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Edición 364

3642

El cártel

Financiero Público-Privado responsable de la devastación

de México

Celeste Sáenz De Miera Y Jorge Santa Cruz

LA DEVASTACIÓN DE MÉXICO, llevada a cabo por funcionarios públicos y empresarios de muy alto nivel ha caído a los grados más bajos de obscenidad, señaló el presidente del Centro de Estudios Estratégicos Nacionales, Alberto Montoya Martín del Campo.

LA ENTREGA DE MÉXICO se aceleró a partir del “error de diciembre” y ha llegado a tal grado que, en la actualidad, existen consorcios transnacionales que se enriquecen en nuestro país, sin enfrentar el menor riesgo, a costa del ahorro de los trabajadores y de los recursos naturales.

La presenta entrevista se publicó, originalmente, en Voces del Periodista Radio.

11¿Cómo lograr que México recupere su soberanía económica y financiera y, por ende, su soberanía nacional?

Bueno, a mí me parece que ésta, es una pregunta central. Es una pregunta fundamental.

           En un primer momento, me referiría a las condiciones de dependencia económica y luego, a partir de ahí, reflexionar acerca de qué podríamos hacer nosotros, y no solamente de qué podríamos hacer, sino de qué debemos hacer. Es un imperativo.

Demos algunas referencias. Veamos el caso de la banca.

             Hubo aumentos muy significativos en las tasas de interés, resultado de los desequilibrios macroeconómicos, justamente derivados del gobierno de Salinas de Gortari, siendo secretario Aspe, que se expresaron en lo que el propio ex presidente Salinas denominó el “error de diciembre”.

            Ã‰se, fue el resultado de un déficit comercial acumulado de ese sexenio, del orden de los 54 mil millones de dólares, y que no contaba con el respaldo de los recursos de divisas que permitieran que se sostuviera un cierto tipo de cambio.

            Y eso fue lo que en una sesión, estando presente y coordinando Jaime Serra Puche -en gran parte responsable y arquitecto, tanto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, como de esa política de déficit comercial-, ahora como secretario de Hacienda, pagó los platos rotos; porque entonces no había condiciones de equilibrio macroeconómico ante ese gigantesco déficit, y dio la señal de que el Banco de México no iba a tomar acciones para que la tasa de interés y el tipo de cambio tuvieran un cierto ritmo moderado de cambio.

           Inmediatamente, se desató el pánico entre los grandes inversionistas que propiciaron una salida masiva de dinero y que dejó al Banco de México en una posición tan precaria, que la única forma que tuvieron para detenerlo ¿cómo fue?, con ¡aumentos en la tasa de interés extraordinarios! A partir de ahí vimos cómo hubo aumentos de la tasa de interés al 20, al 30, al 40, al 50 y llegó hasta el cien por ciento, ¡y más!

           ¿Qué pasaba con los empresarios que habían hecho sus inversiones, soñando que éramos de primer mundo? ¿Qué pasó con tantas personas que habían hecho sus inversiones en sus casas o que, incluso, se habían dado el lujo de hacer paseos, porque ya estábamos en el primer mundo? Pues que de repente tienen que pagar tasas de interés impagables.

13

           ¿Qué sucedió entonces a los bancos? Pues resulta que la gente no pagaba. ¿Qué ocurrió? ¡La quiebra de los bancos! Viene la quiebra del sistema bancario y, entonces, ese sistema bancario fue ilegalmente rescatado con recursos públicos, por el entonces presidente Zedillo. Se hizo con recursos públicos que luego ya se legalizaron como deuda pública. ¿Cuánto? Cien billones de dólares, que todavía seguimos pagando. Por lo menos una generación y no sé cuántos años más, estaremos pagando esos cien mil millones de dólares.

Y en el año 1997 se cambió la ley con relación a los límites de inversión en la banca, para que fuese del cien por ciento. Se había -por cierto- establecido en el Tratado de Libre Comercio en este punto, un límite a la inversión extranjera. Ese, se quitó en 1997, y se empezó a ejercer ya, siendo presidente Fox.

