joomla visitor
AuditorŪa
Tirano Bandera y El ocaso del Patriarca
Buscar Autor o Artículo
ÔĽŅ
PULSE LA TECLA ENTER
Voces Diario
Banner
459
Banner
Posada del Periodista
Banner
460
Banner
458
Banner
457
Banner
456
Banner
455
Banner
ÔĽŅ

Ver Otros Artículos de Este Autor

Edición 246

papeles{vozmestart}

Tirano Bandera y El

ocaso del Patriarca

Diálogo en el infierno entre  científicos porfiristas sobre conceptos de superioridad e inferioridad racial en México. Toda coincidencia es editorialmente deliberada:

 

Francisco G. de Cosmes: Dos elementos componen la nacionalidad mexicana. Uno de ellos, el espa√Īol, apto para la civilizaci√≥n. El otro, el ind√≠gena, completamente inepto para el progreso. S√≥lo puede ofrendar a la patria la fuerza de sus brazos ya que posee una inteligencia escas√≠sima ‚Äúe incapaz de generalizaci√≥n‚ÄĚ. S√≥lo apelando a la ra√≠z hisp√°nica se puede hacer realidad el patriotismo.

 

Francisco Bulnes: El espa√Īol es √°gil, valiente, mercenario, ladr√≥n, hip√≥crita, par√°sito, terco, supersticioso, rapaz, te√≥crata, incapaz de concebir hechos generales. El indio es id√≥latra, alcoh√≥lico, taciturno, y s√≥lo le alegra el velorio, la presencia de la muerte.

Querido Moheno: La raza indígena es un lastre enteramente negativo para nuestro progreso y muy eficaz para la disolución del país.

Emilio Rabasa: S√≥lo la clase superior de ‚Äúlos pueblos de raza‚ÄĚ, puede apartar a los mexicanos del penoso camino del libertinaje. Porfirio D√≠az conquist√≥ la voluntad del pueblo, y el pueblo lo am√≥ mucho tiempo y lo admir√≥ hasta la muerte.

 

Ergo: Para regenerar al pueblo degradado, es menester que la dictadura importe sementales europeos. Sólo un nuevo tipo de mestizaje hará posible lograr un progreso sostenible.

 

aa

Los grabados que ilustran esta sección y el editorial son obra del maestro Alfredo Zalce

 

 

Hoy como ayer

El economista sinaloense, Jos√© Luis Cece√Īa (M√©xico en la √≥rbita imperial/ Empresas trasnacionales, 1974), nos recordar√≠a que, en la larga noche de la dictadura, altos funcionarios del gobierno, incluyendo miembros del gabinete del general D√≠az, ten√≠an estrechas ligas con los inversionistas extranjeros como socios o como simples prestanombres en las empresas de control extranjero. Entre ellos destacaban los personajes conocidos como los cient√≠ficos. La econom√≠a mexicana estaba dominada fuertemente por capitalistas extranjeros que controlaban cerca del 80 por ciento del capital del conjunto de Las 170, cuya primac√≠a correspond√≠a al Grupo Norteamericano. El grupo Mexicano apenas controlaba 23 por ciento: 14 por ciento el gobierno y tan s√≥lo nueve por ciento del sector privado. ‚ÄúLa burgues√≠a mexicana era d√©bil y subordinada al capital extranjero‚ÄĚ. Como ahora.

 

B. T. Rudenko (Ensayo de historia de M√©xico, 1974) retoma la estad√≠stica oficial para informar que, hacia 1910, de 11 millones 672 mil individuos de la poblaci√≥n rural, nueve millones 500 mil (incluyendo a los miembros de su famita) eran peones. La masa sin tierra del campesinado mexicano oscilaba entre el 82.24 y el 97.7 por ciento. Los peones de tarea eran reclutados en temporada de zafra o de cosecha preferentemente entre las comunidades ind√≠genas. ‚ÄúLas condiciones de vida de la clase obrera mexicana, si tomamos la masa fundamental de los obreros, se diferenciaba muy poco de las condiciones de vida del pe√≥n. Esto es as√≠, sobre todo en lo concerniente al salario (‚Ķ) en el tiempo que dur√≥ la dictadura de Porfirio D√≠az, mientras que el salario m√≠nimo por d√≠a en la industria de transformaci√≥n en M√©xico se elev√≥ de 22 centavos en 1877 hasta 59 centavos en 1910, el √≠ndice de salario real m√≠nimo de esta misma rama de la industria se elev√≥ solamente de 32 centavos en 1877 a 36 centavos en 1910‚ÄĚ. (Esto es, cuatro centavos en 33 a√Īos por jornadas laborales de 10 a 14 horas diarias). Igual que ahora.

