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Edición 371

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DEBATES POR LA PRESIDENCIA

Todos contra

el más aventajado

Feliciano Hernández*

AL ACERCARSE EL DÍA DE LA VERDAD, el 1 de julio, creció el interés y el morbo por ver a los suspirantes en sus limitaciones o alcances. Ciertamente, el más adelantado de ellos, Andrés Manuel López Obrador, debió tener presente que era el más expuesto a caer en una trampa de alguno de sus adversarios: José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Margarita Zavala, y en particular de Jaime Rodríguez, apodado El Bronco.

ELLOS Y ELLA DEBIERON sentirse presionados por la baja puntuación que habían logrado hasta entonces y no es descabellado pensar que intentarían cualquier cosa por sí mismos o con ayuda de otros para dar la sorpresa. ¿Qué pensaría el por tercera ocasión protagonista estelar de esos encuentros? ¿Aprendería las lecciones?

Chicago, Il.- Entre los mayores sucesos que en 2018 y durante mucho tiempo lamentarán o festejarán los candidatos a la presidencia, están los debates públicos, más por los peligros que les representa estar expuestos en el horario estelar. Ninguno podrá decir que se vacunó contra todo error o ataque de sus adversarios.

Desde el primer encuentro del 22 de abril habrán dejado una marca indeleble; sus carencias prevalecerán sobre sus capacidades. Todo en su entorno formará parte de las críticas, de las felicitaciones y de los reproches.

Lo más peligroso, según el manual del caso, quedaría reservado para el último round, días antes de la esperada fecha del 1 de julio. Se puede imaginar a los más oscuros personajes planeando en sus cuartos de guerra el plan de ataque. Para entonces sólo con un misil nuclear podrían bajar del pináculo al más alto en las encuestas. Pero también los ánimos de los más afectados estarán por los suelos. Incluso muchos habrían iniciado la desbandada.

La preparación que hayan recibido los aspirantes es parte del guion que debieron estudiar para aprovechar mejor el momento, pero el factor sorpresa quedará como determinante de su triunfo o derrota. En esto, el punto más sensible de todos es su desempeño público, también sus habilidades para reaccionar con tino a los imprevistos.

Que quede claro

DESDE EL PRIMER ROUND les quedará claro a todos que en tales eventos nadie con algo de sinceridad puede considerarse exento de cometer errores o ser exhibido en inconveniencias que los lleven a caer fuertemente en las encuestas y que resulten determinantes de una derrota.

En cierta forma, el centro de esos debates y el interés mayor desde hace años ha sido la participación del candidato de Morena, López Obrador, por ser el de mayor experiencia. En este 2018, una parte importante de los electores que tiene fincadas sus esperanzas en él como futuro gobernante estaban confiados de que saldría airoso de los dimes y diretes, pero otra parte no menos importante tenía los dedos cruzados para que su líder respondiera inteligentemente a sus adversarios y evitara las trampas y provocaciones de todos contra él.

Esta vez, el tabasqueño, apodado El Peje por sus malquerientes, llegó aventajado en varios aspectos como para apabullar a los malos candidatos que le pusieron enfrente, pero los antecedentes de él hacían temer a una parte de sus seguidores de que no reaccionara con rapidez; de hecho, el ex jefe de gobierno del entones llamado Distrito Federal es más conocido por sus reflejos lentos, muy pensados. Pero una gran ayuda lo ha respaldado, y es su trayectoria de honestidad y de trabajo intenso.

Como si de consuelo se tratara hay que mencionar que El Peje llegó a los debates fortalecido no sólo por las encuestas que lo encumbraban sino por el entorno desfavorable para sus contendientes.

Ganadores y perdedores

CON LOS ANTECEDENTES de otros procesos electorales definitorios, para la televisión estos encuentros consiguen alto rating, por lo mismo se podría afirmar que las empresas del ramo con sus espacios establecidos y en sus noticiarios al margen de inclinaciones políticas son las primeras beneficiadas con estos eventos (tres, programados por el Instituto Nacional Electoral, INE).

