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DOSSIER: GEOPOLÍTICA Y MULTIPOLARIDAD CONVULSIÓN GLOBAL, GUERRA 5G ENTRE RUSIA Y ESTADOS UNIDOS
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DOSSIER: GEOPOLÍTICA Y MULTIPOLARIDAD

 

CONVULSIÓN GLOBAL, GUERRA 5G

 

ENTRE RUSIA Y ESTADOS UNIDOS

 

Salvador González Briceño

 

La guerra en Ucrania pone en jaque al orden mundial de la postguerra fría y se abren escenarios de guerra híbrida global

 

“Todo el mundo sabe cuándo comienza una guerra, hora y día precisos; pero nunca cuando termina, ni cómo. Así ha ocurrido con todas las conflagraciones: se ha creído que serían rápidas y fugaces con saldos favorables. Pero nada. Todos pierden.”

 

Occidente no irá a la guerra contra Rusia por el potencial nuclear de nueva generación, pero le hará la guerra económica

 

La OTAN no entrará al escenario de guerra directa contra Rusia. No se atreverá. Lo hará como los cobardes: por debajo de la mesa. Apoyando a Ucrania con el envío de armamento, incluso antimisilístico. También con sanciones y movilizando tropas en los países miembros.

 

¡ACASO ENVIANDO grupos especiales disfrazados de civiles! Menos ante la advertencia de Putin, de poner a las fuerzas nucleares en “alerta máxima”, frente a las “declaraciones agresivas” de las principales potencias de la OTAN.

 

La guerra será indirecta, híbrida, pero sobre todo económica de sanciones. Precisamente por el armamento ruso de largo alcance; qué decir del potencial nuclear, con tiros de alta precisión, cohetes hipersónicos. El armamento nuclear que sigue siendo disuasivo. Y porque a Europa no le conviene participar, sabe lo que son las guerras como las dos del siglo XX en su propio patio casero.

 

También, porque un involucramiento de terceros países podría desatar guerra nuclear, donde ya no habría ganadores. Sería el Apocalipsis. Todo por la persecución europea a Rusia y Putin, siguiendo los “juegos de guerra” del imperialismo estadounidense, desde la OTAN. Los primeros responsables de esta guerra.

 

¿Quién se ha resistido aceptar reglas mínimas de convivencia y seguridad estratégica entre los Estados? ¿Contra quién ha sido la guerra informativa los últimos años? ¿Quién se acerca peligrosamente a las fronteras de quién, Rusia a Europa o viceversa? ¿Quién orilló a quién a tomar las armas?

 

Es lo primero a tener en claro para entender las causas, como fincar responsabilidades. Es la guerra, sí, pero provocada por qué países: Occidente o Rusia. ¿Qué ha hecho la OTAN interfiriendo en los asuntos internos ucranianos, y qué Estados Unidos (EE.UU.) y Europa? En las respuestas a estas cuestiones hay que buscar las explicaciones.

 

Por cierto, papelón el que está jugando Europa, como títere de EE.UU. Ni Francia, ni Alemania y menos España, han estado a la altura de las circunstancias al no saber cómo actuar. Todos han sido empujados por el oleaje belicista de la OTAN, y la intentona estadounidense —la guerra en primer orden— de contener a Rusia y con Fake News de los medios de comunicación hegemónicos. “Una guerra provocada por Putin”, se dice a los cuatro vientos.

 

Pero hay trasfondo en todo esto. Se trata de la “primera guerra por las hegemonías”, entre EE.UU. y Rusia. Una guerra por cierto de generación moderna, porque se da en el contexto de la “guerra bacteriológica” que amenazan a la humanidad e incluye muchas formas de violencia.

 

El pretexto es Ucrania, miembro de la ex Unión Soviética y utilizada por el injerencismo estadounidense para desestabilizar a Rusia. Una guerra dentro de otra, que no tendrá buen fin para sus iniciadores, el imperio estadounidense y la OTAN.

 

Una Guerra moderna 5G

 

Es temprano para sopesar las consecuencias de esta guerra. Lo que sí está claro es que se trata de una Guerra Híbrida 5G, que no será fácil de ganar para EE.UU. y la OTAN por dos motivos: Se trata de un imperio impuesto a embestir países débiles, económica y militarmente hablando (su cobardía la suple con armas); y que su ejército es como un tren descarrilado, se mueve con dificultad y es costoso y viejo.

 

Pero Rusia es otra cosa. Digno rival, EE.UU. juega con fuego. Y los generales del Pentágono que comandan en la OTAN lo saben muy bien. Pero es el riesgo, del negocio y de las guerras lo que los anima.

 

Armas nucleares sí, las de la OTAN, pero sin opciones de ganar la guerra con Rusia. Porque EE.UU. se mueve todavía en la inercia de la Guerra Fría del siglo XX, de los ejércitos extensivos, cuando estamos en el XXI y Rusia se preparó para una guerra de nueva generación, con ejércitos intensivos y armamento hipersónico lejos del alcance hasta de los radares.

 

Se trata, luego entonces, de la primera Guerra Intensiva 5G en este siglo XXI, con características de guerra moderna; una guerra híbrida global.