 

¬ŅY a t√≠tulo de qu√©, dejarle al obrero sus 36 centavos diarios devengados con sangre, sudor y l√°grimas? ¬ŅA qu√© financiarle su alcoholismo e idolatr√≠a? De escamotearle el salario se encargar√≠a la ‚Äútienda de f√°brica‚ÄĚ, como al pe√≥n se lo arrebatar√≠a la tienda de raya. Se me revent√≥ el barz√≥n/ y sigue la yunta arando/ Cuando acab√© de pizcar/ vino el rico y lo parti√≥/ todo mi m√°iz se llev√≥/ ni pa¬ī comer me dej√≥/ Me present√≥ aqu√≠ la cuenta/ aqu√≠ debes veinte reales/ de la renta de unos bueyes/ cinco pesos de magueyes/ tres pesos de una coyundas/ cinco pesos de unas azcunas/ tres pesos de no s√© qu√©/ Todo est√° en esta cuenta/ a m√°s de los veinte reales/ que sacaste de la tienda/ con todo el m√°iz que te toca/ no le pagas a la hacienda‚Ķ La historia como tragedia, al tiempo como farsa.

 

 

foto 7 ok-1

 

La voz que no quiso

o√≠r ‚Äúel indispensable‚ÄĚ

Por encomienda del propio D√≠az, en 1906 el abogado, escritor y periodista Rafael de Zayas Enr√≠quez, hombre de sus confianzas, hizo una visita de observaci√≥n a la zona textilera de R√≠o Blanco, la minera de Cananea y la agr√≠cola de Acayucan. Estos son algunos contenidos de su reporte, con fecha3 de agosto de aquel a√Īo:

 

‚ÄúNo hay que equivocarse: El movimiento actual no es aislado ni est√° circunscrito a la clase obrera. Hay cansancio ocasionado por la inamovilidad de muchos funcionarios y empleados; irritaci√≥n originada por abusos de algunos o muchos de ellos; impaciencia de parte de los que se creen con derecho a ocupar altos puestos p√ļblicos y cifran todas sus esperanzas en un cambio, siquiera sea parcial; odio hacia cierto c√≠rculo pol√≠tico, que ha sido considerado, con raz√≥n o sin ella, como adue√Īado del pa√≠s y director exclusivo de los negocios p√ļblicos, que tiene acaparados los negocios pingues, y aparece en toda ocasi√≥n como la espada de Breno, inclinando el platillo de la balanza en que cae; queja contra las autoridades porque poco o nada se preocupan del pueblo, sino que cada cual piensa s√≥lo en enriquecer a sus favoritos. Y hasta en las mejoras materiales de utilidad m√°s evidente no quieren ver los contrarios sino negocios particulares de provecho privado.

“A esto se agrega en los actuales momentos la cuestión obrera, y se agregará más tarde la cuestión agraria, que si no es buena la condición del obrero, la del peón es pésima; y si no se invocan los derechos del peón y sí de los obreros, es porque éstos, por su nivel intelectual menos bajo, por vivir en agrupaciones y por su carácter más levantisco, constituyen material para los propósitos de quienes intentan cambiar el orden de cosas existentes, quienes confían en que los trabajadores del campo se les unirán, llegada la ocasión.

