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Periodismo en México, la larga noche y los retos para el 2020
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Edición 400

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M√°s que cr√≠tica, la situaci√≥n por la que atraviesan los periodistas en M√©xico en la presente coyuntura, definida entre el pasado reciente y el a√Īo que comienza. Revisemos un tanto el tema.

Periodismo en México, la larga noche y los retos para el 2020

Salvador Gonz√°lez Brice√Īo

‚ÄúComo en la ciencia social no existen la objetividad, tampoco hay periodismo sin compromiso con la sociedad, m√°s que al poder‚ÄĚ.

Los retos son de supervivencia, y podemos resumirlos en dos: 1) lucha por la vida propia, dado el acoso a la profesión por la violencia, amenazante como espada de Damocles y; 2) la urgencia de adoptar las nuevas tecnologías que están revolucionando aceleradamente la actividad.

El contexto económico, político y social, de corrupción e impunidad

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LA AMENAZAque genera la violencia se convierte en realidad por los cr√≠menes perpetrados contra periodistas en los √ļltimos a√Īos, est√° y seguir√° presente en 2020 lamentablemente hasta en tanto no se modifiquen las pol√≠ticas y los compromisos desde los tres niveles de gobierno para atender el problema.

Además, dados los despidos, el desempleo masivo en la profesión generada por los empresarios de los medios de comunicación tradicionales, el reto de los periodistas para sobrevivir radica en la especialización de cualquiera de las opciones que se abrieron desde la innovación de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación).

Por cierto, que el buen uso las nuevas herramientas abre oportunidades que permiten, por un lado, cierta independencia en el ejercicio de la profesión y, por otro, la posibilidad de obtener ingresos propios de los lectores o consumidores del tipo de productos informativos generados.

De la libertad de expresión al derecho a la información de la sociedad

La profesión sigue poniendo los muertos

LOS CR√ćMENES perpetrados contra periodistas en los √ļltimos a√Īos, continuaron durante el √ļltimo a√Īo, el 2019, en el marco del nuevo gobierno distinto a los tradicionales PRI-PAN. Ahora con el partido Morena, encabezado por el presidente Andr√©s Manuel L√≥pez Obrador.

Es decir, con el cambio de r√©gimen pol√≠tico que se dio en 2018 la situaci√≥n de violencia de los √ļltimos gobiernos no cede, incluso se compara con los anteriores. Fueron 15 los periodistas asesinados al cierre de diciembre 2019. La cifra crece al total que reporta la CNDH, que registra 147 desde el a√Īo 2000 (hay cifras distintas dependiendo de la instituci√≥n, pues para Art√≠culo 19, por ejemplo, son 131).

Todos los ca√≠dos en relaci√≥n con su trabajo period√≠stico. Acumulados en lo que puede calificarse como larga noche para los periodistas de M√©xico en las √ļltimas d√©cadas, tan grave como Irak o Siria, pa√≠ses en guerra declarada.

Cierto que los cr√≠menes tienen como trasfondo el ambiente de inseguridad generalizada que se padece en el pa√≠s en las √ļltimas d√©cadas, pero tambi√©n de una carencia de justicia, de una impunidad rasante.

En el sentido del acoso, el gremio enfrenta tambi√©n un doble reto: liberarse de las amenazas de los acosadores para salir vivo, as√≠ como cuidarse de la desprotecci√≥n no brindada desde el Estado, porque los procedimientos o ‚Äúmecanismos‚ÄĚ entregan resultados a medias.

La criminalidad impune, presente con los gobiernos de Fox, Calder√≥n y Pe√Īa, subsiste a un a√Īo de ejercicio del gobierno de L√≥pez Obrador. Y en tanto las fiscal√≠as estatales y la propia FGR no act√ļen, se atraigan los casos de los periodistas asesinados al nivel federal, la violencia seguir√° cobrando vidas. Sean autoridades gobernantes de los niveles municipal y estatal o polic√≠as y pistoleros a sueldo del crimen organizado.

La realidad es lamentable, en tanto no se valore el papel que tiene el periodista en la sociedad.

