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Edición 370

p13370

En Turquía decir

genocidio armenio

Es sentencia de muerte

Lala Kevorian

 

NO ES NECESARIO IR MUY ATRÁS EN EL TIEMPO para entender los riesgos de emitir una opinión “impropia” en ese país: Hrant Dink, periodista y editor de Agos (el diario para la minoría armenia que se distribuye en esa región), fue acribillado a principios de 2007, en la puerta de su trabajo, mientras era sometido a un juicio bajo el cargo de denigrar la integridad turca al haber utilizado, presuntamente, la palabra genocidio.

 

MUCHO ANTES de que los musulmanes turcos entraran en escena, los armenios ya estaban ahí…

 

El pueblo armenio, muy parecido en diversos aspectos a la etnia hebrea, originalmente estuvo bajo dominio romano y fue el primer sitio en el mundo que no sólo aceptó el apenas inaugurado cristianismo sino que lo hizo su religión oficial, años antes de que Constantino dictara sus leyes de intolerancia “católica” y, bastantes años más antes de que Teodosio convirtiera el tenebroso catolicismo romano en la religión oficial del imperio, desconociendo de paso el culto ortodoxo-griego de los armenios y a todas las demás interpretaciones originales, mucho más antiguas y apegadas a la praxis apostólica.

 

Luego fue peor para armenios y judíos, llegó el islam.

 

El Gran Crimen

SE LE HA LLAMADO también "Gran Crimen", fue la deportación forzosa y exterminio de un número indeterminado de civiles armenios, calculado aproximadamente entre un millón y medio y dos millones de personas, por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio Otomano, desde 1915 hasta 1924. Una orden del gobierno central estipuló la deportación de toda la población armenia, sin posibilidad de cargar los medios para la subsistencia, y su marcha forzada por cientos de kilómetros, atravesando zonas desérticas, en las que la mayor parte de los deportados pereció víctima del hambre, la sed y las privaciones, a la vez que los sobrevivientes eran robados y violados por los gendarmes turcos que debían protegerlos, a menudo en combinación con bandas de asesinos y bandoleros.

 

El inicio de la pesadilla

 

DURANTE EL DOMINIO TURCO musulmán del Medio Oriente, los armenios fueron englobados y llamados “pueblo leal”, pero como cristianos fueron relegados a la calidad de “ciudadanos de segunda” obligados a pagar los impuestos especiales para religiones diferentes a la musulmana y con evidentes limitaciones en todos los aspectos de su vida.

 

Igualmente estaban obligados a proporcionar elementos para el ejército, en muchos casos aun siendo niños para los cuerpos de élite, según la costumbre turca para ser una especie de esclavos sexuales como parte de su “iniciación” en tales cuerpos especiales del ejército… en los cuales además, se les obligaba a renegar del cristianismo ortodoxo armenio y someterse al islam.

 

El genocidio armenio, también llamado holocausto armenio

 

LA FECHA DEL COMIENZO del genocidio se conmemora el 24 de abril, el día en 1915, en el cual las autoridades otomanas detuvieron a 235 miembros de la comunidad de armenios en Estambul; en los días siguientes, la cifra de detenidos ascendió a 600.

 

Se caracterizó por su brutalidad en las masacres y la utilización de marchas forzadas con las deportaciones en condiciones extremas, que generalmente llevaba a la muerte a muchos de los deportados.

 

Otros grupos étnicos también fueron masacrados por el Imperio Otomano durante este período, entre ellos los asirios, los griegos de Ponto y los serbios. Algunos autores consideran que estos actos son parte de la misma política de exterminio aplicada a los armenios.

 

Ya entre 1894 y 1896 tribus kurdas, motivadas por el sultán Abdul Hamid II, asesinaron a unos 300.000 cristianos ortodoxos armenios, el modus operandi que luego se repetiría era el de aniquilar a los hombres para luego violar a mujeres y niños.

 

Muchas de las mujeres armenias no esclavizadas de manera formal, fueron obligadas a casarse con turcos musulmanes y con beduinos árabes (lo cual era otra manera de esclavitud), una estrategia para desarticular al pueblo armenio mediante la poligamia islámica.

 

Era el preludio del intento turco de exterminar a los armenios, que en las primeras décadas del siglo XX tuvieron un millón y medio de muertos, incluyendo cristianos asirio-caldeos, y otro millón fue deportado, caminando centenares de kilómetros por las zonas semidesérticas de la actual Siria donde cientos, quizá miles murieron de hambre, sed y a causa del clima.

 

El inicio de la pesadilla en el siglo XX

En la ciudad de Van, el gobernador Cevdet Bey ordenó a tropas irregulares cometer crímenes para forzar a los armenios a rebelarse y justificar así el cerco de la ciudad por el ejército otomano, mismo pretexto que serviría para “justificar” el genocidio.

El 24 de abril de 1915, cuatro días después del estallido de la revuelta de Van, el gobierno de los Jóvenes Turcos consideró que afrontaba una sublevación popular de corte nacionalista dentro de los límites de su imperio siguiendo el modelo de Grecia, Serbia y Bulgaria, y optó por deportar a sectores importantes de la población armenia hacia Anatolia Suroriental. Ese mismo día se ordenó el arresto de 250 intelectuales armenios, que fueron deportados y en su mayoría asesinados en el camino.