‚ÄúCreer que la prensa de oposici√≥n est√° obrando como lo hace por los centavos que le produce la venta de peri√≥dicos, es un error. En el fondo de su conducta hay sinceridad, y de all√≠ nace su energ√≠a y su constancia. Creer que esa prensa no ejerce influencia es otro error, pues cuenta con un buen n√ļmero de lectores, los que patrocinan, unos por curiosidad, otros porque la malevolencia humana hace que se guste de lo que denigra al poderoso, y otros porque ven reflejados en ella sus deseos. Creer que la persecuci√≥n puede destruirla o siquiera enfrenarla, es error m√°s craso, porque se da a cada escritor perseguido aureola de m√°rtir de la libertad y el h√©roe de calabozo suele convertirse en h√©roe de la barricada. Recordemos que cuando estall√≥ la Revoluci√≥n francesa, Luis XVI exclam√≥: Este es un mot√≠n, a lo que le contest√≥ el duque de Liancourt: No, sire, esta es la Revoluci√≥n. Noto que hay fermentaci√≥n abajo y alarma arriba‚Ķ‚ÄĚ. Como ahora.

 

Era agosto de 1906. Pero los dioses ciegan a los que quieren perder. El m√≠stico de la autoridad ten√≠a las orejas retacadas de la cerilla de la adulaci√≥n y la soberbia. Dos a√Īos despu√©s se realizar√≠a la c√©lebre entrevista D√≠az-Creelman, que Bulnes calific√≥ como ‚Äúfat√≠dica e imb√©cil‚ÄĚ. Fue el momento aquel en que el dictador se comprometi√≥: ‚ÄúSi aparece como una bendici√≥n, no como un mal, y si puede desarrollar poder, no para explotar, sino para gobernar, estar√© a su lado, lo ayudar√©, lo aconsejar√©, y me olvidar√© de mi mismo en la feliz inauguraci√≥n de un gobierno democr√°tico en mi patria‚ÄĚ.

 

 

foto 2 ok-1

 

En la lectura de Manuel Gonz√°lez Ram√≠rez (La Revoluci√≥n y el sentido de sus planes, 1974), ‚Äúa la luz de la conducta posterior a la entrevista puede afirmarse que Porfirio D√≠az fue insincero al enunciar que abandonar√≠a el poder. Como es del conocimiento, el anciano presidente no se retir√≥ de su alta posici√≥n, antes lo contrario, recurri√≥ a la fuerza y a incontables argucias para prolongarse en el ejercicio presidencial. S√≥lo que en 1908 ten√≠a que ofrecer para atraer. El ofrecimiento constitu√≠a un se√Īuelo; la verdad era que necesitaba atraerse a los descontentos y a los impacientes, aplicando la antigua pol√≠tica de hacer amigos de sus enemigos, nada m√°s que por virtud de la circunstancias que prevalec√≠an, deseaba atraerlos de modo espectacular. (D√≠az) se sent√≠a el indispensable universal: Del momento y del porvenir, de los oposicionistas y de sus partidarios.¬† A los suyos envi√≥ estas palabras: ‚ÄėMis amigos han alabado mis m√©ritos y disculpado mis faltas; pero seguramente querr√°n ser tan generosos con mi sucesor, quien podr√° necesitar mi consejo y ayuda, para lo cual deseo vivir todav√≠a cuando entre al gobierno y poder ayudar‚Äô. En suma, √©l era el orden en M√©xico, y m√°s a√ļn, el √ļnico orden posible para M√©xico; lo era en el presente y en el futuro; asimismo lo era para amigos y enemigos, de tal modo que, sinti√©ndose investido de tan excepcional prestigio, fue como se expres√≥ ante el norteamericano Creelman.

