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APUNTE / Impunes y corruptos
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Edición 359

26mini

*Lo que nos hunde como nación

*Un enorme costo social

*Con esa política que ves

*Ni a quién irle en México

*El erario, fondo de negocios

Culiacán del caos vial, los baches y los topes, Sinaloa. Lo hemos dicho y reiterado en este mar de la inconsecuencia y la simulación en que navega este país que ves: la corrupción y la impunidad, de la mano, representan quizás el mayor de los problemas.

Durante muchos a√Īos hemos cre√≠do que se hab√≠a tocado fondo, pero nuestra capacidad de asombro es rebasada todos los d√≠as, el fondo permanece intocado y se robustece a sus anchas.

Impunidad y corrupci√≥n, los nuevos jinetes apocal√≠pticos, encuentran referentes inconcusos en pr√°cticamente todos los √°mbitos de nuestra realidad nacional; pero, sin duda es en los espacios del poder p√ļblico y privado, donde la mayor responsabilidad se ubica. Cuesti√≥n de l√≥gica y sentido com√ļn.

El tema es tan recurrente como el problema que aborda, que parece insuperable. Las evidencias son m√ļltiples y cotidianas, sin soluci√≥n de continuidad.

No hace mucho, en el seminario ‚ÄúHablemos de Corrupci√≥n‚ÄĚ, convocado por diversas organizaciones, se encontr√≥ que el 63 por ciento de nuevos emprendedores no pudieron emprender cosa alguna porque se rehusaron a pagar un soborno.

Parece cosa menor ante la magnitud de lo que sucede en el √°mbito gubernamental y financiero privado, pero ilustra con claridad la generalizaci√≥n de ese lastre que nos tiene hundidos como naci√≥n. 

Y el pueblo termina pagando

Pr√°cticamente todos los inversionistas (que desde luego tienen su mira en la ganancia) opinaron que en M√©xico los negocios ni siquiera se pueden abrir si no se insertan en el ‚Äúmodus operandi‚ÄĚ: el soborno, la mordida, el ‚Äúmoche‚ÄĚ, el porcentaje y dem√°s tr√°calas.

Es una realidad también que, una vez instalados, casi todos, por no decir todos, los negociantes cargan el costo de la corrupción al pueblo consumidor.

Roby Senderowitsch, gerente del programa abierto de la Alianza Global para la Auditor√≠a Social del Banco Mundial (BM) sostiene que ‚Äúinhibir la corrupci√≥n es uno de los grandes desaf√≠os de las econom√≠as, porque es un factor que desalienta la inversi√≥n y genera p√©rdida de confianza en las instituciones p√ļblicas‚ÄĚ y llam√≥ la atenci√≥n sobre el hecho de que ‚Äúla corrupci√≥n no puede circunscribirse solamente al sector p√ļblico, pues tambi√©n existe en una buena proporci√≥n en el sector privado‚ÄĚ.

Una gran proporción, diría yo. La corrupción es un camino de ida y vuelta.

El BM destaca que no solamente es la corrupción, hay que agregar la falta de transparencia (en todos los ámbitos, aclaremos) y la impunidad que campea en países como el nuestro. En efecto, esos factores generan un profundo descontento social, frustran a la ciudadanía y son un obstáculo para el desarrollo.

El enorme costo social

No es, ni de lejos, un asunto que se pueda marginar de la agenda nacional. Cálculos recientes ubican en 740 mil millones de pesos el costo de la corrupción en México, cantidad que equivale a cuatro puntos porcentuales del producto interno bruto (PIB).

En el √°mbito oficial, donde se ubica la mayor responsabilidad y donde est√° la gran mayor√≠a de los beneficiarios de ese desfalco, es urgente y necesario vigilar, de a de veras, el uso de los recursos p√ļblicos; se requiere una contralor√≠a social que en verdad vigile, denuncie y promueva acciones legales.

