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La integración energética en América del Norte y la reforma energética (mexicana)
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Edición 221

La integración energética en
América del Norte y la reforma energética (mexicana)

ROS√ćO VARGAS*

ALFONSO HICKMAN SANDOVAL**

Introducción

El objetivo del presente trabajo es dar una visi√≥n general de la estructura de la integraci√≥n energ√©tica en Am√©rica del Norte a partir de varios de sus componentes fundamentales como son el comercio de petr√≥leo y gas, la producci√≥n, las reservas petroleras y el consumo petrolero. Destacamos los aspectos m√°s importantes de la propuesta de integraci√≥n de las elites econ√≥micas de los tres pa√≠ses en lo que concierne a la cuesti√≥n energ√©tica, con deliberado √©nfasis en el caso mexicano, en virtud de que la integraci√≥n canadiense con Estados Unidos ha sido ampliamente estudiada por especialistas de estos pa√≠ses. Buscamos insertar la reforma energ√©tica propuesta por el presidente mexicano Felipe Calder√≥n en abril de 2008, aprobada en octubre de ese a√Īo y publicada en el Diario Oficial de la Federaci√≥n en noviembre de 2008, como un paso adelante en el proyecto de integraci√≥n de Am√©rica del Norte en el marco de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad en Am√©rica del Norte (aspan). Sus derroteros no son poca cosa en materia de energ√©ticos, ya que buscan afianzar el control de las reservas petroleras mexicanas; la privatizaci√≥n y la desnacionalizaci√≥n de actividades sustantivas de car√°cter productivo, como la transformaci√≥n industrial en sus variantes de refinaci√≥n, gas, petroqu√≠mica b√°sica y no b√°sica, transporte, almacenamiento y distribuci√≥n; la renta petrolera y el mercado nacional mexicano.

A fin de cumplir nuestro objetivo abordaremos los siguientes aspectos: 1) la estructura de la integración, 2) la aspan como proyecto de integración en América del Norte, 3) la reforma energética mexicana.

Rosio2La tesis que exponemos es que desde los a√Īos ochenta hay un alineamiento hist√≥rico de M√©xico y Canad√° a la estrategia energ√©tica de Estados Unidos. La estructura jur√≠dica, institucional y regulatoria, propiciada por la reforma energ√©tica mexicana (2008), convertir√° a la seguridad energ√©tica de M√©xico en un factor intr√≠nseco del dise√Īo de la seguridad energ√©tica de Estados Unidos. Para M√©xico, esto implica que su pol√≠tica energ√©tica reflejar√° cada vez m√°s las tendencias y las prioridades de Estados Unidos en esa materia; sus acciones proyectan y proyectar√°n los intereses del pa√≠s hegem√≥n (Estados Unidos) que dicta las pautas de la integraci√≥n. Por ello, es posible decir que la seguridad energ√©tica de M√©xico ha quedado subordinada a los intereses de corto y largo plazo de su pa√≠s vecino en lo que concierne al dise√Īo de su pol√≠tica energ√©tica, as√≠ como en su desempe√Īo internacional en materia de energ√≠a.

Si bien no es nuestro objetivo el desarrollo te√≥rico del tema de la integraci√≥n, se√Īalaremos diversos enfoques te√≥ricos y herramientas en los que se apoya nuestro trabajo. En primer lugar, el regionalismo, que propone que los pa√≠ses que comparten un espacio regional se unan para lograr una mejor competitividad en los mercados mundiales y, potencialmente, para alcanzar objetivos, mediante la coordinaci√≥n de esfuerzos en foros internacionales, inversiones o desarrollo de proyectos industriales y tecnol√≥gicos conjuntos. La integraci√≥n puede caracterizarse por un proceso sesgado de ‚Äúarmonizaci√≥n imperial‚ÄĚ.[1] En virtud de que Estados Unidos, la mayor potencia mundial en la actualidad, se encuentra en Am√©rica del Norte, consideramos que su existencia misma es un hecho importante en la estructura de la regi√≥n. Por ello, hemos tomado del neorrealismo el concepto de ‚Äúestructura del sistema‚ÄĚ[2] como un aspecto determinante en el comportamiento de los Estados, dada la situaci√≥n de unipolaridad del sistema internacional actual que ha sido definitiva en el rumbo que ha tomado su desempe√Īo, particularmente desde la administraci√≥n del presidente George W. Bush. El concepto de estructura tambi√©n nos es √ļtil para caracterizar a la regi√≥n de Am√©rica de Norte como distinta de otras, ya que Estados Unidos influye de manera definitiva en el proceso de integraci√≥n energ√©tica no s√≥lo por su peso econ√≥mico y pol√≠tico, sino tambi√©n por su creciente dependencia de los hidrocarburos que es cubierta en buena medida por sus vecinos geogr√°ficos. Esta influencia decisiva en la din√°mica integradora lo convierte en el hegem√≥n que dicta las pautas de integraci√≥n de la regi√≥n.[3] Coincidimos con este enfoque en el sentido de que durante el proceso de integraci√≥n los Estados buscan obtener ganancias absolutas y relativas. Esto es, cada Estado procura hacer crecer su poder e influencia, por lo que cooperar√° con otros Estados o actores del sistema para aumentar sus capacidades; pero tambi√©n le interesa saber cu√°nto poder e influencia pueden lograr los otros Estados en el proceso de cooperaci√≥n. Hay algunos que ganan m√°s que otros (ganancias relativas) y esto es evidente en el caso de Am√©rica del Norte.

También incorporamos la dimensión geopolítica por la vinculación entre lo político y el espacio geográfico en la disputa por el predominio de la región,[4] así como la noción de economía política que tiene que ver con los procesos de producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios, entendidos como medio de satisfacción de las necesidades humanas y resultado individual y colectivo de la sociedad. En el caso de la energía, incorporar aspectos relacionados con la economía nos permitió analizar la inserción productiva de los sectores energéticos, así como el impacto de otras variables económicas como los procesos de endeudamiento y de las políticas y reformas estructurales a que ha debido someterse el sector energético mexicano. Es necesario destacar que en realidad observamos en la región dos procesos de integración, cada uno con características específicas: por una parte, la integración entre Canadá y Estados Unidos y, por otra, la de México con Estados Unidos.

Finalmente, y en virtud de que la teoría no siempre cuenta con las herramientas para acercarse a la dimensión factual de la energía, utilizamos las manifestaciones del proceso de integración en su dimensión: 1) institucional, referida básicamente a las negociaciones de acuerdos de libre comercio y otro tipo de políticas y regulaciones relacionadas; 2) la integración propiamente comercial, caracterizada por el flujo de bienes y servicios en los tres países; 3) la integración física, relacionada con la infraestructura energética requerida para mover los combustibles y las reservas de los recursos; 4) la dimensión empresarial, referida a su organización y los mecanismos para ejercer su influencia en los procesos de integración.

La organización e hipótesis de trabajo son producto de la sistematización y elaboración metodológica de los resultados del análisis de la realidad factual de nuestro objeto de estudio: los recursos fósiles en América del Norte. Los enfoques teóricos y las nociones utilizadas encauzaron la organización y reflexión sobre su comportamiento en lo que concierne a sus dimensiones regional y bilateral, así como al interior de cada uno de los países de la región.

En la actualidad, la energ√≠a se ha convertido en el primer componente de la pol√≠tica exterior de Estados Unidos, cuando en el pasado este lugar lo ocupaba generalmente la econom√≠a. Su pol√≠tica energ√©tica procura estimular la expansi√≥n y diversificaci√≥n de la oferta mundial de energ√≠a. Con el fin de coadyuvar al logro de su objetivo, busca promover las bondades del mercado en aspectos como la transparencia y las instituciones democr√°ticas, incluyendo la dimensi√≥n de la seguridad, a partir de la protecci√≥n de la infraestructura cr√≠tica como componente de su pol√≠tica de seguridad energ√©tica. La aplicaci√≥n de esta pol√≠tica tuvo su manifestaci√≥n m√°s cruda en 2008 con la negociaci√≥n entre las grandes corporaciones petroleras Exxon-Mobil, Shell, Total y bp para reanudar los contratos petrol√≠feros que hab√≠an perdido cuando Irak nacionaliz√≥ su industria petrolera. Los arreglos de 2008 pasaron por encima de las ofertas de otras cuarenta compa√Ī√≠as, entre las que hab√≠a chinas, indias y rusas, con las cuales hab√≠a negociado el gobierno de Saddam Hussein antes de la invasi√≥n de Estados Unidos. Tales negociaciones fueron desestimadas por el gobierno iraqu√≠ de Nuri Maliki y los funcionarios de Estados Unidos.[5]

En el caso de América del Norte, el objetivo en marcha es integrar el mercado ampliando la oferta energética regional, facilitar los flujos transfronterizos de energía y hacer expeditos los procedimientos de homologación regulatoria con México y Canadá, países que constituyen sus dos fuentes de energía más importantes y confiables. Uno de los mayores obstáculos que los integracionistas vislumbran en este proceso es el acceso a los recursos remanentes en áreas en donde son abundantes, el alto costo de explotar nuevas áreas y los desafíos políticos para el asentamiento de la infraestructura energética crítica.[6] Por lo anterior, sugerimos que en lo concerniente a México la reforma energética de Felipe Calderón responde a directrices de la integración cuyo propósito es desechar obstáculos para que el sector privado entre de lleno en actividades corriente arriba (exploración y explotación [upstream]), procesos de distribución, almacenamiento y distribución de petróleo y gas. En Estados Unidos, pero sobre todo en Canadá, buscan también el desarrollo pleno de los recursos fósiles convencionales y no convencionales.

