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¬ŅC√≥mo nos envenenan? La seguridad alimentaria en manos de las multinacionales*
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Edición 209

La obesidad es ya una epidemia

La obesidad ha alcanzado dimensiones de epidemia mundial. Mil 700 millones de personas presentan alto riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el sobrepeso, como diabetes y enfermedades cardiovasculares. En la Uni√≥n Europea se estima que, durante los a√Īos noventa, 290 mil muertes de mayores de 15 a√Īos (el 7,7 por ciento del total) estaban relacionadas con el exceso de peso, el 70 por ciento por enfermedades cardiovasculares y el 20 por ciento de c√°ncer.
En el Estado espa√Īol el 14,5 por ciento de la poblaci√≥n adulta es obesa y el 38,5 por ciento tiene sobrepeso. Entre la poblaci√≥n infantil y juvenil (de 2 a 24 a√Īos), el 13,9 por ciento son personas obesas y el 26,3 por ciento tiene sobrepeso. En el grupo de edad entre 6 y 12 a√Īos, la tasa de obesidad es mayor que en los adultos (16,1 por ciento), habi√©ndose triplicado en s√≥lo 10 a√Īos y siendo de las m√°s elevadas de Europa. Seg√ļn la Federaci√≥n Internacional de Diabetes y la Organizaci√≥n Mundial de la Salud (OMS), el sobrepeso y la obesidad que padecen los menores est√°n cada vez m√°s vinculados a la diabetes tipo 2, considerada diabetes de adulto porque requiere para su aparici√≥n de un exceso de peso permanente.

El crecimiento de la obesidad y de sus enfermedades derivadas tiene que ver con el sedentarismo de la vida urbana, pero tambi√©n con los h√°bitos alimentarios. Se trata de sobrealimentaci√≥n pero tambi√©n del predominio de carnes, grasas, sal y az√ļcar, en detrimento de pan, pescado, legumbres, frutas y vegetales. Los alimentos frescos y cocinados en casa se sustituyen progresivamente por alimentos industriales, procesados, precocinados, con conservantes y aditivos. En la dieta de nuestr@s ni√Ī@s y j√≥venes se abusa de carne, boller√≠a industrial, alimentos precocinados, patatas fritas, etc√©tera, repletos de az√ļcares y grasas saturadas que aumentan la palatalidad y eliminan la sensaci√≥n de saciedad. Las calor√≠as vac√≠as de elementos nutritivos y cargadas de az√ļcar refinado que sustituyen a la leche y otros alimentos naturales, son la causa de la epidemia de obesidad actual. Saltarse el desayuno y no ingerir frutas y verduras, al tiempo que beber refrescos en lugar de agua y comer chucher√≠as, perjudica la salud.
La OMS recomienda, para una dieta de 2000 calor√≠as (para un adulto), que la proporci√≥n de az√ļcar no supere los 30-50 gramos diarios. Sin embargo, la OMS no informa a la poblaci√≥n que una lata de coca-cola u otros refrescos, contienen 35 gr de az√ļcar que, por s√≠ sola, superan la dosis m√≠nima. La Academia Americana de Pediatr√≠a ha alertado del riesgo del consumo de bebidas azucaradas. Un estudio de la dieta de poblaci√≥n escolar en EEUU demostr√≥ que una lata adicional de bebida azucarada incrementaba el riesgo de obesidad infantil en un 60 por ciento. El organismo metaboliza hasta 100 gr de az√ļcar en h√≠gado y 200 gr en los m√ļsculos. El resto se transforma en grasa. El aumento de c√©lulas grasas es dif√≠cil de combatir porque la restricci√≥n cal√≥rica para eliminar tales c√©lulas podr√≠a afectar al desarrollo infantil.
Ni√Īos, adolescentes y j√≥venes reciben un alud de presiones publicitarias proveniente de las multinacionales de comida basura, en especial de McDonald y Coca-cola. Nadie obliga a estas empresas a informar de los peligros que sus productos ocasionan sobre la salud. Los establecimientos y las ventas de estas multinacionales no paran de crecer, al mismo tiempo que la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares de nuestros ni√Īos y ni√Īas.