A esto siguieron poco después —a partir del 11 de junio de 1915—órdenes para la deportación de cientos de miles, tal vez más de un millón de armenios de todas las regiones de Anatolia (excepto zonas de la costa oeste) a Mesopotamia y lo que actualmente es Siria.

Muchos fueron a la ciudad siria de Dayr az Zawr y el desierto circundante. El gobierno turco no puso los medios para proteger a los armenios durante su deportación, ni en su lugar de llegada.

Tras el reclutamiento de la mayoría de los hombres y los arrestos de ciertos de intelectuales, tuvieron lugar masacres generalizadas a lo largo de todo el Imperio.

Según el mercenario venezolano Rafael de Nogales, quien sirvió en el ejército turco, Cevdet Bey mandó asesinar a todos los varones armenios de la ciudad.

Algunos escaparon a Rusia, Europa y Estados Unidos, pero fueron los menos, las dos terceras partes del pueblo armenio en territorio otomano fue aniquilada.

 

Negacionismo oficial turco, preludio nazi

 

SEGÚN los autores turcos actuales, haciendo eco a las antiguas, en Van lo que aconteció no fue sino una revuelta armenia y la posterior represión de la misma por las tropas otomanas durante las mismas fechas.

 

Aunque la República de Turquía, sucesora del Imperio otomano, no niega que las masacres de civiles armenios ocurrieron, no admite que se trató de un genocidio étnico-religioso, arguyendo que las muertes no fueron el resultado de un plan de exterminio masivo, sistemático y premeditado dispuesto por el Estado otomano, sino que se debieron a las luchas étnicas internas, las enfermedades y el hambre… durante el confuso periodo de la Primera Guerra Mundial.

 

A pesar de esta tesis, casi todos los estudiosos —incluso algunos turcos—, opinan que los hechos encajan en la definición actual de genocidio, lo cual enoja a las actuales autoridades turcas que siguen insistiendo en que tales crímenes no fueron cometidos, aunque haya pruebas demoledoras.

 

Muy al estilo de los nazis y sus malas copias actuales, negacionistas del genocidio religioso-racial, durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Niega, niega, niega mil veces… algo quedará

 

HISTORIADORES como Justin A. McCarthy, profesor de la Universidad de Louisville o el turco Ömer Turan, quienes niegan el genocidio, ofrecen una perspectiva alternativa sobre la base del estudio de los censos oficiales otomanos para concluir que los armenios que vivían en el Imperio otomano eran menos de 1,5 millones, y que las cifras publicadas relativas a la muerte de un millón de armenios pueden haber sido exageradas en demasía e incluso afirmando que en ese periodo murieron tres millones de turcos.

 

La posición de McCarthy ha sido duramente criticada por otros historiadores tanto estadounidenses como de otros países. Algunas de sus conferencias tuvieron que ser canceladas por amenazas a la seguridad.

 

Medios oficiales turcos afirman que el número de víctimas puede situarse entre 200.000 y 600.000, un burdo intento de ocultar la terrible verdad.

 

Los académicos turcos y los negacionistas occidentales, tratan de llamar la atención a las víctimas otomanas de la rebelión armenia como “justificación” de los crímenes, como si tal cosa fuera válida.

 

Según el Profesor Dr. Yusûf Halaçoğlu, ex presidente de la Sociedad Turca de Historia (principal institución académica oficial sobre la historia en Turquía): “518 mil turcos habrían perdido la vida en el Imperio Otomano, en manos de los rebeldes armenios antes y durante la Primera Guerra Mundial; 128 mil de éstos, todos civiles, en un año, entre mayo de 1914 y mayo de 1915”, fecha en la que empezó el arresto de líderes intelectuales de los armenios en Estambul y se decidió el desplazamiento de parte de la población armenia en el país a zonas lejos de los frentes de guerra con Rusia.

 

Halaçoğlu sostiene que los archivos turcos contienen los documentos originales de estos turcos asesinados, pero todo eso no es más que un burdo intento para negar el holocausto…

 

Lo cual es imposible ya que las pruebas del genocidio, como en el caso nazi, están a la vista, a pesar de los aullidos de los seguidores modernos del Dr. Joseph Paul “Schnauser” Göbbels. VP

 

Un Nobel exiliado

El Nobel de Literatura Orhan Pamuk, por su parte, debe vivir actualmente en el exilio por haber respondido en una nota periodística que: “30 mil Kurdos y un millón de armenios murieron en estas tierras”. Y aunque ni Pamuk ni Dink pronunciaron jamás “la terrible palabra”, el temeroso gobierno turco debe enfrentarse hoy, a un intelectual que no sólo lo dijo en una columna del Agos sino que lo repite cada vez que puede. “Lo ocurrido entre 1915 y 1917 no puede ser llamado de otro modo que como un genocidio”.

 

Aspirante a sultán… de las mil y una mentiras

Recep Tayyip Erdogan, el aspirante a sultán de un “resucitado” imperio turco ha negado de manera sistemática el genocidio del pueblo armenio cristiano ortodoxo, como devoto musulmán convencido, no se cansa de insultar a quienes no comparten su religión y, de acuerdo con las prescripciones islamistas insulta a las mujeres que no siguen las normas de vestido, que sólo tienen un hijo.

Por otra parte, el “sultán” ha sido el principal promotor de la yihad islámica contra Siria, además de ser un soterrado promotor del terrorismo.

Para completar el cuadro de su sistema de gobierno, él ha impuesto sanciones a la libre expresión y se ha constituido en el único que tiene derecho a hablar.

 



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