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"Está claro que el poder económico dicta las políticas de los medios de comunicación"
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Edición 299

Edward S. Herman:

"Está claro que el poder económico

dicta las políticas

de los medios de comunicación"
B√ĀRBARA SCHIJMAN*


PROFESOR EM√ČRITO DE ECONOM√ćA en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania y destacado especialista en medios de comunicaci√≥n, propaganda y pol√≠ticas regulatorias, Edward S. Herman es ampliamente reconocido por su esp√≠ritu cr√≠tico. Trabaj√≥ muy cerca del fil√≥sofo y ling√ľista Noam Chomsky, con quien public√≥, entre otros,¬†The Political Economy of Human Rights (1979);¬†The Washington Connection and Third World Fascism (1979); y¬†Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media. Adem√°s, ambos intelectuales escribieron la obra traducida al espa√Īol¬†Los guardianes de la libertad: Propaganda, desinformaci√≥n y consenso en los medios de comunicaci√≥n de masas, (1990). Entretanto, junto a David Peterson, elabor√≥¬†The politics of genocide (La pol√≠tica del genocidio, 2010).

 

Barbara2

Schijman: ¬ŅEn qu√© consiste la econom√≠a pol√≠tica de los medios de comunicaci√≥n, que desarroll√≥ junto a Noam Chomsky en Los guardianes de la libertad?

Herman: La raz√≥n por la cual elegimos las palabras ‚Äúeconom√≠a‚ÄĚ y ‚Äúpol√≠tica‚ÄĚ para describir el funcionamiento de los grupos de comunicaci√≥n y su modalidad de acci√≥n tiene que ver con la intenci√≥n de poner √©nfasis en la idea de que los mismos no s√≥lo no son ajenos a la arena pol√≠tica sino que, incluso, forman parte de la econom√≠a. Lejos de constituir agencias independientes dedicadas a decir verdades, su comportamiento est√° determinado por sus v√≠nculos econ√≥micos y sus conexiones pol√≠ticas. Los medios son propiedad de actores econ√≥micos, los financian agencias de publicidad -a trav√©s de sus anuncios- y dependen de los gobiernos para obtener informaci√≥n, licencias, entablar relaciones comerciales con pa√≠ses extranjeros y, en ocasiones, tambi√©n para contar con protecci√≥n policial. Forman parte de lo que se conoce como la econom√≠a pol√≠tica.

El libro describe tambi√©n el ‚Äúmodelo de propaganda‚ÄĚ de la corporaci√≥n medi√°tica norteamericana. ¬ŅEs posible aplicarlo a las empresas period√≠sticas del resto del mundo?

S√≠, claramente, dado que este modelo de propaganda se ocupa de los factores estructurales que, en diferentes proporciones, dan forma e intensidad al desempe√Īo de los medios en el mundo. En Estados Unidos, donde la base de la gran mayor√≠a de los medios de comunicaci√≥n es comercial y depende de la existencia de anuncios, la influencia directa e indirecta de las empresas sobre ellos es importante. En otros pa√≠ses, en cambio, el control del gobierno es a menudo m√°s pesado y la influencia pol√≠tica puede ser m√°s directa y menos sutil.

Barbara

Sin embargo, la tendencia mundial y el auge del neoliberalismo en las √ļltimas d√©cadas impulsaron la privatizaci√≥n de los medios. En t√©rminos de agenda, est√° claro que el poder econ√≥mico dicta las pol√≠ticas y las portadas del d√≠a mediante el control tanto de los principales partidos pol√≠ticos como de los medios de comunicaci√≥n dominantes.

¬ŅEntonces?

A ra√≠z de esto, la aplicabilidad del modelo de propaganda en el mundo sigue este mismo patr√≥n que se observa y funciona en Estados Unidos. Este modelo de propaganda que desarrollamos en el libro describe cinco elementos que determinan lo que es ‚Äúnoticia‚ÄĚ; en otras palabras, lo que aparece en los diarios o lo que transmite la radio y la televisi√≥n. Estos filtros son: La concentraci√≥n de propiedad; la publicidad como principal fuente de ingresos de los medios; la dependencia informativa generada por el gobierno, las administraciones p√ļblicas, las instituciones burocr√°ticas y las corporaciones; el Flak o las ‚Äúcontramedidas‚ÄĚ para disciplinar los medios y el anticomunismo, como motor ideol√≥gico principal del sistema propagand√≠stico.

En la edici√≥n 2002 del libro, agregamos al quinto filtro, la ideolog√≠a del libremercado. El anticomunismo permanece intacto, pero surge el libremercado, asumido como un bien cuyos efectos son puramente ben√©ficos. Este agregado tiene relaci√≥n con las constantes cr√≠ticas a todo aquello que amenace la ideolog√≠a del libremercado. Cada uno de estos elementos act√ļa como filtro.

De alg√ļn modo, la obra advierte sobre la dificultad de sobrevivir en los medios sin internalizar estos filtros...

