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El Complejo Militar de Trump Venezuela: La próxima invasión yanqui
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Edición 362

PORTADA2

El Complejo Militar de Trump

Venezuela:

La próxima invasión yanqui

Eva Golinger

GUERRA NUCLEAR CON COREA DEL NORTE.Guerra Fría II con Rusia. Guerra sucia en Yemen. Guerra indefinida en Afganistán. Guerra económica contra Venezuela. Guerra retórica con Irán. Guerra de muros con México. Guerra racial en Estados Unidos. Para ser el presidente que prometió la "no intervención" y "América Primero", en apenas ocho meses Donald Trump se ha convertido en el rey de las guerras. Y hay todo un sector de militares estadounidenses y empresas multimillonarias que están salivando con la prospectiva de ampliar y expandir el poderío militar estadounidense.

PARA SER EL PRESIDENTE que prometi√≥ la ‚Äúno intervenci√≥n‚ÄĚ y ‚ÄúAm√©rica Primero‚ÄĚ, en apenas ocho meses Donald Trump se ha convertido en el rey de las guerras. Y hay todo un sector de militares estadounidenses y empresas multimillonarias que est√°n salivando con la prospectiva de ampliar y expandir el poder√≠o militar estadounidense.

Por primera vez en la historia contempor√°nea del pa√≠s, Trump ha militarizado la Casa Blanca, colocando a generales en los cargos del gabinete presidencial m√°s importantes sobre pol√≠ticas de seguridad y defensa, y difiriendo al Pent√°gono las decisiones directas sobre operaciones de combate. Su jefe de despacho, John Kelly, es un general de los marines quien, adem√°s de servir brevemente como secretario de Seguridad Interior de Trump ‚ÄĒendureciendo las pol√≠ticas anti migratorias‚ÄĒ tambi√©n fue comandante del Mando Sur del 2012 hasta 2016, cuando Washington intensific√≥ su pol√≠tica agresiva hacia Venezuela.

2v2

Militares agresivos

El general H.R. McMaster es el asesor de Seguridad Nacional de Trump, ocupando el cargo después del escándalo vinculado con Rusia que forzó la renuncia del general Michael Flynn apenas comenzando su gestión. McMaster es un veterano de las guerras en Irak y Afganistán y un militar muy respetado dentro del Pentágono. Militarista hasta los tuétanos. El secretario de Defensa de Trump, Jim Mattis, es otro marine, conocido por su apodo 'perro loco', es veterano de guerra y fue comandante de las operaciones en Irak y Afganistán más polémicas, incluyendo la masacre en Faluya, Irak, en 2004.

Tal vez a algunos de los que lean estas l√≠neas les parezca normal que militares distinguidos ocupen altos cargos de defensa y seguridad del gabinete presidencial. Pero en Estados Unidos no es nada com√ļn. De hecho, para asegurar el control civil sobre las Fuerzas Armadas estadounidenses no est√° permitido que un militar ocupe el cargo de secretario de Defensa hasta por lo menos siete a√Īos despu√©s de su retiro oficial del servicio militar. En el caso de Mattis, el Congreso tuvo que aprobar una excepci√≥n para que pudiera asumir el cargo. Como era un Congreso con una mayor√≠a republicana, pues, fue f√°cil lograrlo. Pero es por eso que fue hasta m√°s preocupante cuando Trump cedi√≥ sus atributos como comandante en jefe a Mattis y al Pent√°gono en cuanto a la toma de decisiones directas sobre operaciones militares.

Ya no hay participaci√≥n civil directamente en las decisiones m√°s importantes sobre el despliegue de fuerzas especiales, movimientos y misiones militares y otras operaciones de combate. Tal vez Trump no quiera que lo molesten sobre las decisiones de vida y de muerte en los campos de batalla. Prefiere ocuparse mandando tuits atacando a los medios que no le favorecen y a todos sus detractores. Que decidan los generales sobre la guerra. El presidente Trump prefiere ver tele y tuitear. Luego, tal vez en su peque√Īa mente, Trump se deshecha de toda la responsabilidad por las consecuencias de las guerras ejecutadas bajo su nariz.

2V1

Grandes empresas militares

La militarizaci√≥n del Gobierno de Trump no es solamente por la presencia de militares en su gabinete y la toma de decisiones en manos del Pent√°gono, sino tambi√©n por la inclusi√≥n en su gobierno de ejecutivos y consultores vinculados con grandes empresas del Complejo Militar Industrial, como Lockheed Martin, Raytheon y Dyncorp. Su secretaria de Educaci√≥n, la multimillonaria Betsy Devos, es hermana de Erik Prince, fundador de la empresa contratista de guerra Blackwater (ahora conocida como Academi), quien tiene el o√≠do de Trump. Si no fuera obvio que Trump iba a beneficiar a las grandes empresas de guerra ‚ÄĒporque despu√©s de todo, son empresas y empresarios como √©l‚ÄĒ, su discurso sobre la guerra en Afganist√°n hace unos d√≠as lo dej√≥ claro. Fue muy claro en su apoyo a la maquinaria de guerra, superando incluso a su predecesor Barack Obama, al que tanto critic√≥ por mantenerse en Afganist√°n. Trump prometi√≥ guerra indefinida, miles de tropas estadounidenses m√°s y un presupuesto milmillonario.

Y, además, Trump se negó a dar detalles sobre sus planes y estrategias militares con la excusa de que no quería revelar los secretos a los enemigos. En realidad, Trump ni siquiera está enterado de los pormenores y ni le interesa. Pero para sus aliados empresarios y los militares al mando en el Pentágono es un regalo tremendo. Tienen carta blanca para expandir las guerras y actuar en la clandestinidad, encubiertos e impunes de las leyes de transparencia en Estados Unidos porque es el propio presidente que les cedió sus poderes. Y como ya sabemos, Trump gobierna como le da la gana.