La globalización, causa inseguridad alimentaria: hambre y comida basura

En la dieta del primer mundo, se abusa de la ingesta de grasas y carne. Todo ello tiene consecuencias aqu√≠, pero tambi√©n all√°. Hambre y comida basura son caras de la misma moneda. La carne que comemos procede de animales hacinados y alimentados con piensos. Para su engorde r√°pido y paliar las consecuencias de una ‚Äúvida‚ÄĚ enferma (inmovilidad y estr√©s del ganado estabulado) son atiborrados de antibi√≥ticos y anabolizantes. La industria alimentaria obtiene m√°s r√°pido, m√°s kilos de carne y m√°s barata, impulsando una dieta basada en un alto consumo de prote√≠na animal que nos enferma. Mientras, la tierra f√©rtil en los pa√≠ses del sur, se dedica a la producci√≥n de alimentos baratos para el ganado en lugar de destinarse a producir alimentos vegetales para la propia poblaci√≥n. La consecuencia es la expulsi√≥n de los campesinos e ind√≠genas pobladores de esas tierras, obligados a emigrar y hacinarse en las megal√≥polis del sur o del norte, que les explota como mano de obra barata, neg√°ndoles sus derechos humanos y les expulsa cuando no son necesarios.
La producci√≥n c√°rnica mundial se ha quintuplicado en 50 a√Īos. El rendimiento prote√≠nico de una hect√°rea de cereal es cinco veces superior si se destina directamente para consumo humano que si se emplea en engordar al ganado que nos proporciona la carne. El crecimiento en el consumo de carne igualmente acrecienta los problemas de gesti√≥n de residuos.
Tambi√©n abusamos del az√ļcar. Se nos acostumbra desde peque√Ī@s a los dulces, como premio, medio para entretener el hambre o sustituto de la comida en forma de golosinas, alimentos procesados o refrescos. Comer az√ļcar refinado nos descalcifica, adem√°s de ingerir los productos qu√≠micos necesarios para su blanqueado. En pa√≠ses donde se cultiva la ca√Īa de az√ļcar, se produce una explotaci√≥n de las personas y del suelo de cultivo. Las empresas investigan para encontrar edulcorantes m√°s dulces y baratos que el az√ļcar. Al mismo tiempo, abandonamos el consumo de frutas y verduras que contienen az√ļcares naturales con los nutrientes y minerales necesarios.
Esta dieta, escasa en fibras, verduras y cereales, provoca diabetes, colesterol, afecciones coronarias, c√°ncer e hipertensi√≥n, a los mayores y cada vez m√°s, a los j√≥venes y ni√Īos. Muchas de las actividades de los j√≥venes son sedentarias, cuando el ejercicio f√≠sico es imprescindible para su desarrollo. El sedentarismo favorece la obesidad, porque nuestro cuerpo no quema todo lo que ha ingerido y lo transforma en grasa.
El h√°bito consumista ha invadido el √°mbito de la comida, identificando a trav√©s de la publicidad, ocio y consumo y propagando un patr√≥n alimentario urbano, insano y con escasos nutrientes. Engatusados con im√°genes publicitarias de familias felices, j√≥venes divertidos y regalos, las cadenas de comida r√°pida atraen a las capas sociales con menor poder adquisitivo, que aceptan como alimentos productos deleznables. Las cadenas de comida r√°pida, como Mc Donald¬īs, son perjudiciales para la salud de ni√Ī@s y adolescentes, por la enorme presi√≥n que ejercen sobre los deseos de √©stos, provocando que l@s peque√Ī@s no distingan alimentaci√≥n de diversi√≥n y asocien en su imaginario los espacios de Mc Donald¬īs con lugares de felicidad. Son futuros clientes afiliados de por vida a la comida basura.
Las enfermedades alimentarias (anorexia, bulimia, obesidad, etcétera) no afectan a todos por igual. Amenazan a los grupos sociales con menor educación y menor renta. La epidemia de obesidad contagia a grupos sociales urbanos, dependientes de un trabajo basura y con dificultades para pagar la hipoteca o el alquiler. Su malnutrición no es por falta de alimentos, sino por el exceso y la nocividad de los mismos.

