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Edición 410

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ABRAHAM GARCÍA IBARRA

(1939-2020)

HONOR A QUIEN HONOR MERECE

Los hombres se van, sus ideales quedan.

Dedicado a su esposa Elva Elena Gárate y a sus hijos.

HOMBRE DE LAS MIL BATALLAS, durante más de medio siglo Don Abraham García Ibarra ejerció el periodismo profesionalmente. En los últimos 20 años lo hizo desde el Club de Periodistas de México —en Filomeno Mata 8, Centro Histórico de la Ciudad de México—, como redactor en la revista Voces del Periodista y brazo derecho de Mouris Salloum George, el Director General y colaborador por igual de Celeste Sáenz de Miera, en Voces del Periodista Radio.

DESDE ESTA TRINCHERA —que registró como la mejor de su vida periodística, según dijo en varias ocasiones—, García Ibarra lanzó sus ideas, sus luchas ideológicas, sus críticas al poder que aparecieron en las primeras planas de Voces, medio impreso plural y diverso, crítico de vanguardia en temas de interés nacional e internacional. Así como desde el portal web (www.vocesdelperiodista.com.mx), donde pueden leerse sus columnas.

Por lo mismo, el personal del Club y los colegas reporteros están de luto, acompañando a la familia del periodista y escritor en su dolor. Fue la pandemia del covid-19 que se llevó este 7 de octubre la vida de un amigo, de un colega y compañero, de un periodista de oficio, entregado y de gran corazón, amante de las letras, a los 81 años de edad.

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Sin el yo por delante

Hombre de la vieja guardia, de los últimos 50 años por lo menos, con ideas a flor de piel, siempre lúcido y abierto a cualquier invitación o provocación para remembrar, reflexionar o rascarle lo mejor al anecdotario personal, aún y cuando renegaba del yoísmo al escribir, era hombre de palabras como letrado.

Así se refirió al tema en 2016: “Por una arraigada e incurable vocación gregaria, en mis vidas personal y reporteril me resulta difícil practicar el yoyismo. Excepcionalmente, solicito al lector licencia para darle a mis temas editoriales carácter de testimonio, simplemente para acreditar mi condición de testigo. Esta es una de esas ocasiones”. (Proyecto 3, Sinaloa, Semanario, diciembre de 2016, edición 158).

García Ibarra llegó al periodismo a muy corta edad, a los 15 años. Nacido en Mazatlán, Sinaloa, el 23 de octubre de 1939, comenzó su labor en este oficio como linotipista y redactor entre 1954 y 1955.

Rememora: “Cuando en 1954 nos iniciamos en el oficio periodístico, en Mazatlán, Sinaloa, todavía consignamos los estragos y rencores familiares y sociales causados por los ajustes de cuentas derivados de los sucesos políticos de una década atrás.”

Comenzó en el linotipo, “desde abajo”, en las tripas del diarismo: los talleres donde nace el amor a las letras y a las palabras, donde se fragua la camiseta, del olor a tinta y la magia del papel impreso, de las primicias.

Claro que la otra parte del oficio se divide entre la calle y la sala de redacción; desde donde surge la nota y donde se escribe, en la sala de redacción de los medios. El crisol de los grandes reporteros, también de muchos escritores de renombre.

Por ello, México es fuente de pilares del periodismo, pese a cualquier cantidad de limitaciones y trabas impuestas desde el poder para el libre ejercicio. Lo fue en los siglos XIX y XX, lo es ahora en el XXI.

Baste citar, como lo hace nuestro autor, algunos nombres de la etapa final del periodismo en México como Manuel Buendía Tellezgirón, Miguel Ángel Granados Chapa, Virgilio Dante Caballero, Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska, del “oficio que suma centenares de nombres de obreros de la pluma”. Los periodistas de otros tiempos se cuentan por decenas.

  • In Memoriam: Sobre las andanzas de un hombre dedicado a tan noble profesión en México
  • Luchador incansable de las letras, forjador de ideas, activo de la libertad de expresión

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Trayectoria en firme

Pasó 13 años —entre 1955 y 1968— formándose como reportero y redactor, jefe de información de El Sol del Pacífico y en los Siete Soles de la Cadena García Valseca, así como cofundador de la revista Vértice y editor del semanario Avante. De la siguiente etapa publicó, Origen y Destino (recopilación de columnas y materiales periodísticos 1972-1973).

Luego, entre 1974 y 1978, creó El Correo de la Tarde un medio propio. Ahí probó lo que significan la urgencia de armar la información y las presiones de contar con los ingresos suficientes para obtener la quincena, pagar los salarios de los reporteros y comprar el papel para la impresión del diario. Muchos, sin el capital necesario, se quedaron en ese proceso.