 

‚ÄúEl indispensable‚ÄĚ

ganó perdiendo

 

‚ÄúPero fue rotundo el fracaso en atraerse a la oposici√≥n, ya que, en raz√≥n inversa a su permanencia en el poder, la oposici√≥n antirreeleccionista se apart√≥ del general D√≠az, hasta enfrent√°rsele en los comicios, combatirlo violentamente y obligarlo a renunciar a la presidencia. En cambio, su √©xito fue m√°s sutil en cuanto con habilidad elev√≥ al primer lugar del panorama mexicano la cuesti√≥n pol√≠tica, desplazando a planos secundarios el problema social; y al mismo tiempo finc√≥ en el juego de los partidos, y no de la lucha de clases, la din√°mica sociol√≥gica de nuestro pa√≠s (‚Ķ) con prop√≥sito de negociar la paz entre el Porfiriato y los revolucionarios, el general D√≠az, encarnando al orden, fue la raz√≥n de que resultara inaplicado el Plan de San Luis. En nombre del orden, algunas de la exigencias de los revolucionario quedaron frenadas; para acatar al orden, la cuesti√≥n social fue pospuesta; y para no ofender al orden, la Revoluci√≥n se entreg√≥ en manos del ej√©rcito federal, al que acaba de combatir, licenciado en cambio, a sus propios elementos, con lo que dio causa y pretexto a la serie de divisiones cruentas y dolorosas que inmediatamente aparecieron‚ÄĚ.

 

 

foto 9 ok-1

 

La burocracia

como monopolio

 

Odio, dec√≠a De Zayas, a los que se hab√≠a adue√Īado del pa√≠s. Cierto d√≠a, el tabasque√Īo Jos√© Y. Maldonado se dirigi√≥ por escrito al general D√≠az: ‚ÄúSoy de Tabasco y hace varios a√Īos que sirvo a la administraci√≥n p√ļblica del estado. En la actualidad soy diputado local: soy, adem√°s, Presidente del Ayuntamiento desde hace alg√ļn tiempo, habiendo sido reelecto √ļltimamente. Tengo, adem√°s de otros varios puestos, la Subdirecci√≥n del Hospital Civil‚Ķ‚ÄĚ. Todo lo dem√°s es chisme contra el director del centro hospitalario, pero lo trasmite al Presidente ‚Äúcon la esperanza de obtener la bondadosa y respetable intervenci√≥n de Ud. En t√©rminos conciliatorios. Era el estilo del Patriarca, el H√©roe de la Paz,

 

A sabor del Tlatoani cargado de medallas, pero ag√≥nico pol√≠ticamente. Desde Monterrey, el licenciado Eduardo Mart√≠nez le escribe: ‚ÄúEl Lic. Rafael √Āvila, es Venerable de la Logia Ju√°rez No. 8 y en tenida ordinaria que verific√≥ dicho cuadro, el 31 del mes anterior, el propio Lic. √Āvila, se expres√≥ de Ud. en t√©rminos despectivos e inconvenientes, y manifest√≥ adem√°s, que s√≥lo la intervenci√≥n armada de los Estados Unidos, podr√≠a acabar con la revoluci√≥n en M√©xico, que bien la justifica el Derecho Internacional. Contra las antipatri√≥ticas palabras del referido y mal mexicano D√°vila, s√≥lo protest√≥ el inteligente Dr. Francisco Guajardo Mart√≠nez, pues los dem√°s con su silencio, aprobaron las infamias de su Venerable‚ÄĚ.

 

El 6 de abril de 1911, Pablo Escand√≥n le informa desde Cuernavaca: ‚ÄúNuestra situaci√≥n, ya bastante mala desde hace d√≠as, ha empeorado al grado de que la estimo verdaderamente cr√≠tica. Las partidas rebeles que han aparecido √ļltimamente por casi todo el Estado (‚Ķ) ya constituyen una dificultad muy seria. ‚ÄúTuve oportuna noticia de que Jonacatepec se encontraba amagado por gavila muy numerosa; echando mano de las fuerzas de la Federaci√≥n y de las del Estado, pudo organizarse una columna de doscientos hombres, la que sali√≥ para aquella ciudad, al mando del mayor del 18 Regimiento. Esta columna lleg√≥ a Jonacatepec, en las primeras horas de la ma√Īana y pocos momentos despu√©s empez√≥ a combatir. El enemigo era temible, no s√≥lo por la fuerza de que dispon√≠a (algo m√°s de MIL DOSCIENTOS HMBRES), sino porque, en buena parte, no se trataba ya de una chusma, sino que desde luego llam√≥ la atenci√≥n del jefe de la columna, a quien tengo entendido es un bravo entendido y bravo militar, por la organizaci√≥n que observ√≥. Seg√ļn informes que ha dado, los rebeldes ejecutaron con bastante habilidad movimientos t√°cticos encaminados a envolver la columna de ataque, lo cual pudo evitarse (‚Ķ) La falta de parque, por una parte, y por otra el peligro que corr√≠an¬† nuestras fuerzas de verse copadas por un enemigo seis veces m√°s numeroso, obligaron al jefe de la columna a replegarse sobre Cuautla‚ÄĚ. ¬ŅPues no que se trataba de pura bola?