El doble lenguaje de la izquierda globalizadora

En los √ļltimos 15 a√Īos la alimentaci√≥n infantil y juvenil en el Estado espa√Īol ha experimentado un aumento de dulces y refrescos, l√°cteos y carnes, y una reducci√≥n sim√©trica de huevos, verduras y frutas. Este cambio de h√°bitos se corresponde con el aumento de obesidad en ni√Ī@s y adolescentes y se debe a la publicidad de la industria alimentaria, con la connivencia de los poderes p√ļblicos.
A pesar de la alarma por las enfermedades derivadas del cambio alimentario, poco se est√° haciendo desde las instituciones. La publicidad a favor de la comida basura, bebidas refrescantes, helados y dulces, que las multinacionales de la alimentaci√≥n lanzan sobre ni√Ī@s y poblaci√≥n en general se despliega libremente sin obst√°culos legales o sociales. Esto explica la proliferaci√≥n de establecimientos de comida r√°pida y expendedoras de bebidas y chucher√≠as, incluso en centros educativos.
La Estrategia Espa√Īola NAOS¬† se present√≥ en 2005 para combatir la obesidad. Pero esta iniciativa pol√≠tica no aborda la responsabilidad de las multinacionales que la producen. Por el contrario, dicha responsabilidad se niega expresamente: ‚Äúes importante resaltar que el sedentarismo y el d√©ficit de gasto energ√©tico, provocados por las nuevas pautas y h√°bitos de conducta de nuestra sociedad moderna, juegan un papel principal en el aumento de la obesidad y el sobrepeso y no cabe responsabilizar de este problema a la industria espa√Īola de alimentaci√≥n y bebidas, ni a productos alimenticios concretos o a su publicidad‚ÄĚ.
El gobierno emplea la Estrategia NAOS para proteger los intereses econ√≥micos de las empresas responsables de las enfermedades alimentarias. No eval√ļa los da√Īos que la penetraci√≥n del consumo de la comida basura y los refrescos producen entre la poblaci√≥n, en particular en ni√Ī@s y adolescentes. No alerta sobre los crecientes peligros futuros de este modelo de consumo. No promueve la sensibilizaci√≥n cr√≠tica sobre estos productos en el conjunto de la poblaci√≥n, porque eso le enfrentar√≠a con las multinacionales. No proh√≠be su venta en las escuelas, tal como han solicitado la Sociedad Espa√Īola para el Estudio de la Obesidad y la Sociedad Espa√Īola de Endocrinolog√≠a y Nutrici√≥n. La Estrategia NAOS propicia ‚ÄúC√≥digos voluntarios de Buena Conducta‚ÄĚ para las empresas de alimentaci√≥n y bebidas que s√≥lo sirven para limar los aspectos m√°s escandalosos de su publicidad televisiva dirigida especialmente a los menores de 12 a√Īos. Establece Convenios con las multinacionales de la alimentaci√≥n basura para que laven su imagen, mostr√°ndoles como benefactores de los m√°s desfavorecidos y a trav√©s de campa√Īas que incentivan el deporte, nos recuerden, c√≠nicamente, los beneficios de una dieta sana, al tiempo que, en estas mismas campa√Īas, nos ocultan los da√Īos que sus productos ocasionan a nuestra salud.