 

Mientras tanto, es verdad que las sanciones contra la economía rusa generarán estragos. Pero menos de los que a la propia Europa le pueden crear, cual boomerang. Tan solo en materia de energía, por la alta dependencia del gas ruso y la importación de granos también de Ucrania.

 

Que las sanciones económicas de Occidente en general serán duras para Rusia, ciertamente. Pero eso descubrirá, por otra parte, y con asombro para Europa y sobre todo para EE.UU., la importancia de las relaciones ruso-chinas. Ahora es cuando quedará en claro de lo que se trata el orden multipolar.

 

Pronto se verá que hay cambio de escenarios, tras esta guerra. Ya lo dijo el canciller alemán Olaf Scholz: “El mundo entró en una nueva era”. Pero no de hegemonía Occidental, por cierto. Además, Europa lleva las de perder en este que será un nuevo equilibrio global. Al permanecer como espectador, no actor.

 

Pronto en el mundo se generalizará precisamente que hay cambio de polaridades. Que los escenarios en donde reinaba la unipolaridad estadounidense y su sistema de vasallaje, dentro del cual se encuentran Europa y el mundo “occidental”, quedará pronto en entredicho.

 

Por tanto, mientras no exista una “cabeza caliente” que ose utilizar el botón nuclear —de lado ruso ni estadounidense, Europa tampoco lo hará—, EE.UU. y Occidente ya perdieron la guerra ante una Rusia preparada para esto: relanzar el Orden Mundial, a lado de la moderna China.

 

Y como actor, no simple espectador, Rusia llevará la voz cantante, geopolíticamente hablando, en la arquitectura de tal orden, ajeno al occidental. Es decir, que esta guerra 5G colocará a Rusia a la vanguardia de un orden internacional con nuevas reglas, lejos de las forzadas e impuestas por el imperio estadounidense.

 

Circunstancias de la guerra ruso-ucraniana

 

Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe. Mucho presionaron EE.UU. y la OTAN a Rusia, hasta que estalló la bomba.

 

En la disputa por Ucrania se esconde la guerra entre EE.UU. y Rusia. Maldición de la historia para Ucrania —¿o suerte?—, porque también fue materia de disputa de tres imperios: austrohúngaro, alemán y ruso.

 

Durante los últimos ocho años, Ucrania mantuvo su inclinación por la OTAN, bloque del cual quiere participar. En ese lapso, el país estuvo al mismo tiempo en la mira de Rusia, por la geoestrategia del pasado: su ubicación geográfica entre Europa y Rusia.

 

Fue desde el 2014, cuando el golpe de Estado perpetrado desde el “Euromaidán” que derrocó al presidente legítimo Víktor Yanukovich, y colocó en la presidencia al primer pro atlantista Pertó Poroshenko —al quien sucedería el hoy Volodímir Zelenski—, que el país cobró relevancia nuevamente.

 

Es claro que por el golpe de Estado donde participaron fuerzas extranjeras —ultraderecha europea hasta yihadistas, financiados por Occidente—, el nuevo gobierno adoptó una postura abiertamente antirrusa y agresiva contra aquella parte de la población que se declaró independiente, y prorrusa del Donbás.

 

Más de 107 ataques con armamento pesado, con 59 mil militares, misiles, 605 tanques, 260 carros blindados, 820 sistemas de ataque. Batallones de nacionalistas sin control de autoridades del país ni locales. Militares que realizaron ataques y atentados terroristas.

 

Aparte que el Consejo de Seguridad de Ucrania quiere recuperar el “estatus de país nuclear”. El ejército ucraniano fue el perpetrador de la violencia hacia la población civil de entonces, hasta alcanzar a más de 13 mil personas asesinadas entre mujeres y niños de ambas regiones, Donetsk y Lugansk, en esos ocho años.

 

Hasta aquí tenemos tres elementos por los cuales Rusia ha argumentado la búsqueda de una solución, causando una invasión a Ucrania: el no ingreso del país a la OTAN, los crímenes perpetrados contra la población civil y el desconocimiento de los Acuerdos de Minsk. Este último, suscritos entre las partes, pero nunca respetado por Poroshenko ni Zelenski.

 

La seguridad europea pasa por Ucrania

 

El espacio geográfico que ocupa Ucrania lo hace codiciado por Europa, también por la OTAN y especialmente para EE.UU. —que siempre ha buscado desestabilizar a Rusia.

 

Por varias razones: 1) el paso de los ductos del gas para abastecer la zona-euro, 2) por ser la frontera con Rusia de Europa, 3) tener un lugar estratégico para la OTAN, quien desde hace 30 años —a la caída de la Unión Soviética en 1991—, viene acechando al país eslavo rico en reservas energéticas. (Mackinder dixit).

 

El viejo continente depende de los energéticos rusos, como del gas en 40 puntos porcentuales. Y los principales ductos corren por territorio ucraniano, por lo que era vital para la seguridad energética de Europa contar con una Ucrania como parte de su círculo de seguridad.

 

Es decir, que la seguridad europea pasa por territorio ucraniano. Por ello Europa buscó tener bajo su manto a Ucrania. Por lo mismo la expectativa de Rusia, se le iba de las manos.

