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Edición 383

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VALIJA DIPLOMÁTICA

Diplomacia consular

Oswaldo A. Canto Arias*

México cuenta con una de las redes de oficinas consulares más extensas del mundo.

Tan sólo Estados Unidos alberga a más de 50 consulados que atienden a la muy diversa y compleja, pero dinámica y cada vez más influyente, comunidad de mexicanos radicada en ese país.

SEGÚN ESTADÍSTICAS DEL INSTITUTO de los Mexicanos en el Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores, más del 95% de los mexicanos fuera del territorio nacional radica en los Estados Unidos.

PERO LA DIÁSPORA mexicana llega a prácticamente todos los rincones del planeta y, por ello, además de Norteamérica, su presencia se hace sentir lo mismo en América del Sur que en Europa, así como en la región del Levante y en el lejano oriente. Consecuentemente, nuestro país ha forjado un sólido compromiso institucional y se muestra hoy como referente en el diseño y ejecución de innovadores esquemas de atención y apoyo a esas comunidades expatriadas, alimentado por los ya casi dos siglos de experiencia acumulada desde que se instaló el primer Consulado de México (Nueva Orleans, E.U.A., 1823).

Labores primordiales

PERO ¿EXISTE ACASO UN signo distintivo del quehacer consular mexicano? Y en el ámbito internacional ¿es equiparable a la labor consular que desempeñan otras naciones? En términos generales, la actividad consular de hoy día es producto de un largo proceso de construcción y desarrollo medido en función de las necesidades de un país, primero, y de sus comunidades expatriadas, después. En este tenor, los primeros consulados se establecieron con la misión específica de abrir espacios al comercio, pero a medida que los flujos migratorios exhibieron el potencial (y la vulnerabilidad) de esos colectivos nacionales, entonces se hizo evidente la necesidad de mantenerse más de cerca de ellos para ofrecerles el impulso y/o la asistencia debidas.

Atender a sus comunidades expatriadas es el auténtico leitmotiv del servicio consular y su legítima razón de ser. Su contacto con la gente le convierte en la rama de la diplomacia más visible, cercana y accesible al ciudadano, y por tanto más humana, y la lleva a asumir responsabilidades que la diplomacia tradicional muchas veces no desea o no está en condiciones de atender. En el caso de México, la acción consular se ha extendido a esferas y dimensiones que van más allá de las funciones tradicionales de documentación y asistencia, incursionando en los ámbitos social, económico, laboral, educativo, migratorio y de salud, entre otros.

Basta con asomarse a alguno de los principales consulados mexicanos en Estados Unidos para atestiguar la variedad de actividades que desempeñan y de servicios que ofrecen, desde las ya conocidas labores de emisión de pasaportes y visas, pasando por la función notarial y de registro civil, hasta las más novedosas consultas sobre aspectos migratorios y de doble nacionalidad, orientación en materia de apoyo al emprendedor y la presencia de ventanillas especializadas en salud y asesoría financiera.

Víctimas de su propio éxito

Ahora bien, su misma cercanía con la gente y su naturaleza de servicio colocan a la función consular en una delicada báscula entre el reconocimiento y la desaprobación ciudadana. El afán por ofrecer cada vez más y mejores servicios ha terminado por convertir a los consulados en “víctimas de su propio éxito”, como lo ha señalado en algún estudio la académica neerlandesa Maaike Okano-Heijmans, pues se ven obligados a transformarse y evolucionar sin cesar para adaptarse y mantenerse al ritmo de las siempre cambiantes y cada vez más exigentes necesidades de la población migrante.

La globalización también ha colaborado imponiendo desafíos basados en la inmediatez de las comunicaciones y el uso intensivo de las redes sociales que someten a la labor consular al escrutinio público inmediato y mantienen en permanente aumento las expectativas de la población respecto a lo que considera debe ser una respuesta institucional eficiente y expedita a sus demandas, aun cuando éstas puedan resultar abiertamente irrazonables o ajenas a las competencias de la función consular.

La masificación de viajes internacionales hoy en día multiplica el riesgo de que las personas sufran abusos o se vean en dificultades en su estancia en el exterior y por tanto busquen en forma legítima la asistencia de sus consulados, pero también ha aumentado en forma lamentable el número de peticiones insólitas y de pedidos inatendibles, reflejo de un público más exigente pero no siempre mejor informado, que saturan las capacidades y consumen los limitados recursos de las oficinas consulares.

Profesionalismo y competencia

Es reconocido que el trabajo consular es por definición un asunto muy personal, y que requiere acceder a la intimidad de las personas a fin de estar en posibilidad de apoyarles en circunstancias difíciles y a veces extremas. Por ello, conviene dimensionar adecuadamente su desempeño pues, para ser eficaz, un servicio consular debe mantenerse profesional y apegado a sus competencias.

* Oswaldo A. Canto Arias es miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano, con rango de consejero. Ha estado adscrito a las Embajadas de México en Honduras, Ecuador, Singapur y Egipto. Actualmente es Cónsul de México en Países Bajos.



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