El consumo responsable agroecológico como alternativa

Habitualmente, se considera una cuesti√≥n individual la adopci√≥n en nuestra vida cotidiana de pautas alimentarias que concilien la alimentaci√≥n saludable con el consumo cr√≠tico y responsable. Si basamos nuestra alimentaci√≥n en frutas, verduras, legumbres, cereales y miel y reducimos el consumo de carne, cubriremos las necesidades de az√ļcar y de prote√≠nas de nuestro cuerpo, eliminando de nuestro consumo la comida r√°pida y los productos industriales, que benefician a las multinacionales de la alimentaci√≥n. Si adem√°s compramos directamente, a los peque√Īos campesinos locales que se esfuerzan en cultivar sin productos qu√≠micos, estamos ayud√°ndoles a no contaminar y contrarrestando la l√≥gica de la globalizaci√≥n econ√≥mica que les condena a desaparecer.
Este cambio de conducta es necesario, pero no podemos enfrentarnos a un problema social cada vez m√°s importante en la infancia y adolescencia de los pa√≠ses ricos (obesidad infantil, sedentarismo y consumismo individualista y autolesivo) como si fuera un problema de √°mbito privado. Se trata de un problema pol√≠tico y social, causado por el modelo alimentario impulsado por la modernizaci√≥n y generalizado por la globalizaci√≥n. Por ello es fundamental educar, desde la escuela, en otro tipo de consumo: un consumo sano, rechazando la producci√≥n industrial de alimentos con productos qu√≠micos y transg√©nicos; un consumo cr√≠tico ante el despilfarro, el individualismo, la contaminaci√≥n y el monopolio criminal de la producci√≥n y distribuci√≥n de alimentos en manos de las multinacionales; un consumo responsable y solidario con la situaci√≥n de los peque√Īos agricultores y trabajadores del campo; y un consumo potente para defender la seguridad alimentaria y recuperar una relaci√≥n de reciprocidad entre el campo y la ciudad, el norte y el sur, aut√≥ctonos e inmigrantes.
La lucha por un ‚Äúpeso optimo para toda la vida‚ÄĚ debe comenzar desde la infancia. Pero nuestr@s ni√Ī@s, v√≠ctimas de la manipulaci√≥n publicitaria, no pueden hacerlo sol@s. Nosotr@s, aunque tambi√©n somos v√≠ctimas de dicha manipulaci√≥n, s√≠ podemos. Los cambios en la dieta diaria son el punto de partida. Es urgente disminuir la ingesta de hidratos de carbono ‚Äúr√°pidos‚ÄĚ procedentes de az√ļcar y cereales refinados, sustituy√©ndolos por hidratos de carbono ‚Äúlentos‚ÄĚ procedentes de frutas, verduras y cereales integrales. Los refrescos azucarados industriales, incluidas las colas, que contienen fructosa, m√°s barata y da√Īina que el az√ļcar refinado, deben ser sustituidos por zumos naturales o por agua. Las grasas deben ser limitadas, especialmente las de origen animal, sustituy√©ndose por el aceite de oliva y frutos secos.
Las redes de consumidor@s responsables de las ciudades debemos crecer en di√°logo con productor@s agroecol√≥gic@s que, sin nuestra cooperaci√≥n, se ven avocad@s a abandonar la producci√≥n ecol√≥gica o entregarse, a su pesar, a Carrefour y otros de su entorno. Comprometerse en proyectos de consumo responsable, fomentar la educaci√≥n alimentaria y realizar actividades con ni√Ī@s y mayores, para impulsar el consumo de alimentos ecol√≥gicos. La proliferaci√≥n de consumidor@s y agricultor@s responsables pondr√° la fuerza necesaria para impedir los abusos publicitarios de las multinacionales que condicionan a nuestr@s ni√Ī@s para que adquieran h√°bitos alimentarios enfermantes.

El principio de precaución en manos de las multinacionales agroquímicas.