 

La insolencia hasta

los √ļltimos d√≠as

 

8 de abril de 1911: ‚ÄúPues bien, Sr. Presidente, mi violencia y apuraci√≥n obedec√≠a a que el tiempo se pasa, la huelga de R√≠o Blanco se prolonga y aunque los pobres obreros tienen los mejores prop√≥sitos de permanecer correctos y pac√≠ficos, el hambre es mala consejera, el sufrimiento y el dolor de verse constantemente oprimidos, despreciados y mal vistos, los irrita y yo adivino sus penas, son grandes. Y hoy meritorias por la resignaci√≥n con que las est√°n sufriendo; pero, Se√Īor, de un momento a otro no s√© qu√© va a pasar. No soy pesimista, m√°s presiento que la atm√≥sfera empieza a enturbiarse, las actuales circunstancias son peligros√≠simas y la ociosidad a que est√°n¬† entregados fatalmente fomentadora de maldades. El Sr. Jefe Pol√≠tico, que los ha enga√Īado tantas veces, burl√°ndose de sus necesidades, ha perdido el poco prestigio y respeto que le ten√≠an. La conducta del Sr. Jefe Pol√≠tico y del Gerente de la f√°brica es infame, es criminal y antipatri√≥tica. En la huelga anterior, lo mismo que en otras, el Jefe les ha ofrecido cosas que no les ha cumplido, ni √©l ni el Gerente; hoy los obreros est√°n descontentos por esas burlas sangrientas, al ser amenazados por nueva rebaja de salarios‚Ķ(Colecci√≥n Porfirio D√≠az.) ‚ÄúDile al tiempo que vuelva‚ÄĚ. Y el tiempo volvi√≥.

 

‚ÄúMi querido General y fino compadre: La prensa de todos los colores pol√≠ticos inserta, diariamente, telegramas relativos a los tratados de paz que se dice est√°n concertando los representantes del Gobierno y los delegados de los revoltosos. Los pesimistas, que abundan en todas partes; lo que creen que el Gobierno no tiene los elementos necesarios para sofocar la revuelta; los timoratos, en fin, estiman que deben hacerse concesiones a los Maderista, celebrando, al efecto, un tratado de paz. M√°s como esto ser√≠a poco decoroso para el Gobierno cuyos destinos con tanto acierto usted dirige; vengo, como hijo del Estado de Oaxaca, de ese bendito Estado que ha dado a la Patria, hombres de energ√≠a y de fe inquebrantable, a robustecer, en estos momentos de prueba, la honrosa idea que usted est√° poniendo en pr√°ctica, de no entrar en tratados de paz con los revoltosos; pues no le queda a √©stos m√°s camino, que la rendici√≥n incondicional, a fin de que los tribunales militares los juzguen como se merecen y les apliquen las penas a que se han hecho acreedores‚ÄĚ.¬† Manuel Mart√≠nez Gracida.