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¬ŅA qui√©n compete la protecci√≥n de los periodistas?

Al Estado, por varias razones. Porque al Estado le corresponde la seguridad p√ļblica de los ciudadanos en general ‚ÄĒy de los periodistas en particular‚ÄĒ, y por tratarse de un mandato constitucional, tanto en materia de derechos humanos como de la libertad de expresi√≥n y el derecho a la informaci√≥n. Todo ello, m√°s all√° de las particularidades legislativas en cualquiera de los estados del pa√≠s, es una obligaci√≥n de los gobiernos, federal, estatal y municipal.

Todavía más, con agregado que esta serie de preceptos forman parte también de los tratados internacionales suscritos por los distintos gobiernos de México, y que se trata de los principios obligados para cualquier país que se jacte democrático o aspire a serlo.

Por todos estos principios, constitucionales y legales, es que al Estado le compete y est√° obligado, primer√≠simamente, a la protecci√≥n tanto de la profesi√≥n en materia de prevenci√≥n contra cualquier amenaza a quienes ejercen el periodismo, como a garantizar que el aparato de justicia realice todas las indagatorias correspondientes y necesarias (agotando cualquier l√≠nea de investigaci√≥n en cada caso), para no dejar en la impunidad ning√ļn crimen cometido contra periodista alguno.

Sabemos que una cosa son las obligaciones de los gobiernos y otra los hechos, precisamente en eso se centra parte de la vulnerabilidad del periodista, en la fragilidad del Estado neoliberal para renovar el sistema de justicia, tan obligado para el combate a la impunidad. Eso no ocurrió antes, pero al cambio de gobierno se espera que la situación sea, precisamente, otra.

La falta de justicia y de castigo a los asesinos de periodistas, sean materiales o intelectuales, alienta a seguir delinquiendo, sean pistoleros a sueldo del crimen organizado o autoridades policiacas, municipales o estatales.

La impunidad heredada por el sistema presidencialistas pripanista, es un lastre que, acompa√Īado de la corrupci√≥n ha generado un clima de descomposici√≥n interna lamentable, no solo para aclarar los cr√≠menes de periodistas sino de los miles de asesinatos generados por la delincuencia organizada o los c√°rteles de las drogas, en todo el pa√≠s desde que la violencia se apoder√≥ de las calles en todo M√©xico, desde el 2006 a la fecha.

¬ŅC√≥mo se lleg√≥ a esto? El modelo neoliberal

PARA UNA REVISI√ďN m√≠nima al estatus lamentable que como pa√≠s hemos alcanzado, basta ir al contexto nacional, donde por un lado la violencia se ha apoderado del territorio nacional ‚ÄĒdesde que se desat√≥ la ‚Äúguerra contra el narcotr√°fico‚ÄĚ‚ÄĒ, marco en el cual se han perpetrado los asesinatos contra periodistas.

El modelo neoliberal es el trasfondo econ√≥mico, pol√≠tico y social. Tenemos un pa√≠s producto de las pol√≠ticas aplicadas por los gobiernos del PRI ‚ÄĒdurante 76 a√Īos‚ÄĒ y del PAN ‚ÄĒpor 12 a√Īos, los dos sexenios desastrosos de Vicente Fox Quesada y el de Felipe Calder√≥n Hinojosa‚ÄĒ, que derivaron en descomposici√≥n todo terreno durante las √ļltimas d√©cadas (36 a√Īos de neoliberalismo).

Es el fruto de las pol√≠ticas adoptadas en el pa√≠s a exigencia, primero del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), as√≠ como del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canad√° (TLCAN), y luego por el Consenso de Washington en el contexto de la globalizaci√≥n. Directrices surgidas en el exterior, pero aplicadas y convertidas en pol√≠ticas p√ļblicas por los presidentes en M√©xico, desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Pe√Īa Nieto.

Fue una larga noche neoliberal que se apoyó en gobiernos ilegítimos, o viceversa porque también los presidentes ilegítimos voltearon hacia afuera para obtener un reconocimiento que no les otorgó la voluntad popular en las urnas. Se trata, principalmente, de las presidencias de Carlos Salinas de Gortari y la de Calderón.

