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Edición 274

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De lectores y electores

Magnates de diversa oligarqu√≠a han dispuesto que afamados seres de la far√°ndula, promuevan que en el aeropuerto de libros los de apipizca aterricen con todo y humedecido lagrimal. Un buen n√ļmero de estas damitas y estos caballeritos faranduleros son altamente conocidos y re-conocidos porque -al igual que otro buen porcentaje de sus patrones- en cuestiones de leer, ni a la lectura de caf√© le atoran, pues, asientan, tales asientos sin silla son densos y farragosos, como sobrantes jerogl√≠ficos de anochecer.

 

Leer, leer con ligereza de bikini en serranías de silicón

Coparmexes, banqueros, televisivos concesionarios y dem√°s tiburones de bomb√≠n‚Ķ sit√ļan a cantantes, actrices, actores‚Ķ con una actuad√≠sima sonrisota de sand√≠a a lo Tablada, convidando a leer; asimismo, comentaristas del chismorreo farandulesco, combinan invitaciones a la lectura, con filos√≥ficos hallazgos de diminutos escotes a lo Sabrina, a fin de que socr√°ticos bebedores dial√©cticamente se hidraten sin cicuta en las monta√Īotas de un pecado universal.

 

Los mismitos que teletonean y juguetonean en una bondá deducible de impuestos, ponen a sus alfiles de la locución a leer en voz alta boletines de Gobernación, a desinformar lo que ocurre aquí y acullá; los envían dizque muy especiales, por ejemplo,  a Libia, donde fungen de voceros del Pentágono y la OTAN, los re-visten de elegante escenografía, protegiéndoles la sesera con elegante casco-bacinica… y a la vuelta, otra vez los reíres de pura pantalla, motivando -muy a lo Mandino- a depositar en libros la mirada, guardándose parrafitos en el almacén de las ojeras.

RAPINO

Miguel de la Madrid.

 

Desde luego que la lectura deber√≠a ser una pol√≠tica de Estado, no la demagogia referida, ni leer de boleto en el Metro, o en el Paralibros, o en el Libroclub‚Ķ una estrategia estatal que de inmediato y a fondo ataque el analfabetismo, no s√≥lo el total, tambi√©n el funcional del que por cierto poco se habla. Incrementar, en calidad de hongo benigno, bibliotecas p√ļblicas a lo largo del pa√≠s, en las que en cualquier horario haya servicio y personal con una cultura b√°sica para resolver dudas y, a la par, incentivar bibliotecas particulares, que en las casas haya libros, muchos libros, aunque en un principio sean de adorno, no faltar√° descendencia y visitantes que los rescaten de mazmorras de ornato y anaquel.

 

La Revoluci√≥n Cubana, al consuno de la Reforma Agraria, combati√≥ -en pol√≠tica de Estado- el analfabetismo, total y funcional; generar un pueblo de lectores era una de las premisas revolucionarias; junto a la ense√Īanza masiva de las primeras letras, se editaban, por cientos de miles, obras de Fedor Dostoievski, Nicol√°s Guill√©n e incluso de quienes no tardaron en manifestarse contrarios al castrismo, verbigracia, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa, a quien Hayd√©e Santamar√≠a, directora de Casa de las Am√©ricas, critic√≥ no su actitud hacia el gobierno de Cuba, ni mucho menos el contenido de sus textos, sino contemporizar con el imperialismo. Mir√≠adas y mir√≠adas de libros sal√≠an de las imprentas para miradas y miradas de pueblo que en¬† gozoso juego y jugo de palabras, encontraban algo m√°s que el alfabeto.