 

De Puebla: ‚ÄúSe√Īor General Don Porfirio D√≠az: En los trabajos para levantar gente, seg√ļn las instrucciones que se ha servido Ud. darme, se tropieza con la dificultad de que muchos se niegan a prestar sus servicios, temerosos, dicen, de que se les mande a Chihuahua o a Yucat√°n. Ruego a Ud. por lo tanto, se sirva decirme si para remover tal obst√°culo y conseguir as√≠ un buen n√ļmero de voluntarios, ser√≠a poible dar a la gente algunas seguridades de que se aprovechar√°n sus servicios solamente en este Estado, o cuado m√°s, en los circunvecinos, pues de otro modo, mucho me temo que nuestros trabajos sobre el particular, no tengan todo el buen resultado que se desea‚ÄĚ. Rafael Insunza. Al H√©roe del 2 de abril, las mejores mulas se le empezaban a echar.

 

 

foto 6 ok-1

 

Adiós con amor

y agua bendita

 

La suerte estaba echada: El Ypiranga ya estaba disponible: 24 de mayo de 1911 el general recibi√≥ esta comunicaci√≥n: ‚ÄúPor la presente tenemos la honra de comunicar a Ud. que habiendo puesto en conocimiento de nuestra Compa√Ī√≠a de Hamburgo las intenciones de Ud. de emprender un viaje a Europa, en el vapor de la Hamburg-Amerika.Linie ‚ÄėYPIRANGA‚Äô, 31 del presente en Veracruz, hemos obtenido contestaci√≥n la orden de poner gratuitamente a la disposici√≥n de Ud. dicho vapor, o sea el Departamento de los Se√Īores Capit√°n y Segundo Oficial, con sus respectivas dependencias. La Direcci√≥n de Hamburg-Amerika-Linie quedar√° no solamente obligada a Ud., sino que ser√° adem√°s altamente honroso para ella que Ud. se digne aceptar la oferta que por conducto de nosotros se permite hacerle‚ÄĚ. ¬†CHRISTLIEB J. RUBKE. Agentes Generales.

 

Muchos de sus amigos y protegidos lloraron. Lloraron porque no se hubiera muerto puntualmente, como se esperaba de su edad, para heredar la sucesi√≥n. Los cuervos se quedaron de luto. Pero hubo una voz que agradeci√≥ de veras los favores que le brind√≥ a su instituci√≥n: ‚ÄúSr. Gral. Don Porfirio D√≠az (ya sin el presidente). MEXICO. Sr. de toda mi consideraci√≥n y respeto: Por la prensa he sabido con bastante pena que hoy present√≥ su renuncia al alto puesto de Presidente de la Rep√ļblica, y que muy pronto emprender√° Ud. su viaje para Europa. Ya que personalmente no me es posible manifestar a Ud. los sentimientos de mi coraz√≥n lo hago por medio de la presente, para darle a Ud., en primer lugar, las gracias m√°s expresivas por las innumerables pruebas de cari√Īo que se ha servido Ud. dispensarme a m√≠ y a toda la familia. Adem√°s, como mexicano, reconozco cuanto le debe a Ud. Ntra. Patria. Por esos beneficios tan grandes doy a Ud. tambi√©n las gracias m√°s respetuosas,

‚ÄúAl separarse de nuestro lado, lo acompa√Īar√°n siempre nuestro amor y nuestras humildes oraciones. No cesaremos de pedirle al Sr. que cuidad de Ud. con especial ternura en su viaje, que lo consuele en sus penas y lo llene constantemente de bendiciones celestiales. Estos deseos y sentimientos de mi coraz√≥n los hago extensivos a toda su apreciable familia. D√≠gnese Ud. aceptarlos jutamente con las consideraciones de mi mayor respeto y estima. De Ud. afmo. Serv. Y Opn J ATT SS, RAM√ďN ARZOBISPO DE PUEBLA‚ÄĚ.

 

All√° va un nav√≠o cargado de‚Ķ historia. Los despreciados indios dieron cuenta de quien se so√Ī√≥ nuevo C√©sar. Y los cient√≠ficos dejaron su¬† putrefacto legado a una macabra tecnoburocracia. Suele pasar.

 

 

 

Los católicos con Madero y contra Madero

‚ÄúOdio permanente a M√©xico, agresi√≥n rabiosa a la historia, mutilaci√≥n cruel del mexicano; en esto puede resumirse la obra revolucionaria, la de ahora, la de los revolucionarios de 1995 y la de ayer, y la de siempre‚ÄĚ. De esta manera condens√≥ Jes√ļs Guisa y Acevedo -uno de los m√°s pugnaces pensadores de la ultraderecha- el juicio que merece a los cat√≥licos la Revoluci√≥n mexicana.

