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Edición 366

10VP 

El voto desde el extranjero, ¿un rotundo fracaso?

Feliciano Hernández*

ESTÁ POR VERSE EL RESULTADO DEL VOTO DESDE EL EXTRANJERO para las elecciones del 2018, pero como van los avances no habrá buenas noticias para sus promotores, al menos proporcionalmente a los registros logrados en ejercicios previos y a los del país.

El abstencionismo acabará imponiéndose, como siempre, y los enormes recursos invertidos irán a la basura, todo por cumplir los caprichos de algunos políticos y activistas que tienen ahí su negocio bien claro y, como ocurre con lo de las candidaturas independientes, justifican el dispendio y la gorda nómina burocrática en la falsa defensa del derecho a votar y a ser votado.

CHICAGO, ILLINOIS.- Los paisanos radicados en Estados Unidos que han solicitado la credencial electoral para votar en México desde el extranjero no están realmente interesados en el proceso electoral de 2018, ni siquiera porque se elegirá presidente de la República, sino que en su gran mayoría sólo buscan poseer la famosa credencial como un medio de identificación que les permita realizar diversos trámites cuando visitan México —los que pueden hacerlo— o la obtienen simplemente porque se les ofrece como un producto gratuito.

Tras varios meses de haber iniciado el proceso de credencialización entre los residentes legales y los indocumentados, prevalece la apatía de los paisanos. Como es sabido el Instituto Nacional Electoral solicitó a los consulados ser el medio de captura de datos por la enorme experiencia e infraestructura que tienen instalada en todo el territorio norteamericano, con al menos 51 oficinas consulares en las que todos los días miles de mexicanos acuden a obtener pasaportes y credenciales de identificación —denominadas matrículas consulares—, útiles para diversos trámites.

Datos imprecisos

Según el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, hasta el año 2016 radicaban en los Estados Unidos 11 millones 702 mil 582 mexicanos, el 97.33% de los que viven fuera del país (el Instituto no explica cómo obtiene sus cifras, considerando que por la parte de los indocumentados los datos son imprecisos puesto que muchos de los paisanos viven en el anonimato para protegerse de la deportación).

Como sea, el INE y los estados en que habrá elecciones han venido desarrollando una amplía campaña de difusión invitando a los connacionales, residentes legales e indocumentados, a obtener su credencial y a registrarse para poder votar en las próximas elecciones federales y estatales.

En espera de los datos oficiales que pudieran permitir dar un balance de este proceso preliminar, lo que se puede anticipar es que estaremos ante uno de los votos más caros de la historia, al considerar el presupuesto histórico solicitado por el INE, de 25 mil millones de pesos —menos 500 que les redujeron al final—  contra los resultados por votos emitidos, tanto desde el extranjero como en el interior del país. Porque si hay un sector de mexicanos apáticos y que no quieren saber nada de política en México, son los radicados en Estados Unidos. Y hay que vivirlo para saberlo. Todo lo demás son cuentos de activistas y promotores interesados.

Como es sabido, en 2005 se aprobó la reforma legal para permitir el voto desde el extranjero, posteriormente se realizaron algunos ejercidos de votación para gubernaturas o legislaturas en varios estados. En 2014 se reconoció el derecho a votar para presidente de la República, senadores, gobernadores y Jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Finalmente, y tras largos intentos, en 2018 la iniciativa se hará realidad plenamente.

Como antecedente de resultados, en 2006 y en 2012, para los procesos estatales en que se hicieron los ejercicios, el INE cuenta que las solicitudes recibidas por el órgano electoral fueron 56,295, en el primer caso, de los cuales sólo se reconocieron como votos válidos 32,621; y en 2012 la cifra de solicitudes fue de 61,869, de los cuales sólo 40,714 fueron contabilizados como votos válidos. Las notas periodísticas de su tiempo dieron detalles de lo costoso que resultó el ejercicio y del alto costo del voto, al comparar lo invertido contra el número final de votos emitidos. No habrá una noticia nueva en 2018, si acaso maquillada por el propio Instituto y por los promotores.

