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Edición 328

                                                                  RetobosEmplumados1     ASOMBRO SOMBRÍO    

              

                                                                                    

San AgustínPor si las moscas zuuumban una duda

Por doquier las dubitaciones se desplazan: San Agustín rogó a Dios le quitara el cargamento de la duda que lo tenía peor que tameme sin diablito en avernos mercedarios, según anotara Miguel de Servet, cuya teológica profundidad hundió a jerarcas del dogma de toda laya; en la espléndida cinta venezolana Jericó, el protagonista -en versión agustiniana- implora también a las alturas le tumben la tumba de la espalda que pesa lápidas y dudas en mortandad sombría, en rutinario asombro de sombra; Tomás -a quien unos hicieron santo y otros bobo, poseedor del ayate guadalupano siglos antecedidos de la tilma juandieguina, como Fray Servando predicara en costosa liturgia que le valiese un viajecito de pura ida rumbo al exilio- con el apostolado de una duda farfulló frente a la jesuítica resucitación “Hasta no ver, no creer”, dudar que por poco le ocasiona la ceguera del alma con todo y la constelación de sus aureolas.

 Cómo las interrogaciones clavan sin cruz sus alcayatas

 El suizo Friedrich Dürrenmatt noveló Versprechen, Promesa en alemán, La promesse en edición francesa; en versión cinematográfica de 2001 se le tradujoThe pledge con el mismo sentido, aunque al español sin perjurio quedó en El Juramento; de libro a celuloide hay variaciones nada desdeñables, además del cambio de escenario y continente: En la cinta, dirigida y digerida por Sean Penn (ex de Madonna y ex de Robin Wright, entre un titipuchal de ex que le dejaron un desierto en el colchón) el personaje central, actuado por Jack Nicholson, se halla en los prolegómenos de su jubilación, sus colegas policías le preparan vacaciones pesqueras en Baja California; en lo literario no hay pensión, sino salida a Jordania bajo intercambio gubernamental en menesteres de policial asesoría; en el film el acusado de violar y asesinar a una pequeñita (¡qué semejanza sin pantalla con el pederasta Friedrich Dürrenmatt7y asesino, Alejandro Braun, magnate acapulqueño que obtuvo de juez paro y amparo con toda legalidá!) es un autóctono de los pueblos originarios de Norteamérica; en la novela es vendedor ambulante en Suiza; en cine lo denuncia una mujer y en la trama escrita el modesto comerciante reporta el hallazgo de una pequeñita victimada; en el intríngulis cineasta un investigador jura -ante la madre de la infanta muerta-descubrir la verdad, lo hace Dios Mediante, es decir, con el testimonio de un crucifijo; en lo novelístico lo juramenta por su propia progenitora (la jefecita del jurador) en estremecedor compromiso de orfandad; la coincidencia nodal en lo lumínico y lo semántico estriba en la duda, quizá el sospechoso, sometido a un literal tortuoso interrogatorio, echó sobre sus hombros la culpa para desalojar de sus dorsales a tanto Torquemada; y la duda que en verdad clava sus interrogaciones de alcayata, sin cruz crucifica, duele un duelo y una deuda de deudos a dudar… el oculto ¿Quién será? sin ritmo ni amorío machaca la conciencia.