           Entonces, esos bancos fueron rescatados primero por los mexicanos. Nosotros pagamos el rescate. Es como si, por ejemplo, un vecino tiene una empresa, tiene una fábrica, no está bien administrada, quiebra; pero es una empresa que tiene clientes, que tiene equipos, que tiene un personal muy capacitado, y que tiene posibilidad de encontrar proveedores. Entonces viene con usted y le dice: “Oiga, le vendo mi negocio”.

           –Está bien. ¿Cuánto quieres por tu negocio? Pues te doy tanta cantidad, con la obligación de pagarle a los proveedores con quienes tienes deudas.

             Perfecto. ¿Quién es el dueño de esa fábrica? Bueno, pues quien la rescata. ¿Y quién se hace cargo de todas esas deudas?

               ¿Qué pasó con la banca? Nosotros la rescatamos y resulta que la concesión de los bancos se entregó a inversionistas extranjeros ¡y no somos propietarios del negocio!

                Por cierto, en el 2008 y 2009, cuando Obama rescató a Citigroup y otros bancos que quebraron, lo hizo a cambio de intercambio de acciones y cuando estos bancos recuperaron su valor, entonces recuperó el Estado estadounidense el dinero que había puesto para el rescate.

         14Nosotros, no. El pueblo, nosotros, rescatamos los bancos y ahora los dueños de los bancos son empresas extranjeras. Y resulta que esas empresas sacan hoy de México la mayor proporción de sus utilidades de lo que operan hoy en el mundo. De aquí salen; de los intereses y de las comisiones que nos cobran a los mexicanos.

       Ese es un ejemplito, nada más.

¿Cómo podemos los mexicanos recuperar la soberanía de nuestro Estado-Nación y la rectoría del mismo?

Evidentemente, en torno a esta pregunta central, que tiene múltiples dimensiones, hoy nos estamos refiriendo sólo a una, a la recuperación de la soberanía económica, que es el tema financiero. Desde luego habrá que considerar el proceso de representación del pueblo de México en los poderes públicos, que es, ésa, una condición fundamental para que pueda darse la posibilidad de ir retomando todo un proceso de cambios institucionales y de recuperar, en la Constitución, elementos que nunca debieron haber sido cambiados.

          Pero, por lo pronto, siguiendo con esta dimensión específica del capital financiero, del sistema bancario: un sistema bancario (en donde el 90 por ciento del sistema de pagos es el responsable del sistema de crédito) que obedece a los lineamientos de las matrices de sus corporaciones, es evidente que no tiene como propósito fundamental contribuir al financiamiento productivo.

           ¿Y qué es lo que observamos? Que la mayor parte del financiamiento que otorgan los bancos se orienta básicamente al consumo y al crédito hipotecario. Pero no hay créditos, que pudiera necesitar un empresario, a unas tasas de interés equivalentes a las que se pagan en otros países.

           En el caso de Japón, la tasa de interés es, prácticamente, de un poquito más de cero.

           En el caso de Estados Unidos, la prime rate es de 3, 4 por ciento.

           En el caso de Alemania y de los países europeos, también.

         Estamos hablando de tasas significativamente inferiores que, comparadas con las tasas de interés que tienen que pagar los empresarios mexicanos, que a más pequeños son más grandes esas tasas, evidentemente que es una condición de funcionamiento económico que nos impide que esto pueda permitir una inversión creciente, empleos, etcétera.

           ¿Qué tenemos que hacer? ¡Bancos! ¿Bancos propiedad de quién? Bueno, yo15 sugeriría bancos mixtos. Bancos donde hubiera propiedad pública y privada, que pudiese ser por sectores: el banco de la construcción, el banco de la producción agroalimentaria, el banco de las industrias petroquímicas y, también, por regiones.

