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Movilizaciones populares en EE.UU. contra las guerras y el expolio económico
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Edición 378

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En las tres √ļltimas d√©cadas, Estados Unidos ha participado en m√°s de una docena de guerras, ninguna de las cuales ha provocado un j√ļbilo popular antes, durante o despu√©s de la propia guerra.

Movilizaciones populares en EE.UU. contra las guerras y el expolio económico

James Petras

El gobierno tampoco consiguió el apoyo popular a sus propuestas para afrontar la crisis económica de 2008-2009.

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EN ESTE PEQUE√ĎO an√°lisis comenzaremos hablando de las principales guerras de nuestro tiempo, las dos invasiones estadounidenses de Irak. Pasaremos a examinar la naturaleza de la respuesta popular y sus consecuencias pol√≠ticas.

Posteriormente nos aproximaremos a la crisis econ√≥mica de 2008-2009, el rescate p√ļblico a la banca y la reacci√≥n ciudadana. Por √ļltimo, consideraremos la gran potencialidad de cambio de los movimientos populares de masas.

La guerra de Irak y la opini√≥n p√ļblica estadounidense

LAS DOS GUERRAS de EE.UU. contra Irak (1990-1991 y 2003-2011) no estuvieron precedidas por ning√ļn fervor popular, y los ciudadanos tampoco celebraron su desenlace. Todo lo contrario: en sus proleg√≥menos se produjeron manifestaciones masivas de protesta tanto en EE.UU. como en sus pa√≠ses aliados. La primera invasi√≥n iraqu√≠ (la que se conoce como Guerra del Golfo) tuvo el rechazo de la inmensa mayor√≠a del pueblo estadounidense, a pesar de la enorme campa√Īa propagand√≠stica desplegada por los medios de comunicaci√≥n de masas y el r√©gimen del presidente George H.W. Bush. Posteriormente, el presidente Clinton orden√≥ una campa√Īa de bombardeos contra Irak en diciembre de 1998, sin contar con pr√°cticamente ning√ļn respaldo ni aprobaci√≥n.

El 20 de marzo de 2000, el presidente George W. Bush inició la segunda gran guerra contra Irak a pesar de las manifestaciones masivas en su contra que se produjeron en todas las grandes ciudades de EE.UU. (y de Europa y buena parte del resto del mundo). Ni siquiera la conclusión oficial del presidente Obama de dicha guerra en diciembre de 2011 suscitó el entusiasmo popular.

De todo esto surgen varias preguntas: ¬ŅPor qu√© el inicio de ambas guerras contra Irak levant√≥ una masiva oposici√≥n popular y por qu√© dicha oposici√≥n no se mantuvo en el tiempo? ¬ŅPor qu√© la ciudadan√≠a no celebr√≥ el final de la guerra declarado por Obama en 2011? ¬ŅPor qu√© las manifestaciones masivas contra las guerras de Irak no lograron articular veh√≠culos duraderos capaces de garantizar la paz?

El síndrome de la guerra contra Irak

El origen de los grandes movimientos populares de oposición a las guerras contra Irak se remonta a varios acontecimientos históricos. El triunfo de los movimientos pacifistas que consiguieron acabar con la Guerra de Vietnam, la idea de que la acción de masas era capaz de resistir y vencer era una creencia fuertemente arraigada en amplios segmentos de las personas progresistas.

Además, estos movimientos estaban firmemente convencidos de que no se podía confiar en los medios de comunicación ni en el Congreso. Todo ello reforzaba la idea de que la acción directa de masas era esencial para cambiar las políticas belicosas de la Presidencia y del Pentágono.

En tercer lugar, la toma de posesi√≥n del presidente dem√≥crata Bill Clinton no anul√≥ los grandes movimientos contra la guerra. La campa√Īa terrorista de bombardeos estadounidenses contra Irak en diciembre de 1998 fue altamente destructiva y la guerra de Clinton contra Serbia mantuvo activo al movimiento pacifista. En la medida en que evit√≥ embarcarse en guerras a gran escala y prolongadas, Clinton no lleg√≥ a provocar un resurgimiento de la oposici√≥n de masas durante los √ļltimos a√Īos de la d√©cada de los noventa.El segundo factor que sirvi√≥ de acicate para las protestas masivas en EE.UU. fue el aislamiento internacional de EE.UU. Los presidentes Bush padre e hijo iniciaron guerras ampliamente contestadas en Europa, Oriente Pr√≥ximo y en la Asamblea General de Naciones Unidas. Los activistas estadounidenses sent√≠an formar parte de un movimiento global con posibilidades de √©xito.