S√≠, la ‚Äúlegitimidad‚ÄĚ fue el sello de ambos presidentes, porque su triunfo no eman√≥ del voto ciudadano. Con Carlos Salinas se quemaron las boletas electorales para borrar las pruebas del fraude; de Calder√≥n fue la autoridad electoral quien otorg√≥ un aval oscuro, de carpetazo. Ambos fueron gobiernos ileg√≠timos.

Ambos, tambi√©n, los sexenios m√°s desastrosos para el pa√≠s, con todo y los dem√°s no se salvan, como ejecutores del modelo neoliberal, desde Miguel de la Madrid a Pe√Īa Nieto.

Fueron Salinas y Calder√≥n los que utilizaron la fuerza para infundir miedo en la poblaci√≥n, para apaciguar la inconformidad, pero terminaron atizando la violencia, generando descontento y repudio generalizado entre la poblaci√≥n. Tuvieron, s√≠, una ‚Äúlegitimidad‚ÄĚ forzada a cuenta del aval de un vecino como el estadounidense: Ronald Reagan apoy√≥ a Salinas, y George W. Bush a Calder√≥n, a cambio de mayor injerencismo en ambo casos.

Con la pol√≠tica neoliberal y el TLCAN, Salinas sent√≥ las bases para ceder soberan√≠a y desfondar la econom√≠a de los mexicanos ‚ÄĒsalvo las minor√≠as econ√≥mica y pol√≠tica, privilegiadas con la privatizaci√≥n de los bienes p√ļblicos‚ÄĒ, creando el hundimiento de la poblaci√≥n en la pobreza, entre otros lastres. Calder√≥n, con su guerra ‚Äúcontra el narcotr√°fico‚ÄĚ, se encarg√≥ de generalizar la violencia por todo el pa√≠s, lo que criminaliz√≥ a la sociedad aparte de dar manga ancha al narcotr√°fico (el tema Garc√≠a Luna es sintom√°tico).

Con Salinas, sin opciones para la economía de las familias tras la desestructuración del Estado, florecieron las actividades ilícitas, de la economía informal a la ilegal; con Calderón, se violentó a la sociedad por el crimen organizado, los asesinatos, las desapariciones, los desplazados, las viudas, los huérfanos, etcétera.

Durante el sexenio de Carlos Salinas se achic√≥ al Estado y la econom√≠a se entreg√≥ a los brazos del ‚Äúlibre mercado‚ÄĚ, pero se desestabiliz√≥ al sistema pol√≠tico con los asesinatos del candidato presidencial Colosio, el cardenal Posadas; con Felipe Calder√≥n se formaliz√≥ la ilegalidad y asent√≥ la corrupci√≥n desde el poder ‚ÄĒdurante el gobierno de Enrique Pe√Īa Nieto, al retorno del ‚Äúnuevo PRI‚ÄĚ, solo se profundiz√≥‚ÄĒ; el hecho es que los tres gobiernos causaron da√Īos incuantificables a los mexicanos.

Por ello el saldo es un país en plena descomposición, o un profundo impacto social. Cabe preguntarse incluso cuánto faltó para llegar a la conformación de un narcoestado, o a la instalación del crimen organizado en el gobierno, como quedó de manifiesto en algunos estados durante el régimen pripanista.

Esas circunstancias generalizaron la violencia en el pa√≠s. En la administraci√≥n de Pe√Īa Nieto el n√ļmero de asesinatos fue de 126 mil 330 comprobado con carpetas de investigaci√≥n. Con Calder√≥n fueron 103 mil 537 asesinatos. Y al primer a√Īo de L√≥pez Obrador la cifra es ya de 30 mil asesinatos, las m√°s alta registrada en a√Īos anteriores.

Solo como ejemplo, al primer semestre de los √ļltimos a√Īos (homicidios y feminicidios): 2017 fueron 13,918; a 2018 el registro de 16,585 y al 2019 se acumularon 17,065, entre enero y junio de cada a√Īo. Por lo que la violencia sigue, pese a los cambios hasta ahora de la estrategia de seguridad que comprende a la pol√≠tica social y la presencia de la guardia nacional.