            En un latinajo la duda se dar por suelta y resuelta: “In reo pro dubio”, esto es, la duda beneficia al indiciado, no se absuelve por inocencia, solamente por lo dudoso-nebuloso en cacofónica neblina; eso aconteció con Mario Bezares, “Mayito” en pseudónimo de set y tablas, se le vinculó con el asesinato en perjuicio de Paco Stanley tras una comelitona en “El Charco de las ranas”, negocio por cierto del comentarista televisivo Raúl Sánchez Carrillo, quien tiene al mismo patrón que tuvieron don Paco y don Mario: Ricardo Salinas Pliego; las suspicacias se apiñaron en torno al señor “Mayito” cuando en el momento de la ejecución, en maratónica carrerita se enclaustró  en el retrete, acicateado por la persecutoria vulgaridad de unas almorranas, ¡las almorranas más inoportunas de la historia posterior! (¿u oportunas?), y el crimen se mantuvo en ascuas sin briznas ni fuego, como el asesinato en agravio del magistrado Polo Uscanga, pese a que denunció amenazas de muerte de parte de Saturnino Agüero, presidente del Tribunal de “Justicia” del Defe y de Oscar Espinosa Villarreal, regente (¿re -gente?), por negarse a firmar la desaparición de Ruta 100 y al vapor cocinar cargos re cargados contra sindicalistas; don Polo fue muerto, el señor González, procurador capitalino, más que “justiciero”, ajusticiador, en un principio manejó “suicidio” pero eran tan groseramente grotesca la patraña de su maraña… que se decidió archivarla en homicidio, en crimen perfecto, en crimen de Estado, con un Saturnino de mal Agüero quien desplumándose en sudoroso revoloteo, anunció su retiro tribuno pa’dedicarse a las enseñanzas de la “ley”; y un Espinosa Villarreal que, procesado aquí por su excelsa proclividad al dos de bastos mientras se parapetaba de lujos en lejanía… retornó sin rejas ni sombras sombrías, hasta se hizo “altruista” e inventó un “caritativo” membrete: “Espiral”, pa’treparse en la impunidad de su anagrama. 

 A la duda dúdala

 De vuelta cinéfila sin palomitas pero con la misma interrogación alcayatada, está  La duda, con las sensacionales actuaciones de Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman, sin “sospechosismos” a lo Creel creído, el dudar se extiende en palíndromo: A la duda dúdala, y a la certeza desierta se va sin espejismos el inquirir: ¿El clérigo del libreto a escolapios hace cositas a lo Michael Jackson y a lo Marcial Maciel?, ¿o es calumnia de aquelarre de la superiora que reúne a madres (a muchas monjitas con todo y enojos)?; la duda se afinca, encaja sus adarmes aquéllos de clavadora interrogación.

            François MauriacLa misma dudita-dudota se entierra en otro rubro y en otra temática cruz: Thérèse Desqueyroux, novela del galo François Mauriac, la duda se abre como una flor alucinada: ¿La esposa intentó envenenar a su marido?, ¿es una falsa acusación del cónyuge?, ¿es tan sólo un malentendido a sorbitos de infusión destripadora?, la misma Tere silente se cuestiona: “¿Es verdad que los helechos contienen ácido prúsico?”; (lo prúsico-prusiano sin digresión en larguirucho paréntesis se encierra; hecho sin helecho gas -fuera de toda novelística- que nazis aplicaron en la eficacia del genocidio, gaseada sin ficción de letra que la empresa I.G. Farber vendió a Hitler, a cambio de muchos marcos sin recuadro y, más que esclavos, su “führer” les obsequió miríadas de mano de obra gratuita, pronta a morir en crematorios e inmediatamente reemplazable; no sólo esa corporación germana entabló mortales comercios con el Tercer Reich, también la Siemens, la Bayer -sí la de la cantaleta: “Si es Bayer es bueno”-, la Sanofi, con una rama farmacéutica, “Medli”, que le inauguró aquí el secretario de Salud  de la Ciudad de México, de Suiza Nestlé, los laboratorios Ciba Geigy, Sandoz y Novartis en  fusión sin duda ni confusión; los socios y sosias -clones ideológicos del nazismo- estadounidenses: Dupont, Kodak, General Motors, Morgan… entre un sangriento y crematístico rosario de etcéteras; en Chile, el hijo putativo de don Adolf, el señor Pinochet, encargó la elaboración de un gas con el mismo fin del prúsico: Sarín, se denominó la nueva gasificación de lineal aspiración hitleriana; Eugenio Berrios fue el químico al servicio de los golpistas, quienes asilaron a Walter Rauff, el nacionalsocialista que antes de la prúsica gaseada, asesinaba multitudes con monóxido de carbono, recluyendo al gentío dentro de escapes sin escapatoria abiertos de camiones que a raudales tosían a la muerte; el señor Rauff creó un campo de concentración en las chilenas Islas Dawson, don Walter feneció tranquilito en el solar chileno, con públicos homenajes encabezados por Miguel Serrano, quien junto al féretro lagrimeaba la sal de todas las hogueras); luego de esta circunlocución emparentesizada que aún a gas huele…  Thérèse, tenía entre sus lecturas de cabecera Conversaciones de los lunes, “mesié” Mauriac no cita al creador de tales charlas: Alphonse Daudet, quien con tales platiquitas de inicio de semana destilaba del tintero -sin duda alguna- reacciones de plumín contra la grandiosa, gran diosa, Comuna de París -en algún otroasombro sombrío se abordará sin estribo ni estribillo días elegidos por la historia, el rito y la tertulia para congregar-; la no duda lunesina de aquel conversador-conservador, despeja dudas, puesto que el citador don François, fue catapultado en ámbito literatura por Maurice Barrès, escritor también y prefascista asimismo y a sí mismo, discípulo de Charles Maurràs, fundador de la extremoderechosa “Acción Francesa”, el que por cierto no dudó en publicar Los de abajo, de Mariano Azuela, desde luego en lengua francesa, libro que en fechas casi idénticas también en Francia, imprimiría Henry Barbusse, antípoda éste de aquél, marxista que a Sandino nombrara “El general de los hombres libres”; sin duda cosas de la perífrasis sin temática deslizada, porque en Théresè Desqueyroux “el tratamiento Fawler: es arsénico; lo importante es que recupere el apetito”, rememora la protagonista dudosas médicas sugerencias; y el dudar recala en que la gula mortal se viste de seda por la glotonería que a invertebrados el vertebral difunto agasaja; la misma ceñuda señito Desqueyroux, divide entre Nietzsche y Schopenhauer una dudita e interroga al esposo “¿No experimentas tu jamás, como yo,  el profundo sentimiento de tu inutilidad?”.