La estructura de la integración

La regi√≥n en conjunto tiene como caracter√≠stica una oferta insuficiente, explicada por la situaci√≥n de Estados Unidos, que produce el 25 por ciento de la oferta energ√©tica mundial, mientras consume el 30 por ciento de la misma. La mayor parte de dicho consumo es atribuible a la demanda estadunidense cuyo nivel de consumo total es de 21 MMb/d (millones de barriles diarios) (datos de 2008) y se estima que alcanzar√° la cifra de 26 MMb/d en los pr√≥ximos a√Īos, por lo que continuar√° siendo el mayor consumista a nivel mundial. Para cubrir la demanda regional, el 27 por ciento de la producci√≥n proviene de Canad√° en la forma de gas, petr√≥leo y electricidad, y el 9 por ciento de M√©xico, b√°sicamente en la forma de petr√≥leo crudo.

En cuanto a los flujos de energ√≠a, la mayor parte se dirigen al mercado estadunidense, procedentes de M√©xico por el sur y enviados por Canad√° desde el norte. M√©xico cubre cerca del 15 por ciento de las necesidades de Estados Unidos, pero importa de este √ļltimo gas natural, refinados y electricidad. Tanto M√©xico como Canad√° han proporcionado entre el 27 y el 30 por ciento de los requerimientos petroleros de Estados Unidos en los √ļltimos a√Īos, pr√°cticamente toda su producci√≥n petrolera y gasera (en el caso de Canad√°) se dirige a Estados Unidos, pero hoy d√≠a muestran una declinaci√≥n importante en sus reservas petroleras convencionales y gaseras vis √† vis las de Estados Unidos cuya declinaci√≥n es, en t√©rminos relativos, m√≠nima comparada con la de sus vecinos. Dicha declinaci√≥n est√° estrechamente asociada a una explotaci√≥n intensiva de los yacimientos de M√©xico y Canad√°, que dirigen su producci√≥n a un mercado monops√≥nico (Estados Unidos) cuya importancia radica en que el precio es definido por este √ļltimo. La explotaci√≥n intensiva de los yacimientos mexicanos y canadienses ha sido alentada por procesos de desregulaci√≥n en sus sectores energ√©ticos, los acuerdos de libre comercio, la reducci√≥n del poder regulatorio de sus agencias federales, la construcci√≥n misma de la infraestructura energ√©tica, como es el caso de Canad√°, y la buena disposici√≥n de las elites vinculadas a los gobiernos (particularmente de las dos √ļltimas administraciones del Partido Acci√≥n Nacional [pan], con el apoyo del Partido Revolucionario Institucional, [pri] y del Partido de la Revoluci√≥n Democr√°tica [prd], en el caso de M√©xico; adem√°s de varias administraciones en el de Canad√°). Elites y gobiernos han hecho su prioridad colaborar con la seguridad de abasto petrolero a Estados Unidos a partir de garantizarle altos vol√ļmenes de exportaciones a precios bajos (en relaci√≥n con otros crudos marcadores internacionales). Si bien hasta ahora la regi√≥n ha sido pr√°cticamente autosuficiente, se prev√© una declinaci√≥n en petr√≥leo, gas y carb√≥n para el a√Īo 2010. Con base en esta consideraci√≥n es que se dise√Īa la estrategia petrolera del presidente Barack Obama.

Gr√°fica 1

Importaciones de petróleo crudo y derivados (totales de Canadá y de México), 1993-2009  (Miles de b/d)

Grafica1

Fuente: elaboración propia a partir de datos de Energy Information Administration (eia) de Estados Unidos, en <http://tonto.eia.doe.gov/dnav/pet/pet_move_impcus_a2_nus_ep00_im0_mbbl_m.html>, consultada el 5 de mayo de 2009.

En el caso del petr√≥leo de Estados Unidos, su producci√≥n ha sido declinante y revela una brecha creciente entre la demanda y la oferta nacional que debe ser cubierta con importaciones. Las procedentes de sus dos vecinos han crecido de forma importante desde los a√Īos sesenta. En el caso de Canad√°, √©stas alcanzaron la cifra de 2.5 MMb/d en el 2007; sin embargo, hay que considerar que Canad√° importa 900 mil b/d por el lado de la Costa Este, lo cual nos lleva a considerar que en t√©rminos netos las importaciones procedentes de M√©xico son muy semejantes a las que Estados Unidos obtiene de Canad√°. Las importaciones procedentes de M√©xico fueron en ascenso hasta 2005, a√Īo a partir del cual caen, debido al inicio de la declinaci√≥n, por razones de madurez, de su principal yacimiento petrolero: Cantarell. Por ello, en los √ļltimos a√Īos, M√©xico ha sido desplazado por Arabia Saudita en el mercado estadunidense de importaciones. Sin embargo, en abril de 2009, vuelve a ocupar el segundo lugar tanto en exportaciones de crudo como de productos petroleros. En 2007 y hasta el 2009, Canad√° y M√©xico han sido claramente los dos proveedores m√°s importantes, de entre los quince significativos para el mercado estadunidense. Canad√° en una tendencia absolutamente creciente y M√©xico con tendencia a la declinaci√≥n por lo que fue rebasado en el 2008 por la producci√≥n saudita.

Cuadro 1. Importaciones de petróleo crudo y petrolíferos de Estados Unidos (2007-20091)

(Miles de barriles diarios)


Crudo

Petrolíferos

País de procedencia

2007

2008

2009

2007

2008

2009

 

 

 

 

 

 

 

Canad√°

1 881

1 933

1 930

2 470

2 527

2 530

México2

1 454

1 214

1 261

 

 

 

Arabia Saudita

1 407

1 544

1 224

1 434

1 563

1 245

Venezuela

1 109

1 043

1 072

1 356

1 214

1 252

Nigeria

1 022

1 075

473

1 080

1 110

504

1 Hasta el 30 de abril de 2009.

2 De acuerdo con la eia M√©xico export√≥ petrol√≠feros a Estados Unidos; sin embargo, seg√ļn informaci√≥n de Pemex, depende en un 40 por ciento de las gasolinas importadas de Estados Unidos para su consumo. Debido a esta inconsistencia decidimos suprimir las cifras de eia.

Fuente: Estados Unidos, Energy Information Administration, ‚ÄúCrude Oil and Total Petroleum Imports: Top 15 Countries‚ÄĚ, 2009, en <http://www.eia.doe.gov/pub/oil_gas/petroleum/data_publications/company_level_imports/current/import.html>, consultada el 30 de abril de 2009. Es importante se√Īalar que se tom√≥ como referencia la informaci√≥n del Departamento de Energ√≠a de Estados Unidos porque integra la informaci√≥n de otros proveedores; sin embargo, en el caso de M√©xico la informaci√≥n pudiera resultar inconsistente con la de Pemex, en el caso de los pretrol√≠feros, habida cuenta de que M√©xico registra el 40 por ciento de la compra de sus gasolinas procedente de las importaciones de Estados Unidos.

La estructura del comercio en el caso del gas natural es distinta de la del petrolero, pero Canad√° se mantiene como exportador neto a Estados Unidos, pa√≠s para el que representa m√°s del 75 por ciento de sus importaciones. M√©xico, por su parte, es un importador neto de este combustible por lo que desde 1990 se han pr√°cticamente cuadruplicado las compras procedentes de Estados Unidos.[7] La situaci√≥n tiene que ver no s√≥lo con una declinaci√≥n de reservas gaseras en M√©xico, es tambi√©n reflejo de la prioridad hist√≥rica que se ha otorgado a la explotaci√≥n de petr√≥leo por encima de la del gas, adem√°s de que su dotaci√≥n de reservas es, en su mayor parte, de gas asociado. Un absurdo es que este gas se ha quemado en la atm√≥sfera desde hace a√Īos. En cambio, para la producci√≥n del gas no asociado se ha permitido la incorporaci√≥n del sector privado en la zona de la Cuenca de Burgos. Debido a que se ha alentado su consumo para la generaci√≥n de electricidad, con la introducci√≥n de las plantas de generaci√≥n el√©ctrica de ciclo combinado a cargo del sector privado, puede esperarse que M√©xico siga dependiendo de las importaciones procedentes de Estados Unidos en la forma de gas natural a trav√©s de gasoductos.

Gr√°fica 2

Importaciones anuales de gas natural de México, provenientes de Estados Unidos 
(Millones de pies c√ļbicos)

Grafica2
Fuente: Energy Information Administration de Estados Unidos, en
<http://tonto.eia.doe.gov/dnav/ng/hist/n9102cn2A.htm>.