Los recursos p√ļblicos no deben seguir aplic√°ndose al arbitrio de los gobiernos, que no atienden prioridades y privilegian sus negocios; que desatienden las necesidades colectivas y gastan en el relumbr√≥n que les garantiza el diezmo, el porcentaje y la cuota (diversas obras en Sinaloa, y en el municipio de Culiac√°n, cuya vida √ļtil de com√ļn se agota al terminarse, son un bot√≥n de muestra).

Los culpables, en las narices

Seg√ļn el empresario Miguel Alem√°n Velasco (hijo del ex presidente Miguel Alem√°n Valdez, cuya fortuna se explica por lo mismo) en M√©xico ‚Äúse ha perdido mucho tiempo en buscar culpables para los problemas que enfrenta el pa√≠s, cuando lo que resuelve la situaci√≥n es hacernos todos responsables‚ÄĚ.

Parece razonable, pero margina que hay de responsabilidades a responsabilidades y resulta que a pesar del tiempo que se dedica a encontrar culpables (que se encuentran) la gran mayoría sigue impune. El problema entonces, que no mira el heredero Alemán Velasco, es que la generalidad de los corruptos sigue a sus anchas y sin castigo.

De la informaci√≥n m√°s reciente, entre 2000 y 2015, las entidades federativas del pa√≠s da√Īaron al erario con desv√≠os de recursos y gastos sin justificar por alrededor de 312 mil 362 millones de pesos, seg√ļn ha dado a conocer el organismo ‚ÄúM√©xico Eval√ļa‚ÄĚ, que se especializa en finanzas p√ļblicas, con base en datos de la Auditor√≠a Superior de la Federaci√≥n (ASF).

265

¬ŅLa corrupci√≥n somos todos?

Es una pregunta que es necesario responder. No hay duda de que las prácticas corruptas permean a nuestra sociedad y están, por lo mismo, en casi todas partes, por no decir todas. Dígalo si no quien se ve en la necesidad de contratar un servicio, acudir a un taller, hacer un trámite.

Mientras que debido a la corrupci√≥n tenemos una ‚Äúclase pol√≠tica‚ÄĚ y gobernantes ricos hasta la ofensa y una cauda parasitaria que medra con el inter√©s p√ļblico, que sangra al erario y corrompe hasta la m√≠nima gesti√≥n (la burocracia excesiva, la sobre administraci√≥n, los requisitos innecesarios, los obst√°culos y la tramitolog√≠a, tambi√©n son y propician corrupci√≥n) la ciudadan√≠a es empujada, casi sin remedio, a esa red.

Llega un momento en que esas pr√°cticas son internalizadas y ‚Äúnormalizadas‚ÄĚ. Por lo mismo, adem√°s de se√Īalar las vigas en donde sin duda est√°n, hay que advertir que la corrupci√≥n ya permea el tejido social y se ha instalado en pr√°cticamente todos los √°mbitos de nuestra sociedad.

En el plano más terrenal las evidencias están a la vista. Basta con acudir a cualquier prestador de servicios, de lo que sea; realizar un trámite, solicitar un permiso o, en el extremo, tener que acudir a alguna corporación policiaca.

En la base de la política

Fue precisamente la corrupci√≥n end√©mica la que impidi√≥, como advertimos entre otros, que el financiamiento p√ļblico a los partidos se tradujera en un verdadero cambio de conducta, cerrando el paso a los recursos de dudosa procedencia, que siguen ah√≠, y los partidos simplemente entraron a un jugoso y car√≠simo negocio electorero.

La corrupci√≥n estaba, y est√°, en la base de esas estructuras. No se corrigi√≥, como condici√≥n de entrada, y los resultados est√°n a la vista. El IFE, ahora INE, y sus ep√≠gonos estatales, no son sino un reducto privilegiado para el usufructo siempre irregular de las ‚Äúprerrogativas‚ÄĚ a los partidos (las multas son una constante, a la vez que una simulaci√≥n) que son dineros del erario, es decir, del pueblo trabajador.