De esa época, dice Ibarra, “En 1974, por mis propios medios edité un cuaderno bajo los títulos: Sinaloa, ¿Estado torpe o reino de la barbarie? ¡Oligarquía sí! Cuando los latifundios se fertilizan con sangre, un relato reporteril sobre el descenso, meses antes, de los paracaidistas comandados por el general Hernández Toledo, ‘el prócer del 68’, sobre el Valle de Culiacán.

“El objetivo de aquella operación militar fue la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), cuyas corrientes de avanzada abrazaban apasionada y valerosamente la lucha social”. (Cit. Proyecto 3).

Todavía quienes llegamos a la Universidad a mediados de los años 70, y nos tocaron reductos del movimiento estudiantil del 68, como el proyecto CCH-UNAM, con planes de estudio reactivos, algunos profesores que vivieron en carne propia la represión y otros que inclusive participaron en la guerrilla, fuimos testigos del activismo y compromiso de los estudiantes de la UAS, a que se refiere García Ibarra. Luego nos relataría que, junto a la de Puebla y Guerrero, la UAS estaba en la “lista negra” de las universidades “exterminables” para el presidencialismo priista.

De Sinaloa, a la crítica del modelo neoliberal

Ya en 1968 saltaría a la palestra del diarismo nacional como reportero, cronista columnista y editor de El Día (escuela en sus buenos tiempos de grandes reporteros del gremio, así cobijo de tantos exiliados chilenos, argentinos, uruguayos tras el golpismo de las dictaduras latinoamericanas), de Enrique Ramírez y Ramírez, y hasta 2001 a lo largo de tres períodos.

“Precisamente en octubre de 1968 —dice Ibarra— eché pie en la Ciudad de México: Me consta la heroica militancia clandestina de los hombres de izquierda, particularmente los activos en el Partido Comunista Mexicano (PCM)”.

Entre 1978 y 1980, García Ibarra incursionó en la televisión. Como cofundador del noticiario Enlace y coordinador editorial Del dicho al Hecho en canal 11. Además de guionista de Especiales en canal 13.

“Hacia 1988 —escribió en 2016—, como consta en memorias impresas, registré en páginas periodísticas la usurpación del poder presidencial por el priista Carlos Salinas de Gortari”. Continúa:

“Y me anclo momentáneamente en la década de los ochenta, por una elemental razón: México entró al umbral del modelo neoliberal, incubado en universidades extranjeras, que, al tiempo, impone como marca de la casa la hostilidad hacia la Universidad Pública mexicana.

“El sello inaugural de ese modelo fue, y es hasta la fecha, el reclutamiento de cuadros ‘de excelencia’ formados en las universidades privadas, de preferencia extranjeras, para confiarles la gestión de las políticas públicas del Estado mexicano”. Obviamente con el impulso de una formación elitista, discriminatoria y excluyente “hacia los de abajo”.

Un modelo neoliberal, con el que coincidimos con el autor, que impuso un tufo fascista en la educación, y atentó siempre contra los derechos sociales del pueblo mexicano, inspirados en las tesis de Milton Friedman. Un modelo que resultó verdadero lastre, destruyó las economías y aspiraciones de los pueblos aplicado a nivel mundial.

El antecedente, en palabras del mismo García Ibarra, radica en el “tránsito del modelo político-económico mexicano hacia el neoliberalismo, no se dio en el vacío ideológico”. Y viene el referente del injerencismo estadounidense en México, como en la región latinoamericana.

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El intervencionismo de la CIA

Un intervencionismo que, en el tiempo ha durado décadas destruyendo las economías, impactando para debilitar a los Estados como entes sólidos aptos para resistir intervencionismos del exterior. Males que llegan hasta nuestros días. Tema de ocupación y preocupación de periodistas comprometidos como nuestro autor.

“Hacia finales de la década de los 70, agrega Abraham, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, convocó en Nuevo México a tanques pensantes norteamericanos para trazarle la carta de ruta al gobierno republicano de Ronald Reagan, en lo que se conoció en 1980 como Documentos de Santa Fe, que al tiempo se metamorfoseó en (el) Consenso de Washington”.

Estos “documentos”, fueron el zafarrancho de la CIA contra el activismo izquierdizante en América Latina… contenían el diagnóstico sobre la crisis de los precios del petróleo provocados por los gobiernos inscritos en la OPEP, y proscribían el control de las reservas petroleras latinoamericanas, con particular énfasis en Venezuela y México, según Richard M. Nixon (en La Verdadera Guerra, la Tercera), expuestos a caer en la órbita URSS-Cuba. (En “Minería: La industria de la Muerte”, El Correo de la Tarde, 11 de agosto de 2013).

Entre 1990 y 1994 García Ibarra fungió como comentarista y editor de Jueves de Excélsior, colaborador del matutino Excélsior y en Últimas Noticias. De 1995 a 2002 colaboró en La Jornada, como coordinador editorial Anuarios del diario. Asimismo, colaborador de la revista La Crisis.