 

En opini√≥n de algunos especialistas el problema principal en materia de energ√≠a en Am√©rica del Norte no es el petr√≥leo sino el gas natural, debido a su alto nivel de consumo en Estados Unidos, pese a que este pa√≠s es el primer productor mundial de ese combustible. Canad√° es el tercer productor, sin embargo, sus recursos presentan un cuadro semejante al del petr√≥leo, con cuencas geol√≥gicas maduras, por lo que sus reservas gaseras tienen un horizonte de 8.6 a√Īos.[8] Las mexicanas han declinado de manera sustantiva, ante el insuficiente impulso a la exploraci√≥n gasera en el pa√≠s, haciendo de √©ste un importador neto del recurso. En el caso de Estados Unidos, aunque no tan cr√≠tica, su situaci√≥n le lleva a considerar problemas de escasez hacia 2011[9] por lo que seguir√° dependiendo en buena medida de las exportaciones de su vecino a fin de satisfacer sus requerimientos nacionales. Por el hecho de ser el energ√©tico trilateralmente m√°s integrado, el gas natural se convierte en el desaf√≠o m√°s urgente e importante de la regi√≥n; en vista del d√©ficit previsto, Estados Unidos importar√° este recurso en 2011. La situaci√≥n ha llevado a la propuesta continental de considerar la alternativa del Gas Natural Licuado (gnl), sugiriendo la posibilidad de establecer plantas en M√©xico y Canad√° para abastecer el mercado de Estados Unidos.[10]

 

Gr√°fica 3

Importaciones anuales de gas natural de Estados Unidos provenientes de Canad√°¬† (Millones de pies c√ļbicos)

Grafica3

Fuente: Energy Information Administration de Estados Unidos, en 
http://tonto.eia.doe.gov/dnav/ng/hist/n9102cn2A.htm>.

En lo que respecta al petróleo, América del Norte cuenta con el 16 por ciento de los recursos probados y potenciales mundiales. Si incluimos las arenas bituminosas de Canadá, entre este país y México poseen el 90 por ciento de los recursos probados de América del Norte.

Considerando las reservas probadas de petr√≥leo crudo, el pa√≠s con mayor dotaci√≥n de recursos es Estados Unidos, cuyo promedio de reservas desde hace a√Īos se encuentra entre los 21 y los 22 mil millones de barriles. Luego estar√≠a M√©xico, con un nivel promedio de 12.9 mil millones de barriles y por √ļltimo Canad√°, con 4.5 mil millones de barriles de reservas petroleras. Las reservas han disminuido en el caso de Estados Unidos (.5 mil millones de barriles), pero sobre todo de M√©xico, que debido a la ca√≠da de su principal yacimiento, Cantarell, registra una declinaci√≥n de 1.7 mil millones de barriles en los √ļltimos a√Īos. En cambio Canad√°, despu√©s de registrar una declinaci√≥n en sus recursos convencionales, decidi√≥ reclasificar en el 2004 las arenas bituminosas en calidad de reservas probadas[11] lo que ha engrosado sustancialmente sus estad√≠sticas (a 179 mil millones de barriles, v√©ase el cuadro 2).

Hist√≥ricamente, Canad√° ha sido uno de los principales proveedores de Estados Unidos en materia petrolera. Aunque con pocos problemas para explotar sus recursos, ha ‚Äúresuelto‚ÄĚ la cuesti√≥n de los asentamientos ind√≠genas para poder acceder a sus reservas. Columbia Brit√°nica ha iniciado la revisi√≥n de las prohibiciones de perforaci√≥n en la Costa Oeste para aumentar la oferta petrolera.[12] Al igual que sus vecinos, su geolog√≠a es de cuencas petroleras maduras. El horizonte de reservas de producci√≥n para su petr√≥leo en 1983 era de 37 a√Īos, no obstante, a fines de 2002 ya se hab√≠a reducido a menos de diez a√Īos para el petr√≥leo convencional.[13] As√≠, las grandes expectativas que genera Canad√° no provienen de sus reservas convencionales, sino de los 179 mil millones de barriles en arenas bituminosas (hasta 2004 recursos no convencionales), que ahora permiten una producci√≥n de 1MMb/d, y se estima que podr√≠an alcanzar un volumen de 5MMb/d en 2025. De las anteriores, existe un volumen de reservas del orden de 13 mil MMb, cuya viabilidad proviene del precio actual del petr√≥leo, pero s√≥lo el 20 por ciento de ellas es de f√°cil extracci√≥n. A un costo de entre 40 y 60 d√≥lares el barril y sin considerar los costos ambientales y otras externalidades, las arenas se han vuelto rentables y Canad√° se prepara para su explotaci√≥n. Adem√°s de las arenas bituminosas de Alberta se cuenta con otros recursos costa afuera de Terranova y con las reservas petroleras en Bakken (4.3 mil millones de barriles). Desde Alberta ya se construyen dos grandes gasoductos que transportar√°n el crudo producido a partir de las arenas al estado de Maine, en Estados Unidos.[14] Una vez que fluyan las arenas asf√°lticas dicha producci√≥n quedar√° bajo los t√©rminos del tlcan, el cual compromete a Canad√° a no suspender sus exportaciones, incluso en caso de escasez (cl√°usula de proporcionalidad y seguridad del mismo), a menos que reduzca el crudo destinado al mercado nacional. Este potencial ha elevado el optimismo de Estados Unidos que considera las arenas como recursos continentales, pues autom√°ticamente eleva su confianza en garantizar su seguridad energ√©tica. √Čstos sin duda har√°n una contribuci√≥n importante a dicho rubro.

Cuadro 2. Reservas petroleras (2006)  (miles de millones de barriles)


País

Reservas probadas1

Estados Unidos

21.4

Canad√°

1792

México

12.9

América del Norte

213.1

No-opep

12.9

opep

901.7

Mundiales

1292.5

 

1 Las reservas probadas son las internacionalmente aceptadas. La Secretaría de Energía reporta además reservas probables y posibles por 29.8 MMb (Diagnóstico: Situación de Pemex. Resumen Ejecutivo, marzo, 2008).

2 Incluye arenas bituminosas.

Fuente: U.S. Energy Information Administration, ‚ÄúWorld Oil Markets‚ÄĚ, International Energy Outlook 2006, junio de 2006, en <http://www.eia.doe.gov/oiaf/archive/ieo06/pdf/oil.pdf>, consultada el 30 de abril de 2009.


Cuadro 3. Recursos prospectivos (2006)   (miles de millones de barriles)

 

País

Recursos no descubiertos

Estados Unidos

83

Canad√°

32.6

México

45.8

América del Norte

161.4

No-opep

45.8

opep

400.5

Mundiales

938.9

 

Fuente: U.S. Energy Information Administration, ‚ÄúWorld Oil Markets‚ÄĚ, International Energy Outlook 2006, junio de 2006, en <http://www.eia.doe.gov/oiaf/archive/ieo06/pdf/oil.pdf>, consultada el 30 de abril de 2009.

En el caso de Estados Unidos, sus reservas han venido declinando desde 1980 afectando la producci√≥n.[15] Si bien este pa√≠s cuenta con 21.4 mil millones de barriles de reservas probadas y 500 mil pozos productores, la mayor√≠a de √©stos son marginales (stripper wells) y sus campos petroleros son considerados maduros. Esto implica una tendencia de declinaci√≥n productiva que debe ser compensada con crecientes importaciones, mismas que se estima ser√°n del 70 por ciento del consumo total en el 2020. Considerando un consumo anual de alrededor de 7 mil millones de barriles, dejar de depender de los suministros del exterior significar√≠a para Estados Unidos utilizar sus reservas, las cuales s√≥lo alcanzar√≠an para tres a√Īos, en lo que concierne a las reservas probadas. Ello le impide resolver su problema de dependencia de las importaciones, ya que hay dificultades geol√≥gicas y pol√≠ticas para sustituir 12 millones de importaciones diarias. La independencia energ√©tica es improbable,[16] aun con fuentes renovables, por esto, la dependencia de combustibles f√≥siles continuar√° creciendo hacia el 2020 (en 70 por ciento del consumo total). Por tanto, que Estados Unidos garantice los flujos petroleros del exterior a precios accesibles es de vital importancia para el mantenimiento de su competitividad y hegemon√≠a.

Dentro de su propio territorio, las petroleras de Estados Unidos han sido limitadas por la oposici√≥n gubernamental a perforar tierras p√ļblicas costa adentro y costa afuera. Desde la administraci√≥n de Ronald Reagan, Estados Unidos ha mantenido una virtual moratoria en exploraci√≥n y desarrollo en la costa este y oeste, y en la parte oriental del Golfo de M√©xico, adem√°s de conflictos en tierras p√ļblicas costa adentro. Lo m√°s celebrado ha sido la moratoria al Refugio de Vida Salvaje del √Ārtico (anwr, por sus siglas en ingl√©s) que la administraci√≥n de George W. Bush intent√≥ ‚Äúliberar‚ÄĚ. Incluir √°reas dentro del territorio de Estados Unidos fue una propuesta del presidente Bush y tambi√©n form√≥ parte del debate de las plataformas electorales de los candidatos presidenciales (Barack Obama y John McCain) debido a los altos precios del petr√≥leo alcanzados en el momento de las elecciones.