Por si las moscas zuuumban una duda     

 Sin evadir la aureola oscura y revoloteadora de Por si las moscas zuuumban una duda, Heriberto Galindo, actual diputado del Partido “Revolucionario” Institucional, recuerda entrevistado por “El Universal” del 28 de septiembre del 2014, el aniversario luctuoso de José Francisco Ruiz Massieu, baleado en luminoso y céntrico atardecer “…me quedé dudando, con cierto grado de credibilidad y cierto grado de duda, ecléctico-crédulo-incrédulo y esdrújulo, evoca de boca y no revoca… dialogares con don José Francisco, “camachista” según la nota, ¡lanota!, que, por encarguito de Carlos Salinas declarase: “Camacho (Solís) es mi hermano, pero Colosio es mi candidato”; la contestación no dejó sitial dudado aunque sí campito a la caja registradora:  “Lo voy a hacer con mucho gusto, pero yo cobro”, fue la respuesta mercantil; faltó añadir que el señor Salinas también cobra, que los espiritistas le pregunten al señor Colosio.

            Gabriel García MárquezLa duda ronda una noche sin Lara ni lara-lara-lá, silente y anochecida así de día sea; en la novela basada en hechos reales, Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez, un marido descubre en su noche aquélla de bodas sin Buda ni duda… que no hubo debut matrimonial, obliga a la cónyuge revelar quién estuvo en la premier; la consorte da un nombre que por “honor” resulta asesinado; el marido retorna a casa después de ¡30 abriles!, con la misma esposa, la misma noche enmudecida… y la misma duda de que se haya mentido respecto al inaugurador, qué de mismidad se adhiere a lo dudoso; en el cinematógrafo, Atom Egoyan dirigióDulce porvenir que versa -en reversa sin cangrejo- acerca de un accidentado camión escolar que causó el deceso de más de diez escolapios; un abogado que representa a padres de víctimas está a punto de ganar el caso, sin embargo, una estudiante que logró sobrevivir, señaló que no hubo falla mecánica, que todo se debió a descuido de quien conducía… y el caso se tornó cazo que hizo chicharrón el casi juicio triunfal; la duda, empero, vuelve por sus fueros y sus fieros fierros: ¿Fue veraz la muchachita o se trató de una vengativa tartufada contra el padre que contra ella y sobre ella cometió incesto?; cuánta razón posee la agustiniana interrogación: La duda pesa más que una jorobada serranía de camellos.

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