A comienzos de los noventa, la Unión Europea (UE) inició, a tra¬vés de la Directiva 91/414, un proceso de revisión de los pesticidas auto¬ rizados, muchos de los cuales habían salido al mercado careciendo de estudios pormenorizados de sus efectos tóxicos sobre personas, animales y plantas. Incluso, seguían utilizándo¬se, a veces con sospechas, otras con evidencias de sus perjuicios, sin evaluar el impacto toxicológico sobre la salud humana y ecotoxicológico sobre la salud del ecosistema.
Dicha revisi√≥n comenz√≥ despu√©s de d√©cadas de acumulaci√≥n de pruebas sobre los da√Īos de los pesticidas: alergias e irritaci√≥n de las v√≠as respiratorias, secuelas irreversibles en sistema nervioso, endocrino e inmunol√≥gico, c√°ncer de diversos tipos e into¬¨lerancia de por vida a la presencia de sustancias qu√≠micas, etc. Tras la presi√≥n, a nivel mundial, de diversas organizaciones que est√°n docu-mentando dichas pruebas y exigiendo la responsabilidad de las em-presas y los gobiernos, se revis√≥ la legislaci√≥n europea sobre pesticidas, iniciando, en paralelo, un programa de an√°lisis de las sustancias en uso.
En estos a√Īos ya se sab√≠a que la exposici√≥n a pesticidas afecta no s√≥lo a las personas que los aplican en el campo y en la desinfecci√≥n de edificios, tambi√©n al resto de trabajador@s expuest@s, sus familias, vecin@s y poblaci√≥n en general, incluidos l@s hij@s engendrad@s con posterioridad al contacto o ingesta del pesticida. Igualmente se sabe que son especialmente sensibles bebes, ni√Ī@s, adolescentes, ancian@s, enferm@s, mujeres gestantes o expuestas un tiempo antes de la gestaci√≥n y progenitores masculinos, no s√≥lo por esterilidad o reducci√≥n de espermatozoides, sino tambi√©n por la transferencia a su descendencia de da√Īos vinculados a la exposi¬¨ci√≥n a pesticidas. Los da√Īos se producen incluso en dosis inferiores a las autorizadas. Los factores que agravan el riesgo tienen que ver con las condiciones f√≠sicas de la persona: etapas cruciales en el desarrollo hormonal, una mayor ingesta en proporci√≥n al peso -en la infancia, sobre todo en los m√°s peque√Īos-, estado de debilidad o enfermedad previo; pero tambi√©n con el uso prolongado de un n√ļmero cada vez mayor, en cantidad y diversidad, de sustancias pesticidas a lo ancho del planeta y durante m√°s de 50 a√Īos, cuya extensi√≥n y acumulaci√≥n en agua, aire, suelo y tejidos grasos de animales y seres humanos, consti¬¨tuye una situaci√≥n de contaminaci√≥n generalizada a la que se aportan nuevas emisiones cada a√Īo y en un nivel creciente.
Pero la demostraci√≥n no siempre es posible. Las relaciones cau¬¨sa-efecto por una intoxicaci√≥n aguda tras un envenenamiento o expo-sici√≥n directa son f√°cilmente identificables porque se producen inme¬¨diatamente o a las pocas horas. M√°s dif√≠cil es demostrar la aparici√≥n de un trastorno o enfermedad provocada por intoxicaci√≥n cr√≥nica, debida a varios a√Īos de contacto profesional (a lo largo de un periodo prolongado o toda la vida). A√ļn m√°s dificultoso es probar que se debe a haber permanecido, de forma casual o recurrente, en espacios cerrados ajardines que han sido tratados. Tanto o m√°s complicado es demostrar que ha sido causado por el consumo de alimentos y aguas contamina¬¨das por pesticidas, incluso por debajo de los l√≠mites autorizados. Pue¬¨den pasan a√Īos entre la exposici√≥n y el inicio de la enfermedad. Esta es la situaci√≥n m√°s habitual en casos de exposici√≥n inadvertida, cr√≥nica, contaminaci√≥n alimentaria, exposici√≥n de los progenitores antes de la concepci√≥n o de la madre durante el embarazo o ingesta a trav√©s de la lactancia materna. Tienen que multiplicarse los casos de enfermedad o muerte para que se observe una tasa superior a la normal y alguien empiece a investigar. A veces se demuestra la relaci√≥n, pero los resulta¬¨dos no son significativos y se rechazan desde una posici√≥n cient√≠fica.