Como parte de su estrategia ‚ÄúTwenty in Ten: Strengthening America‚Äôs Energy Security‚ÄĚ,[17] el presidente Bush propuso el desarrollo de la producci√≥n petrolera nacional del anwr (1 MMb/d); alent√≥ la inversi√≥n en capacidad de refinaci√≥n; propuso resolver los obst√°culos relacionados con la construcci√≥n del gasoducto de Alaska; busc√≥ la aprobaci√≥n del Congreso para acceder a √°reas clave en plataforma marina continental en el Atl√°ntico, en el Pac√≠fico y en las Monta√Īas Rocosas. Las restricciones de acceso a los recursos petroleros en otros pa√≠ses productores, debido a las nacionalizaciones que en ese momento se estaban llevando a cabo y a la fortaleza que adquir√≠an las compa√Ī√≠as petroleras estatales en el manejo de sus recursos, llev√≥ a las compa√Ī√≠as estadunidenses a poner mayor atenci√≥n en su territorio. Una de las √°reas que se volvi√≥ atractiva fue, precisamente, el Golfo de M√©xico, sobre todo la parte oriente cerca de la costa de Florida, a la cual se le confiri√≥ un valor estrat√©gico y se le calific√≥ como el mayor hallazgo desde el descubrimiento de Alaska. Esto llev√≥ a realizar estimaciones que suger√≠an la posibilidad de elevar las reservas nacionales en m√°s de 50 por ciento. De hecho, exist√≠a un plan quinquenal del Departamento del Interior (doi) con el que se podr√≠a expandir la perforaci√≥n en Alaska y en el Golfo de M√©xico (2007).

La recesi√≥n econ√≥mica (2008-2009) ha significado un respiro en t√©rminos de la demanda mundial de petr√≥leo, lo que ha causado un impacto a la baja en los precios del hidrocarburo; sin embargo, esto se entiende como una cuesti√≥n temporal, pues una vez que se reactive la econom√≠a los precios tender√°n a elevarse. La cuesti√≥n de los precios ha sido materia de pol√©mica en el √°mbito nacional, ya que se busca avalar nuevos desarrollos prospectivos con el objeto de incrementar la oferta y as√≠ producir una reducci√≥n permanente de los mismos. No obstante, c√≥mo provocar una reducci√≥n de los precios del petr√≥leo no est√° basado solamente en la econom√≠a pura y dura, sino en el psicoan√°lisis de mercado: perforar ‚Äúenviar√≠a un mensaje‚ÄĚ a los empresarios del petr√≥leo de que a√ļn queda m√°s de este recurso y ello har√≠a que empezasen a bajar los precios.[18] En la medida en que la recesi√≥n ha desalentado la demanda de crudo, los precios han sufrido un declive y esto afecta, por el momento, la perspectiva de mayores inversiones futuras.

Otro factor que ha dificultado el avance de estos proyectos en Estados Unidos tiene que ver con diferencias hist√≥ricas en la estructura de poder y de perspectiva entre el Ejecutivo y el Congreso en relaci√≥n con la explotaci√≥n de los recursos en tierras p√ļblicas. La propuesta del Ejecutivo de finiquitar la prohibici√≥n de explotar parte de la plataforma continental externa se ha encontrando con el rechazo de los l√≠deres del Congreso para someter a votaci√≥n su aprobaci√≥n.[19] De esta manera, no es probable que, por el momento, se incremente de manera significativa la producci√≥n interna de f√≥siles en Estados Unidos. Es necesario considerar este aspecto junto con el hecho de que tanto M√©xico como Canad√° son elementos intr√≠nsecos de su seguridad energ√©tica, lo cual podr√≠a alentar mayores desarrollos en los dos √ļltimos antes que en su propio espacio territorial. Estados Unidos supone que la producci√≥n petrolera de Canad√° y M√©xico podr√° incrementarse a futuro de forma importante.

Como ya se coment√≥, para el caso de Canad√° se ha estimado un incremento en la producci√≥n de 1 MMb/d, a la que se a√Īadir√≠an 2.8 MMb/d en los pr√≥ximos 25 a√Īos, con la incorporaci√≥n de las arenas bituminosas. En el caso de M√©xico, de acuerdo con los escenarios de referencia de la Agencia Internacional de Energ√≠a, √©sta podr√≠a alcanzar un volumen de 4 MMb/d a fines de la d√©cada y de 5 MMb/d en el 2030.[20] La administraci√≥n del presidente George W. Bush se congratul√≥ siempre de que sus dos vecinos fueran los principales abastecedores de Estados Unidos[21] y alent√≥ la competencia entre ellos por la primicia de su mercado. En el caso de Canad√°, su contribuci√≥n como n√ļmero uno al mercado de Estados Unidos sin duda se lograr√° sacrificando el medio ambiente, ya que ha decidido mover su base de emisiones de gases efecto invernadero (gei) al a√Īo 2006, respecto a la referencia anterior de 1999, a la cual se hab√≠a comprometido en el Protocolo de Kioto, a fin de explotar las arenas bituminosas.[22] Por su parte, en M√©xico, los desarrollos petroleros tendr√°n costos mayores en vista de que se realizar√°n en √°reas geol√≥gicamente poco productivas y de dif√≠cil acceso, como son Chicontepec y las aguas profundas del Golfo de M√©xico. De acuerdo con estimaciones preliminares, las inversiones ser√°n entre 20 y 30 por ciento superiores a las realizadas en Estados Unidos, debido al incremento de los precios y tarifas que cobran los contratistas extranjeros en M√©xico respecto de las contratadas en Estados Unidos.[23] Debido a la baja productividad de los pozos de Chicontepec y de las aguas profundas del Golfo de M√©xico y al tipo de contratos con las empresas que realizan las operaciones con un sobreprecio, esto significar√° privatizar las ganancias y socializar las p√©rdidas por la baja rentabilidad de las inversiones realizadas con recursos fiscales del erario, ya que no se esperan aumentos significativos en la producci√≥n. No obstante, por el r√©gimen de contratos que operar√°n, las empresas de servicio tienen garantizadas sus ganancias por parte de Pemex.

Todo indica que la situación en materia de hidrocarburos no cambiará con Barack Obama, actual presidente de Estados Unidos, ya que su estrategia ha tomado los mismos derroteros de su antecesor; bajo una diplomacia de estilo suave deja ver la preeminencia del imperativo categórico del interés nacional que tiene su país: afianzar el control sobre los recursos energéticos de sus dos vecinos y alentar la producción de los mismos a favor de su seguridad energética y sus corporaciones.

En lo que corresponde al manejo de sus recursos petroleros, M√©xico accedi√≥ a elevar sus exportaciones, incluso con l√≠mites claros en su horizonte de reservas, desde 2003 cuando ocurri√≥ la invasi√≥n a Irak. La postura oficial ha sido favorecer los flujos con direcci√≥n al norte y ‚Äúayudar‚ÄĚ a la seguridad energ√©tica de Estados Unidos, una consigna profundamente arraigada, pero no objetivamente analizada por la sociedad mexicana. La imagen internacional sobre M√©xico es que existen obst√°culos para el ‚Äúacceso‚ÄĚ a los recursos mexicanos que tienen ra√≠ces hist√≥ricas en la nacionalizaci√≥n petrolera y en la Constituci√≥n, la cual marca los l√≠mites legales a la inversi√≥n privada y extranjera. Por otra parte, la dependencia fiscal de los ingresos petroleros se ha convertido en un argumento, por parte del mismo Estado mexicano, para justificar ‚Äúla necesidad‚ÄĚ de incorporar inversi√≥n extranjera en Pemex, dada la incapacidad del propio Estado para financiar la industria. √Čstos son argumentos de una racionalidad neoliberal utilizados para convencer a la sociedad de su validez. En general, los obst√°culos en las actividades de explotaci√≥n y exploraci√≥n, procesos, transporte, almacenamiento y distribuci√≥n de petr√≥leo y gas, eran vistos por el capital extranjero como un freno al desarrollo de los recursos no explotados costa adentro y costa afuera, as√≠ como de la industria por lo que presionaron para obtener la ‚Äúapertura‚ÄĚ en estas √°reas de la industria, hasta lograr su prop√≥sito con la reforma energ√©tica del presidente Calder√≥n. Las presiones para acceder a estos sectores se fundamentaron en el descenso de la producci√≥n, la falta de capital, de tecnolog√≠a y de management.[24] Si bien es cierto que hay una situaci√≥n de madurez de los campos petroleros que ha propiciado un descenso en la producci√≥n desde el 2004, dando inicio a la declinaci√≥n de Cantarell; la situaci√≥n se exhibe con el objeto de aumentar al m√°ximo la capacidad de producci√≥n y garantizar la seguridad energ√©tica de las naciones desarrolladas, en particular, como se se√Īal√≥, la de Estados Unidos. Justificar el acceso de los capitales trasnacionales a estos sectores corriente arriba no considera el hecho evidente de que la mayor parte de la producci√≥n nacional tiene como destino las exportaciones. Durante los √ļltimos a√Īos, m√°s del 50 por ciento del total de la producci√≥n se ha dirigido al extranjero, en tanto que el consumo nacional de petr√≥leo crudo no ha registrado tasas de crecimiento superiores a la producci√≥n.

Gr√°fica 4

México: producción, exportación y transformación interna de petróleo 1977-2007  (Miles de barriles diarios)

Grafica4

Fuente: <www.pemex.com>.

Indicadores Petroleros: producción de hidrocarburos líquidos: <http://www.pemex.com/files/dcpe/eprohidro_esp.xls>; volumen de exportaciones de petróleo crudo: <http://www.pemex.com/files/dcpe/evolexporta_esp.xls>; volumen de ventas internas de productos petrolíferos y gas natural http://www.pemex.com/files/dcpe/evolumenventas_esp.xls.

