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Edición 298

Hail to thee emperor Obama

RAMI SCHWARTZ


MÁS QUE UN REFRENDO A SU INVESTIDURA, lo que se vio el 22 de agosto pasado en Washington fue una toma de posesión digna de un emperador romano. Ajeno a los problemas que viven millones de sus conciudadanos, ciego ante las injusticias que son cotidianas, sordo ante las voces que claman austeridad y actitud republicana, Barak Obama se organizó una nueva toma de posesión como pocas veces se había visto con un fiestón al que fueron invitadas 35 mil personas y otra fiestecita privada de tan solo cuatro mil.

 

Obama
Les quedó chico el César.

SU PRIMERA TOMA de posesión costó a los contribuyentes estadounidenses la friolera de 150 millones de dólares, 20 millones más que lo presupuestado. Pero en esta segunda oportunidad el costo se estima en 170 millones de dólares, sobrepasando con mucho a la de Geroge W. Bush, el ex presidente al que Obama no para de criticar y culpar por todos los males que aquejan a su país. En total, el emperador del norte ha gastado 320 millones de dólares en dar rienda suelta a su megalomanía. Con actos como este, Obama tiene asegurado su pase a la historia el cual parece ser su único objetivo.

Linda Douglas fue la vocera del evento de toma de posesión de Obama y cuando la ABC la cuestionó acerca del costo estratosférico de la misma, esta respondió: “El dinero es para organizar eventos en los que esperamos se conecte la gente, hacerla sentir que estamos en esto todos juntos y reforzar la noción que cuando nos unimos nos fortalecemos. Y nos vamos a unir para enfrentar los retos que tenemos ante nosotros hoy día”. O sea, excremento de toro (bullshit) como dirían los mismos estadounidenses.

Hace poco vi la película Lincoln, nominada ya para una docena de oscares. Qué diferencia entre un Presidente que si pasó a la historia por sus actos, por su valentía, por su mano firme para enfrentar los grandes problemas y dispuesto a pagar los costos, incluso de una cruel y sangrienta guerra civil, a diferencia de Obama que no está dispuesto ni a gastar un centavo menos. Lincoln sí se la jugó, apostó por la libertad, por la igualdad de todos los seres humanos ante el creador independientemente de su raza, jaló a su bando a personas que no le eran afines, que no le simpatizaban, a políticos que fueron sus rivales y críticos pero con quienes compartía el sueño y el anhelo de demostrar al mundo que los Estados Unidos podrían dejar atrás la esclavitud.

Se comprometió con sus rivales, se enemistó con sus aliados que querían mantener sus privilegios explotando a los esclavos y con el apoyo de muchos demócratas, pues él era republicano, logró cambiar la Constitución y pasar la décima tercera enmienda aboliendo la esclavitud. Eso le costaría la vida unos meses después.

Obama, por el contrario, no se compromete a nada. Sólo se rodea de amigos, cuates, secuaces, gente que le es afín y que le cante al oído el canto de l as sirenas y como buen emperador, considera que todos los que no están con él están en su contra. En su equipo financiero figuran y han figurado los culpables de la gran calamidad que arrojó amillones de familias a la pobreza, que les hizo perder sus casas y su patrimonio y que sumió al país en su peor crisis economía desd e la Gran Depresión. Larry Summers, Ben Bernanke, Timothy Geithner, Mary Schapiro, artífices de uno que parece más un proyecto de poder que de nación.

Pero el imperialismo de Obama va más allá de las formas y del fondo y tiene que ver con su obsesión diaria por pasar a la historia. Incapaz de ponerse de acuerdo con el Congreso recurre constantemente a su poder como presidente para firmar ordenes ejecutivas esperando compensar con ello su incapacidad para negociar y lograr acuerdos.

Fue así como otorgó amnistía a cientos de miles de estudiantes que son ilegales en los Estados Unidos, como pretende limitar la venta de armas de fuego y muchas otras cosas. Lo mismo hacían muchos emperadores romanos cuando el Senado se oponía a sus caprichos y, ojo, no es que estos caprichos sean malas ideas, por el contrario, limitar la venta de armas de fuego es una necesidad lo mismo que dar seguridad jurídica a inmigrantes que están comprobando que desean ser buenos ciudadanos. Pero hacerlo mediante orden es ejecutivas y no negociando demuestra que su real interés es no compartir con el Congreso sus logros sino pasar ala historia el solito, ser el Abraham Lincoln del siglo XXI.

Todo lo anterior son buenas noticias para México si Enrique Peña Nieto las sabe aprovechar y para ello no tiene más que dorarle la píldora al emperador, felicitarlo, decirle que es un gran hombre, que va a pasar a la historia y subirse en su tren. De esa manera puede obtener de él lo que quiera, la reforma migratoria, mayores ventajas en el intercambio comercial, apoyo incondicional en la lucha contra las mafias internacionales que han hecho de nuestro corrupto país su cuartel general.

Si algo sabemos los mexicanos es ser aduladores, “es la hora que usted diga y mande Sr. Presidente” es parte de nuestra cotidianeidad y de nuestra cultura. Es hora de practicar la adulación con el hombre más poderoso de la tierra a quién le queman las habas por pasar ala historia, quién ha hecho de eso su única prioridad y ahí está como ejemplo el gran desfile inaugural de su segunda toma de posesión, su emperatriz ataviada con los ropajes más finos y el besamanos más propio de un papa (emperador de la Iglesia) o de Nerón, que del líder de una nación de leyes, de democracia y de libertades.

Es por ello que a unas horas de haber comenzado su segundo mandato no queda más que decir: Heil Obama, heil to thee emperor of the United States of America.



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