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Edición 246

 

retobos emplumados{vozmestart}

Revolucionario

recorrido familiar

(Flores para los Magón)

El destino hila y deshila, hace tejidos y deshace hilachos, eso acontece a quien se integra al sitial de los resuellos, a los hermanos Flores Mag√≥n, por caso, a Jes√ļs, Ricardo y Enrique, nombrados as√≠ en escalerita de natalicio.

 

Qué mujer: la que de lunas quietecitas iza los poemas

Para mercaderes de ideas, la conciencia es producto mercantil: se compra, se vende o chabelianamente se catafixea. Para tales empresarios del coco ajeno... toda persona tiene un precio, una escondida etiquetita, el quid del marketing estriba en hechizar con el tintineo de las tentaciones: obesa cuenta bancaria; jugoso puesto ‚Äúlaboral‚Ä̬† en que s√≥lo trabajan las comillas; s√ļbita celebrid√°, con frondosas lucezotas de marquesina...

 

A la mam√° de los Flores Mag√≥n, do√Īa Margarita (su esposo -don Teodoro- ya hab√≠a fenecido), unos heraldos del porfiriato, entre tesituras de turr√≥n, y en el domicilio de la dama enferma, trasmitieron el mensaje: liberaci√≥n inmediata de sus hijos, a quienes se restituir√≠a, nuevecita y de mejor calidad la maquinaria destrozada del peri√≥dico Regeneraci√≥n, en local lujoso y ampliado, garantizados tinta y¬† papel... a cambio no de que los Flores arrojaran √≠dems a la dictadura, es m√°s, podr√≠an seguir hundiendo el filero de su prosa en talqueadas carnes de ‚Äúcient√≠ficos‚ÄĚ y reyistas; tampoco se condicionaba redactar loas a don Porfirio, la propuesta consist√≠a en no encuerarle el alma, en dejarlo a oscuritas con su desnudez moralmente pornogr√°fica.

 

 

RicardoFloresMagon

 

Qu√© mujer. Con la inminencia del partir matizado en sus mejillas, respondi√≥ que prefer√≠a ver muertos a los suyos antes que desbaratar convicciones. Los juglares del porfiriato salieron hundidos ante tanta grandeza de mujer, a la cual poetas de varias generaciones han entregado su lira con todas las cuerdas del r√≠o. LIPU, bardo que se desborda en bardas, que utiliza muros de cuaderno, a guisa de graffiti escribi√≥ en una de las tapias de Ciudad Neza: ‚ÄúQu√© Mujer: El barullo de una caminata desgaja un fulgor de lunas quietecitas/ es tu pie de libertaria flor/ Margarita/ sobre la hojarasca izas menguantes y cimitarras/ lejos de cualquier bandera asciendes la voz/ de quienes hemos atragantado el grito‚ÄĚ .

 

Calumnia: herramienta para desarmar pretéritos

Contra los Flores Mag√≥n -con zopilotera sa√Īa hacia el gran Ricardo- desde tempranito calumniar fue estratagema y verbo de enemigos coaligados: oligarqu√≠a tlachiquera, porfiados porfirianos de Polakia, trasnacionales e imperialismo.

 

Los ep√≠tetos iniciales de maeses del mot√≠n y asesinos, no fructificaron en el ardid de la patra√Īa. Se enfocar√≠an rapidito contra Ricardo con otro infundio, el de orate, ente lombrosiano, de quien los anfitriones del gratuito solar de las risotadas exig√≠an hospedaje. Tampoco les funcion√≥ ese lurias artilugio. Los vendepatrias reflejados en la soledad de sus espejos... hallaron sin Arqu√≠mides un ¬°eureka! en su reverbero: a ocho columnas, ac√° y acull√°, en espa√Īol e ingl√©s lo motejaron ¬°vendepatrias! M√°s de un receptor de la falacia dud√≥... y en la duda se vigoriza el embri√≥n de la calumnia. Goebbels tuvo de quienes aprender.

 