La situaci√≥n de M√©xico en materia de reservas es precaria y se ha caracterizado por un proceso de sobreexplotaci√≥n de recursos que no ha estado acompa√Īado simult√°neamente de la mayor reposici√≥n de reservas por la falta de inversiones exploratorias. Mientras que en el 2000, eran de 34,104 mil MMb, en el 2006 bajan a 12,9 mil MMb (v√©ase cuadro 2); no obstante, en el 2009, se manejan de manera oficial cifras del orden de 14,307 mil MMb. En dichas cifras hay que considerar que hubo un proceso de revaluaci√≥n metodol√≥gica (2001 y 2003) realizado con los criterios de la Securities and Exchange Commission (sec). Si bien √©sta no debi√≥ rebasar los 16 mil MMb, que se redistribuyeron entre las reservas posibles y las probables.[25] Ello permite derivar que hubo un proceso de explotaci√≥n intensiva del recurso, sin que fuera compensado con el descubrimiento de igual volumen de reservas. La acelerada extracci√≥n rebasa las necesidades energ√©ticas nacionales, as√≠ que lo que da racionalidad al excedente son los env√≠os a Estados Unidos, que entre los a√Īos 2000 y 2007 significaron alrededor del 83 por ciento de las ventas totales (considerando lo que se env√≠a por terceros pa√≠ses) m√°s lo destinado para el consumo nacional (v√©ase la gr√°fica 4). Esto √ļltimo da cuenta de que la premura de aumentar la producci√≥n no corresponde a un aumento del consumo interno, debido, en parte, a la falta de capacidad de refinaci√≥n en el pa√≠s.

Si en la literatura internacional se maneja un potencial productivo de 45.8 mil MMb en reservas (v√©ase el cuadro 3), en M√©xico el tema ha sido objeto de especulaci√≥n y se han manejado cifras de hasta 100 mil MMb (secretaria de Energ√≠a, Georgina Kessel, en t√©rminos de los recursos totales),[26] generando grandes expectativas sobre la producci√≥n futura, sobre todo en lo que concierne a las aguas profundas del Golfo de M√©xico. El potencial atribuido a esta √°rea como una promesa de gran escala[27] responde claramente a los intereses de las empresas extranjeras que buscan incursionar en actividades corriente arriba; porque los especialistas nacionales, quienes conocen a fondo las √°reas productivas y de potencial, han sugerido que es la regi√≥n del sureste la que cuenta con recursos prospectivos, no explorados y con los menores costos de producci√≥n. El Golfo ‚Äúprofundo‚ÄĚ, al igual que la producci√≥n del campo de Chicontepec constituyen proyectos que de antemano se saben caros, pero que ser√°n respaldados por los contratos de Pemex. Esto dar√° la garant√≠a de pago y de alta rentabilidad a las empresas de servicios, como Schulmberger y Halliburton, a pesar de ser proyectos productivos poco rentables para M√©xico.

El complemento de esta promesa en recursos prospectivos han sido los ‚Äúnecesarios‚ÄĚ cambios que se deb√≠an hacer al marco jur√≠dico vigente para su explotaci√≥n, mismos que se han logrado con la reforma energ√©tica publicada el 28 de noviembre de 2008 en el dof y aprobada con el voto de legisladores de todos los partidos, mientras que s√≥lo una minor√≠a vot√≥ en contra.[28]

La institucionalidad: del tlcan a la integración profunda

La relación Estados Unidos-Canadá

La relaci√≥n entre Estados Unidos y Canad√° es a√Īeja y diversa en la medida que incluye varias fuentes de energ√≠a como el gas natural, el petr√≥leo y la electricidad, entre las principales. Es una relaci√≥n que ha evolucionado de un esquema de mayor participaci√≥n estatal y una pol√≠tica energ√©tica nacional a un modelo de mercado cada vez m√°s desregulado. Si bien en Am√©rica del Norte la institucionalizaci√≥n de las relaciones es incipiente, se puede decir que es m√°s amplia en el caso de la relaci√≥n entre Estados Unidos y Canad√° vis √† vis la que existe entre el primero y M√©xico.[29]

El proceso de integración de Canadá y Estados Unidos en materia de energía tiene una larga historia. Un antecedente importante ocurrió en 1961 cuando por recomendaciones del Departamento de Estado estadunidense se abrieron los campos petroleros y la producción de gas natural de la provincia de Alberta a las exportaciones para el mercado estadunidense. Esta medida limitó los esfuerzos futuros de la federación para regular su propia industria ya que, precisamente, suprimió los obstáculos federales a la integración de la provincia de Alberta, una de las más ricas en recursos fósiles, al mercado estadunidense. Esta política determinó que el centro y el oriente de Canadá no recibieran la producción directamente de sus provincias productoras, sino de empresas trasnacionales estadunidenses procedente de países como Venezuela. A cambio, Estados Unidos excluyó a Canadá de su política de cuotas de importación. Con el tiempo, esto ha generado riesgos por la vulnerabilidad que implica para los canadienses que sus fuentes de aprovisionamiento sean externas. El hecho de que las provincias orientales importen el 90 por ciento de lo que consumen y que la mitad de estas importaciones provenga de países como Argelia, Arabia Saudita e Irak, es decir, de países que se perciben con incertidumbre política, enciende focos rojos en el tema de la seguridad energética del país.[30]

El proceso de institucionalizaci√≥n de la relaci√≥n en materia de energ√≠a se dio de manera formal en los ochenta. Esto puede considerarse como una reacci√≥n a las medidas tomadas en los setenta por el gobierno de Pierre Trudeau, quien promovi√≥ la propiedad canadiense sobre los recursos y la autosuficiencia energ√©tica al establecer restricciones a las exportaciones de petr√≥leo y gas, desviando la producci√≥n petrolera para abastecer las provincias canadienses del Atl√°ntico.[31] La institucionalizaci√≥n iniciada en los ochenta, permiti√≥ a las empresas de energ√≠a intensificar las relaciones comerciales entre los dos pa√≠ses. Luego, vinieron el Acuerdo de Libre Comercio, en 1989, y el tlcan, en 1992, que incluyeron fuentes de energ√≠a y petroqu√≠micos con la clara intenci√≥n de alentar los mecanismos de mercado, dichos acuerdos limitaron la posibilidad de Canad√° de introducir estrategias de conservaci√≥n de recursos, e incluyeron asuntos como la volatilidad de los precios y la seguridad nacional. La exportaci√≥n de hidrocarburos a Estados Unidos qued√≥ garantizada por medio de la cl√°usula de proporcionalidad, que establece que Canad√° no puede limitar sus ventas por abajo del promedio de las exportaciones de los √ļltimos 36 meses, a menos que limite tambi√©n la oferta destinada al mercado interno. En los hechos, esta cl√°usula impide a Canad√°: reducir sus exportaciones con el fin de aplicar una pol√≠tica para la conservaci√≥n de sus recursos, dar prioridad a la producci√≥n de petroqu√≠micos en el uso del gas natural y sustituir el petr√≥leo importado por crudo canadiense. Si bien las corporaciones de energ√≠a se han visto beneficiadas por el alc y posteriormente por el tlcan, a nivel de pa√≠s el optimismo es menor dado que reduce las opciones para decidir sobre el futuro energ√©tico en t√©rminos de la seguridad energ√©tica y la soberan√≠a.[32]

La creaci√≥n de organismos y agencias que permiten la institucionalizaci√≥n de la relaci√≥n en varios niveles se puso de manifiesto con la firma de un Memorando de entendimiento entre el Bur√≥ de Energ√≠a de Canad√° (National Energy Board, neb) y la Comisi√≥n Reguladora Federal de Energ√≠a de Estados Unidos (ferc, por sus siglas en ingl√©s), en donde acuerdan aplicar un enfoque cooperativo, as√≠ como la implementaci√≥n de un ‚Äúparalelismo consciente‚ÄĚ en los enfoques de los dos reguladores. Los encuentros frecuentes permiten alcanzar puntos de vista comunes.

Luego surgi√≥ el Grupo de Energ√≠a de Am√©rica del Norte, que se re√ļne dos veces al a√Īo y cuenta con subgrupos que acuerdan agendas y prospectos de discusi√≥n, como parte de la institucionalidad que se construye en el √°mbito energ√©tico, sin aparentes conflictos mayores.

Los acuerdos de libre comercio, los procesos de desregulación al interior del sector energético canadiense y los acuerdos cupulares entre las corporaciones y el gobierno estadunidense con los grupos de negocios de provincias productoras, como el caso de Alberta, han devenido en condicionantes que subordinan la seguridad energética canadiense a la de su vecino geográfico.

La relación México-Estados Unidos

A diferencia de lo que ocurre entre Canad√° y Estados Unidos, el proceso de integraci√≥n energ√©tica est√° menos diversificado[33] y mucho menos institucionalizado. Si bien, en el caso de M√©xico, el tlcan tambi√©n constituye un hito importante en el proceso de integraci√≥n y de subordinaci√≥n de la seguridad energ√©tica mexicana a la de Estados Unidos, existen otros factores que han profundizado el sesgo subordinado del sector energ√©tico mexicano y est√°n relacionados con situaciones de crisis y condicionamientos que los organismos internacionales imponen a las naciones en v√≠as de desarrollo, as√≠ como a caracter√≠sticas propias del sistema pol√≠tico mexicano, como son la discrecionalidad y la verticalidad de que goza el jefe del Ejecutivo para conformar el dise√Īo de la integraci√≥n.