 

No obstante, hasta antes del estallido Putin quería un país “neutral”, por su propia seguridad y la de Europa. Pero nada, eso ya se acabó. Sobre todo para Europa. Por ello era el avance de la OTAN desde 2014. Por su política antirrusa y el uso de Ucrania como trampolín.

 

Apoyando gobiernos —a las ex Repúblicas Soviéticas— e instalando bases militares y con armas nucleares de mediano y largo alcance. Ese era el mayor peligro para la seguridad de Rusia. Lo que la OTAN no entendió, y todavía.

 

Por eso, tras la guerra, la seguridad de Europa estará en jaque. Primero su seguridad energética, al quedar en duda el abastecimiento de gas a su paso, por el control del ejército y gobierno rusos.

 

En seguida, porque la guerra podría tocar a las puertas. Solo una chispa por la osadía de terceros países —como lo ha advertido Putin—, podría abrir el paso hacia un involucramiento mayor de países. ¡Cuidado!

 

Claro que el mayor peligro estaría en la entrada de EE.UU., porque entonces sí la guerra escalaría hacia dimensiones de mayor peligro. Pero es no pasará.

 

Por mientras, Europa es quien más pierde, por la energía como una posible escalada. Tan solo porque Europa ya sufrió las dos grandes guerras, debería tener hoy un papel más relevante como mediador, pero se deja arrastrar por EE.UU. Imperio que no la necesita. Solo O seguir sometiéndola como hasta ayer.

 

¿Vale una guerra la popularidad de Joe Biden, a quien le importa solo la reelección a la presidencia? Claro que no. Y menos con tamaña mediocridad.

 

El inicio del conflicto

 

Cuando el presidente ruso Vladimir Putin declaró “reconocer de inmediato la independencia y la soberanía” de las provincias de Donetsk y Lugansk, tras una reunión de su Consejo de Seguridad en el Kremlin el 21 de febrero 2022, el mismo día el presidente firmó, con el líder de Donetsk, Denís Pushilin y de Lugansk, Leonid Pásechnik, sendos “acuerdos de amistad, cooperación y asistencia mutua” entre Rusia y las provincias.

 

En el respectivo mensaje, Putin alertó a su ministerio de defensa el “garantizar el mantenimiento de la paz por parte de las Fuerzas Armadas rusas en ambas repúblicas”. Al día siguiente Putin declaró que los Acuerdos de Minsk ya no existían. Sobraba decirlo, pero tampoco estaba de más. Desde entonces se rompía cualquier punto de referencia para la paz.

 

Para el día 24 la presencia militar tomaba forma, cuando el propio Putin —comandante en jefe—, decretó una “operación militar especial” en Donbás, ya no solo para apoyar a las provincias separatistas de Donetsk y Lugansk, sino para “desmilitarizar” y “desnazificar” a Ucrania.

 

Comienzan los bombardeos en varios puntos de Ucrania. Dos días después, el 25, las tropas llegan a Kiev, la capital. Se reportan 137 muertos, las primeras víctimas de la invasión, con cerca de 100 mil personas que salieron por la guerra.

 

Al día 26 se reportan 198 muertes por el gobierno de Ucrania, y 1,100 personas heridas. La milicia rusa, se dijo, estaría empleando misiles de crucero desde el Mar Negro.

 

El parte militar ruso reportó destrucción de infraestructura militar, toma de aeropuertos y control del territorio desde el norte y el oeste. La ofensiva continúa a la fecha de esta nota (día 27). Salvo que hay visos de negociación entre las partes en territorio de Bielorrusia, ciudad de Gómel el día 27, a instancias de China.

 

La OTAN y la postura de Putin

 

De inmediato, la OTAN activó el “plan de defensa”, desplegando fuerzas por tierra, mar y aire —siempre dentro de los países donde tiene bases militares—, para “responder” a la tensión generada por Rusia. Porque ahora resulta que el culpable de todo es el presidente Putin.

 

Claro que lo es en tanto ha emprendido el camino de la guerra. Pero qué país ha sido más tolerante con los EE.UU. y la propia OTAN que Rusia. Qué país no respondería a un peligro en su integridad y seguridad, ante una amenaza que atenta contra el Estado.

 

El vocero oficial de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha declarado ayudar a Ucrania en los términos de la postura europea. Incluye que el organismo no puede intervenir porque el país invadido no forma parte de la OTAN.

 

Es decir, que el propio secretario general sabe hasta dónde están sus atribuciones y posibilidades. Claro que deben sudarle las manos ahora, pero más de miedo que de ansias por participar.

 

Al referirse al tipo de apoyo militar refiere solo armas y defensas antiaéreas, sin mencionar la posible infiltración de cuerpos especiales a territorio ucraniano para apoyar al ejército que repele la agresión rusa.

 

De otro modo nadie se atreverá inmiscuirse. Además, el presidente Putin lo puso en los siguientes términos el jueves 24 cuando dijo que están listos para cualquier resultado. Y, que todo aquél que intente detener la avanzada de su país enfrentará una respuesta inmediata y con graves consecuencias.