Esto describe el marco de la violencia contra los periodistas. De la mano del negocio de las drogas, la producción, el trasiego, la demanda desde el principal mercado estadounidense, la permisibilidad de las bandas para desarrollar el negocio, la infiltración de autoridades locales y los cuerpos policiales; el tráfico y venta de armas desde el mercado estadounidense; la corrupción en el sistema de justicia en el país que abrió las puertas a la impunidad hacia la criminalidad, etcétera. Es a lo que nos referimos (supra) en la práctica a la fragilidad del Estado, donde el marco es el modelo neoliberal.

400k

El 40 por ciento del PIB en manos del narco

AL BREVE CONTEXTO hay que agregar que es el espacio en donde el pa√≠s padece de todo: crisis econ√≥mica permanente con tasas de crecimiento cero (el 2 por ciento del PIB promedio es anulado por la mano de obra incorporada al mercado laboral cada a√Īo), desarticulaci√≥n de la producci√≥n y los servicios, todos los beneficios para el sector financiero, interno y sobre todo del extranjero (v√©ase verbigracia, la banca extranjera, acaparando el sistema bancario mexicano).

Además, la creciente inestabilidad del sistema político, al punto de la ingobernabilidad; un sistema judicial con alto grado de la desconfianza social; un poder legislativo carente de representatividad, y el sistema electoral con credibilidad en juego, en los procesos estatales y nacionales.

Caldo de cultivo para el florecimiento de actividades ilegales e il√≠citas de todo tipo; hoy se calcula que un 40 por ciento del PIB nacional ‚ÄĒsi no es que m√°s‚ÄĒ corresponde a recursos procedentes del narcotr√°fico. La generalizaci√≥n de la violencia por el negocio de las drogas, donde los c√°rteles y el poder han ampliado el terreno de acci√≥n a todo el pa√≠s.

Es claro que, si el negocio de las drogas creci√≥ exponencialmente tanto internamente como hacia afuera, hacia el principal pa√≠s consumidor de drogas, es por la corrupci√≥n y la colusi√≥n de los poderes establecidos, por complicidad o amenazas. Por lo mismo se desbordan otros delitos: el secuestro, la trata de blancas, el robo de ni√Īos, el tr√°fico de √≥rganos, la trata de personas, el cobro de piso, etc√©tera.

En tanto la corrupción y la impunidad se desbordan al interior del sistema, dos brazos del mismo Frankenstein neoliberal creado desde el poder.

En este ambiente de violencia generalizada se cre√≥ el clima propicio para el acoso de los periodistas cuyo √ļnico pecado ha consistido en revelar acciones de las autoridades locales, y el que mucha de la informaci√≥n tenga nexos il√≠citos, actos de corrupci√≥n o implicaciones con el crimen organizado. Eso no es invento del periodista.

Sobre los medios de comunicación

LOS MEDIOS de comunicaci√≥n tradicionales en M√©xico no albergan la tradici√≥n de ser cr√≠ticos al poder. Han vivido del presupuesto, los due√Īos de dichos medios se han enriquecido con la publicidad del Estado concentrada en unos cuantos, desde los tiempos del porfiriato. El dicho aqu√©l de Jos√© L√≥pez Portillo, ‚Äúno pago para que me peguen‚ÄĚ rigi√≥ por d√©cadas la relaci√≥n de los medios con el poder, al grado de la sumisi√≥n; como ser ‚Äúsoldados‚ÄĚ del presidente, seg√ļn lo declar√≥ en 1982 Emilio Azc√°rraga Milmo, el due√Īo de Televisa.

Dependencia y entreguismo de los medios al poder devino a la postre en descr√©dito para la prensa en general. Ello incluy√≥ a los generadores de la llamada opini√≥n p√ļblica, y a un buen n√ļmero de ‚Äúintelectuales‚ÄĚ, los ‚Äúorg√°nicos‚ÄĚ del sistema.