 

En M√©xico, acerca de la masiva impresi√≥n de libros, Jos√© Vasconcelos, desde la SEP reci√©n inaugurada, puso a danzar, entre otros temas y autores, a Homero, Esquilo, P√≠ndaro y a la mism√≠sima Terps√≠core, la Diosa del Meneo, bailaron al son de las ni√Īas de muchos ojos en escuelas p√ļblicas, textos sin m√°s costo que la destinaci√≥n de un interrumpido parpadeo, obras que serv√≠an de piedra fundamental a bibliotecas caseras. Tal acci√≥n, empero, era coyuntural, no correspond√≠a a una pol√≠tica de Estado y don Jos√© de ‚Äúrevolucionario‚ÄĚ apenitas pod√≠a con el cargamento de las comillas. Vasconcelos dur√≥ poco en el puesto y, el maravilloso bailongo compaginado, culmin√≥ antes del segundo comp√°s de los ojeados contoneos.

 

Varios en Polakia no leen ni las solapas de su tacuche

De la grisura neoliberal de De la Madrid, muy poco puede salvarse de la humareda sexenal: no acceder a las presiones de Reagan para extraditar al independentista puertorrique√Īo William Morales; algunos aspectos del grupo Contadora y equipar con libros del Fondo de Cultura Econ√≥mica, a personas que viven en la intemperie, a fin de que en cruceros y banquetas vendieran estupendas obras a precios baj√≠simos, ejemplares que la burocracia embodega y condena a la gula de roedores, polillas y luego extermina en el reciclaje, esto es, en la pena capital del bagazo. Pero como en la era vasconcelista, la medida emprendida por el reci√©n fenecido Miguel Gonz√°lez Avelar, titular entonces de la SEP, no correspondi√≥ a una pol√≠tica de Estado. Y cordilleras de novelas, poemarios, ensayos‚Ķ ¬†contin√ļan sentenciados en ¬†escondrijos de humedad.

2RAPINO

Pe√Īa Nieto y familia.

Al igual que un buen n√ļmero de magnates, seres de Polakia en copiosa cantidad no leen ni las solapas de su tacuche, ante la portada de un libro bostezan la profundidad de un t√ļnel. De Pe√Īa Nieto no preocupan los dislates ni su carencia de lectura, lo que aterra es su postura de extrema diestra, fascitizante, as√≠ sus cosmet√≥logos lo maquillen con una telenovelera inocencia a lo Titino.

 

Don Enrique orden√≥ contra pobladores de San Salvador Atenco, una represi√≥n tan furibunda que Pinochet de inmediato lo hubiera doctorado en la Universid√° del Gorilato. Exprofeso y contra la Constituci√≥n invent√≥ un mandrilesco puestote a Wilfredo Robledo, paque se hiciera cargo de la pinocheteada contra atenquenses, con los respectivos cr√≠menes, violaciones, golpizas, apresamientos, hurtos... Acerca de robos, la carta de recomendaci√≥n de don Wilfredo era la de haber atracado sin anclas y sin muelle pero con afilad√≠simos u√Īeros, recursos para adquisici√≥n de helic√≥pteros. Una vez cumplida la encomienda criminal, al se√Īor Robledo (primo del tambi√©n gorileano Mario Villanueva, exvirrey quintanarroense, ¬°qu√© monita famiglia!), lo protegieron en un escondite de n√≥mina gord√≠sima, en lo que se vuelvan necesitar sus torquemadianos oficios.

Eso es lo que causa escozor de Enrique Pe√Īa, no su antilectora vocaci√≥n, esa alianza que estableci√≥ con Vicente Fox y el mun√≠cipe de Texcoco para reprimir, esa renovada triple alianza partidaria: Partido ‚ÄúRevolucionario‚ÄĚ Instituci√≥n, Partido de Acci√≥n ‚ÄúNacional‚ÄĚ y Partido de la Revoluci√≥n ‚ÄúDemocr√°tica‚ÄĚ, triates que enviaron a San Salvador Atenco marabuntas y marabuntas de asesinos uniformados en jubileo de aquelarre.