 

“Quien intente detenernos y crear más amenazas para Rusia, para nuestro pueblo —agregó—, debe saber que la respuesta de Rusia será inmediata y los llevará a tales consecuencias que nunca han enfrentado en su historia. Estamos listos para cualquier resultado y estoy seguro de que los soldados y oficiales leales de las Fuerzas Armadas de Rusia, cumplen con su deber con profesionalismo y valentía”.

 

Es por la protección de las personas que han sufrido por parte del régimen de Kiev abusos y genocidio durante mucho tiempo. Son las “circunstancias (que) requieren acciones firmes e inmediatas de nuestra parte”. Una respuesta en los términos del artículo 51 de la carta de las Naciones Unidas, bajo el consentimiento del Consejo de la Federación Rusa y el convenio de amistad y ayuda mutua del 22 de febrero con las Repúblicas de Donetsk y Lugansk.

 

Con un llamado a los soldados ucranianos a deponer las armas y dejarlos libres de ir a sus casas.

 

Reacción de Zelensky

 

Por su parte, el presidente de Ucrania al verse solo en el conflicto con Rusia, el día 25 declaró: “Estamos defendiendo solos (a) nuestra nación” de la invasión rusa. E inquirió: “¿Quién está preparado para luchar por nosotros?, no veo a nadie”. Occidente nos ha abandonado. “¿Quién está listo para darle a Ucrania una garantía para unirse a la OTAN? Todos tienen miedo”.

 

“…Le pido a la gente que tenga cuidado, que respete el toque de queda. Yo me quedaré aquí para que el gobierno central funcione. Quieren destruir políticamente a Ucrania destruyendo a su jefe de Estado”. Pero, “nadie nos obligará a entregar nuestra libertad, nuestra independencia o nuestra identidad. No permitiremos que el enemigo avance. Por favor, ayudad a los ucranianos. Si no nos ayudáis, la guerra llegará hasta vuestros países”, afirmó.

 

Reacciones y sanciones

 

La campaña mediática en contra de Rusia había estado presente varios años, con Fake News y descalificaciones desde la OTAN, por todo y por nada.

 

Acusando al país eslavo incluso de las propias campañas orquestadas por ellos mismos, desde EE.UU., Bruselas y los otros países de la zona euro. Muy azuzadas por los medios occidentales, especialmente los estadounidenses. Guerra mediática y guerra sucia.

 

A la primera movilización de las fuerzas militares dentro de su propio territorio ruso, Occidente ya tenía fecha de invasión a Ucrania. El propio presidente Biden aventuró el día: “Putin ha tomado la decisión de invadir”.

 

Ante la guerra, la condena de Occidente ha sido generalizada. Y por ello las sanciones —“acciones inamistosas,” dijo Putin— no se han hecho esperar. Úrsula von der Leyen y Josep Borrel andan muy activos.

 

Bloqueo del comercio de Rusia con EE.UU. y Europa. Biden acuerda con el G7: Bloquear el comercio de Rusia en dólares, libras y euros. También del sistema internacional Swift —selectivo por parte de Europa; se ahorcaría sola—, a bancos rusos y congelamiento de fondos, de elites aliadas con el Kremlin. Y bloqueo de Nord Streem 2. (Paquetería completa que demanda nota aparte).

 

Algunas conclusiones

 

Esa política expansionista de la OTAN es la encargada del acoso militar contra Rusia. Es el peligroso órgano militar ejecutor de los planes geopolíticos de Washington, que lleva a cabo por otros, todos los medios a su alcance: diplomáticos, foros internacionales, Fake News o eventos de falsa bandera y guerra híbrida que está evolucionado la guerra, de 4ª (4G) a Guerra de 5ª Generación (5G).

 

En otras palabras y un contexto más amplio, Ucrania es una pieza clave en el ajedrez geopolítico de la pugna entre potencias por la hegemonía global, en este caso entre el imperio estadounidense y Rusia.

 

Es la lucha por la imposición del Nuevo Orden Mundial. Un escenario en el que participan por un lado los EE.UU. y por el otro Rusia y China, ambos representantes de la multipolaridad en ciernes.

 

Es por ello que EE.UU. requiere de escenarios de confrontación el viejo estilo de la Guerra Fría. Le urge la pugna con otra potencia como la URSS en los viejos tiempos. Es el contexto al que se refiere Putin, cuando en sus discursos habla de la calamitosa caída de la Unión Soviética en 1991 y lo que ello significó para Rusia (para Europa y el mundo también).

 

Es el contexto en el cual los EE.UU. como imperio sigue comportándose como hegemón, puesto que no se mira a sí mismo en declive. Lo cierto es que, como Europa, esta guerra la está perdiendo EE.UU. ya.

 

Con todo el peso en hombros, la ganará Rusia. Esta que es una Guerra de Quinta Generación está ya fuera de lugar para EE.UU. Por cierto, se cataloga como el primer ataque de un Estado desde la Segunda Guerra Mundial.

 

¿Cómo se clasificó el ataque de la OTAN, la llamada “Operación Fuerza Aliada”, a la República Federal de Yugoslavia en 1999? Una “campaña” de 78 días que causó 1,200 muertos y donde se arrojaron 9 mil 160 toneladas de bombas, muchas de ellas con uranio empobrecido.