En esta última, publicación semanal de Carlos Ramírez, fue cuando conocí a Abraham García Ibarra, pues me tocó corregir y editar sus escritos, al participar como redactor de la misma revista durante varios años. De entonces me quedó clara su línea de pensamiento, su necesidad de aportar ideas siempre para un México mejor.

Sin omitir su participación de 1992 a 1997 como director de La República, el órgano oficial del PRI, y sus colaboraciones en la revista teórica Línea del mismo partido.

A partir de 2002 —con un breve intervalo— y hasta el día de su deceso, se convirtió en colaborador clave de Voces del Periodista. Se incorporó como Coordinador Editorial y llegó a Director Editorial.

La entrega

García Ibarra fue un hombre que vivió con intensidad, como cuando la vida personal se vuelve pública de la mano del periodismo. De charla amena, platicaba sus vivencias e impresiones, de los colegas, de los políticos. Como escribía de los gobernadores, de presidentes y en general de la vida pública del México que le tocó vivir, desde la década de los 50 por lo menos a la fecha.

Tan solo, comenta: “Desde Sinaloa y en la Ciudad de México, durante poco más de medio siglo hemos visto cruzarse la banda presidencial a nueve jefes de Estado y de Gobierno. Siete del PRI y dos del PAN. En Culiacán, Sinaloa, hemos visto ingresar a Casa de Gobierno a doce mandatarios estatales; todos, con fierro priista.”

Sus ideas, siempre sobre el México que amó, y como crítico del sistema político unipersonal o de un solo hombre, quedan como ejemplo para la reflexión, para el recuento, para dilucidar parte de las últimas décadas agónicas del presidencialismo y sus vicios, de un sistema en descomposición que caducó por sus fueros.

Cuando los hombres se van queda el vacío. Es cuando aparece la nostalgia por los idos. Ocurre con los grandes pensadores sobre los que se fincan los ideales de los pueblos. Sucede, en el periodismo, con los guerreros donde la pluma es la mejor arma para sentar las bases de la historia.

García Ibarra fue ejemplo para muchos, maestro de tantos más. Por su trayectoria, por su pluma, sus escritos, su tenacidad y entrega y un carácter siempre alegre. El covid-19 le arrancó la vida.

No pudo despedirse, salvo telefónicamente de unos pocos amigos, como su entrañable Mouris, compañero y amigo de batallas. Y a quien le habría soltado, por el mismo padecimiento, las siguientes palabras, que serían las últimas: “¡No me vayas a dejar solo contra estos cabrones (de la derecha)…!, dijo riéndose. ¡Tú puedes maestro, tú puedes!”. A lo que Mouris le respondió: “¡Pero son un chingo!”. “¡Tú puedes Maestro!”, le reviró. Y esa fue la despedida.

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De sus libros

Ibarra escribió algunos libros. Como Apogeo y Crisis de la Derecha en México (1985). Y este otro: Los bárbaros del Norte. La Contra Mexicana (1988).

Aquí, escribió un párrafo que hoy tiene tremenda actualidad, como hablar del presente donde la derecha está movilizada ahora tratando de “derrocar” al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Dijo lo siguiente: “Es moralmente imposible el triunfo de la reacción en una nación cuyo pueblo ha cruzado y resurgido, mermado pero airoso, de los turbulentos y ensangrentados escenarios de Tres Revoluciones para afirmar su identidad nacional, construir su independencia, fincar dolorosamente pero sólidamente su soberanía, modelar y remodelar imaginativamente los principios de una democracia en la libertad y justicia no sean pura abstracción ni conceptos excluyentes o contradictorios, como luego suele ocurrir, sin la puntual y concreta coincidencia doctrinaria en la hora histórica que todo pueblo exige e impone para estar y ser mejor”. Y cierra lapidariamente con una pregunta: ¿…El triunfo de la reacción es objetivamente posible? La contestación es: No”. (p. 15).

Los tiempos son otros, como las circunstancias, pero esta idea parece escrita para parodiar en 1988 un futuro que ya nos alcanzó este 2020. Como muchas otras ideas —¡de los últimos 20 años!— de Abraham, que están ahí para la reflexión, en las páginas de Voces del Periodista.

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Conclusión

Valga decir ahora, para terminar, que el escenario de actualidad precisa replantearse el problema —muy delicado, por cierto— del golpe de Estado, desde la óptica del “golpe suave” y la “guerra híbrida”, muy empleados en América Latina para derrocar a los gobiernos “indeseables” a Washington.

Porque las derechas se prestan a la impronta de los intereses extranjeros, sin importar los principios ni la historia o el interés de los pueblos. Y por otra razón: En México la derecha es reaccionaria, entreguista y traicionera a los intereses nacionales. Porque los únicos intereses son los propios, los privados; no importan los pueblos. No tienen llenadera, a tanto atropello neoliberal.

Por ahora, y porque así cerraba sus escritos Abraham García Ibarra: “Es cuanto”. In Memoriam.

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Escrito: 10-11 de octubre de 2020.

 



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