Lo que de veras genera salpullido es c√≥mo don Enrique dispuso la verd√° legal en el caso de la ni√Īa Paulette. Y c√≥mo guarneci√≥ en el regazo de la impunidad a Montiel Rojas, su padrino de grilla y de bautismo. Y c√≥mo ampara de afecto y presupuesto a Joaqu√≠n Villalobos, ex dirigente salvadore√Īo del FMLN que asesinara al poeta Roque Dalton y, tras el crimen, deviniera subordinado de la CIA, asesor del presidente colombiano √Ālvaro Uribe, cobra en la PGR de don Jelipe, escribe en Nexos y m√°s nexos a√ļn mantiene con Carlos Salinas y Pe√Īa Nieto. Y c√≥mo increment√≥ en espiral la deuda durante su virreinato, drenando fortunas del erario a sus cosmet√≥logos de pantalla. Y c√≥mo enviud√≥ de la se√Īora Pretelini. Y c√≥mo entabl√≥ v√≠nculos con el asamble√≠sta del PT, Adolfo Orive, cuando √©ste era secretario del gabinete de su padrinote. Y c√≥mo‚Ķ En efecto: la falta de lectura no es lo peor del ahijadito

Leer no quita lo facho, Hitler tuvo una temporada entre sus filas al fil√≥sofo Heiddeger, quien al asumir una rector√≠a universitaria colm√≥ de loas al Tercer Reich, o a Richard Satrauss, que del t√≠tulo de su magn√≠fica partitura Muerte y transfiguraci√≥n, hizo premonitoria pauta de su mism√≠simo reflejo, o Cioran, el de los aforismos tan musoliniano y tan pronazi, o el bardo Marinetti que instaur√≥ su Futurismo en el presente de su duce, o las alabanzas al ‚Äúf√ľherer‚ÄĚ que desde aqu√≠ le destinaron Vasconcelos, Doctor Atl, Soto y Gama, o las felicitaciones a D√≠az Ordaz tras el 68 de muchos le√≠dos y desle√≠dos que al macabro don Gustavo ofrendaron en escuadra su espaldar‚Ķ

Fox Quesada, durante su estad√≠a en Los Pinos, con √©nfasis recomendaba leer, incluso en un mensaje-proemio que escribi√≥ para un libro de texto gratuito, don Vicente estipulaba que ‚ÄúLa historia es nuestra gran educadora‚ÄĚ. Ni qui√©n dude de su hist√≥rica sapiencia, en especial de pr√≥ceres al estilo del precoz Mem√≠n y don Chanoc; pasi√≥n hist√≥ricamente compartida por su c√≥nyuge, la se√Īo Martita, quien con un feminismo acendrado recomendaba leer y releer a do√Īa Rabinita Tagorita.

De L√≥pez Obrador, Alejandro Aura apunt√≥ que, en materia de cultura, ten√≠a un empate t√©cnico con el se√Īor Fox. En el debate de aspirantes a la Jefatura de Gobierno, Tere Vale critic√≥ a don Andr√©s Manuel porque a la S, en la parte final de la segunda persona en pret√©rito singular, a destajo le agregaba esa consonante, con mayor proliferaci√≥n que una S en el pectoral de un regimiento de supermanes.

A quienes leen y estudian los acribillan

Estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, quienes sí leen y luchan para que leer sea una política de Estado… fueron pateados, recluidos y asesinados. Nuevamente la nada santísima trinidad aquélla de Federales , estatales y municipales, ese reprimir tan macaneramente conjugado, verbo que el virrey Aguirre domina desde que era ínterin en el virreinato guerrerense, donde la autoridá sembró metralletas y suciedad en Aguas Blancas, paque no se ahogara Rubén Figueroa Alcocer en su percudida inmensidad. Mataron a casi una veintena de campesinos por exigir, entre otras demandas, escuelas y libros. Jaulas por aulas y dagas por sagas… Defender el derecho a le lectura, se torna peligroso en consignas sin set ni maquillaje.

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