 

Hoy se trata de una guerra intensiva 5G. Quizá no tan relámpago, como Putin quisiera para pronto alcanzar sus metas de “neutralizar” a Ucrania. Pero, al fin, una guerra por la hegemonía. Pero del Nuevo Orden Mundial Multilateral (NOMM). Ya no para el dominio del imperio estadounidense.

 


 

 


DOSSIER: GEOPOLÍTICA Y MULTIPOLARIDAD

CONVULSIÓN GLOBAL, GUERRA 5G

ENTRE RUSIA Y ESTADOS UNIDOS

Salvador González Briceño

La guerra en Ucrania pone en jaque al orden mundial de la postguerra fría y se abren escenarios de guerra híbrida global

“Todo el mundo sabe cuándo comienza una guerra, hora y día precisos; pero nunca cuando termina, ni cómo. Así ha ocurrido con todas las conflagraciones: se ha creído que serían rápidas y fugaces con saldos favorables. Pero nada. Todos pierden.”

Occidente no irá a la guerra contra Rusia por el potencial nuclear de nueva generación, pero le hará la guerra económica

La OTAN no entrará al escenario de guerra directa contra Rusia. No se atreverá. Lo hará como los cobardes: por debajo de la mesa. Apoyando a Ucrania con el envío de armamento, incluso antimisilístico. También con sanciones y movilizando tropas en los países miembros.

¡ACASO ENVIANDO grupos especiales disfrazados de civiles! Menos ante la advertencia de Putin, de poner a las fuerzas nucleares en “alerta máxima”, frente a las “declaraciones agresivas” de las principales potencias de la OTAN.

La guerra será indirecta, híbrida, pero sobre todo económica de sanciones. Precisamente por el armamento ruso de largo alcance; qué decir del potencial nuclear, con tiros de alta precisión, cohetes hipersónicos. El armamento nuclear que sigue siendo disuasivo. Y porque a Europa no le conviene participar, sabe lo que son las guerras como las dos del siglo XX en su propio patio casero.

También, porque un involucramiento de terceros países podría desatar guerra nuclear, donde ya no habría ganadores. Sería el Apocalipsis. Todo por la persecución europea a Rusia y Putin, siguiendo los “juegos de guerra” del imperialismo estadounidense, desde la OTAN. Los primeros responsables de esta guerra.

¿Quién se ha resistido aceptar reglas mínimas de convivencia y seguridad estratégica entre los Estados? ¿Contra quién ha sido la guerra informativa los últimos años? ¿Quién se acerca peligrosamente a las fronteras de quién, Rusia a Europa o viceversa? ¿Quién orilló a quién a tomar las armas?

Es lo primero a tener en claro para entender las causas, como fincar responsabilidades. Es la guerra, sí, pero provocada por qué países: Occidente o Rusia. ¿Qué ha hecho la OTAN interfiriendo en los asuntos internos ucranianos, y qué Estados Unidos (EE.UU.) y Europa? En las respuestas a estas cuestiones hay que buscar las explicaciones.

Por cierto, papelón el que está jugando Europa, como títere de EE.UU. Ni Francia, ni Alemania y menos España, han estado a la altura de las circunstancias al no saber cómo actuar. Todos han sido empujados por el oleaje belicista de la OTAN, y la intentona estadounidense —la guerra en primer orden— de contener a Rusia y con Fake News de los medios de comunicación hegemónicos. “Una guerra provocada por Putin”, se dice a los cuatro vientos.

Pero hay trasfondo en todo esto. Se trata de la “primera guerra por las hegemonías”, entre EE.UU. y Rusia. Una guerra por cierto de generación moderna, porque se da en el contexto de la “guerra bacteriológica” que amenazan a la humanidad e incluye muchas formas de violencia.

El pretexto es Ucrania, miembro de la ex Unión Soviética y utilizada por el injerencismo estadounidense para desestabilizar a Rusia. Una guerra dentro de otra, que no tendrá buen fin para sus iniciadores, el imperio estadounidense y la OTAN.

Una Guerra moderna 5G

Es temprano para sopesar las consecuencias de esta guerra. Lo que sí está claro es que se trata de una Guerra Híbrida 5G, que no será fácil de ganar para EE.UU. y la OTAN por dos motivos: Se trata de un imperio impuesto a embestir países débiles, económica y militarmente hablando (su cobardía la suple con armas); y que su ejército es como un tren descarrilado, se mueve con dificultad y es costoso y viejo.

Pero Rusia es otra cosa. Digno rival, EE.UU. juega con fuego. Y los generales del Pentágono que comandan en la OTAN lo saben muy bien. Pero es el riesgo, del negocio y de las guerras lo que los anima.

Armas nucleares sí, las de la OTAN, pero sin opciones de ganar la guerra con Rusia. Porque EE.UU. se mueve todavía en la inercia de la Guerra Fría del siglo XX, de los ejércitos extensivos, cuando estamos en el XXI y Rusia se preparó para una guerra de nueva generación, con ejércitos intensivos y armamento hipersónico lejos del alcance hasta de los radares.

Se trata, luego entonces, de la primera Guerra Intensiva 5G en este siglo XXI, con características de guerra moderna; una guerra híbrida global.