La ferocidad de publicitariamente mentir contra Ricardo Flores Mag√≥n, de encarcelarlo en M√©xico y Estados Unidos con frecuencia de tos cr√≥nica, no se deb√≠a solamente a la imposibilidad de mercar su conciencia, ni a su capacidad revolucionaria y creativa de ser uno de los art√≠fices de aportar a obreros conciencia de clase, la que no se puede adquirir en supers ni accionar en Bolsas de Valores... la t√°ctica referida de gringos; progringos; porfiristas; el general D√≠az y sus hom√≥logos Taft y Wilson; adeptos al maderismo; beneficiarios del huertazo; carranclanes... era con la intenci√≥n de desfigurar la imagen del mexicano que en la √©poca (e incluso ahora) mayor influencia ha generado extrafronteras en sus obligadas estancias en la Uni√≥n Americana, √©l fue uno de los grandes ide√≥logos y militantes contra la guerra mundial, en el meritito triper√≠o imperial, parafraseando al gran Mart√≠, pes√≥ una moralidad de catedrales su antib√©lica propaganda. La IWW (Industrial Workers of the World), una confederaci√≥n intergremial de trabajadores estadounidenses, tuvieron entre sus ide√≥logos al inolvidable anarquista oaxaque√Īo, quien por cierto m√°s de una analog√≠a guarda con el marxismo, sobre todo con la Primera Internacional. Su talento, abnegaci√≥n y prol√≠fica simbiosis en √°reas de dinamismo y pensamiento, lo hicieron temible al imperialismo, un juez USA alert√≥ del peligro que representaba, avis√≥ que la peor de las amenazas se hallaba en sus neuronas y temeridad sin vallas. Por eso la sombra carcelaria como recurrente loza de anochecer. Por eso la persecuci√≥n constante que tortura cualquier andanza. Por eso el infinito-infinitivo calumniar en roedora estratagema de ratones a lo Mickey Mouse.

 

En efecto: en el √°mbito pol√≠tico internacional, ning√ļn mexicano ha logrado influir como Ricardo Flores Mag√≥n. En Estados Unidos su voz sonora e impresa se aun√≥ fundamental a la de antibelicistas de diverso signo para movilizar multitudes en contra de la conflagraci√≥n mundial de 1914. Respetad√≠simo pensador revolucionario pese al racismo. Abarc√≥ chicanos su influencia, por ejemplo en Edendale, California, quienes se levantaron contra latifundistas g√ľeros y cherifes. No s√≥lo su dotaci√≥n neuronal y temeraria influy√≥ en mineros y obreros textiles en M√©xico. En ese influenciar fuera del terru√Īo, s√≥lo se le equipara -en otras √°reas y otras arias- la grandiosa soprano, la Gran Diosa soprano, √Āngela Peralta, la que en el santuario m√°ximo de la √≥pera, la Scala de Mil√°n, puso de pie a la concurrencia que le tribut√≥ parvadas y parvadas de palomar ovacion√°ndola; la misma influyente arcangel√≠sima Peralta consigui√≥ que compositores mexicanos en Europa fueran conocidos y reconocidos; la misma √Āngela de todos los √°ngeles engargantados ten√≠a un parecido extraordinario con un autor de m√ļsica vern√°cula, de tan intensa similitud podr√≠a redactarse que premonitoriamente √Āngela Peralta fue versi√≥n femenina de Cuco S√°nchez; la misma Peralt√≠sima arcangelical que hizo chillar a do√Īa Carloltita m√°s emocionada que un ganador de loter√≠a y a don Maximiliano casi desbarbarse a jalones, en estado imperial de ‚Äúchoc‚ÄĚ por la inmensidad de lo escuchado. A la cantante prodigiosa no la calumniaron. Al revolucionario prodigioso s√≠, sin bajos ni contraltos, pero repletos los calumniadores de bajeza susurrante.

 

 

ANGELAPERALTA

Angela Peralta.

 

Bajeza susurrada en Baja California

En enero de 1911, en el bello sitial bajacaliforniano, se suscitó la primera acción exitosa contra el porfiriato. Tecate, Ensenada, Mexicali... fueron arrancados a la dictadura. El llamado a la insurrección surgió del Partido Liberal Mexicano, con el liderazgo de Ricardo Flores Magón, preso por enésima vez en EU. Los anarquistas mexicanos Simón Berthold Chacón, José María Leyva, Margarita Ortega (otra mujer excepecional a la que con amplitud de homenaje abordará otro Retobos Emplumados)... en distintos frentes encabezaron la insurrección. Los cachanillas libertarios aplicaban el magonista lema Tierra y Libertad que asumieran luego zapatistas y, antes, Julio Chávez López con el Plan de Chalco y, con mayor antelación todavía, populistas rusos. De diversos retretes las calumnias se dispararon.

 

El jefe político y militar de la zona, Celso Vega, se constituyó en el inicial viperino disparador, afirmó que Ricardo Flores Magón ¡preparó la venta de Baja California con empresarios yanquis y que la rebelión era puro-impuro negocito!

 

Eso en un sent√≥n lo asent√≥ el coronel Vega, en disparatadas r√°fagas de cinismo, pues ese mism√≠simo representante del dictador, en esa mism√≠sima fecha del levantamiento... enfrent√≥ a los magonistas ‚Äú... con muchos mercenarios reclutados en Alta California‚ÄĚ, se√Īal√≥ Rosendo Salazar en El evangelio de la patria, antolog√≠a publicada en 1945 por el Departamento del Distrito Federal. Los mismitos que en 1906 -en Sonora- permitieron la entrada de soldados de Arizona, los masacradores rangers, para matar mineros, ni√Īos y mujeres... vistos en la isla de aquel reflejo, inventaron contra el gran anarquista la podredumbre de sus propios reverberos.