           De manera que lo que tenemos que hacer es bancos y sustituir los actuales. No es posible que cierta normatividad de la Secretaría de Hacienda o de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, no pueda darles lineamientos a estos bancos. ¿Qué ocurrió en los años 2009, 2010, 2011, cuando había una gran crisis en todo el mundo? Bueno, pues las matrices optaron por apalancarse en sus filiales en México y en otros países; pero con nosotros, principalmente.

           Los aportes del BBVA a su matriz en España fueron determinantes para que no tuviera que verse en la necesidad de pedir el apoyo del Estado español. De la misma manera, Banamex, en México, fue la palanca que salvó al Citigroup en Estados Unidos.

         Entonces, no es suficiente tener aquí una normatividad, una disposición y una serie de criterios porque, simple y sencillamente, el poder real está en quienes tienen la capacidad y el control y el funcionamiento del sistema bancario y del crédito.

         ¿Qué hay que hacer? ¡Pues sustituir! Una sustitución gradual. ¿Cómo se puede hacer esto? Bueno, pues como lo están haciendo las grandes potencias. Las grandes potencias construyen sus sistemas financieros sobre la base de reservas.

             En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, las reservas que tiene Estados Unidos para apalancar su sistema bancario consisten en reservas de oro, principalmente. Estados Unidos tiene más de 8 mil 500 toneladas de oro, que representan el 73 por ciento de sus reservas, como el soporte de las garantías de su sistema financiero. ¡Esa es la garantía de Wall Street!: el oro. Ni siquiera el dólar, porque la mayor parte de sus reservas están en oro.

Veamos a otra potencia: Alemania. En Alemania, el 60 por ciento de sus reservas están en oro. Son aproximadamente 3 mil 500 toneladas de oro.

           México: Cuatro por ciento de sus reservas están en oro. Y son como 120 toneladas de oro, y que están -básicamente- bajo control del Banco de México, pero que habría que, entre otras cuestiones, indagar físicamente en dónde están. Es cierto este tema.

     16      Los alemanes solicitaron, por ejemplo, que las reservas de oro que tenían en Nueva York, en la época de la guerra fría, que se las regresaran. Y tuvieron que hacer largas y tortuosas gestiones hasta que, finalmente, regresaron a Alemania esos lingotes que tenían guardados los alemanes en Wall Street, en Nueva York. Pero ciertamente es un tema.

           Con esto, nosotros podemos apalancar garantías para el desarrollo de un sistema bancario propio. Lo podemos hacer.

         Entonces: esto es un asunto que tiene como una precondición necesaria que haya la voluntad política para hacerlo. No es posible hacer nada de esto, y de ninguna otra cuestión, si quienes tienen la representación del poder público no están comprometidos con lograr este objetivo. Y, al contrario, subordinando más a estas fuerzas y corporaciones.

Doctor: una pregunta obligada… Para quienes no somos doctos en Política y en Economía: ¿cómo hacer si el propio México ha entregado sus minas, su oro, y otras riquezas naturales como el petróleo, a empresas internacionales?

Desde el gobierno del expresidente Calderón a la fecha, se han entregado 50 millones de hectáreas en concesiones mineras, que representan un 25 por ciento del territorio y que, sumadas a las anteriores, ya estamos hablando del orden de la mitad del territorio nacional, concesionado.

Pero, recordemos: las concesiones son el derecho de usar un bien que no es del concesionario, es un bien de la Nación. No hay que olvidar que todos los bienes que están en el subsuelo, nuestra Constitución dice que son de la Nación.

¿Cómo recuperar esas concesiones? ¿Y cuánto estamos, también, amarrados con los tratados internacionales? ¿Qué se debe hacer?

En primer lugar, aunque la voluntad de otros países es poner los tratados internacionales por encima de nuestra Constitución, en la realidad, en términos jurídicos, la prelación de las leyes establece que la Constitución está por arriba de los tratados, excepto el artículo Primero, porque ahí dice, en el artículo Primero de la Constitución, que todos los tratados firmados por México en materia de derechos humanos, se consideran como parte de ese artículo Primero de la Constitución y tienen ese rango. Es la excepción. Pero son tratados que tienen que ver con derechos humanos.