Mientras tanto, es verdad que las sanciones contra la economía rusa generarán estragos. Pero menos de los que a la propia Europa le pueden crear, cual boomerang. Tan solo en materia de energía, por la alta dependencia del gas ruso y la importación de granos también de Ucrania.

Que las sanciones económicas de Occidente en general serán duras para Rusia, ciertamente. Pero eso descubrirá, por otra parte, y con asombro para Europa y sobre todo para EE.UU., la importancia de las relaciones ruso-chinas. Ahora es cuando quedará en claro de lo que se trata el orden multipolar.

Pronto se verá que hay cambio de escenarios, tras esta guerra. Ya lo dijo el canciller alemán Olaf Scholz: “El mundo entró en una nueva era”. Pero no de hegemonía Occidental, por cierto. Además, Europa lleva las de perder en este que será un nuevo equilibrio global. Al permanecer como espectador, no actor.

Pronto en el mundo se generalizará precisamente que hay cambio de polaridades. Que los escenarios en donde reinaba la unipolaridad estadounidense y su sistema de vasallaje, dentro del cual se encuentran Europa y el mundo “occidental”, quedará pronto en entredicho.

Por tanto, mientras no exista una “cabeza caliente” que ose utilizar el botón nuclear —de lado ruso ni estadounidense, Europa tampoco lo hará—, EE.UU. y Occidente ya perdieron la guerra ante una Rusia preparada para esto: relanzar el Orden Mundial, a lado de la moderna China.

Y como actor, no simple espectador, Rusia llevará la voz cantante, geopolíticamente hablando, en la arquitectura de tal orden, ajeno al occidental. Es decir, que esta guerra 5G colocará a Rusia a la vanguardia de un orden internacional con nuevas reglas, lejos de las forzadas e impuestas por el imperio estadounidense.

Circunstancias de la guerra ruso-ucraniana

Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe. Mucho presionaron EE.UU. y la OTAN a Rusia, hasta que estalló la bomba.

En la disputa por Ucrania se esconde la guerra entre EE.UU. y Rusia. Maldición de la historia para Ucrania —¿o suerte?—, porque también fue materia de disputa de tres imperios: austrohúngaro, alemán y ruso.

Durante los últimos ocho años, Ucrania mantuvo su inclinación por la OTAN, bloque del cual quiere participar. En ese lapso, el país estuvo al mismo tiempo en la mira de Rusia, por la geoestrategia del pasado: su ubicación geográfica entre Europa y Rusia.

Fue desde el 2014, cuando el golpe de Estado perpetrado desde el “Euromaidán” que derrocó al presidente legítimo Víktor Yanukovich, y colocó en la presidencia al primer pro atlantista Pertó Poroshenko —al quien sucedería el hoy Volodímir Zelenski—, que el país cobró relevancia nuevamente.

Es claro que por el golpe de Estado donde participaron fuerzas extranjeras —ultraderecha europea hasta yihadistas, financiados por Occidente—, el nuevo gobierno adoptó una postura abiertamente antirrusa y agresiva contra aquella parte de la población que se declaró independiente, y prorrusa del Donbás.

Más de 107 ataques con armamento pesado, con 59 mil militares, misiles, 605 tanques, 260 carros blindados, 820 sistemas de ataque. Batallones de nacionalistas sin control de autoridades del país ni locales. Militares que realizaron ataques y atentados terroristas.

Aparte que el Consejo de Seguridad de Ucrania quiere recuperar el “estatus de país nuclear”. El ejército ucraniano fue el perpetrador de la violencia hacia la población civil de entonces, hasta alcanzar a más de 13 mil personas asesinadas entre mujeres y niños de ambas regiones, Donetsk y Lugansk, en esos ocho años.

Hasta aquí tenemos tres elementos por los cuales Rusia ha argumentado la búsqueda de una solución, causando una invasión a Ucrania: el no ingreso del país a la OTAN, los crímenes perpetrados contra la población civil y el desconocimiento de los Acuerdos de Minsk. Este último, suscritos entre las partes, pero nunca respetado por Poroshenko ni Zelenski.

La seguridad europea pasa por Ucrania

El espacio geográfico que ocupa Ucrania lo hace codiciado por Europa, también por la OTAN y especialmente para EE.UU. —que siempre ha buscado desestabilizar a Rusia.

Por varias razones: 1) el paso de los ductos del gas para abastecer la zona-euro, 2) por ser la frontera con Rusia de Europa, 3) tener un lugar estratégico para la OTAN, quien desde hace 30 años —a la caída de la Unión Soviética en 1991—, viene acechando al país eslavo rico en reservas energéticas. (Mackinder dixit).

El viejo continente depende de los energéticos rusos, como del gas en 40 puntos porcentuales. Y los principales ductos corren por territorio ucraniano, por lo que era vital para la seguridad energética de Europa contar con una Ucrania como parte de su círculo de seguridad.

Es decir, que la seguridad europea pasa por territorio ucraniano. Por ello Europa buscó tener bajo su manto a Ucrania. Por lo mismo la expectativa de Rusia, se le iba de las manos.