La corrupci√≥n es quiz√°s el principal problema que aqueja a este pa√≠s, la corrupci√≥n que es encabezada por los gobiernos de ‚Äúlos tres niveles‚ÄĚ y que parece no tener l√≠mite ni tocar fondo.

Pr√°cticamente al funcionario que le esculquen, si de veras se investigara y aplicara la ley, ir√≠a a la c√°rcel sin remedio. Para ello, desde luego, tendr√≠an que funcionar el ‚Äúsistema legal‚ÄĚ y el ‚Äúaparato de justicia‚ÄĚ que, hasta ahora, son una broma de mal gusto.

26Miguel Aleman Velasco

Que vengan las excepciones

Habr√° excepciones, toda regla as√≠ lo indica, pero son eso: garbanzos de a libra que no logran alterar el esquema general. Sin embargo, a√ļn en tan penosa situaci√≥n, con lo poco que se ha avanzado en la actor√≠a ciudadana, sobre todo por la presi√≥n p√ļblica, ahora es m√°s probable (antes solamente posible) que ex gobernadores, ex alcaldes y ex secretarios de esto y aquello sean enjuiciados y castigados.

Es necesario seguir en esa ruta, aunque muchas veces no sea el afán justiciero desde la oficialidad el que prive en tales casos (varios ya se han presentado) sino la rentabilidad política y el cálculo en la correlación de fuerzas que se aplica cuando los actores han dejado el poder relativo.

El hecho es que la corrupci√≥n en M√©xico, pese a onerosos aparatos creados para evitarla y que a la postre no operan sino como c√≥mplices y vulgares tapaderas de excesos injustificables y negocios leoninos (v√©anse si no la oficina de ‚Äútransparencia‚ÄĚ del gobierno de Sinaloa, la de ‚Äúfiscalizaci√≥n‚ÄĚ del congreso local y la tal Ceaipes) es una pr√°ctica que raya en la extrema impunidad.

El erario: un fondo cautivo

El erario es, en la práctica, un fondo cautivo, una chequera en blanco para el despilfarro criminal, mientras el grueso de la población mexicana sobrevive en la pobreza y en la miseria extrema.

Una ‚Äúclase pol√≠tica‚ÄĚ carente de la m√≠nima √©tica, parasitaria en m√°s de un sentido, se mueve a su antojo en el ejercicio del presupuesto, manoteando impunemente los dineros del pueblo que los mantiene.

Así las cosas, no se puede esperar más que la aprobación de los desmanes oficiales que más se evidencian, sin sombra de duda, a la hora de hacer cualquier revisión incluso rutinaria.

Por ejemplo, en el plano estatal, varias de las ‚Äúcuentas p√ļblicas‚ÄĚ que reci√©n ha dejado pasar (a una que otra la han puesto mo√Īos) el congreso de Sinaloa, como lo hace tambi√©n la C√°mara Federal en su caso, pese a ser un compendio de irregularidades que se inscriben en la obvia ilegalidad.

En el marem√°gnum nacional, el tipo de cambio sigue revolcado y la econom√≠a no repunta. Las culpas, desde la intolerable oficialidad, son del ‚Äúbuf√≥n peligroso‚ÄĚ (cada vez m√°s) Trump; de las tasas de inter√©s en Estados Unidos, de la ‚Äúvolatilidad‚ÄĚ financiera internacional y otros factores externos.

No se reconoce el saqueo del país por el capital transnacional y local, los privilegios y beneficios extraordinarios de los socios de la política, el predominio y control por parte de los especuladores y todo en un contexto de profunda incredulidad en las instituciones y de rechazo social plenamente justificado.

Tamborazos

-Van pasando los d√≠as, las semanas y vienen los meses. Nada resuelve las fiscal√≠as de esto y aquello, con todo y recompensas desveladas, en los casos de los periodistas asesinados en este pa√≠s que ves. Y ning√ļn otro caso, a tono con su proverbial incapacidad y negligencia ( Esta direcci√≥n electr√≥nica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla ).



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