Aun cuando el tlcan en 1992 formaliz√≥ la inercia integradora que ven√≠a exhibiendo ya la relaci√≥n bilateral, la percepci√≥n en Estados Unidos sobre lo negociado y lo conseguido por este pa√≠s en materia de energ√≠a fue poco optimista. La convicci√≥n fue que el sector mexicano no se abri√≥. Esto obedeci√≥ en buena medida a que las grandes expectativas de los inversionistas y el gobierno estadunidense no quedaron satisfechas, pues se quedaron al margen de la negociaci√≥n de las actividades corriente arriba en materia de petr√≥leo y gas natural, as√≠ como la refinaci√≥n, el tratamiento del gas, la petroqu√≠mica b√°sica, el transporte, el almacenamiento y la distribuci√≥n, prohibidas por los art√≠culos 27 y 28 de la Constituci√≥n mexicana.[34] Si bien el tlcan reserv√≥ los hidrocarburos, reforz√≥ la participaci√≥n de proveedores y contratistas v√≠a la licitaci√≥n p√ļblica internacional. Con el tiempo, el tlcan ha sido clave importante para el resto del sector. Su efecto ha sido coadyuvar a incorporar la dimensi√≥n del mercado en el mismo, generando con ello la certidumbre buscada por los inversionistas a trav√©s de la creaci√≥n un marco normativo ad hoc. La manera en que ha operado este proceso obedece a la conformaci√≥n del marco legal mexicano cuya norma b√°sica es la Constituci√≥n, por lo que el acceso del actor privado nacional y extranjero al sector se ha permitido y legitimado por medio de legislaciones secundarias y mecanismos legales que le ‚Äúdan la vuelta‚ÄĚ a la Constituci√≥n, ello ha ocurrido en la medida en que las fuerzas conservadoras no han logrado o no han querido modificar sus principios fundamentales.

En el texto del tlcan lo √ļnico que fue consignado en los anexos se refiere al sector el√©ctrico;[35] no obstante, en la realidad, el tratado no s√≥lo inici√≥ una serie de cambios importantes en otras √°reas del sector, sino que reforz√≥ la opci√≥n exportadora de crudo, que desde los setenta se ampliaba en la medida en que aumentaba la producci√≥n, y con ello la demanda de Estados Unidos. El reforzamiento de la vocaci√≥n exportadora ocurri√≥ con la reforma a la Ley Org√°nica de Petr√≥leos Mexicanos y sus organismos subsidiarios,[36] que fij√≥ a Pemex el objetivo de ‚Äúmaximizar el valor econ√≥mico de sus activos‚ÄĚ y reforz√≥ la pol√≠tica de reconversi√≥n industrial que establec√≠a que ‚Äúes preferible exportar m√°s ah√≠ donde es viable multiplicar aportes a la balanza de pagos e importar productos que ha abaratado la competencia internacional‚ÄĚ.

M√°s tarde, se profundiza el ‚Äúerror de diciembre‚ÄĚ que dio lugar a la crisis financiera vivida por M√©xico en 1995, misma que profundiza las modificaciones legales que alientan el modelo integracionista adoptado y conduce al compromiso del presidente Zedillo de modificar la Ley reglamentaria del art√≠culo 27 constitucional en el ramo del petr√≥leo, en las actividades de transporte, almacenamiento y distribuci√≥n de gas natural por ducto.

A fin de resolver la severa crisis económica Ernesto Zedillo negoció un plan de rescate con su homólogo estadunidense, Bill Clinton, en la forma de un préstamo de 20 mil millones de dólares que implicó suscribir condiciones que tuvieron consecuencias ulteriores en la política petrolera, pues México debió dar como garantía las facturas por ventas futuras de petróleo, comprometiendo con ello su producción.[37] Ello aceleró la explotación del yacimiento de Cantarell para aumentar su volumen de producción de un millón de barriles diarios a un millón y medio, lo cual significó su sobreexplotación, debido a que se violentaron normas técnicas y económicas para lograr dicho aumento. Su evolución histórica refleja un aumento sostenido hasta 2004, momento a partir del cual inicia su declinación. La contraparte de esta tendencia son las exportaciones a Estados Unidos.

Cuadro 4. Extracción de crudo por sexenios

(Millones de barriles)

A√Īos

Millones de barriles

1938-1940

125

1941-1946

244

1947-1952

403

1953-1958

518

1959-1964

645

1965-1970

821

1971-1976

1 247

1977-1982

3 894

1983-1988

5 604

1989-1994

5 754

1995-2000

6 382

2001-2006

7 172

Fuente: los a√Īos de 1938 a 1982 provienen de inegi, Estad√≠sticas hist√≥ricas de M√©xico (M√©xico, inegi, 1938). Las cifras de 1983 a 2006 son de Pemex, memoria de labores, tomado de Fabio Barbosa Cano, ‚ÄúLas reservas y el potencial mexicano de petr√≥leo crudo: pasado y presente de una explotaci√≥n depredadora‚ÄĚ, en C√©sar Francisco Colmenares, et al., Pemex: presente y futuro (M√©xico: unam-uam-Universidad Aut√≥noma de Campeche-Plaza y Vald√©s, 2008), 29.

Como se se√Īal√≥, otro efecto asociado a la crisis fue la privatizaci√≥n de la industria del gas natural en sus diferentes actividades de transporte, distribuci√≥n, comercializaci√≥n y almacenamiento, a fin de dar cumplimiento a los compromisos adquiridos en el mencionado acuerdo marco. As√≠, el 11 de mayo de 1995 se reform√≥ la Ley Org√°nica de Pemex para dar sustento legal a la privatizaci√≥n de dichas actividades, pese al hecho de ser un cambio anticonstitucional. El aliento a la integraci√≥n en materia de gas se plasm√≥ no s√≥lo en t√©rminos de impulsar las importaciones procedentes de Estados Unidos hacia el mercado mexicano, sino tambi√©n institucionalizando la cooperaci√≥n energ√©tica en el marco del Grupo de Trabajo de Energ√≠a de Am√©rica del Norte, durante la gesti√≥n del presidente George W. Bush.[38]

La discrecionalidad del Ejecutivo mexicano ha jugado tambi√©n un papel importante, tanto en la gradual privatizaci√≥n del sector energ√©tico como en el proceso de integraci√≥n con Estados Unidos. Dicho proceso tom√≥ fuerza con el boom petrolero de los setenta. Ante la posibilidad de que las ventas se concentraran en un solo mercado, el presidente Jos√© L√≥pez Portillo fij√≥ l√≠mites a la plataforma de exportaci√≥n y topes a la concentraci√≥n de las exportaciones; dichas medidas pronto fueron rebasadas por la inercia de la vecindad geogr√°fica e ignoradas por las mismas autoridades gubernamentales. Hoy, como ya se se√Īal√≥, un promedio de 83 por ciento del total de las exportaciones de petr√≥leo crudo se sigue enviando a un mercado: Estados Unidos.

En este proceso de integraci√≥n y de subordinaci√≥n en los hechos a las directrices del gobierno y de los grupos econ√≥micos relacionados con la energ√≠a, ha sido fundamental la justificaci√≥n ideol√≥gica adoptada por personeros del gobierno mexicano, en el sentido de colaborar con la seguridad energ√©tica de Estados Unidos. La idea no es s√≥lo una creencia generalizada de muchos mexicanos, ha sido expresada por autoridades de Pemex, como el mismo director de la empresa, Ra√ļl Mu√Īoz Leos, durante la gesti√≥n del Presidente Fox. Debe destacarse que las pol√≠ticas de Pemex son congruentes con esa consigna, ya que se privilegia el aspecto disponibilidad, produciendo tanto petr√≥leo como es posible y enviando a nuestro vecino tanto petr√≥leo como se puede. No obstante, en sentido estricto, la seguridad energ√©tica no ha sido parte de una estrategia formalizada y, en todo caso, ha sido hist√≥ricamente un concepto incompleto, en el sentido de haber descuidado la producci√≥n en otras √°reas de la industria que tambi√©n constituyen componentes de la seguridad energ√©tica. En realidad, M√©xico no tiene una seguridad energ√©tica como exportador ni como importador. Pese a ello, las cosas hab√≠an venido funcionando porque ten√≠amos bastante petr√≥leo y altos ingresos, hasta que en 2004 Cantarell llega a su cenit productivo y empieza a declinar, entonces las preocupaciones sobre la producci√≥n futura se vuelven materia de debate en M√©xico y asunto de inter√©s nacional para Estados Unidos.

Es claro que en el caso de M√©xico, a diferencia del de Canad√° donde el proceso de institucionalizaci√≥n es m√°s amplio a nivel de la integraci√≥n del sector energ√©tico con Estados Unidos, la integraci√≥n y la subordinaci√≥n al proyecto de Estados Unidos ha sido paralela al desmantelamiento de Pemex. Los distintos roles asignados dentro del proyecto de desarrollo nacional de 1988 a 2004 han estado relacionados con la posibilidad de convertirse en un instrumento de estabilidad macroecon√≥mica y un terreno de oportunidad para la inversi√≥n privada, con base en un proceso de desmantelamiento gradual y progresivo de la empresa p√ļblica y de privatizaci√≥n de las actividades petroleras.[39] Este proceso, como hemos se√Īalado, inici√≥ con la petroqu√≠mica y sigui√≥ con el gas natural. En la actual administraci√≥n de Felipe Calder√≥n, las √°reas para la exploraci√≥n y desarrollo de los hidrocarburos siguen estando formalmente asignadas a Pemex en exclusiva; no se cedieron los procesos industriales, el transporte, el almacenamiento y la distribuci√≥n del petr√≥leo y el gas hasta el punto en que Pemex entrega la exploraci√≥n y la producci√≥n¬† para exportaci√≥n a Pemex refinaci√≥n y a Pemex gas y petroqu√≠mica b√°sica. Sin embargo, se encontr√≥ la forma de que las empresas petroleras trasnacionales, encubiertas como contratistas y proveedoras de servicios y obras p√ļblicas, se incorporaran como inversionistas a prestar servicios en contratos de montos cuantiosos y de largo plazo, con compensaciones de pago ligadas al incremento de la producci√≥n (utilidad de Pemex). √Čste es el cambio que introdujo la reforma energ√©tica.

