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Paisaje después de Cartagena 2012
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Edición 281

Paisaje después de
Cartagena 2012
AURELIO ALONSO
*

 

 

AL FINAL, EL UNICO SALDO CONCRETO, tangible, de la Sexta Cumbre de las Américas parece ser la firma del Tratado de Libre Comercio (TCL) entre Colombia y los Estados Unidos, y no hacía falta en realidad una cumbre de jefes de Estado para esto. Se trata de un acuerdo bilateral que no pasa, por supuesto, por consenso internacional alguno.

 

Cumbre

 

Y QUE, EN CONSECUENCIA, se suscribió al finalizar la Cumbre y fuera de ella, por ambos presidentes, sin salir de Cartagena, aprovechando -como quien dice- que ya estaban en la ciudad. Igualmente ha sido noticia la firma otro acuerdo: uno de exención de aranceles entre los cancilleres de Colombia y Venezuela.

Expediente bien conocido, el primero, que consolida el sometimiento de la economía colombiana y colocará al país ante riesgos similares a los vividos por los mexicanos después de 1994: sujeción plena a la dinámica de mercado impuesta por Washington, polarización potenciada de los ingresos privados, desestructuración de la economía agraria, transición hacia una verdadera narcocracia con impunidad para el crimen, intensificación de flujos migratorios internos y externos, y el fortalecimiento de los lazos de dependencia con los Estados Unidos dentro del patrón neoliberal, que se mantiene plenamente vigente en las relaciones internacionales .

No nos deber√≠amos extra√Īar si en la d√©cada venidera los activos financieros de las familias colombianas m√°s adineradas compiten con los de Slim, si los circuitos de la pobreza se propagan y el descomunal cintur√≥n de miseria que rodea Cartagena (y que no se ve desde la zona tur√≠stica) duplica su extensi√≥n, si la violencia se vuelve otra vez (dicen que casi hab√≠a desaparecido) incontrolable en las urbes y en los campos de Colombia y si la hegemon√≠a estadounidense termina por asignar a su socio un papel parecido al que desempe√Īa Israel en Oriente Medio.

A pesar de que se firmó fuera de la Cumbre, el TCL se suscribió aprovechando la reunión de estadistas como pantalla. Los debates habían quedado atrás, con la Cumbre clausurada sin documento final ni consensos aceptados. La sorpresa seguramente no dio tiempo a la protesta de los que hubieran protestado en el país. Este tratado no tiene nada que ver con el firmado entre Columbia y Venezuela, equilibrado y simétrico, y puesto la agenda junto al otro, con astucia, por el Presidente Santos, que se consagra como el político más hábil de la derecha latinoamericana.

Sin embargo, hasta Santos tuvo que reconocer que Cuba no podía estar ausente en las cumbres venideras. Claro, que lo hizo con el cuidado de utilizar el tono más conciliador, y no como lo habría hecho alguien convencido. Se notaba que no habría reivindicado la presencia cubana si un fuerte consenso en el cónclave no lo hubiera puesto en condiciones de tener que hacerlo. Y si la simple aceptación de la presencia cubana en las cumbres no tuvo eco en la postura del imperio, menos se podía esperar un cambio de posición en torno al bloqueo sostenido contra la isla.

A√ļn m√°s escandalosa fue la casi omisi√≥n en torno al reclamo argentino, tambi√©n consensuado salvo por los Estados Unidos y Canad√°, de las Malvinas, las cuales, para colmo, fueron confundidas por el Presidente Obama con las Maldivas. ¬ŅError o muestra c√≠nica de desprecio? Puede que error, ya que para ellos estas islas siguen llam√°ndose Falkland, como demostraron en 1982, en tiempos de Ronald Reagan, al ponerse sin vacilar al lado del colonizador brit√°nico cuando la dictadura argentina intent√≥ la recuperaci√≥n. Al margen del prop√≥sito de los militares, los Estados Unidos estaban comprometidos por el TIAR a respaldar el rechazo a la invasi√≥n brit√°nica, y olvidaron sus compromisos. Fue entonces cuando el TIAR naufrag√≥ y ya nadie recuerda siquiera lo que significa la sigla. Erros y desprecio, en estos casos, suelen andar juntos.