La dificultad probatoria entre la causa y su efecto, facilita que las em¬¨presas productoras de pesticidas no s√≥lo esquiven su responsabilidad cuando causan da√Īos reales, sino que presionen a las administraciones para impedir que proh√≠ban su exposici√≥n y su acumulaci√≥n. Estas cuestiones no son contem¬¨pladas al calcular los l√≠mites m√°ximos autorizados producci√≥n o, al menos, les autoricen "usos cr√≠ticos" 11 . Aunque la Comisi√≥n Europea se vanagloria de haber introducido el principio de precauci√≥n en la letra de la Directiva, el he¬¨cho es que, en la pr√°ctica, brilla por su ausencia.
El proceso de revisi√≥n de la totalidad de pesticidas autorizados y en uso antes de 1992, contemplaba un horizonte inicial de 12 a√Īos. Dicho plazo ha sido superado y ampliado a 2008. Inicialmente y hasta el a√Īo 2001 se contabilizaban 834 pesticidas existentes, que fueron cla¬¨sificados en 4 listas en funci√≥n de su uso y peligrosidad. En abril de 2005, la cifra hab√≠a aumentado a 984 sin explicaci√≥n alguna en los informes de seguimiento.
Las listas 1 y 2 (con 90 y 149 sustancias respectivamente) conte-n√≠an los pesticidas m√°s preocupantes, de mayor uso o aquellos para los que la industria dec√≠a poder facilitar con rapidez los expedientes que conten√≠an su propia evaluaci√≥n de toxicidad y ecotoxicidad. La revisi√≥n de estos pesticidas deber√≠a haber finalizado en 2003. Pero en marzo de 2006, quedaban a√ļn 11 sustancias pendientes de concluir la evaluaci√≥n en la lista m√°s prioritaria y 50 en la segunda lista. Los trabajos de la 3¬™ y 4¬™ lista a√ļn van m√°s atrasados.
Esto significa que tales sustancias siguen utiliz√°ndose, incluso cuando debieran haberse prohibido. Este es el caso del endosulfan, considerado un potente disruptor endocrino y que se acumula en el suelo, el aire, los pl√°sticos de invernadero, el agua y los alimentos, pa¬¨sando a la sangre y a los tejidos grasos. La relaci√≥n del endosulfan con el c√°ncer de mama y con malformaciones en el aparato reproductor masculino en ni√Īos y beb√©s expuestos ha sido ampliamente documen¬¨tada. Tambi√©n en Espa√Īa, uno de los principales consumidores de endosulfan de la UE. Estas investigaciones deber√≠an haber bastado para prohibir el endosulfan con el fin de evitar nuevos casos y proteger la salud de la poblaci√≥n.
El primer informe de la Comisi√≥n sobre la revisi√≥n de sustan¬¨cias existentes, preve√≠a la retirada de unas 500 sustancias. Sin embargo, hasta marzo de 2006 s√≥lo hab√≠an sido retiradas 370, de las cuales, una veinte¬¨na han obtenido autorizaci√≥n para "usos esenciales". Con autorizaci√≥n plena figuran algunas sustancias muy preocupantes. Este es el caso del herbicida Paraquat. Se trata de un producto altamente toxico. Desde 1985, la Red PAN despliega una campa√Īa para difundir los peligros de seguir empleando los 12 pesticidas m√°s t√≥xicos, la denominada "doce¬¨na sucia", que busca la prohibici√≥n de tales sustancias. En 2002 se ini¬¨ci√≥ una campa√Īa espec√≠fica para este pesticida, "STOP Paraquat", que condicion√≥ la prohibici√≥n total o el uso restringido en 13 pa√≠ses, cuatro de ellos miembros de la UE. A pesar todo, la UE ha dado un espaldarazo a este pesticida a finales de 2003. Como en el caso de la mayor√≠a de au¬¨torizaciones de transg√©nicos, la decisi√≥n fue muy controvertida y la argumentaci√≥n contraria de Suecia, con el apoyo de Finlandia, Luxemburgo y Dinamarca no se tuvo en cuenta. La autorizaci√≥n exige unas precauciones de protecci√≥n de los operarios, costosas econ√≥micamen¬¨te e imposibles de cumplir en caso de elevadas temperaturas y una evaluaci√≥n anual de da√Īos sobre los trabajadores y la fauna terrestre en las zonas donde se aplique. Es decir, reconoce la peligrosidad, pero en lugar de evitarla, aplicando el principio de precauci√≥n, acepta las condiciones de la empresa (Sygenta) y subordina la protecci√≥n de la salud de trabajador@s y medio ambiente a los intereses econ√≥micos de la industria agroqu√≠mica. Adem√°s, la autorizaci√≥n en la UE ha neutrali¬¨zado los efectos positivos de las campa√Īas de sensibilizaci√≥n, frenando el proceso de prohibici√≥n del paraquat en pa√≠ses del Sur, a pesar de la imposibilidad de adoptar los niveles de protecci√≥n de los operarios de los pa√≠ses ricos.