 

Utilizaron los calumniantes el internacionalismo revolucionario, la solidaria asistencia de miembros de la IWW -varios muertos en combate- junto a magonistas cachanillas (cari√Īoso gentilicio de Baja California). La distorsi√≥n a lo Tartufo lleg√≥ al extremo de quitarle el acento a Sim√≥n dejar el Berthold y eludir el Chac√≥n para ‚Äúextranjerizarlo‚ÄĚ. Aunque el alzamiento fuese convocado por el PLM, se suscit√≥ respecto y con respeto al maderista Plan de San Luis. As√≠ lo pensaron y respaldaron, entre otros muchos, John Kenneth Turner, autor de M√©xico B√°rbaro, y su esposa Ethel Dufy, tambi√©n ensayista.

 

Al arribar la fecha de sublevaci√≥n inscrita en el Plan de San Luis (al parecer √ļnico en el mundo en que se precisa d√≠a y hora: seis de la tarde), Madero ingres√≥ al pa√≠s en compa√Ī√≠a de decenas de estadounidenses democr√°ticos, del boer Valjon y de Jos√© Garibaldi (apellido en plazoleta con mariachis y esculturas) -cuyo abuelo fue el unificador italiano- nacido en Australia, que luch√≥ contra los turcos al lado de los griegos y en Venezuela se enfrentara al dictador Cipriano Castro... Don Francisco Ignacio lo hizo coronel con m√°s celeridad que un estornudo.

 

El nieto Garibaldi se integrar√≠a una temporadita al contingente de Ambrosio Figueroa, personaje politiqueramente multicolor, enemigo del gran Zapata. Por m√°s de una raz√≥n result√≥ fundamental lo de Baja California: demostr√≥ cu√°n inexacto era lo de ‚Äúinvencibles‚ÄĚ bayonetas porfiristas; hizo ver que cualquier zona arrebatada al poder deviene important√≠sima; inspir√≥ a Pancho Villa y Pascual Orozco en hacerse de un vital territorio fronterizo pese a la prohibici√≥n de Madero: Ciudad Ju√°rez -tomada unos tres meses despu√©s de lo de Baja California- que signific√≥ el desmoronamiento del dictador, quien unos cuantos d√≠as despu√©s renunciar√≠a.

 

Los anarquistas se opusieron a los Tratados de Ciudad Ju√°rez (de nuevo otro ‚Äúal parecer‚ÄĚ: √ļnico convenio en el mundo en que un movimiento armado victorioso signa eufem√≠stica rendici√≥n). Francisco I. Madero, ya rumbo al exilio don Porfirio, puso en pr√°ctica antifraternales maquinaciones: hermano contra hermano. Dispuso que Jes√ļs Flores Mag√≥n se entrevistara con Ricardo Flores Mag√≥n en Los √Āngeles, a fin de convencerlo de que los anarquistas bajacalifornianos depusieran las armas. Don Jes√ļs despleg√≥ desde ofrecimientos en el gabinete a un caudal de amenazas entre cascadas de Ca√≠n. Fall√≥ en sus coloquios, pero se agenci√≥ la nutrida cartera de Gobernaci√≥n. Madero repetir√≠a la descarnada f√≥rmula de carnal contra carnal: Emilio V√°zquez G√≥mez contra Francisco V√°zquez G√≥mez. Don Francisco se bas√≥ en el maquiavelismo de la sangre llama la sangre, pero m√°s el g√ľeso llama al g√ľeso, aunque ese calcio nada tenga de hermand√°.

 

La t√°ctica gobelinana persisti√≥: en 1931, plenitud del maximato, los diputados callistas rindieron honores a los dizque ¬°defensores de Baja California! que en enero de 1911 confrotaron magonistas, poco les falt√≥ para premiar marines. Y es que en las Vidas paralelas de Plutarco, el de aqu√≠, el El√≠as profeta de La Grilla, los revolucionarios que no se sujetaron al script les pesaban una indigesti√≥n. El plutarquista Portes Gil, en su libro Algunos precursores de la Revoluci√≥n, una edici√≥n de autor de 1977, tartufianamente escribe que el gran anarquista Librado Rivera ‚Äúdespu√©s de toda su actuaci√≥n‚ÄĚ fue a ‚Äúradicarse a Ciudad Madero donde muri√≥ en 1932‚ÄĚ. Pretend√≠a dar a entender que su fallecimiento fue en la pace√Īa tranquilidad de un estertor, cuando en los alrededores del defe√Īo San √Āngel fue ‚Äúmisteriosamente‚ÄĚ atropellado en proximidades del caracoleano brazo en formol de Obreg√≥n, de quien, tras el Toral magnicidio, don Librado expresara que mataron a un ‚Äútirano‚ÄĚ. Unas cosas se semiesconden, otras a la mitad se ense√Īan... y no hay mayor mentira que una verdad a medias.{vozmeend}

 

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