Al final los potenciales electores también resultarán ganadores al tener la oportunidad de conocer en vivo a los suspirantes y sus capacidades, y sabrán de que está hecho el que resulte electo para gobernar al país.

¿De entre los candidatos, en lo inmediato habrá sólo un ganador, pero también ganarán de entre ellos quienes logren alto puntaje por haber tenido buen desempeño. Es un decir, ya habían logrado darse a conocer más por sus negativos y su mediocridad que por sus planes o ideas para llevar pronto a México a los altos niveles que debiera merecer.

También gana la democracia como sustantivo, porque es promotora y a su vez beneficiaria directa de estos eventos que le dan razón de ser y que se han convertido en pocos años en parte de la normalidad de la lucha por el poder en un sistema electoral como el mexicano.

Los candidatos tuvieron mucho tiempo para prepararse y seguramente lo hicieron. La teleaudiencia y las redes tendrán la última palabra y en su mayor parte será rigurosa si no es que despiadada, ahora más con el Twitter y el Facebook cuya existencia como redes multiplicadoras representa un reto enorme para los contendientes.

De los descalabros del primer encontronazo tendrán dos oportunidades más para recuperarse y si no se prepararon a conciencia para impresionar a sus potenciales votantes merecerán el desprecio que les toque.

Lo que se puede esperar

ENTRE TODO el derroche de palabrería previo de los aspirantes, con su mediocridad expuesta a todas horas en lo que transcurrió de las precampañas y campañas, al final lo que pudiera registrarse en las mejores páginas de México serán los destellos de inteligencia expresados en propuestas concretas y como reflejo de capacidades y habilidades notables del tamaño del cargo para el que se postularon.

Sí, es mucho pedirles. La desventaja para todos ellos es que, en su mayoría, el público interesado en el tema los tenía ubicados por su trayectoria misma y a través de la de sus partidos, nada buenas en general.

Y la ventaja mayor es que ellos, los políticos, tienen bien ubicado al público que les interesa, por eso tampoco les asusta pararse frente a una audiencia mayoritariamente poco exigente que ni conoce bien sus derechos ni se da cuenta de muchos temas importantes para el concierto global.

Lo cierto es que todos llegaron con antecedentes desfavorables.

Al candidato del PRI, José Antonio Meade, desde meses antes se le estuvo recriminando que desde su estratégico cargo como secretario de Hacienda en los gobiernos de Calderón y Peña Nieto, no haya advertido e impedido los malos manejos de los recursos públicos de funcionarios como Rosario Robles, titular de Sedesol, en el caso de la denominada “Estafa maestra”, que involucra desvíos superiores a los seis mil millones de pesos; ni el de la “Cosecha maestra” en Sagarpa, que ventiló Carlos Loret y que suma arriba de dos mil millones de pesos en irregularidades.

Asimismo, están los casos de varios gobernadores y presidentes municipales que hicieron mal uso de los recursos públicos, y ahora que se cuenta con más información al respecto, lo que parece es que no había titular en Hacienda que vigilara e impidiera esos tan escandalosos ejemplos de corrupción de alta escuela.

En pocas palabras, sin pretender mucho rigor al juzgarlo, José Antonio Meade llegó reprobado ante los votantes y ante sus adversarios en los debates.

El candidato del PAN dividido, Ricardo Anaya, llegó también muy golpeado por la difusión de noticias sobre sus malos manejos. Pero trató de lavarse la cara dando pie a pensar que en los debates él sería el peligro para el abanderado del PRI, por sus promesas de combatir la corrupción a fondo al punto de afirmar que de resultar ganador el 1 de julio, encarcelaría a Peña Nieto como responsable de los malos manejos en su administración.

Sin duda que semejantes planteamientos fueron atinados para una población harta de los abusos de sus gobernantes y cuya motivación principal al votar es el cobro de facturas y el ánimo revanchista de una parte de los excluidos.