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La √ļltima gran ola de protestas masivas contra la guerra se produjo entre 2003 y 2008. Las manifestaciones surgieron inmediatamente despu√©s del atentado contra el World Trade Center el 11-S. La Casa Blanca aprovech√≥ el ataque para declarar ‚Äúla guerra global contra el terror‚ÄĚ, aunque los movimientos populares interpretaron ese mismo ataque como una llamada para oponerse a nuevas guerras en Oriente Pr√≥ximo.

Las luchas pacifistas aglutinaron a activistas durante toda esa d√©cada, que se sent√≠an capaces de evitar mediante las movilizaciones que el r√©gimen de Bush iniciara nuevas guerras sin fin. La inmensa mayor√≠a de la gente no cre√≠a a las autoridades cuando afirmaban que Irak, cercado y debilitado, estaba almacenando ‚Äúarmas de destrucci√≥n masiva‚ÄĚ para atacar a Estados Unidos.

Las manifestaciones masivas se enfrentaron a los medios de comunicaci√≥n, la llamada prensa respetable, e ignoraron al lobby israel√≠ y a otros se√Īores de la guerra del Pent√°gono que ped√≠an la invasi√≥n de Irak. La inmensa mayor√≠a de los estadounidenses no cre√≠an estar amenazados por Saddam Hussein y consideraban una mayor amenaza los medios puestos en marcha por la Casa Blanca para aprobar legislaci√≥n represiva como la Ley Patri√≥tica. La r√°pida derrota militar del ej√©rcito iraqu√≠ y la ocupaci√≥n de su territorio produjeron un declive en el volumen y el alcance del movimiento contra la guerra, pero no minaron su base potencial.

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Dos fueron los elementos que llevaron a la desaparición de los movimientos contra la guerra. En primer lugar, sus líderes cambiaron la acción directa independiente por la política electoral y, en segundo lugar, convencieron a sus seguidores de que apoyaran al candidato presidencial demócrata Barack Obama. En buena medida, los líderes y activistas del movimiento sentían que la acción directa no había conseguido evitar las dos guerras anteriores o terminar con ellas. Además, Obama apeló demagógicamente al movimiento pacifista prometiendo que acabaría con las guerras e impondría la justicia social en casa.

Con la llegada de Obama, muchos l√≠deres y activistas por la paz se unieron a su maquinaria pol√≠tica. Aquellos que no lo hicieron se desilusionaron r√°pidamente a todos los efectos. Obama continu√≥ las guerras abiertas e inici√≥ o se sum√≥ a otras nuevas (Libia, Honduras o Siria). La ocupaci√≥n militar estadounidense de Irak dio lugar a la creaci√≥n de nuevas milicias extremistas, que consiguieron derrotar a los ej√©rcitos vasallos entrenados por EE.UU. hasta llegar a las puertas de Bagdad. Al poco tiempo, Obama envi√≥ una flota de buques y aviones de guerra al Mar de China Meridional y aument√≥ el n√ļmero de tropas en Afganist√°n.

Los movimientos populares de masas de las dos d√©cadas anteriores sufrieron una fuerte desilusi√≥n, se sintieron traicionados y desorientados. Aunque muchos se opon√≠an a las guerras ‚Äúnuevas‚ÄĚ y ‚Äúviejas‚ÄĚ de Obama, no lograban encontrar formas novedosas de expresar sus creencias pacifistas. Ante la inexistencia de movimientos contra la guerra alternativos, se hicieron vulnerables a la propaganda b√©lica de los medios de comunicaci√≥n y los nuevos demagogos de la derecha. Donald Trump atrajo a muchos de los que se opon√≠an a la belicista Hillary Clinton.