Campaña de promoción infructuosa

A lo largo de 2017, a través de los consulados y de organizaciones de activistas, el INE realizó una amplia campaña para invitar a ejercer el derecho al voto. Al cierre de esta edición se desconocen los avances, puesto que el Instituto no ha divulgado los datos para conocer las cifras reales de solicitantes, ya muy cerca del plazo límite para registrarse y poder votar, que vence el 31 de marzo; el día final para confirmar que recibieron sus credenciales es el 30 de abril, y a partir de mayo los que manifestaron interés en votar recibirían sus paquetes electorales y los marcarán, mismos que serán contabilizados sólo si llegaran 24 horas antes del inicio de la jornada electoral, es decir antes de la 8:00 am del 30 de junio de 2018.

Lo cierto es que en su gran mayoría, si se atiende a lo manifestado por observadores que tienen datos de fuentes consulares, el interés de los paisanos es mínimo. En su gran mayoría han solicitado la credencial pensando que les puede servir para identificarse, no por el interés de votar, y quienes la consiguen no realizan el siguiente paso que es registrarse para poder sufragar, por lo cual no recibirán su paquete electoral en sus domicilios.

Los expertos del INE y asesores de famosos think tank de México y Estados Unidos desconocen que los paisanos radicados en la Unión Americana son poblaciones muy volátiles, inestables por motivos de trabajo, de clima extremo, y de su condición de indocumentados que muchas veces viven en el anonimato, por lo cual mudan frecuentemente de domicilio.

Para aumentar la cifra de solicitantes el personal de ventanilla en los consulados ha colaborado, a petición de parte, en la tarea de convencimiento —sin estar muy convencidos ellos mismos— hacia los cientos de miles de paisanos que en 2017 visitaron las oficinas consulares, y se les anima a obtenerla con argumentos de que es gratis y de que les puede servir como identificación para realizar diversos trámites. “Al principio, en su gran mayoría la gente desdeña el ofrecimiento, pero cuando se les insiste en que es gratis, ya responden, pues démela”, comentó una fuente consular.

“Entre los que llegan exclusivamente a solicitarla, dicen que la quieren para identificarse cuando visitan sus lugares de origen, porque no les aceptan el pasaporte en bancos ni para otros trámites, y si se les dice que la credencial electoral para votar desde el extranjero lleva el domicilio que tienen fuera de México, se desaniman o dicen: —pues ya démela, ya estoy aquí. Muy pocos la buscan con la intención de votar”.

El fantasma del abstencionismo

Desde que comenzó en México la serie de reformas para garantizar el derecho a votar y a ser votado, incluso desde el extranjero, al eliminarse en 1996 la restricción constitucional de sufragar sólo en el distrito electoral según el domicilio del votante en territorio nacional (Art. 36, frac. III) el país ha invertido decenas de miles de millones de dólares y todo ha sido un hoyo negro.

Sólo entre 1997 y 2005 se discutieron en el Congreso 18 iniciativas de ley para regular el voto desde el extranjero. En 2005 se aterrizó el reglamento para permitir el voto extraterritorial para presidente de la república, y tuvieron que pasar 12 años para que el Instituto pudiera concretar finalmente el proyecto.

En el contexto de una democracia que busca evolucionar hacia su plena madurez y salud, en un México que reclama total seriedad de sus procesos electorales, sería irracional e inoportuno descalificar las intenciones indiscutiblemente convenientes para un gran país  que se pretende moderno —en el que todos los ciudadanos gocen a plenitud sus derechos y prerrogativas— y no es lo que se busca desde este espacio, hay que subrayarlo, pero lo que prevalecerá contra todos los esfuerzos es el abstencionismo mientras los mexicanos observen que sus votos no se respetan, que no hay transparencia ni rendición de cuentas y que los candidatos y dirigentes de  partidos políticos tienen como principal interés ganar el poder para sacar beneficios personales.

*Periodista mexicano, radicado en Chicago Il. Estados Unidos.  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla



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