En resumen, en Cartagena no se obtuvo una decisi√≥n en cuanto a la presencia de Cuba en la pr√≥xima Cumbre, moci√≥n bloqueada por los Estados Unidos y Canad√° desde la reuni√≥n previa de cancilleres. El levantamiento del bloqueo, que cuenta con el pleno apoyo latinoamericano, top√≥ con la sordera del norte. Tampoco se consigui√≥ una toma de posici√≥n que aceptara siquiera el debate sobre la reclamaci√≥n de las Malvinas. No obstante, como contrapartida, Washington lograba una firma, libre de protestas, del TCL con Bogot√°. Se comprende que Hillary Clinton quisiera desbordar su entusiasmo la √ļltima noche en el Caf√© Habana, de Cartagena, bailando al son de la Guantanamera y el Chan-chan. Incluso se hizo fotografiar bajo el anuncio del lugar. Parece un podo ir√≥nico de manifestar su satisfacci√≥n por lo que interpret√≥ como una victoria sobre Cuba‚Ķ y sobre el ALBA.

Victoria p√≠rrica, en realidad, y procuro explicarme En primer lugar, la Cumbre de las Am√©ricas no es otra cosa que una criatura de Washington y de la OEA , inaugurada en Miami en 1994, cuando desde el espacio gubernamental latinoamericano no hab√≠an comenzado a darse los cambios que modificar√≠an el escenario regional. Componen esta reuni√≥n los mismos pa√≠ses que componen la OEA, y su destino es el de dar a la hegemon√≠a de los Estados Unidos el respaldo de los jefes de Estado del continente para una segunda escalada neocolonial : el proyecto del √Ārea de Libre Comercio de las Am√©ricas (ALCA) . No es casual que la primera Cumbre coincidiera con el a√Īo de la firma del TLC con M√©xico, punto de referencia para el lanzamiento del acuerdo.

Tras una d√©cada de cambios en el escenario latinoamericano, la moci√≥n de adopci√≥n del ALCA, llevada por George W. Bush a la IV Cumbre, en 2005 en Mar del Plata, encontr√≥ una oposici√≥n mayoritaria que dej√≥ marcado el cambio en la correlaci√≥n de fuerzas en la regi√≥n. La Cumbre, en los supuestos que se concibi√≥, qued√≥ herida de muerte. ¬ŅDe muerte en verdad? La meta despu√©s de 2005 devino llegar al ALCA pa√≠s por pa√≠s.

La siguiente reuni√≥n, en Port of Spain (Trinidad YTobago) transcurri√≥ con la presencia de un nuevo presidente de los Estados Unidos: un Barack Obama sonriente que hab√≠a llegado a la presidencia anunciando cambios que no iba a ser capaz de encauzar. La inaceptable ausencia de Cuba fue ya un tema pol√©mico all√≠, pero no hubo m√°s que se√Īales para dejar esperanzas de una mirada m√°s razonable. Lo incre√≠ble es que ahora se repita. Aquella reuni√≥n termin√≥ sin acuerdos y con el obsequio de Ch√°vez a Obama de un ejemplar de Las venas abiertas de Am√©rica Latina, escrito por Eduardo Galeano en 1971, como sugerencia para una mejor comprensi√≥n de nuestras realidades.

No creo que Ch√°vez estuviera convencido de que Obama fuera a leerlo, ni a molestarse en buscar una de las traducciones hechas al ingl√©s, pero su gesto devino una cortes√≠a pol√≠tica emblem√°tica, en tanto expresaba la esperanza de que el presidente negro que hab√≠a desafiado exitosamente los vestigios racistas en los dogmas electorales estadounidenses, que hab√≠a hecho su campa√Īa sobre la promesa de justicia social y anunciado cambios positivos en la pol√≠tica latinoamericana de Washington, se mantuviera consecuente con sus anuncios. La historia entre Trinidad y Cartagena no recoge gesto alguno que permita esperar nada distinto a lo que hasta hoy se ha recibido de la Casa Blanca.

Se puede comprender, sin indagar, la decisión del presidente de Ecuador, Rafael Correa, y del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, de no concurrir a Cartagena. Y la del resto de los países de la ALBA al anunciar, decepcionados de este encuentro, que no asistirán a Panamá si no se invita a Cuba sin las condiciones inadmisibles que exigen los Estados Unidos.