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El rescate bancario: Se ignoran las protestas de masas

En 2008, al final de su mandato, el presidente George W. Bush aprobó un rescate masivo de los principales bancos de Wall Street, afectados por la quiebra a causa de sus salvajes políticas especulativas.

En 2009, el presidente Obama refrend√≥ el rescate y urgi√≥ al Congreso para que le diera su aprobaci√≥n lo antes posible. El Congreso otorg√≥ un rescate de 700.000 millones de d√≥lares, los cuales ascendieron hasta 7,77 billones seg√ļn una informaci√≥n publicada por Forbes (14 de julio de 2015). De un d√≠a para otro, cientos de miles de ciudadanos pidieron al Congreso que rectificara su voto. Como consecuencia de esta tremenda oposici√≥n popular, el Congreso capitul√≥. Pero el presidente Obama y la direcci√≥n del Partido Dem√≥crata insistieron. La ley fue ligeramente modificada y se aprob√≥. La ‚Äúvoluntad popular‚ÄĚ fue rechazada. Las protestas se neutralizaron y se fueron disipando.

El rescate bancario se hizo efectivo mientras millones de familias eran expulsadas de sus hogares, a pesar de algunas protestas locales, por no poder hacer frente a sus hipotecas. El movimiento contra los bancos lanzó algunas propuestas radicales, desde llamamientos a la nacionalización de las entidades bancarias hasta demandas para dejarlas quebrar y que el Estado financiara directamente a las cooperativas y bancos comunitarios.

Estaba claro que la inmensa mayoría del pueblo estadounidense era consciente de lo que ocurría e intentó evitar el saqueo a los contribuyentes con la complicidad de las corporaciones.

Conclusi√≥n: ¬ŅQue se puede hacer?

LAS MOVILIZACIONES de masas son una realidad en Estados Unidos; el problema es su falta de continuidad. Las razones para esto son evidentes: carecen de una organización política que pueda ir más allá de las protestas y oponerse a las políticas del mal menor.

El movimiento contra la guerra que surgi√≥ para oponerse a la guerra de Irak fue marginado por los dos partidos dominantes. Como resultado, las guerras se multiplicaron. Cuando Obama cumpli√≥ su segundo a√Īo de mandato, Estados Unidos estaba involucrado en siete guerras.

En el segundo a√Īo de mandato del presidente Trump, Estados Unidos ha amenazado con guerras nucleares contra Rusia, Ir√°n y otros ‚Äúenemigos‚ÄĚ del imperio. A pesar de que la opini√≥n p√ļblica era claramente contraria, esa ‚Äúopini√≥n‚ÄĚ apenas se dej√≥ notar en las elecciones legislativas de mitad de mandato.

¬ŅD√≥nde han ido a parar las multitudes contrarias a la guerra y a los bancos? Yo soy de la opini√≥n de que siguen ah√≠, con nosotros, pero no pueden pasar a la acci√≥n y organizarse si contin√ļan apoyando al Partido Dem√≥crata. Para que los movimientos puedan convertir la acci√≥n directa en transformaciones pol√≠ticas y econ√≥micas efectivas, antes tienen que crear luchas a todos los niveles, desde el local al nacional.

A escala internacional, las condiciones se están tornando favorables. Washington se ha enemistado con países de todo el mundo. Ha desafiado a sus aliados y se enfrenta a rivales formidables. La economía interna esta polarizada y las élites divididas.

 

Las movilizaciones, como las que están teniendo lugar en Francia en estos momentos, pueden autoorganizarse a través de Internet; los medios de comunicación están desacreditados. El tiempo de la demagogia liberal y derechista está llegando a su fin; la rimbombancia de Trump levanta tanta indignación como la que acabó con el régimen de Obama.

Hoy d√≠a existen las condiciones √≥ptimas para que un nuevo movimiento global pueda lograr algo m√°s que meras reformas graduales. La gran inc√≥gnita es saber si ese movimiento surgir√° ahora, dentro de unos a√Īos o de algunas d√©cadas.

Rebelión

Traducido por Paco Mu√Īoz de Bustillo

 



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