Los tratados que no tienen que ver con esas materias, como tratados comerciales, financieros o fiscales, no están por arriba de la Constitución. Entonces, tenemos una base constitucional.

Pero, además, el hecho es que en la propia Constitución se dice que las empresas extranjeras, que se han constituido bajo las leyes mexicanas, tienen que reconocer esa base constitucional.

Ahora bien: estas concesiones mineras, tipo las del oro… Durante una década, México produjo oro por un valor de 35 mil millones de dólares. Treinta y cinco mil millones de dólares. Nada más midamos su proporción: cuando consideramos que de las reservas que tiene el Banco de México, que son del orden de 170 mil millones de dólares, 73 mil de ésas, son por un convenio con el Fondo Monetario para tener una línea de crédito por esa cantidad, que permita al país disponer de divisas. Entonces, para que veamos que, en sólo una década, sólo en oro, tuvimos esa cantidad. Y lo mismo en el caso de la plata, que son 40 mil toneladas de plata.17

Y eso es lo oficialmente manifestado. No sabemos, en realidad, a cuánto ascendió la producción.

Así es. Entonces, primero debemos tener claridad de que lo que buscamos es un instrumento necesario de desarrollo, que es disponer de recursos financieros. Y se dice: “No, es que no tenemos”. ¡Claro que lo tenemos! “Es que no lo podemos tener”. ¡Claro que lo podemos tener! “Es que no hay de otra” ¡Claro que sí! Es decir, no hay ninguna fatalidad en que tengamos que estar disponiendo de un sistema financiero que no presta, ni va a prestar, a unas tasas competitivas, para la inversión productiva.

De lo que se trata es de que haya inversión productiva. Y con estas instituciones, simplemente no lo ha habido, ni lo va a ver. ¿Qué es lo que hay que hacer? Hacerlas, crearlas.

¿Qué es lo que hacen los bancos de inversión extranjeros que vienen a México? ¿Cómo se capitalizan? ¿Qué es lo que sucede? ¿Qué personajes han hecho esto?

Yo creo que esto es un tema que poco se ha reflexionado, que poco se ha analizado en la opinión pública, pero ilustra la necesidad de crear bancos y de autofinanciarnos, con los recursos que tenemos.

Pero no sólo no prestan, sino que usan el ahorro de los trabajadores mexicanos para hacer sus inversiones.

¿Las afores?

Sí, las afores; las utilizan. Les voy a decir cómo se diseñó este instrumento financiero: en el sexenio pasado, Luis Téllez, en la Bolsa Mexicana de Valores, diseñó junto con las autoridades hacendarias, un instrumento financiero que se llama CKD: es una sigla del título en inglés Certíficates of Capital Development. Son certificados para el desarrollo de capital. Así se llaman.

En el caso concreto y su relación con la energía, está operando lo siguiente: Black Rock es el mayor banco de inversión en el mundo. En ese banco de inversión del mundo están ahorros de muchos sistemas de pensiones estadounidenses y de negocios. Es el mayor banco de inversión en el mundo. ¿Y qué tiene que hacer el mayor banco de inversión del mundo en la energía en México?

Bueno, es que los bancos hoy son los dueños de los negocios, no solo energéticos, sino todos.

Entonces, este banco, BlackRock, abrió un fideicomiso en Banamex (Citibank-Banamex), una CKD. Esa CKD, ese fideicomiso que puso BlackRock en Banamex, emite un certificate of capital development y lo manda a la Bolsa Mexicana de Valores. La Bolsa de Valores recibe ese certificado, le pone un título para la pizarra, que es la que ven todos los señores que están comprando y vendiendo los valores, y entonces este certificado que emite la Bolsa de Valores es el que compran los diversos inversionistas.