Debe destacar se que el punto de la inclusi√≥n de Cuba en las reuniones ni siquiera implicaba por s√≠ mismo un cambio de la pol√≠tica estadounidense en el plano bilateral. Sin embargo, cabe pensar que la posici√≥n que asumiera Obama al respecto podr√≠a incidir en su reelecci√≥n a la presidencia: un signo de flexibilidad hacia Cuba contar√≠a para la p√©rdida eventual del apoyo del Estado de La Florida en los comicios. Es significativo que hasta el gesto m√°s obvio de reconocimiento del consenso continental se haga imposible. ¬ŅC√≥mo esperar de Obama un cambio en el bloqueo a Cuba, o que se pronunciara en cuanto al reclamo argentino de las Malvinas, m√°s all√° de la inveros√≠mil neutralidad que atribuy√≥ a su pa√≠s?

Sin embargo, al margen de la escasa información que permite el secreto de las sesiones (fueron todas a puerta cerrada por decisión, en apariencia, de los anfitriones), pienso que sobre el control y la lucha contra el narcotráfico siempre se habría podido ir más lejos (a menos que ir más lejos en esto también influyera en el voto de Miami.)

De cualquier modo nos pasamos la vida bordeando el espejismo que indica que, en los Estados Unidos, el segundo mandato presidencial es aquél en el cual el presidente puede consumar su verdadera política, pues ya no necesita atenerse a las demandas de los grupos de influencia que le apoyaron. No sé si será cierto en otros temas, pero con respecto a la política seguida hacia Cuba esto no ha funcionado.

¬ŅAlguien cree a√ļn que antes de la Cumbre de Panam√°, despu√©s de que se¬†ratifique en la presidencia, si es reelegido, Obama aceptar√≠a que Cuba se integrase en la Cumbre? Ni lo creo, ni importa mucho: importa tanto como que esta Cumbre no haya dado un signo de flexibilidad hacia Cuba, por insignificante que fuera, por el riesgo de que incidiera en la p√©rdida de apoyo del Estado de La Florida en los comicios. Si es que queremos reconocer esta explicaci√≥n, casu√≠stica, pragm√°tica, ‚Äúcortoplacista‚Ä̬† y limitada para comprender el panorama mayor.

La √ļnica respuesta v√°lida es la dada por los pa√≠ses del ALBA. No volver a asistir si Cuba no est√°, que es la posibilidad de deslegitimar desde el Sur la naturaleza de ese c√≥nclave. Es de esperar que otros latinoamericanos se sumen a este condiciona miento y que ese sencillo dilema se revierta en la transformaci√≥n del signo de las cumbres, o de lo contrario en su desaparici√≥n, convertidas en cen√°culos derechistas sometidos, que servir√≠an simplemente como pantallas para imponer tratados bilaterales de libre comercio o cualquier otro ingenio hegem√≥nico. Deslegitimadas del todo por la falta de representatividad.

Confieso que reconozco a Obama que haya declinado, en su vestuario, los modelos de guayaberas, que no tienen en su caso el significado de la prenda nacional, y haber mantenido la sobria identidad que le es habitual. Habr√≠a a√Īadido, de lo contrario, una penosa nota de superficialidad. Para payasadas bast√≥ con la de Hillary.

Recuerdo, para terminar estas l√≠neas, que la fundaci√≥n de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), a principios de diciembre pasado en Caracas, constituy√≥ la creaci√≥n de otra cumbre. Del todo distinta. Llama la atenci√≥n c√≥mo la ausencia o presencia de un solo pa√≠s cambia del todo el significado del conjunto, y ese pa√≠s no es Cuba. La ausencia de los Estados Unidos en CELAC inicia una institucionalidad internacional paralela a la OEA. Si la Cumbre de las Am√©ricas¬† no puede devenir en un punto de encuentro y de confrontaci√≥n entre ambas presencias, superando el car√°cter parcial de su g√©nesis, si no puede atenerse a la exigencia de los tiempos, no tiene sentido que subsista. Podr√≠a convertirse incluso ‚Äďtal vez empieza a convertirse ya‚Äď en un obst√°culo para la salud de la Am√©rica que emerge.

Creo que esta ha sido la lecci√≥n principal de Cartagena 2012. ¬ŅJugaban ya Obama y Clinton al acto final?

*Rebelión

 



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