La aspan como proyecto de integración de América del Norte

La aspan es resultado de un proceso de negociaciones sobre aspectos relacionados con la seguridad, la economía y diversas regulaciones, dirigido por grupos de trabajo de los tres países, bajo la autoridad de los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y México, que siguen los lineamientos de las corporaciones trasnacionales que forman parte de esta alianza.

El proyecto estadunidense de integraci√≥n para Am√©rica del Norte ven√≠a organiz√°ndose bajo el North American Energy Working Group[40] y contin√ļa bajo el marco de la aspan desde 2005.[41] Su objetivo es aumentar la oferta energ√©tica regional sobre bases continentales con miras a crear un mercado √ļnico hacia el 2010.

En las recomendaciones para 2008 y 2010, el Consejo de Cooperaci√≥n Econ√≥mica de Am√©rica del Norte incluy√≥ como parte de sus propuestas en materia de integraci√≥n energ√©tica una reforma pol√≠tica interna[42] que abarcar√≠a las demandas pendientes en materia de energ√≠a. En este sentido, la reforma energ√©tica mexicana ser√≠a la respuesta para acceder a los recursos energ√©ticos no explotados de la regi√≥n. La reforma energ√©tica, aprobada con el voto mayoritario de representantes de todos los partidos pol√≠ticos materializa las demandas de las corporaciones que forman parte de esta alianza y del gobierno de Estados Unidos.[43] Esto es claro, dado que se propone maximizar la renta petrolera y lograr para los capitales privados la ‚Äújoya de la corona‚ÄĚ tan anhelada desde el tlcan: las actividades corriente arriba, as√≠ como abrir las oportunidades de privatizaci√≥n en pr√°cticamente toda la cadena de la industria. A trav√©s de la homologaci√≥n regulatoria el hegem√≥n dicta pautas a favor de su inter√©s de largo plazo, por lo que el cambio de contratos a concesiones (que es el r√©gimen que priva en Estados Unidos) ser√° siempre una posibilidad en √°reas distintas a los contratos de servicios integrados,[44] sobre todo en lo que concierne a recursos transfronterizos, por la asimetr√≠a de la relaci√≥n con Estados Unidos.[45]

La reforma es congruente con las propuestas encaminadas a generar profundos cambios para la privatizaci√≥n de Pemex, ante las ‚Äúfallas de rendimiento y operaci√≥n‚ÄĚ, ya que con ella se garantizar√≠a el acceso del capital privado de los tres pa√≠ses de Am√©rica del Norte a los recursos f√≥siles de M√©xico, as√≠ como a los procesos de industrializaci√≥n, de transporte, almacenamiento y distribuci√≥n de los productos.

Las corporaciones que participan en la aspan han dejado ver que la principal barrera a sus intereses es la Constituci√≥n mexicana. Ello explica que la propuesta de Calder√≥n busque realizar cambios legales a trav√©s de leyes reglamentarias (regulaciones secundarias) y de una serie de argucias jur√≠dicas cuyo fin es ‚Äúdarle la vuelta‚ÄĚ a la Constituci√≥n y aparentar que √©sta no se modifica ni hay privatizaci√≥n en la industria.

En el caso de Canad√°, las corporaciones desean una integraci√≥n fast track, por lo que han ido suprimiendo las restricciones y han logrado sustraerla en sus pol√≠ticas y acciones del escrutinio congresional y parlamentario. En materia de energ√≠a, esto les permitir√° acceder al sector corriente arriba de M√©xico y obtener mayor explotaci√≥n en Canad√°. De este √ļltimo buscan sustraer tanto petr√≥leo como se pueda, y de M√©xico aumentar la exploraci√≥n y explotaci√≥n petrolera en concordancia con la premura y requerimientos de Estados Unidos. Apoyados por los consorcios canadienses, proponen incorporar a M√©xico en un ‚Äúpacto de seguridad de recursos‚ÄĚ. En realidad, hay una gran convergencia de intereses en las √©lites de los tres pa√≠ses. En materia de energ√≠a, los objetivos de la integraci√≥n profunda son diversos y van desde el acceso a los recursos, el desmantelamiento de las empresas estatales, la aniquilaci√≥n del nacionalismo, el construir una identidad en torno a Am√©rica del Norte y avanzar en la sostenibilidad y la seguridad energ√©tica.[46] Para fortalecer la seguridad se propone un mecanismo de armonizaci√≥n de est√°ndares de eficiencia energ√©tica, compartir informaci√≥n t√©cnica, crear un programa de biocombustibles para la regi√≥n, mejorar las redes el√©ctricas, mejorar la eficiencia vehicular y reducir barreras para expandir tecnolog√≠as limpias, especialmente bi√≥xido de carbono, captura, almacenamiento y mitigaci√≥n de emisiones de efecto invernadero.

El sector el√©ctrico ser√° parte de la integraci√≥n con las pol√≠ticas del presidente Barack Obama, √©stas se dirigir√°n a: 1) colocar tecnolog√≠as de renovables que se apoyan en acuerdos de cooperaci√≥n cient√≠fica, y 2) legalizar el espacio para la incorporaci√≥n de las trasnacionales en materia de renovables y de energ√≠a nuclear en la generaci√≥n de electricidad. Todo esto se acompa√Īar√° de grandes negocios bajo la pol√≠tica de combate al cambio clim√°tico, por medio del Mecanismo de Desarrollo Limpio (mdl) establecido en el Protocolo de Kioto.

México también traduce los intereses de Estados Unidos en la región de Centroamérica y el Caribe, en cuanto a la colocación de renovables y políticas de eficiencia, así como la creación de la plataforma para la producción futura del etanol con base en la Iniciativa Mesoamericana (esta iniciativa es parte del Plan Puebla-Panamá y su objetivo es aplicar un enfoque integral al desarrollo sustentable de la región mesoamericana).

El alineamiento de M√©xico a la pol√≠tica exterior de Estados Unidos es particularmente evidente desde la gesti√≥n del presidente Vicente Fox. En materia de energ√≠a esto no s√≥lo ha continuado, sino que parece haberse profundizado. Muestra de ello fue la reuni√≥n de la Cumbre de las Am√©ricas celebrada el pasado mes de abril en Puerto Espa√Īa (Trinidad y Tobago). En la misma, el presidente Calder√≥n se convirti√≥ en el promotor del finado proyecto del alca, al proponer a los pa√≠ses del hemisferio un ‚Äúmercado americano de energ√≠a‚ÄĚ, que incluir√≠a gas, electricidad y petr√≥leo ‚Äúcompartido‚ÄĚ con criterios de complementariedad, de manera eficiente y encaminado a lograr un ‚Äúmercado continental energ√©tico‚ÄĚ.[47]

Am√©rica Latina no est√° fuera de la seguridad energ√©tica de Estados Unidos, sino que ser√≠a el segundo c√≠rculo conc√©ntrico despu√©s de la aspan, desde el punto de vista energ√©tico. Profundizar las relaciones energ√©ticas con Am√©rica Latina es estrat√©gico para Estados Unidos debido a la mayor cercan√≠a de cara al Medio Oriente. Los movimientos militares y las estrategias de desestabilizaci√≥n como parte de su pol√≠tica exterior en la regi√≥n sugieren que el intento de reposicionamiento de Estados Unidos tiene que ver con el potencial presente y futuro de los recursos. Las importaciones de Estados Unidos procedentes de Am√©rica Latina fueron el 34 por ciento de las totales en 2005, pero existe un potencial importante a desarrollar, destacando los crudos pesados de la faja del Orinoco en Venezuela y los recursos en aguas profundas en Brasil. Los primeros podr√≠an a√Īadir otros 220 mil barriles a las reservas venezolanas, actualmente cifradas en 80 mil millones de barriles. En el caso de los de Brasil y Per√ļ, son vistos como una promesa futura, todav√≠a dif√≠cil de precisar cuantitativamente. Debe destacarse que tanto en el hemisferio norte como en el sur los prospectos ya corresponden a los recursos no convencionales (arenas bituminosas, crudos pesados, aguas profundas), cuyos costos son superiores al petr√≥leo convencional y su impacto ambiental ser√° adverso, en la medida en que son hidrocarburos pesados cuyo proceso de explotaci√≥n liberar√° grandes cantidades de gas invernadero.

La propuesta de la reforma energética

La propuesta de reforma presentada por el presidente Felipe Calderón al Congreso en abril de 2008 pretendía incursionar en áreas no exploradas e incorporaba todas las opciones de exploración y explotación petrolera de México, a fin de maximizar la oferta energética. El texto argumentaba un déficit que parecía haberse calculado con base en la producción pasada, pero considerando la demanda presente. Dicho déficit sería de 500 mil b/d para el 2021. Las opciones propuestas fueron

a) exploración y desarrollo de los recursos prospectivos en las cuencas del sureste, con lo cual se lograrían 700 mil b/d para el 2021;

b) explotación de campos abandonados, para obtener 23 mil b/d en el 2021;

c)  desarrollo del paleocanal de Chicontepec (entre 550 mil y 600 mil b/d);

d) exploración y desarrollo de las aguas profundas del Golfo de México (no hay estimación de producción).