Es difícil realmente, y las presiones para internalizarlos son importantes, además de las ventajas económicas y las ventajas de status que vienen de la mano de adoptarlos. Sin embargo, un periodista íntegro y resuelto a no constituirse simplemente en un canal transmisor de los intereses del poder dominante puede aprender la forma de encarar su trabajo de manera honesta y hasta puede sacar alguna ventaja de las imperfecciones del control que viene desde arriba.

¬ŅCree posible mejorar el sistema de medios de comunicaci√≥n?

No lo veo muy factible realmente, porque es el producto de fuerzas sociales muy poderosas, con poder econ√≥mico y pol√≠tico mundial, con recursos de considerable magnitud y cuya tendencia va en crecimiento, incluso en estos tiempos de reveses econ√≥micos y esc√°ndalos diversos. Se trata de un sistema de medios que es de autoprotecci√≥n; cuestionarlo depender√≠a de la comprensi√≥n del p√ļblico y de que el poder se organizara para efectuar un cambio pol√≠tico. A trav√©s de este √ļltimo, entonces, se podr√≠a lograr eventualmente la reestructuraci√≥n del sistema.

¬ŅQu√© actitud adoptan las empresas period√≠sticas?

La realidad muestra que los medios dominantes dif√≠cilmente fomenten o apunten a una verdadera comprensi√≥n del p√ļblico, alienten campa√Īas para su descentralizaci√≥n, promuevan ampliar la propiedad p√ļblica o una mayor independencia en la gesti√≥n de los mismos. Tampoco resulta sencillo imaginar que vayan a dejar de lado la publicidad que los financia o que opten por prescindir de la cantidad de regalos que les llegan anualmente desde la esfera pol√≠tica.

Por otra parte, es complejo pensar en la posibilidad de alcanzar un sistema de medios democr√°tico, plural y objetivo. Habr√≠a que quitar la base de la propiedad para que lo fuera, a pesar de que una base parcial conformada por peque√Īos propietarios, junto con una propiedad p√ļblica, podr√≠a funcionar. Sin embargo, para que esto sucediera, ser√≠a necesaria algo as√≠ como una revoluci√≥n.

Usted sostiene que los medios promueven la agenda de la elite y la manera en que, a trav√©s de sus coberturas, buscan tener injerencia en las actividades de Estados Unidos en Am√©rica Latina. ¬ŅPodr√≠a mencionar alg√ļn ejemplo?

Una cuestión sobre la que nos hemos centrado en Manufacturing Consent (Fabricación de consentimiento), y en otros escritos también, es la forma cómo Estados Unidos utilizó la realización de elecciones en el Tercer Mundo para dirigir y controlar el consenso interno. Por un lado, en algunos casos, intervenimos para apoyar gobiernos terroristas que acatan nuestro mandato logrando, a menudo, que mantuvieran cierto espectáculo electoral, a través del cual mostraban supuestas cualidades democráticas, a pesar de los asesinatos, la tortura, etcétera.

Por el otro, los pa√≠ses que atacamos o a los que vamos a atacar, con frecuencia van a encontrar que se ridiculizan sus elecciones por ser consideradas desleales. La comparaci√≥n cl√°sica que desarrollamos en nuestro libro es entre El Salvador y Nicaragua, durante la d√©cada de 1980. Aunque las elecciones en Nicaragua fueron mucho m√°s honestas que las de El Salvador, los medios de comunicaci√≥n cooperaron con el gobierno de Ronald Reagan y mostraron que la elecci√≥n salvadore√Īa era un paso hacia la democracia, mientras que a las elecciones en Nicaragua las tildaron de ‚Äúfarsa‚ÄĚ. (New York Times.)

¬ŅEntonces?

Esto ayud√≥ a justificar a√ļn m√°s el apoyo prestado al atroz gobierno de El Salvador y el apoyo norteamericano al terror constante contra el gobierno sandinista de Nicaragua. De la misma manera, con el gobierno de Estados Unidos hostil a Ir√°n, su elecci√≥n de 2009 fue atacada con furia, por lo que los medios de comunicaci√≥n y gran parte de la supuesta izquierda hicieron lo mismo, mientras que el golpe de Estado y la farsa electoral en Honduras fueron apoyados por el gobierno. Por consiguiente, el tema recibi√≥ un trato suave o fue ignorado por los medios dominantes de Estados Unidos; y, lamentablemente, tambi√©n por la izquierda.

En relaci√≥n con esto √ļltimo, ¬Ņqu√© piensa acerca de las teor√≠as que sostienen que Estados Unidos apoy√≥ la destituci√≥n del ex presidente Fernando Lugo, en Paraguay?

Estoy seguro de que aquellas ideas que afirman que Estados Unidos apoy√≥ golpes de Estado en Am√©rica Latina son ciertas. Lo sucedido recientemente en Paraguay sigue un cauce similar al ocurrido en Honduras. Y Barack Obama sigue los pasos de George Bush. Es un pa√≠s al que le agradan las dictaduras de derecha porque, de ese modo, cree posible mantener a la poblaci√≥n bajo control y al servicio de las elites nacionales y extranjeras. De hecho, se mostr√≥ incluso satisfecho con la √ļltima dictadura militar en la Argentina. Se trata de una larga tradici√≥n que fluye desde el poder de la comunidad empresarial y el establishment militar.

** Revista Debate



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