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Suplemento 389

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Ana Lilia Pérez

 

 1

Recibe el premio por labor periodística más trascendental sobre temas de interés para la nación

BUENOS DÍAS A TODOS. Agradezco al Club de Periodistas por este premio. Felicidades a todos mis colegas galardonados. Hoy hablo en nombre de los periodistas que estamos aquí celebrando. Pero hablo también porque es un momento para reflexionar sobre lo que la libertad de expresión representa para una vida en democracia.

La libertad de expresión es un derecho inherente al desarrollo de la humanidad. Así que, sin su pleno ejercicio, no se puede hablar de democracia. Pero en México ejercer la libre expresión, el derecho a la información, ejercer profesionalmente como periodista, aún implica estar bajo riesgo de ser agredido, acosado, exiliado, bajo riesgo de ser asesinado.

Hace unos meses tuvimos en el país un cambio de gobierno que se ha planteado como reto y promesa para con la sociedad un cambio de régimen. Sin embargo, hemos tenido en este mismo periodo seis colegas cobardemente asesinados.

Jesús Alejandro Márquez, Rafael Murúa, Jamil Flore, Santiago Barroso, Telésforo Santiago y Francisco Romero. Ellos se suman a la larga lista de colegas que ya no podrán contribuir en la construcción de una sociedad en libertad de ideas.

También es parte ya de la cotidianidad en este país el recuento de colegas agredidos, amenazados a ojos de todos en el día a día del reporteo cotidiano. Y quienes indagamos a fondo temas de interés público y exponemos la podredumbre en las instituciones que aún se resiste a ser extirpada, continuamos recibiendo mensajes y amenazas directas o veladas, haciéndonos saber lo frágiles que somos en este país que aún se coloca como letal para la prensa.

Para hablar de una consolidada democracia, se debe poner un alto a las agresiones contra los periodistas. Basta ya de retórica. Basta de leyes que se quedan solo en papel. Y de mecanismos que han sido inútiles.

Es urgente que se demuestre con hechos que en este país el periodista puede ejercer libremente su profesión, sin temor y sin amenazas. Además, el Estado también tiene una deuda con nuestro gremio: la indagatoria, el esclarecimiento y justicia de los más de 120 casos de periodistas asesinados y desaparecidos. De los cuales, como ya se comentó aquí, la impunidad es del 99 por ciento.

No podemos aceptar tampoco un borrón y cuenta nueva. Porque la herida está abierta y la amenaza sigue acechando. Para el ejercicio pleno del periodismo es imprescindible que el Estado garantice seguridad a los periodistas. Porque de nuestra labor depende también, que la sociedad mexicana ejerza su derecho a estar informada. El derecho a saber.

Pero al ya de por sí enrarecido ambiente inseguro, criminal y de impunidad que tenemos en este país, ahora tenemos cada vez más latente una polarización a partir de etiquetas. Y no podemos permitirlo. Las etiquetas a medios de comunicación y periodistas, provocan agresiones contra la profesión. Inciden en la censura y la autocensura. Y alientan a los enemigos de la democracia.

También laceran a nuestra sociedad, que ya de por sí está quebrada. Y que, en estos momentos, cuando tenemos embates exteriores tan tremendos, requieren de una unidad. En esta álgida circunstancia, los periodistas tenemos el deber de seguir ejerciendo nuestra labor con mayor profesionalismo y responsabilidad.

Como lo hemos hecho, porque en este país si se ha contribuido a la lucha contra la corrupción, contra las inequidades, contra el revelar lo que no está bien, ha sido desde la trinchera periodística. Al exponer los grandes casos de corrupción, con nombre y apellido.

Los periodistas incluso hemos marcado la ruta que las autoridades deben seguir para ejercer su trabajo, para enjuiciar a los poderosos corruptos, a los que se han valido de su complicidad con el crimen organizado.

Y con ello, nosotros hemos cumplido con nuestro deber. Lo que sigue le toca a la autoridad. Y si la autoridad es omisa, a nosotros nos tocará también exponerlo.

Aunque en México siguen los vergonzantes indicadores como uno de los países más mortíferos para la prensa, los comunicadores asumimos los riesgos y lo hacemos cada día. Lo hacemos porque tenemos un deber para con la sociedad. Únicamente con la sociedad. Hoy que recibo este premio me siento muy honrada porque me ha tocado vivir los embates de hacer un periodismo ético. Un periodismo libre, un periodismo que defiende sobre todo la libertad de expresión y el derecho de la sociedad a saber.

De manera que este reconocimiento para mi es abrazo y un aliciente para seguir adelante. Y dedico este reconocimiento, con todo mi respeto, en memoria de mis colegas a quienes los enemigos de las libertades cobardemente les arrancaron la vida.

Gracias.



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