 

En una mutua seducci√≥n, Porfirio D√≠az y la jerarqu√≠a de la Iglesia cat√≥lica hab√≠an pactado de facto un arreglo por el que el clero recobr√≥ parte del terreno perdido con la Reforma juarista. Sin embargo, en 1904 el dictador actu√≥ con disimulo cuando se le solicit√≥ el fiat para que el C√≠rculo Cat√≥lico de M√©xico se constituyera en Partido Cat√≥lico Nacional. En la perspectiva de la sucesi√≥n presidencial, y estando en Monterrey, en junio de 1910 Francisco I. Madero -del que el catolicismo sigue haciendo befa por su condici√≥n de espiritista- declar√≥ a El Pa√≠s que las Leyes de Reforma podr√≠an ser atenuadas y que, en ning√ļn momento hab√≠a pasado por su mente perseguir a los cat√≥licos. Este gesto fue suficiente para que el clero empezara a mover sus hilos electorales. El 3 de mayo de 1911 se anuncia la fundaci√≥n del partido cat√≥lico, al que ya D√≠az, en espera de los santos √≥leos, no le pone peros. El PCN empieza a tapizar los frentes hogare√Īos con la consigna: Aqu√≠ se vota por Dios. Michoac√°n, Guanajuato, Zacatecas y Estado de M√©xico, entre otros, se pueblan de fe electoral. Ca√≠do D√≠az (asume Francisco Le√≥n de la Barra), el 18 de agosto del mismo a√Īo, la nueva formaci√≥n nomina la f√≥rmula presidencial Madero-De la Barra.

 

 

PARARECUADRO

El chacal Victoriano Huerta.

 

El PCN inicia la cosecha: Pronto se alzar√° con las gobernaciones de Quer√©taro y Jalisco (aqu√≠, con Jos√© L√≥pez Portillo y Rojas), pero pronto tambi√©n chocar√° con Madero, acus√°ndolo de fraude electoral, porque no se le reconocen triunfos en Michoac√°n, Chiapas y Puebla. En junio de 1912 logra colarse al Congreso de la Uni√≥n con 29 diputados y cuatro senadores. No obstante, reclama 75 diputaciones, que se le niegan, motivo por el que se enervan sus relaciones con Madero. No es casual que, al producirse el cuartelazo de Victoriano Huerta en febrero de 1913, el PCN no oculte su j√ļbilo aplaudiendo el asesinato de Madero y Pino Su√°rez. La Iglesia cat√≥lica recibe al usurpador con Te Deum.

 

Al triunfo del movimiento constitucionalista de Carranza, los católicos vuelven a las catacumbas, de las que retornan a la arena electoral en 1939, aupados por el Partido Acción Nacional (PAN).

{vozmeend}



More articles by this author

Urge restaurar el Estado constitucionalUrge restaurar el Estado constitucional
  Urge restaurar el Estado constitucional Abraham Garc√≠a Ibarra SI LE QUITAMOS algunas...
Friedman sigue hospedado en Palacio NacionalFriedman sigue hospedado en Palacio Nacional
  Friedman sigue hospedado en Palacio Nacional Abraham Garc√≠a Ibarra   CONSTA, en los...
Comentarios (1)Add Comment
0
jose mecedes carrasco
julio 21, 2011
190.80.196.44
Votos: +0
...

smilies/cheesy.gifsmilies/grin.gifsmilies/angry.gifsmilies/sad.gif:estamos een los tiempos de los mejores literatos quienes mejores escriban seran mejores leidoso

Escribir comentario
 
 
corto | largo
 

busy
¬ŅQui√©n est√° en l√≠nea?
Tenemos 801 invitados conectado(s)
Noticias
273 Suplemento
Banner
454
Banner
453
Banner
452
Banner
451
Banner
450
Banner