La p√©rdida de confianza se gan√≥ a pulso. El ‚Äúcuarto poder‚ÄĚ se desfond√≥ tambi√©n. Es el origen de la consigna ‚Äúprensa vendida‚ÄĚ. Se salvan solo quienes nunca se sujetaron a pr√°cticas corruptas, ejerciendo a contracorriente un periodismo cr√≠tico apegado a las causas sociales, como la llamada prensa alternativa o prensa cr√≠tica.

400l

Fue el servilismo al poder de la prensa (televisión, radio e impresa) en México, que se pervirtieron tanto los derechos de los ciudadanos a ser informados (el derecho a la información a la sociedad), como a la libertad de expresión de los periodistas.

Tan solo en las √ļltimas d√©cadas, desde aquellos estados del pa√≠s en donde se gestaron y anidaron el contubernio entre el crimen organizado y las autoridades locales, as√≠ como los actos de corrupci√≥n denunciados por los periodistas desde donde comenzaron los asesinatos.

La crisis en los medios

¬ŅQU√Č OCURRE con los empresarios de los medios? Sobre todo los grandes empresarios son los beneficiarios con las prebendas del Estado durante las √ļltimas d√©cadas ‚ÄĒla misma pol√≠tica desde el porfiriato hasta Pe√Īa Nieto‚ÄĒ. Es decir, solo hasta el presente gobierno est√°n cambiando los criterios para el ejercicio de la pauta publicitaria, donde los montos han cambiado.

El gobierno de Pe√Īa Nieto, por ejemplo, gast√≥ durante su gesti√≥n (2012-2018) unos 60,000 millones de pesos, y solo en 2018 por ser a√Īo electoral 8,988 millones de pesos. En 2019 el gobierno de Obrador gastar√≠a ‚ÄĒanunci√≥ primero‚ÄĒ 4,200 millones, pero luego Comunicaci√≥n Social dijo que la cantidad se ajustar√≠a a 5,800 millones de pesos; lo que equivale al 35 por ciento del √ļltimo a√Īo de Pe√Īa.

Sigue siendo mucho, pero mejor empleado (se ver√° en la cuenta p√ļblica 2019) si es que se respeta la regla, de ‚Äúprohibir que un medio de comunicaci√≥n concentre un porcentaje mayor a 25% de la pauta publicitaria‚ÄĚ. Porque antes los grandes beneficiarios, las televisoras amasaban casi 50 por ciento del total. Eso ya es un avance contra la centralizaci√≥n de los recursos.

Sin olvidar que el de Pe√Īa fue un sexenio ‚Äúmedi√°tico‚ÄĚ, el hecho es que los medios de comunicaci√≥n eran leales al sistema a cambio de recursos. El principio de ‚Äúno pago para que me peguen‚ÄĚ, rigi√≥ dicha relaci√≥n por d√©cadas. De ah√≠ la prensa de ‚Äúboletines‚ÄĚ o ‚Äúlo que usted diga Sr. presidente‚ÄĚ; eso s√≠, al costo de no ejercer un periodismo independiente.

Por esto se les termina en cierto modo el negocio de los empresarios de los medios tradicionales, pero a cuenta de ello su primera reacción ha sido despedir a los trabajadores, a los periodistas en general.

Es decir, que el impacto por el recorte en publicidad del actual gobierno no es tanto para los due√Īos como para periodistas y reporteros. Las cifras no est√°n claras de los despidos a la fecha, pero se habla de cientos o miles ‚ÄĒhay cifras desde 5 mil a 10 mil (sic)‚ÄĒ. Sin olvidar los medios p√ļblicos IMER, Canal 11, 14 y Notimex, donde los despidos llaman al esc√°ndalo.

A contracorriente, no existe alg√ļn llamado desde el Estado a los empresarios de los medios para evitar los despidos, por lo que tambi√©n en materia de empleo los afectados son los profesionales de los medios, los que hacen la labor de informar y, como sea, han sostenido a las empresas hoy en declive.

Se suma a lo anterior el desprestigio de los medios tradicionales, por el entreguismo al poder. Eso mismo ha deteriorado la presencia desgastada ante la sociedad, a la vez que plantea el reto para dichos medios, que es la adaptación a las nuevas formas de hacer periodismo, pues hoy se trata de esa suerte más bien dicho de ciberperiodismo.

