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CUARTA TRANSFORMACI√ďN Los cinco jinetes del Apocalipsis
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Edición 389

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CUARTA TRANSFORMACI√ďN

Los cinco jinetes del Apocalipsis

Abraham García Ibarra

SI la violencia es la partera de la historia, nuestra Historia nos ense√Īa que de las grandes y desgarradoras convulsiones sociales y pol√≠ticas es posible extraer rendimientos para la revisi√≥n y replanteamiento del entramado institucional y la reconstrucci√≥n del tejido social.

Vocaci√≥n pacifista la de nuestro pueblo, sin embargo ha tenido que pasar por m√ļltiples alzamientos armados, cuartelazos, intervenciones extranjeras y tres revoluciones, cuyo producto han sido la Independencia como Naci√≥n, el dise√Īo de una Rep√ļblica soberana y la iniciativa de un Estado Social de Derecho.

Las tres aspiraciones populares se han quedado en la placenta, porque pusilánimes depositarios del poder político se han amilanado frente a la contrarrevolución que, dentro y desde fuera del territorio nacional, se resiste a entender que la soberanía nacional no es patrimonio de unos cuantos privilegiados, sino derecho inalienable de los de abajo.

De Iturbide, Santa Anna, Díaz, Madero, Obregón…

La insurgencia de 1810 termin√≥ traicionada por Agust√≠n de Iturbide con sus pretensiones imperiales, pero Guadalupe Victoria, primer presidente de M√©xico, abati√≥ el √ļltimo basti√≥n de la Corona espa√Īola en San Juan de Ul√ļa.

Antonio López de Santa Anna entregó la mitad del territorio nacional, pero Benito Juárez restauró la Republica. Porfirio Díaz se engolosinó con la dictadura, pero el levantamiento antirreleccionista lo puso a bordo del Ypiranga.

Francisco I. Madero cayó en la tentación de contemporizar con agentes del régimen dictatorial derrocado, pero, a su asesinato, la respuesta armada culminó con la Constitución de 1917.

La independencia económica dinamitada

Los Tratados de Bucareli son el estigma de √Ālvaro Obreg√≥n, pero L√°zaro C√°rdenas gest√≥ la Segunda Independencia de M√©xico, la econ√≥mica, y sent√≥ las bases del Estado Mexicano moderno, no obstante que Miguel Alem√°n pretendi√≥ darles reversa a las reivindicaciones agraristas y, por poco, a la Expropiaci√≥n Petrolera.

Corte para un par√©ntesis: Contra la Constituci√≥n del 17 se desencaden√≥ la Guerra Cristera. Un sobresaliente comandante de esa operaci√≥n golpista, Ren√© Capistr√°n Garza, escribir√≠a despu√©s: Nos desayunamos con don Porfirio, comimos con Huerta, pero la revoluci√≥n nos neg√≥ la merienda y hubimos de acostarnos‚Ķ en la hamaca inc√≥moda de una reacci√≥n in√ļtil, est√©ril y bravucona.

‚ÄúReacci√≥n est√©ril‚ÄĚ. Un ex jefe nacional del Partido Acci√≥n Nacional y candidato presidencial del mismo, Jos√© Gonz√°lez Torres lanz√≥ a la rosa de los vientos su insignia: La Nueva Edad Media Americana. El PAN se resiste a salir de las catacumbas, seg√ļn lo lleg√≥ a reconocer el ex presidente nacional, Jos√© √Āngel Conchello.

A galope, los cinco nuevos jinetes del Apocalipsis

Adolfo López Mateos mexicanizó la industria eléctrica, Luis Echeverría desmontó las estructuras del nuevo latifundismo y José López Portillo nacionalizó la banca. Miguel de la Madrid postuló la sociedad igualitaria.

Pero llegaron Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de Le√≥n, Vicente Fox, Felipe Calder√≥n y Enrique Pe√Īa Nieto,y devolvieron el dominio del sistema de banca y cr√©dito al poder econ√≥mico de los plut√≥cratas, extranjeros en su mayor√≠a, tramaron la contrarreforma agraria‚Ķ

Anexaron la economía mexicana a la de los Estados Unidos, entregaron el control del Estado nacional a los empresarios, cedieron la revisión del Tratado de Límites y Aguas, obsequiaron la exploración y explotación de yacimientos de hidrocarburos transfronterizos y entregaron el control del sector energético a nuevos colonizadores.

No todo est√° perdido: Nos queda la fuerza moral del oprimido

Lo que nos ha dejado el neoliberalismo, es un Estado privatizado que responde a los constructores del Derecho corporativo global y del Nuevo Orden Feudal Mundial.

Lo que el Estado neoliberal no ha podido hipotecar, es la enorme fuerza moral de la que es depositario el pueblo mexicano.

Trasnochado al fin, este escribidor se queda con don Miguel Hidalgo, con una piedra para varios frágiles tejados: Abrid los ojos, americanos, no es dejéis seducir de nuestros enemigos; ellos no son católicos sino por política. Su Dios es el dinero y las conminaciones sólo tienen por objeto la opresión.

Vale para los neoliberales que se quieran poner el saco. Vemos a Hidalgo como fetiche de la cuarta transformación. Es cuanto.

 

 

 



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