El Parlamento Europeo, en su sesi√≥n plenaria del 13/1/09 aprob√≥ un nuevo reglamento en materia de plaguicidas, que sustituye a la Directiva 91/414. Dicho texto establece un nuevo marco que va a regular la comercializaci√≥n y el uso sostenible de los plaguicidas en la Uni√≥n Europea en los pr√≥ximos a√Īos.
Los criterios adoptados supondr√°n ‚Äúla retirada progresiva en la pr√≥xima d√©cada de aquellas sustancias con peor perfil toxicol√≥gico y medioambiental, estableciendo reglas m√°s r√≠gidas a la hora de autorizar la utilizaci√≥n de productos fitosanitarios y el empleo de plaguicidas en el campo, prohibiendo su uso cerca de parques, escuelas, hospitales o de los r√≠os y las pulverizaciones a√©reas‚ÄĚ, ... ‚Äúsalvo limitadas excepciones‚ÄĚ que tendr√°n que autorizar las autoridades nacionales, estableciendo ‚Äúmecanismos para evitar la retirada de aquellas sustancias t√≥xicas para las que no existen alternativas hasta que √©stas se desarrollen‚ÄĚ y garant√≠as para evitar una "merma insalvable para el sector productor de las herramientas de las que actualmente dispone para luchar contra la plagas‚ÄĚ. Es decir, como era de esperar, un nuevo aplazamiento y buenas intenciones que deben ser ratificadas por los estados, siempre que no perjudiquen a las multinacionales.
En definitiva, la UE no est√° aplicando el principio de precauci√≥n para proteger a la poblaci√≥n y al medio ambiente de los efectos nega¬¨tivos de los pesticidas. Su programa de revisi√≥n, nuevamente aplazado, es una m√°scara para seguir actuando en beneficio de la industria qu√≠mica. No se proh√≠ben todas las sustancias m√°s peligrosas y cuyos da√Īos han sido probados. No se suspenden aquellas sobre las que hay estudios que se√Īalan su peligrosidad, aunque no alcancen significaci√≥n cient√≠fica, hasta tanto demuestren su inocuidad, como deber√≠a hacerse en ejercicio del prin¬¨cipio de precauci√≥n. Las prohibiciones a veces son simulacros porque siguen utiliz√°ndose bajo la forma de "usos esenciales". Desde 1992 se ha solicitado la inclusi√≥n de un centenar de pesticidas nuevos que vie¬¨nen a relevar a los anteriores y, seg√ļn la Agencia Europea de Medio Ambiente, son "m√°s t√≥xicos, aunque m√°s espec√≠ficos y m√°s eficaces" (hasta que aparezcan nuevas resistencias de las plagas reduzcan su efectividad.)
El control de plagas no es un problema reducible a la química porque es agroecológico. Las plagas y enfermedades son resultado de agrosistemas desequilibrados. El empleo de grandes cantidades de agrotóxicos de amplio espectro acaba fracasando y creando nuevos problemas. La mejor manera de combatir las plagas es recuperar el equilibrio de los agrosistemas y el mantenimiento de la biodiversidad.
Por otro lado, la UE, secundada por los gobiernos, resta impor¬¨tancia a la contaminaci√≥n por pesticidas que contienen los alimentos, a pesar de hacer controles peri√≥dicos. "De cada 100 verduras que con¬¨sume ciudadano europeo, 60 est√°n completamente limpias de pestici¬¨das, 36 tienen restos en dosis inferiores al m√°ximo tolerado y 4 est√°n contaminadas por encima de estas dosis. El 40¬† por ciento contienen restos y aunque en su mayor√≠a est√©n por debajo de los l√≠mites autorizados, comienzan a acumularse las pruebas de que peque√Īas dosis durante mucho tiempo pueden ser m√°s perniciosas que altas dosis de una sola vez. A su vez, una dieta equilibrada, con alto consumo de frutas, verduras y cereales, contendr√≠a niveles de pesticidas superiores a los recomendados seg√ļn un estudio realizado en Barcelona a trav√©s de mil muestras recogidas en los comercios.

Porque no queremos transgénicos: coexistencia no, no y no.



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