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Edición 383

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CUARTA TRANSFORMACIÓN

Política, democracia y sistema de partidos

Abraham García Ibarra

Si bien ostenta desde 2014 la franquicia de partido político nacional, el Movimiento Regeneración no logra aún consolidar su estructura orgánica que le garantice por sus propios medios unidad y eficacia para acometer actuales y futuros retos electorales.

La evidencia se da ahora mismo en Puebla, donde la segunda nominación de Miguel Barbosa Huerta al gobierno del estado ha provocado esguinces internos a cargo de otros aspirantes desplazados.

El senador Alejandro Armenta Mier ha llevado el litigio al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación: La vieja rueda de la noria.

Movimiento abierto a todo aquel que ha llamado a sus puertas -una capilaridad mal administrada-, Morena no pasa ileso por la acción de tránsfugas y arribistas que se han doctorado en el oficio de francotiradores.

El ariete de Ricardo Monreal Ávila

Un caso representativo de ese disolvente fenómeno lo encarna Alejandro Rojas Díaz Durán.

Rojas, ex dirigente juvenil del viejo PRI, desde 2017 ha actuado como ariete del ex delegado de Cuauhtémoc, Ciudad de México, Ricardo Monreal Ávila, hoy presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado.

Pasado ya por las entrañas de cuatro partidos, el zacatecano no oculta su ambición de llegar al poder presidencial en 2024. Con este proyecto en agenda, parece no percatarse de que algunas de sus operaciones prefiguran una amenaza a la unidad de mando, depositada en el actual Presidente. Si se percata, le da lo mismo: Le vale.

Rojas, sonsacado por su guía áulico, ha declarado su pretensión de contender por la dirigencia nacional de Morena. Lo hace, reaccionando al llamado de sus glándulas: Dicta un ultimátum de 60 días para que se cumplan sus exigencias, entre las que está delegar al Instituto Nacional Electoral (INE) la organización, vigilancia y calificación del proceso, que corresponde sólo al régimen interno de cada partido.

Sólo en caso de impugnación de los resultados de cada actividad interna de los partidos, es el Tribunal Electoral federal la instancia jurisdiccional para dirimir controversias.

Descomposición y decadencia de los partidos históricos

El asunto viene a tema, porque nos ilustra el fenómeno de descomposición y decadencia por el que han transitado los partidos políticos mayores que dominaron la escena político-electoral.

El PRI, durante siete décadas; el PAN, dos sexenios. Así sea como mero apéndice de los dos primeros, el PRD, que abandonó su dinámica victoriosa por vía propia para contribuir a un tripartidismo disfuncional, según lo vimos el 1 de julio de 2018.

El PRI fue infiltrado por una legión de tecnócratas que, hasta que se incorporaron a la burocracia pública, en busca de escalafón para escalar otras posiciones más rentables solicitaron su carnet tricolor.

El PAN rindió banderas ante el acoso del poder económico y terminó ceñido a los designios de los intereses empresariales.

El PRD fue devorado por la insaciable rapacidad de sus tribus, que no se tentaron el corazón para expulsar de sus filas a la generación fundacional.

Del PRI, del PAN, del PRD, y como fauna de acompañamiento de otros partidos satélites, se nutrió el Movimiento Regeneración Nacional.

Un modelo subversivo de acción autodestructiva

Una forma de ver la acción autodestructiva de esas formaciones políticas, es la siguiente, a saber:

Autocomplacientes y ancladas en sus días de vino y rosas, las escleróticas y crujientes nomenclaturas de esos partidos se atrincheraron en su búnker metropolitano: Dejaron de hacer trabajo de campo horizontal, de sudar la camiseta, de darse baños de pueblo… No permitieron la circulación de sangre nueva.

El PRI, y a la postre los otros partidos -que terminaron confabulados en el fáctico Pacto por México- dieron la espalda a sus principios ideológicos y a sus propuestas programáticas, y se aislaron de sus bases sociales, proveedoras del voto duro, para confiar su suerte a la mercadotecnia.

Entidades de interés público por mandato de la Constitución, los partidos nombrados abdicaron a su misión fundamental: Hacer posible el acceso de los ciudadanos al ejercicio del poder público.

Vía libre a organizaciones no gubernamentales y redes sociales

En una primera etapa, la representación y la intermediación políticas de los ciudadanos fue suplantada por la creciente acción de las organizaciones no gubernamentales.

Muchas de esas organizaciones fueron cooptadas convenencieramente por el partido en el poder, según el turno de cada cual, sin reparar en discrepancias doctrinarias o programáticas.

El PRI, verbigracia, le restó valor a la eficacia electoral de sus tres sectores básicos: El obrero, el agrario y el popular. Dejó de lado la formación de cuados de recambio. El saldo no se hizo esperar: Un PRI sin priistas.

Dejaron a sus feligreses del llano colgado de la brocha

Recapitulación: Las dirigencias y estructuras operativas de los partidos políticos han sido suplantadas por organizaciones no gubernamentales (ONGs), formadas y representadas, sin embargo, por personas de carne y hueso. Las ONGs han sido suplantadas por las redes sociales digitales, la gran mayoría operada desde el cobarde anonimato.

El PRI se sacudió la tutela de la militarizada familia revolucionaria sólo para disolverse en los miasmas de la oligarquía neoliberal.

El PAN se desembarazó de la dictadura clerical y quedó chapoteando en el relativismo moral.

Bajo el Sol Azteca dejaron de alumbrarse los líderes morales que le dieron paternidad y razón de ser.

Las tres formaciones históricas, con voluntad suicida, combinaron su desgarramiento interno con la infición de tóxicos agentes exógenos.

Símbolos del demagogo: El sable y el despotismo

Una lineal constante tenemos desde que se implantó en México el modelo neoliberal: Nunca como en ese periodo los tecnócratas han hablado tanto del Estado de Derecho. La perversa consecuencia, es un Estado sin derecho a ejercer la rectoría del desarrollo nacional.

Tres advertencias finales: A los jóvenes que querrían seguir creyendo en la política: Los demagogos invocan la Constitución, pero tienen por símbolos el sable y el despotismo. (Jesús Reyes Heroles, líder de veras del PRI.)

Al final de la jornada: Todos fusionados con el grupo dominante

A quienes siguen creyendo en la democracia, con Roberto Michels: Cuando las democracias han alcanzado un cierto grado de desarrollo experimentan una transformación gradual, y adoptan el espíritu aristocrático y en muchos casos las formas aristocráticas, contra las cuales habían luchado antes con tanta fiereza… después de una era de gloriosos combates y de un poder sin gloria, acaban de fusionarse con la vieja clase dominante.

A los que confiaron y acaso confíen aún en el sistema de partidos, con Seymour Martin Lipset: Un partido verdaderamente democrático no puede, sino muy raramente, convencerse de que debe abandonar uno de sus principios fundamentales y nunca puede permitirse la eliminación de su mito principal. (Los conservadores, el de la libre empresa. La izquierda, el de la defensa de los derechos de la clase trabajadora.)

Contra la Historia no se pelea cuerpo a cuerpo

No se trata de jugarle al iconoclasta. Se trata de ver el paisaje político con realismo. Los apostatas de la Revolución y los iconólatras del neoliberalismo sucumbieron arrastrados por su propio peso: Van con su fardo hacia el basurero de la historia. Lo dijo don José Ortega y Gasset: Contra la Historia, no se puede pelear cuerpo a cuerpo.

Aristocracia… democracia: Entre ambos polos devenidos anarquía, hemos quedado atrapados por la Kakistocracia: El gobierno de los peores. Es cuanto.



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