En este nuevo escenario es en donde se abren las oportunidades para aquellos periodistas realmente preocupados por encontrar un empleo, en apostarle a los lectores de noticias o consumidores de informaci√≥n profesionalmente trabajada, en estos espacios abiertos en donde abundan junto a las redes sociales ‚ÄĒy las fake news‚ÄĒ y los youtubers, que est√°n jugando ciertamente su papel, pero no siempre con el rigor de los profesionales ni con la responsabilidad que la sociedad requiere.

El tema de la libertad de expresión

400m

LA VIOLENCIA que quita la vida a un periodista es un atentado contra la libertad de expresi√≥n. Y es, precisamente al Estado ‚ÄĒcomo lo hemos dicho ya‚ÄĒ a quien corresponde su libre ejercicio y defensa.

‚ÄúNo se mata la verdad asesinando periodistas‚ÄĚ, es la consigna de rabia e impotencia del gremio cuando protesta por tantos cr√≠menes, a la falta de respuesta de las autoridades de los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal; as√≠ como de los tres poderes de la uni√≥n: legislativo, ejecutivo y judicial.

A lo m√°s, tibias acciones ahogadas en un mar de impunidad, como sello de los √ļltimos gobiernos al menos del a√Īo 2000 a la fecha. La autoridad parece dejar de lado que se trata ‚ÄĒni m√°s ni menos que‚ÄĒ del ejercicio de la libertad de expresi√≥n de unos y del derecho a la informaci√≥n de todos; ambos principios fundamentales e irrefutables para cualquier sociedad con aspiraciones democr√°ticas, adem√°s emanadas de la Constituci√≥n Pol√≠tica de los Estados Unidos Mexicanos.

Por eso hay un gremio que est√° dispuesto y entregado siempre a defender dichos preceptos, pues son derechos ciudadanos irrenunciables, que aparte empatan con la voluntad, la dignidad y la libertad de los pueblos.

Algunos retos para el periodismo

HAY POCAS profesiones en nuestro país como el periodismo que son permanentemente supervisadas desde el poder, en su ejercicio cotidiano, por su tarea de informar a la sociedad.

Y resulta vapuleada cuando la crítica le resulta incómoda al poder, ya sea por las deficiencias, los abusos o las corruptelas exhibidas. Entonces las autoridades arremeten contra los periodistas. Con ese pretexto se ha gestado en el pasado el espionaje y la intimidación.

Mas en el entendido que el país está cambiando, lo menos que se espera del nuevo gobierno es el cese de los asesinatos. Que la situación de violencia cambie por otro de respeto a todos los derechos de los periodistas mencionados ya. La situación no puede seguir como en el pasado reciente.

No vale la sobreposición de las inercias del pasado como justificación para declarar que nada se puede hacer contra la impunidad presente.

Nada puede ni debe justificar que las fiscal√≠as en los estados siguen entrampadas sin resolver los asesinatos de los periodistas. Hacen falta m√°s acciones en materia de seguridad p√ļblica.

Cierto que no es fácil erradicar los vicios del pasado; que lo antiguo se resiste a morir, de cara a un presente que igualmente no termina por volverse realidad; que Incluso en épocas revolucionarias los cambios son lentos por las modalidades del pasado, y lo nuevo requiere más tiempo de lo previsto para sentar sus reales.

Es verdad que todo cambio en la sociedad genera resistencias, por una simple y sencilla razón: no todos los hombres entienden ni se acoplan a lo nuevo por igual.

Mucho menos cuando est√° de por medio el inter√©s privado, porque los ‚Äúafectados‚ÄĚ emplean todo cuanto tienen a su alcance, y el poder econ√≥mico reacciona para imponer su voluntad y privilegios, sin importar el bienestar general. Pero estamos en una nueva realidad, y tenemos que hacer todo para cambiarla, incluso la situaci√≥n de los periodistas, y en la medida de lo posible, del gremio en general.

Por la defensa de los derechos de los periodistas, como fundamento del derecho a la información en cualquier Estado que se jacte democrático.



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