Hasta no ver la tercera vuelta se podrá saber si Anaya cumplió las expectativas de convertirse en el factor sorpresa contra el PRI y el PAN calderonista.

La ex primera dama, Margarita Zavala, finalmente alcanzó una silla en los debates, luego de un cuestionado desempeño que tuvo en la recolección de firmas de apoyo para alcanzar el registro. Salvo por la ayuda que logró desde el mismo gobierno, donde su marido, Felipe Calderón, logro infiltrar a sus leales, no pocos dudaron de su candidatura “independiente”, cuando son ampliamente conocidos sus fuertes ataduras con intereses ideológicos y empresariales.

Para no pocos analistas, Margarita siempre fue vista como parte de una jugada del anterior gobierno y del saliente, como plan B y en alianza con el abanderado del PRI. Del mencionado Bronco, y del tigrillo o como se apode al pretencioso Armando Ríos Piter, si resultara que participan en los debates es porque fueron ayudados violentando la ley para cumplir el cometido de intentar descarrilar a los adversos al régimen.

Algo podrán lograr, pero insuficiente, sin duda, por su pérdida de credibilidad.

De López Obrador se ha comentado mucho, quizás casi todo. El interés sobre su papel en los debates se ubicaría en que lograra exhibir pruebas contra sus adversarios y que pudiera evitar errores peligrosos para su causa.

Lo cierto es que si alguien llegó con muchas ventajas en los esperados debates, ese es Andrés Manuel, por haber participado en otros, por conocer ampliamente el país y sus problemas y por su trayectoria de “honestidad valiente” que se ha logrado posicionar como uno de sus mayores activos.

El factor sorpresa

MIENTRAS AVANZÓ el proceso y en medio de los debates, lo cotidiano sobre el tema fue esperar que el factor sorpresa llegara a darle un vuelco a la elección. Como el elemento de mayor atracción para el transcurso de los esperados encuentros, en el gobierno y en su organismo de espionaje, el Cisen, trabajaron horas extras para integrar expedientes y ponerlos en las manos indicadas.

Las experiencias de otros debates y las noticias del día mostraron que por lo menos la teleaudiencia mantuvo el interés en esos momentos de intensidad tragicómica al puro estilo del sexenal sistema presidencialista: lodo, palabrería hueca y falta de propuestas pertinentes para solucionar los urgentes problemas nacionales.

Es el contexto de los debates un tiempo de incertidumbre y de cobrar facturas en todo lo que represente al gobierno.

Como sea, otra vez se cumplió el ritual. Por enésima ocasión los mexicanos llegaron a la antesala del relevo en la presidencia, esperanzados y frustrados, maltratados en varios frentes por la actual administración y con un rencor acumulado contra sus malos gobernantes.

El balance del actual gobierno es totalmente deficitario en crecimiento económico, en seguridad pública, en educación y en salud. No entrega buenas cuentas Peña Nieto.

Así, en medio de las arduas negociaciones del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, TLC-NAFTA, y de una marcada antipatía del gobierno estadounidense hacia su impotente vecino del sur, comenzó la cuenta regresiva de la actual administración.

Los debates constituyen el último capítulo de incongruencias de la clase política. Discuten, exhiben, elogian o desaprueban lo que en los hechos y como parte del gobierno en turno fracasaron o ni siquiera intentaron solucionar.

La población lo sabe, por eso una parte mantuvo su agenda del día alejada de la invitación al espectáculo, y la que se apuntó para el convite también preparó sus dardos para proyectarlos contra los pregoneros de falsas soluciones, contra los cínicos, contra los oportunistas y contra los farsantes, por toda su mediocridad exhibida en horario estelar.

La hora del votante es la hora de cobrar facturas. Los debates son sólo el anticipo.

*Periodista mexicano, residente en Chicago, IL. Estados Unidos.

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