No obstante, hasta antes del estallido Putin quería un país “neutral”, por su propia seguridad y la de Europa. Pero nada, eso ya se acabó. Sobre todo para Europa. Por ello era el avance de la OTAN desde 2014. Por su política antirrusa y el uso de Ucrania como trampolín.

Apoyando gobiernos —a las ex Repúblicas Soviéticas— e instalando bases militares y con armas nucleares de mediano y largo alcance. Ese era el mayor peligro para la seguridad de Rusia. Lo que la OTAN no entendió, y todavía.

Por eso, tras la guerra, la seguridad de Europa estará en jaque. Primero su seguridad energética, al quedar en duda el abastecimiento de gas a su paso, por el control del ejército y gobierno rusos.

En seguida, porque la guerra podría tocar a las puertas. Solo una chispa por la osadía de terceros países —como lo ha advertido Putin—, podría abrir el paso hacia un involucramiento mayor de países. ¡Cuidado!

Claro que el mayor peligro estaría en la entrada de EE.UU., porque entonces sí la guerra escalaría hacia dimensiones de mayor peligro. Pero es no pasará.

Por mientras, Europa es quien más pierde, por la energía como una posible escalada. Tan solo porque Europa ya sufrió las dos grandes guerras, debería tener hoy un papel más relevante como mediador, pero se deja arrastrar por EE.UU. Imperio que no la necesita. Solo O seguir sometiéndola como hasta ayer.

¿Vale una guerra la popularidad de Joe Biden, a quien le importa solo la reelección a la presidencia? Claro que no. Y menos con tamaña mediocridad.

El inicio del conflicto

Cuando el presidente ruso Vladimir Putin declaró “reconocer de inmediato la independencia y la soberanía” de las provincias de Donetsk y Lugansk, tras una reunión de su Consejo de Seguridad en el Kremlin el 21 de febrero 2022, el mismo día el presidente firmó, con el líder de Donetsk, Denís Pushilin y de Lugansk, Leonid Pásechnik, sendos “acuerdos de amistad, cooperación y asistencia mutua” entre Rusia y las provincias.

En el respectivo mensaje, Putin alertó a su ministerio de defensa el “garantizar el mantenimiento de la paz por parte de las Fuerzas Armadas rusas en ambas repúblicas”. Al día siguiente Putin declaró que los Acuerdos de Minsk ya no existían. Sobraba decirlo, pero tampoco estaba de más. Desde entonces se rompía cualquier punto de referencia para la paz.

Para el día 24 la presencia militar tomaba forma, cuando el propio Putin —comandante en jefe—, decretó una “operación militar especial” en Donbás, ya no solo para apoyar a las provincias separatistas de Donetsk y Lugansk, sino para “desmilitarizar” y “desnazificar” a Ucrania.

Comienzan los bombardeos en varios puntos de Ucrania. Dos días después, el 25, las tropas llegan a Kiev, la capital. Se reportan 137 muertos, las primeras víctimas de la invasión, con cerca de 100 mil personas que salieron por la guerra.

Al día 26 se reportan 198 muertes por el gobierno de Ucrania, y 1,100 personas heridas. La milicia rusa, se dijo, estaría empleando misiles de crucero desde el Mar Negro.

El parte militar ruso reportó destrucción de infraestructura militar, toma de aeropuertos y control del territorio desde el norte y el oeste. La ofensiva continúa a la fecha de esta nota (día 27). Salvo que hay visos de negociación entre las partes en territorio de Bielorrusia, ciudad de Gómel el día 27, a instancias de China.

La OTAN y la postura de Putin

De inmediato, la OTAN activó el “plan de defensa”, desplegando fuerzas por tierra, mar y aire —siempre dentro de los países donde tiene bases militares—, para “responder” a la tensión generada por Rusia. Porque ahora resulta que el culpable de todo es el presidente Putin.

Claro que lo es en tanto ha emprendido el camino de la guerra. Pero qué país ha sido más tolerante con los EE.UU. y la propia OTAN que Rusia. Qué país no respondería a un peligro en su integridad y seguridad, ante una amenaza que atenta contra el Estado.

El vocero oficial de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha declarado ayudar a Ucrania en los términos de la postura europea. Incluye que el organismo no puede intervenir porque el país invadido no forma parte de la OTAN.

Es decir, que el propio secretario general sabe hasta dónde están sus atribuciones y posibilidades. Claro que deben sudarle las manos ahora, pero más de miedo que de ansias por participar.

Al referirse al tipo de apoyo militar refiere solo armas y defensas antiaéreas, sin mencionar la posible infiltración de cuerpos especiales a territorio ucraniano para apoyar al ejército que repele la agresión rusa.

De otro modo nadie se atreverá inmiscuirse. Además, el presidente Putin lo puso en los siguientes términos el jueves 24 cuando dijo que están listos para cualquier resultado. Y, que todo aquél que intente detener la avanzada de su país enfrentará una respuesta inmediata y con graves consecuencias.

“Quien intente detenernos y crear más amenazas para Rusia, para nuestro pueblo —agregó—, debe saber que la respuesta de Rusia será inmediata y los llevará a tales consecuencias que nunca han enfrentado en su historia. Estamos listos para cualquier resultado y estoy seguro de que los soldados y oficiales leales de las Fuerzas Armadas de Rusia, cumplen con su deber con profesionalismo y valentía”.