Bueno, ¿pues qué creen?, ¿quiénes son esos inversionistas que compran esos certificates? ¡Las afores! ¿Y las afores, con qué dinero? ¡Con el ahorro de los trabajadores mexicanos, que, con todo el sudor de su frente, están pagando por medio de todo el sistema de las pensiones, de las cuentas individuales! Ese dinero va a las siefores, que son los instrumentos por los cuales invierten las afores. Esas afores van y compran esos cetificates. Entonces, ese dinero entra a la Bolsa de Valores y la Bolsa Mexicana de Valores le da ese dinero a ese fideicomiso de BlackRock en Banamex.

Entonces, mano 1: ya fue, agarró el ahorro de los trabajadores y ahora ya no está en la afore, sino que está en el fideicomiso. Siguiente paso: una vez que está ese dinero ahí, ese fideicomiso -que es propiedad de BlackRock- le manda ese dinero a una empresa que también es propiedad de BlackRock, que se llama Sierra Oil & Gas.

18Sierra Oil & Gas es una empresa donde BlackRock y otro banco, que se llama Riverside Bank, son tres bancos los dueños de esa empresa, que se llama Sierra Oil & Gas.

Esa Sierra Oil & Gas ganó una licitación para explotar un pozo, un yacimiento que se llama Zama, del que ya Pemex había hecho la exploración, había perforado, tenía instalaciones que valen más de 300 millones de dólares y que se las dieron, como parte del contrato, regaladas. Yo diría que fraudulentamente, porque, además, violentan uno de los artículos transitorios de la reforma constitucional que dice que las afectaciones a las inversiones que ya se hayan hecho por parte de Pemex, las tienen que pagar. Pero no pagan nada.

Entonces resulta qué cosa -me parece a mí obscena-, la Nación les da en propiedad el yacimiento Zama, a Sierra Oil & Gas; la empresa Sierra Oil & Gas recibe dinero para hacer las inversiones que proviene del ahorro de los trabajadores ¿Y saben cuánto interés pagan los de Sierra Oil & Gas? ¡No pagan interés!, sino que, al final del proyecto, porque son CKD que tienen a cinco años o a 10, dependiendo de si ese pozo ganó o no tuvo utilidades, entonces se le regresará el dinero con utilidad al ahorrador mexicano, pero, evidentemente, quien lleva el riesgo de toda la inversión es el dinero del trabajador mexicano.

Es una cosa obscena. Usa el dinero de los trabajadores, sin que se paguen impuestos, teniendo todo el riesgo los trabajadores; lo invierten en empresas que lo convierten en capital propio, para explotar un yacimiento que es de la Nación, de forma tal, que BlackRock es dueño del fideicomiso para jalar el dinero, es dueño de la empresa, es dueño de todo. Esa es la realidad.

Por eso insisto: primer elemento fundamental para recuperar la capacidad de desarrollo económico, primero tenemos que tener un sistema de desarrollo financiero que tenga las funciones básicas de cualquier sistema y que realmente esté al servicio de un proceso de acumulación y de crecimiento, en beneficio de los mexicanos.

Como lo teníamos en las décadas de los 60 y los 70.

Así es.

¿Y qué hay de la evasión de impuestos de las empresas extranjeras, por medio del TLCAN?

El Tratado de Libre Comercio, es, en realidad, un tratado para la invasión económica de México y para poner una camisa de fuerza a la posibilidad de establecimiento de políticas propias de desarrollo de México en todos los sectores. Es una forma de sujeción, es una cierta forma de cárcel normativa, y vamos a ver una sola de las dimensiones que es el tema fiscal.

En el tema fiscal, vamos a poner un poco el orden de magnitud de las cifras, el total de la producción de bienes y servicios, el que se denomina Producto Interno Bruto, es decir todo lo que producimos los mexicanos en la agricultura, en la industria, los servicios, etc. Todo eso, vamos a cerrar la cifra en 20 billones de pesos.

El monto de los impuestos que se acaba de presentar en la iniciativa de Ley de Ingresos es del orden de los 5 billones de pesos. Vamos a hablar nada más de cifras muy gruesas, para referirnos a órdenes de magnitud, que quieren decir un 25% de ese 100%, que representa a todos los bienes y servicios producidos por el país.