Su viraje sobre Afganist√°n no fue bien recibido por sus asesores y seguidores m√°s cercanos de la ultraderecha nacionalista. Dos de ellos renunciaron a sus altos cargos en la Casa Blanca ‚ÄĒSteve Bannon y Sebastian Gorka‚ÄĒ ambos denunciando que Trump se hab√≠a dejado llevar por los 'liberales' y el Complejo Militar Industrial. Ambos volvieron al medio de la extrema derecha, racista y xen√≥fobo Breitbart News, prometiendo luchar por la visi√≥n del pa√≠s que Trump ha traicionado. Hasta una guerra con sus seguidores ha lanzado Donald Trump.

Militarización policiaca

No es solo la ampliación de la guerra en Afganistán y la posibilidad de una guerra nuclear con Corea del Norte que tienen al Complejo Militar Industrial haciendo "¡cha-ching!" por los negocios lucrativos que están cayendo como un aguacero. Trump también ha reautorizado la militarización de la policía en Estados Unidos. Rescindiendo un decreto ejecutivo de Obama que prohibía la transferencia de equipamiento militar a los cuerpos de policía locales, Trump ahora permitirá que vehículos armados, lanzagranadas y armas de alto calibre lleguen a manos de la Policía, lo cual podría resultar en mayor producción y venta de estos equipos, y más abusos de los derechos humanos.

Ataques a Venezuela

2v3Y desde luego, est√° el tema de Venezuela. Trump no solo impuso "fuertes" sanciones econ√≥micas contra el pa√≠s suramericano con la intenci√≥n de imposibilitar su acceso a d√≥lares, dificultar a√ļn m√°s su situaci√≥n financiera y sembrar descontento e inestabilidad social en el pa√≠s, sino que tambi√©n amenaz√≥ con una intervenci√≥n militar.

En un momento muy 'trumpiano' el flamante mandatario exclam√≥ durante unas declaraciones espont√°neas ante la prensa el 11 de agosto que en el caso de Venezuela "una opci√≥n militar no estaba descartada". Posiblemente su secretario de Estado, Rex Tillerson, quien se encontraba a su lado en ese instante, no compart√≠a esa postura, pero mantuvo su cara inexpresiva y no dijo ni p√≠o. Semanas despu√©s sali√≥ a la luz p√ļblica que el n√ļmero dos de Tillerson, el veterano de la diplomacia estadounidense Thomas Shannon, hab√≠a sostenido una reuni√≥n secreta con el entonces canciller de Venezuela, Samuel Moncada, el 23 de julio.

El creciente desconecto entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado est√° m√°s que claro en el caso de Venezuela. Una semana despu√©s de la reuni√≥n entre Shannon y Moncada, Trump autoriz√≥ una inusual sanci√≥n y desprestigio total directamente contra el presidente de Venezuela, Nicol√°s Maduro. Solo cuatro jefes de Estado han recibido esa sanci√≥n de Washington: Bashar al Assad de Siria, Robert Mugabe de Zimbabue, Kim Jong-un de Corea del Norte, y Maduro. La compa√Ī√≠a habla por s√≠ sola.

Una mala idea

Quiz√°s haya sido por la contundente reacci√≥n de toda Am√©rica Latina ‚ÄĒy del mundo‚ÄĒ rechazando la amenaza militar2v4 de Trump contra Venezuela que llev√≥ al multimillonario-hecho-presidente a dejar ese deseo belicista en el basurero imperial. O tal vez las mentes m√°s equilibradas en la Casa Blanca, el Departamento de Estado y en los pasillos del Capitolio lograron convencer a Trump de que la invasi√≥n militar a un pa√≠s vecino ser√≠a mala idea. La verdad es que no creo que a Trump le importe mucho si su amenaza le cay√≥ mal a Am√©rica Latina. Ni acepta los razonamientos del 'establishment'. √Čl ha hecho muy claro que no le gusta la "diplomacia". La percibe como "d√©bil" y Trump est√° obsesionado con la fuerza y el poder viril (tal vez porque √©l no lo tenga). A ese ser despreciable solo le importa su ego y su bolsillo. Si a √©l le convencen de que la mejor manera de adue√Īarse del petr√≥leo venezolano es a trav√©s de una invasi√≥n militar, lo har√°. Si es a trav√©s del golpe econ√≥mico, entonces lanza las sanciones. Por ahora ganaron las sanciones, pero ma√Īana podr√≠a optar por la guerra.

Lo que s√≠ es cierto es que a Trump le gusta la apariencia del macho poder√≠o militar. Y le excita la posibilidad de flexibilizar su m√ļsculo militar a trav√©s de una guerra. Y si pudiera ser una guerra contra un pa√≠s peque√Īo sin la capacidad real de contrarrestar la fuerza estadounidense ‚ÄĒ una victoria garantizada‚ÄĒ pues, ser√≠a lo ideal para Trump.

Cada d√≠a su incompetencia, su ignorancia y su fr√°gil ego levantan m√°s alarmas sobre su incapacidad de gobernar y sus tendencias destructivas. Tendencias que no solamente afectan a su entorno sino al mundo entero. Su odio destilado est√° llevando a Estados Unidos al borde de una guerra civil y los esc√°ndalos rodeando su gesti√≥n siguen en escala. Arrinconado y desesperado para salvarse del escarnio p√ļblico, Trump podr√≠a buscar una distracci√≥n que apuntar√≠a el ojo del mundo en otro lugar, lejos de su aura anaranjada. Esa distracci√≥n podr√≠a ser una guerra ya anunciada.

 



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