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Ediciòn 285
Escrito por José Antonio Crespo   
Viernes, 29 de Junio de 2012 16:47

Las traiciones de Fox
JOSÉ ANTONIO CRESPO

 

A VICENTE FOX LE GUSTA considerarse en la misma línea de los grandes democratizadores contemporáneos como Vaclav Havel y Nelson Mandela. Desde luego, su liderazgo y su gestión misma llevan a pensar exagerado dicho parangón. Pero su decisión de brindar su apoyo al partido cuya salida de Los Pinos él encabezó, y que para muchos simboliza la quintaescencia del autoritarismo, es equivalente -al menos simbólicamente- a que Hevel hubiera llamado a retornar al comunismo, o Mandela hubiera hecho lo mismo respecto del apartheid.


Fox
Fox

Desde luego, Fox dice que el PRI se transformó durante estos años en la oposición, que se democratizó para adecuarse a la democracia que él inauguró, y que por ello votar ahora por el PRI no significa propiciar una restauración. Desde luego que el tema de lo que podría significar el retorno del PRI está a debate y no acepta conclusiones simples. Pero hoy por hoy Fox no podría decir en qué puede detectar la renovación del PRI, su transformación política, o el carácter democrático de su candidato presidencial, quien bloqueó la reinstauración de la reelección legislativa (ese sí un mecanismo reconocido de la democracia representativa, y no una moda como sugiere Peña), y busca la formación de mayorías artificiales y cláusulas de gobernabilidad.

Eso para no hablar de los abusos y corruptelas de múltiples gobernadores priistas, y la impunidad con que son tratados dentro de su partido. ¿En dónde o en qué ve Fox la democratización del PRI?

Fernández de Cevallos.
Fernández de Cevallos.

En 1989, el PAN se dividió estratégicamente; por un lado, Manuel Clouthier pensaba que había de aliarse al naciente PRD con objeto de presionar al gobierno para que aceptara una apertura político-electoral en forma. Por su parte, Carlos Castillo Peraza y Diego Fernández de Cevallos pensaban que había de aliarse con el gobierno priista con una reforma limitada, a cambio del reconocimiento del algunas victorias locales.

Al morir Clouthier, quedó vía libre para consolidar la estrategia de Castillo y Diego, conocida como concertacesión. Fox, perteneciente a la corriente cloutherista (y por ende excluido del triunfo panista de 1991) condenó como candidato presidencial la concertacesión, diciendo que los panistas “fuimos unos coyones” por no dar el empujón decisivo al PRI, junto con el PRD (Fox incluso apoyó una coalición con ese partido en 1997 para disputar la capital, lo que fue frustrado por Castillo Peraza).

Sin embargo, y pese a prometer en su campaña presidencial llamar a cuentas a los peces gordos de la corrupción, e instaurar una Comisión de la Verdad para deslindarse del autoritarismo, Fox no hizo caso a quienes pugnaban por esa línea, Jorge Castañeda y Adolfo Aguilar Zínser, y en cambio siguió los consejos de Santiago Creel en sentido de dar respiración artificial al frágil PRI y darle una carta de impunidad a cambio de su colaboración en la aprobación de reformas estructurales de corte económico, cosa que de cualquier manera no sucedió. Con ello, Fox traicionó la línea de Clouthier de que originalmente era seguidor.

Crespo3
El Maquío Clouthier

Más adelante, cuando decidió utilizar la justicia gubernamental para fines político-elecotrales, con el episodio de los vídeo-escándalos y el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, fue llamado “traidor a la democracia” por los obradoristas, al revivir una vieja práctica priista que el PAN había siempre condenado.

Ahora que Fox llamó a votar por Peña Nieto y cerrar filas con él, el PAN se siente traicionado. Razones para ello tiene de sobra. Ya desde meses atrás había hecho publicidad velada por Peña Nieto, por lo cual no cabe la sorpresa. En realidad Fox, al convocar el voto por el PRI, es consecuente con la línea que siguió desde llegado al poder. Pero el PAN lo siguió en esa ruta, desde el primer año del gobierno foxista. Debe preguntarse el partido si, además de considerar al Fox como traidor a la democracia, al PAN y a sí mismo, no los panistas, en su mayoría, al ir de la mano con el guanajuatense aun en 2006, no traicionaron su propia tradición democrática, lo cual explica la lamentable situación que ahora encaran.



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