¿Eso es poco o mucho? Bueno, comparémonos. Con Francia, el ingreso fiscal es el 50% del producto francés. Nosotros, el 25; Estados Unidos, el 32. Pero, ¿qué creen? Que los que pagamos el 90% de esos cinco billones somos los individuos, no las personas morales. Las personas morales, es decir las empresas, tributan aproximadamente el 10% de ese total de ingresos que se recauda.

Y podríamos analizarlo con mayor detalle y viendo sus implicaciones con las inversiones extranjeras, si lo consideran conveniente.

Hay una generosidad. Está bien que se den estímulos fiscales a las empresas, y todo, pero luego hay exenciones absolutas, hay una situación que no es pareja. No hay equidad en esto; no hay un impuesto a la extrema riqueza, como lo hay en otros países. Tampoco lo hay a la especulación.

Me quisiera referir a los impuestos que pagamos nosotros, los ciudadanos, las personas físicas. ¿Qué impuestos pagamos?

Bueno, pagamos el Impuesto al Valor Agregado, pagamos el IVA; también, pagamos el Impuesto Especial sobre Bienes y Servicios, el famoso IEPS (que es el que se aplica, por ejemplo, a la gasolina o a ciertos productos como licores y cigarros, etc.). Éste, lo pagamos como consumidores. Luego está el Impuesto sobre la Renta de los trabajadores.

En la empresa, en una empresa, todos los empresarios tienen la obligación de retener ese impuesto. Y, además, está el impuesto a las personas físicas, es decir, profesionistas que tienen actividades profesionales y que también emiten sus recibos, y entonces, también hay una retención sobre del IVA e Impuesto sobre la Renta. De manera que todo eso lo pagamos los individuos.

Entonces, los que se llaman ingresos tributarios, están conformados por todos estos impuestos que pagamos los individuos, más el Impuesto sobre la Renta de las personas morales, que son las empresas.

Bueno, en México, ese total de ingresos tributarios -que representan, aproximadamente el 12% del Producto Interno Bruto- de ese 12%, nosotros los individuos pagamos el 90% y las personas morales, aproximadamente un 10%. En otras palabras, representa, vamos a decir, del orden de un 3% del Producto Interno Bruto, aproximadamente,

¿Es mucho o es poco? Comparemos: en Japón, el impuesto sobre la renta empresarial representa 16% del producto; en Brasil, una cantidad similar. ¿Qué quiere decir? Que el esquema fiscal de México, es un esquema en que las grandes corporaciones no tributan.

¿Qué quiere decir esto? Que en México es atractivo para los inversionistas extranjeros, su carga fiscal en México muy reducida. Y, además, tienen otra protección adicional, porque México ha firmado tratados adicionales que impiden la doble tributación.

¿Qué quiere decir esto? Digamos que una empresa de capital extranjero que obtiene un peso de utilidad, tendría que pagar 30 centavos sobre el Impuesto sobre la Renta empresarial. Entonces, va y lo paga en su país de origen, cualquiera que sea este país. Y, con ese recibo de lo que pago allá, se presenta aquí, en la Secretaría de Hacienda, y dice: “Aquí esta lo que yo ya pagué, y con esto ya cumplo con el pago de impuestos en México”. Por eso estamos en una crisis fiscal permanente y por esa razón ha aumentado la deuda.

Eso explica por qué, en el año 2012, se entregó el anterior gobierno y, a partir del 2013, la deuda pública en el año 2012 representaba el 37% del Producto Interno Bruto y hoy represente el 49% del PIB. ¿Todo ese dinero por qué se contrató? Porque no ajustaban los ingresos y se tenía que mantener el gasto. Y porque aumentan los gastos financieros, que, ´por ejemplo, en el Presupuesto de Egresos para el año próximo son de como 600 mil millones de pesos, sólo de intereses, para esa deuda creciente.

Es evidente que la deuda está creciendo, incluso, más que todo el Producto Interno Bruto acumulado de los últimos cuatro años. Hay una anomalía de fondo.



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