√°s de la mitad de su propia poblaci√≥n. Madrid y Gernika est√°n hermanadas por su condici√≥n de v√≠ctimas de los primeros bombardeos del fascismo. Pero para que cuaje un v√≠nculo de uni√≥n en el alma de sus habitantes hay que dejar fuera a aquellos que las bombardearon. E introducir la naturalidad de la cultura vasca en el Madrid m√°s profundo y apartado.

Porque el tercero es que la(s) lengua(s) ocupan un lugar central en dicha construcci√≥n. Sin embargo, s√≥lo si son compartidas, es decir si los destinatarios de la nueva identidad est√°n familiarizados con ella(s) pueden ser sentidas como algo propio, puede ser tenido el otro como algo propio. Esto afecta no s√≥lo o no tanto a las clases cultas sino tambi√©n a la cotidianidad de las clases populares. La construcci√≥n de una identidad compartida a partir de 1978 pasaba por construir un √ļnico espacio pluriling√ľe en todo el Estado con su sinf√≠n de consecuencias culturales. Dejar que cada uno recuperara su lengua por su cuenta en territorios segmentados ten√≠a que conducir justo a la situaci√≥n contraria, la que tenemos ahora: frustrar la construcci√≥n de algo cotidiano y compartido, bloquear la formaci√≥n de amalgamas culturales en el conjunto del Estado, amalgamas sobre las cuales construir una sociedad redistributiva, es decir justa, solidaria y sostenible.

Rajoi
Mariano Rajoy.

El argumento de que las identidades son ahist√≥ricas, de que existen desde tiempos inmemoriales, es una quimera. Nada, y menos la identidad, est√° situada fuera de la historia, de la din√°mica pol√≠tica por muy √≠ntima, personal e intransferible que sea. Aqu√≠, en esta equivocada deshistorizaci√≥n de la identidad, la izquierda se ha quedado parada en los argumentos de Manuel Aza√Īa que eran muy avanzados para su tiempo pero insuficientes para hoy (ver ‚ÄúSobre la autonom√≠a pol√≠tica de Catalu√Īa‚ÄĚ). Con este par√≥n la izquierda se aproxima a los nacionalistas cultivando una inercia y una pasividad que le est√° costado cada vez m√°s cara a la solidaridad. Para todos los nacionalistas -sean progres o conservadores- la deshistorizaci√≥n de la identidad es una cuesti√≥n sagrada pues en ella se apoya todo lo dem√°s. Es interesante observar que, en la pr√°ctica, demuestran todo lo contrario: que es algo que se construye d√≠a a d√≠a con programas de televisi√≥n, tesis doctorales y relatos pol√≠ticos.

¬ŅD√≥nde va a acabar todo esto? Tres d√©cadas perdiendo el tiempo es mucho tiempo perdido y construir una identidad compartida y multiling√ľe en todo el territorio del Estado en beneficio de las partes y las culturas m√°s d√©biles y necesitadas lleva al menos dos generaciones ¬ŅEstamos a tiempo? La bola no est√° en el tejado de los nacionalistas, que no necesitan desviarse ni un mil√≠metro del recorrido que les ha llevado hasta aqu√≠. Esta en el tejado de Madrid, de Sevilla, de Oviedo, de sus sectores m√°s cosmopolitas y solidarios, depende de la decisi√≥n de estas clases y grupos de romper con el neoliberalismo, de dirigirse a catalanes, vascos, canarios y gallegos ofreci√©ndoles esa construcci√≥n conjunta y declar√°ndose dispuestos a cambiar sus actitudes ling√ľ√≠sticas, a aislar a las fuerzas de la identidad excluyente en sus respectivos territorios. El resultado tiene que ser una pluralidad que vaya m√°s all√° de la suma de partes diferentes, una identidad basada en premisas solidarias y una cultura pluriling√ľe que llegue hasta el pueblo m√°s remoto donde, tras dos generaciones, ser√° defendida como algo propio.

S√≥lo este escenario le dar√° legitimidad a otro gran argumento de la izquierda: el derecho de autodeterminaci√≥n. La inclusi√≥n de una tercera opci√≥n en la consulta, una opci√≥n intermedia entre la formaci√≥n de un -peque√Īo- estado propio en medio de un oc√©ano de tiburones en busca de naciones tiernas a las que satelizar, y la permanencia en el Estado continuista de 1978, esta tercera opci√≥n es lo que le permitir√≠a a la izquierda y sus valores pasar a la ofensiva. Es el derecho a elegir tambi√©n la libre adhesi√≥n a un Estado plurinacional, pluriling√ľe y multicultural, un Estado federal y solidario, fuerte pero altamente descentralizado (¬Ņpor qu√© no desdoblar la sede de los poderes legislativos, judiciales y ejecutivo, por qu√© no discutir el cambio de capitalidad?), un Estado al servicio de una sociedad autogestionada en la que las clases sociales que m√°s tengan aporten m√°s a la colectividad sea cual sea su procedencia territorial, en el que los municipios y las mancomunidades tengan un protagonismo central como espacio directo de participaci√≥n ciudadana. Un Estado en el que se generen m√°s recursos de los que se destruyen y en el que todos tengan un espacio para su desarrollo individual acorde con el desarrollo del conjunto, en el que todos los ni√Īos sin exclusi√≥n reciban al menos unas nociones de euskera, de catal√°n, de castellano y de gallego desde el primer d√≠a que empiezan a ir a la escuela. Una escuela igual para todos, necesariamente republicana, claro.

 

*Rebelión



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