Es por la protección de las personas que han sufrido por parte del régimen de Kiev abusos y genocidio durante mucho tiempo. Son las “circunstancias (que) requieren acciones firmes e inmediatas de nuestra parte”. Una respuesta en los términos del artículo 51 de la carta de las Naciones Unidas, bajo el consentimiento del Consejo de la Federación Rusa y el convenio de amistad y ayuda mutua del 22 de febrero con las Repúblicas de Donetsk y Lugansk.

Con un llamado a los soldados ucranianos a deponer las armas y dejarlos libres de ir a sus casas.

Reacción de Zelensky

Por su parte, el presidente de Ucrania al verse solo en el conflicto con Rusia, el día 25 declaró: “Estamos defendiendo solos (a) nuestra nación” de la invasión rusa. E inquirió: “¿Quién está preparado para luchar por nosotros?, no veo a nadie”. Occidente nos ha abandonado. “¿Quién está listo para darle a Ucrania una garantía para unirse a la OTAN? Todos tienen miedo”.

“…Le pido a la gente que tenga cuidado, que respete el toque de queda. Yo me quedaré aquí para que el gobierno central funcione. Quieren destruir políticamente a Ucrania destruyendo a su jefe de Estado”. Pero, “nadie nos obligará a entregar nuestra libertad, nuestra independencia o nuestra identidad. No permitiremos que el enemigo avance. Por favor, ayudad a los ucranianos. Si no nos ayudáis, la guerra llegará hasta vuestros países”, afirmó.

Reacciones y sanciones

La campaña mediática en contra de Rusia había estado presente varios años, con Fake News y descalificaciones desde la OTAN, por todo y por nada.

Acusando al país eslavo incluso de las propias campañas orquestadas por ellos mismos, desde EE.UU., Bruselas y los otros países de la zona euro. Muy azuzadas por los medios occidentales, especialmente los estadounidenses. Guerra mediática y guerra sucia.

A la primera movilización de las fuerzas militares dentro de su propio territorio ruso, Occidente ya tenía fecha de invasión a Ucrania. El propio presidente Biden aventuró el día: “Putin ha tomado la decisión de invadir”.

Ante la guerra, la condena de Occidente ha sido generalizada. Y por ello las sanciones —“acciones inamistosas,” dijo Putin— no se han hecho esperar. Úrsula von der Leyen y Josep Borrel andan muy activos.

Bloqueo del comercio de Rusia con EE.UU. y Europa. Biden acuerda con el G7: Bloquear el comercio de Rusia en dólares, libras y euros. También del sistema internacional Swift —selectivo por parte de Europa; se ahorcaría sola—, a bancos rusos y congelamiento de fondos, de elites aliadas con el Kremlin. Y bloqueo de Nord Streem 2. (Paquetería completa que demanda nota aparte).

Algunas conclusiones

Esa política expansionista de la OTAN es la encargada del acoso militar contra Rusia. Es el peligroso órgano militar ejecutor de los planes geopolíticos de Washington, que lleva a cabo por otros, todos los medios a su alcance: diplomáticos, foros internacionales, Fake News o eventos de falsa bandera y guerra híbrida que está evolucionado la guerra, de 4ª (4G) a Guerra de 5ª Generación (5G).

En otras palabras y un contexto más amplio, Ucrania es una pieza clave en el ajedrez geopolítico de la pugna entre potencias por la hegemonía global, en este caso entre el imperio estadounidense y Rusia.

Es la lucha por la imposición del Nuevo Orden Mundial. Un escenario en el que participan por un lado los EE.UU. y por el otro Rusia y China, ambos representantes de la multipolaridad en ciernes.

Es por ello que EE.UU. requiere de escenarios de confrontación el viejo estilo de la Guerra Fría. Le urge la pugna con otra potencia como la URSS en los viejos tiempos. Es el contexto al que se refiere Putin, cuando en sus discursos habla de la calamitosa caída de la Unión Soviética en 1991 y lo que ello significó para Rusia (para Europa y el mundo también).

Es el contexto en el cual los EE.UU. como imperio sigue comportándose como hegemón, puesto que no se mira a sí mismo en declive. Lo cierto es que, como Europa, esta guerra la está perdiendo EE.UU. ya.

Con todo el peso en hombros, la ganará Rusia. Esta que es una Guerra de Quinta Generación está ya fuera de lugar para EE.UU. Por cierto, se cataloga como el primer ataque de un Estado desde la Segunda Guerra Mundial.

¿Cómo se clasificó el ataque de la OTAN, la llamada “Operación Fuerza Aliada”, a la República Federal de Yugoslavia en 1999? Una “campaña” de 78 días que causó 1,200 muertos y donde se arrojaron 9 mil 160 toneladas de bombas, muchas de ellas con uranio empobrecido.

Hoy se trata de una guerra intensiva 5G. Quizá no tan relámpago, como Putin quisiera para pronto alcanzar sus metas de “neutralizar” a Ucrania. Pero, al fin, una guerra por la hegemonía. Pero del Nuevo Orden Mundial Multilateral (NOMM). Ya no para el dominio del imperio estadounidense.




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