También se incluirían los yacimientos transfronterizos, lo cual suponía un arreglo bilateral para explotar dichos yacimientos en una actividad conjunta.[48]

Con el argumento de que hab√≠a que maximizar la riqueza a favor de la naci√≥n y asegurar el aprovechamiento de los hidrocarburos en territorio nacional,[49] en realidad lo que se estaba haciendo era maximizar la producci√≥n petrolera y, si no se pod√≠a aumentar, cuando menos se sostendr√≠a el nivel de exportaci√≥n. Desde entonces se ve√≠a el sesgo exportador. La demanda creciente en Estados Unidos y las presiones por parte de su gobierno para conseguir la ‚Äúapertura‚ÄĚ mexicana en su sector corriente arriba, sin duda conducir√≠an a intensificar el ritmo de explotaci√≥n petrolera.

Si bien los argumentos oficiales sobre la situaci√≥n geol√≥gica de M√©xico parecen reconocer la existencia de l√≠mites geol√≥gicos, en realidad supon√≠an y suponen que los f√≥siles son inagotables. Los dise√Īadores de la pol√≠tica energ√©tica mexicana siguen calificando la situaci√≥n productiva como un asunto temporal producto de la ineficiencia gubernamental, por lo que su soluci√≥n radica en inyectar inversiones del sector privado en estas actividades. Para ellos, as√≠ como para analistas de los pa√≠ses desarrollados, el problema radica en la existencia de obst√°culos para el acceso a las √°reas productivas, dentro de los cuales el mayor es la Constituci√≥n. De esta manera, en la medida en que se ampliara el mercado, el problema se resolver√≠a, dado que como se√Īalamos la escasez de recursos se asume como una cuesti√≥n temporal. La consecuencia de manejar el petr√≥leo como un recurso inagotable es que las alternativas de acci√≥n en realidad no muestran conciencia de los l√≠mites de explotaci√≥n (debido a factores geol√≥gicos, tecnol√≥gicos, de costos y precios de venta). Incluso, en el an√°lisis de la reforma, estuvo ausente el contexto internacional, que alerta y da cuenta del declive mundial (sobre todo en lo que se refiere a campos gigantes y cuencas petroleras y gaseras maduras, como ocurre en Am√©rica del Norte y en otras latitudes del norte industrializado) que se enfrenta a una tendencia creciente, por el lado de la demanda, a generar conflictos internacionales entre pa√≠ses que buscan la apropiaci√≥n de las reservas y se disputan el excedente petrolero o renta. La ausencia de este an√°lisis y la falta de conciencia sobre los l√≠mites de la explotaci√≥n del petr√≥leo en M√©xico explican que en la toma de decisiones no se consideraran los aspectos de car√°cter estrat√©gico del recurso a nivel mundial, sobre todo a futuro, y que se manejara como una mercanc√≠a bajo una √≥ptica fundamentalmente comercial.

Otro aspecto al que se aludi√≥ de forma maniquea durante el debate de la reforma fue el relativo a la renta petrolera. En t√©rminos convencionales, la renta es lo que se obtiene por la venta del petr√≥leo y el gas natural, menos todos los costos econ√≥micos de extraerlos por parte de Pemex y de un tercero. El concepto se interpret√≥ en todas las propuestas de reforma seg√ļn la teor√≠a econ√≥mica convencional, que establece que las riquezas naturales tienen un valor intr√≠nseco equivalente al precio que tienen en el mercado. El corolario de lo anterior es que una riqueza natural no tiene valor mientras se encuentre en el subsuelo. Esto justifica perfectamente poner como meta productiva las m√°ximas tasas de extracci√≥n. M√°s a√ļn, en concordancia con ‚Äúlas mejores pr√°cticas de la industria petrolera internacional‚ÄĚ, se interpret√≥ el t√©rmino ‚Äúrenta petrolera‚ÄĚ en el sentido de que el valor de las riquezas naturales era el de su precio de mercado; por ello, una riqueza natural no tendr√≠a valor para la naci√≥n mientras se encontrara en el subsuelo.[50] La l√≠nea de argumentaci√≥n de la teor√≠a neoliberal prevaleciente en el sector privado no s√≥lo se corresponde con los lineamientos del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y de los ‚Äúexpertos internacionales‚ÄĚ, sino que tiene otra raz√≥n de fondo: la necesidad de garantizar la seguridad energ√©tica de las naciones desarrolladas a partir de maximizar la producci√≥n en los pa√≠ses petroleros y tener acceso a la m√°xima renta petrolera en estas naciones por medio de sus corporaciones. El acceso a las reservas petroleras es el principal objetivo de todas las empresas trasnacionales del ramo, que ven con alarma c√≥mo disminuyen las suyas mientras aumentan las de las empresas estatales. Las reservas de M√©xico ven√≠an siendo especialmente atractivas debido a la cercan√≠a con Estados Unidos; no obstante, M√©xico lleva un buen tiempo cediendo a las presiones de Estados Unidos para elevar al m√°ximo sus exportaciones petroleras, situaci√≥n que conduce al hecho de que aun cuando sus reservas probadas en diciembre de 2007 representaban menos del 1 por ciento del total mundial, M√©xico ocupaba el sexto lugar como productor mundial de petr√≥leo.[51]

La aprobación de la reforma petrolera

La aprobaci√≥n de la reforma signific√≥ un arreglo entre las principales fuerzas pol√≠ticas del pa√≠s. El Frente Amplio Progresista (fap), el Partido Revolucionario Institucional (pri) y el Partido Acci√≥n Nacional (pan) lograron el consenso superando los aspectos m√°s controversiales del debate nacional. El resultado fue un buen arreglo pol√≠tico en donde todos ganaron, en tanto que los puntos vulnerables, inconstitucionales y controversiales se minimizaron o incluso se soslayaron hasta hacerlos imperceptibles, aunque sin conseguirlo del todo. Detr√°s hab√≠a arreglos de c√ļpula, cuotas pol√≠ticas y beneficios personales para muchos de los participantes, que poco a poco se han revelado. La propuesta obligaba a la cautela, ya que se segu√≠a atendiendo el inter√©s de proveedores, contratistas y permisionarios, a la par que se privilegiaba el inter√©s nacional de Estados Unidos buscando mantener los niveles de exportaci√≥n del petr√≥leo mexicano. Esto se pone en evidencia a partir de la lectura cuidadosa de algunos de los dict√°menes resultantes de la reforma energ√©tica. Por ejemplo, en el dictamen de la Ley de Petr√≥leos Mexicanos es clara la intenci√≥n de ‚Äúincentivar al privado para un mejor servicio‚ÄĚ, de tal forma que entre m√°s hidrocarburos encuentre, mejor ser√° el servicio, lo que est√° vinculado al volumen y no al valor de lo extra√≠do. De esta manera, las remuneraciones en efectivo estar√°n en funci√≥n de las metas productivas. Tambi√©n se conced√≠a la explotaci√≥n conjunta de yacimientos transfronterizos, lo que requiere de arreglos internacionales para el efecto. Con lo anterior se busca aumentar la plataforma productiva para alcanzar la meta oficial de 3¬†255¬†000 b/d, a fin de mantener el volumen de exportaciones a nuestro principal comprador, meta que ya hemos se√Īalado, no ser√° tarea f√°cil, dadas las caracter√≠sticas de los yacimientos sobre los que se va a trabajar.

La maximizaci√≥n de la producci√≥n es un aspecto que queda claramente de manifiesto en la Ley Reglamentaria del art√≠culo 27 Constitucional en el Ramo del Petr√≥leo.[52] A casi seis meses de la entrada en vigor de las nuevas leyes, Pemex trabaja para mantener la plataforma de exportaci√≥n de petr√≥leo crudo e incluso para elevarla, con la finalidad de contribuir a fortalecer la seguridad energ√©tica de Estados Unidos, aun cuando impide la m√°xima recuperaci√≥n de los hidrocarburos en los yacimientos en explotaci√≥n y a costa de disminuir las reservas estrat√©gicas del pa√≠s. La reforma infringe la Ley Reglamentaria del art√≠culo 27 que se√Īala la obligaci√≥n del Ejecutivo Federal de garantizar la sustentabilidad de la plataforma anual de producci√≥n con la adopci√≥n de criterios econ√≥micos que sirvan a la mayor creaci√≥n de valor. En el art√≠culo 2 de la Ley de la Comisi√≥n Nacional de Hidrocarburos[53] se especifica claramente el objetivo de ‚Äúelevar el √≠ndice de recuperaci√≥n y obtenci√≥n del volumen m√°ximo de petr√≥leo crudo y de gas natural en el largo plazo, en condiciones econ√≥micamente viables, de pozos, campos y yacimientos abandonados, en proceso de abandono y en explotaci√≥n‚ÄĚ. Elevar el ‚Äúvolumen m√°ximo de petr√≥leo‚ÄĚ en realidad encubre lo que deber√≠a ser el verdadero objetivo, esto es, establecer reglas que garanticen a la naci√≥n que Pemex obtendr√° la m√°xima recuperaci√≥n de los hidrocarburos de los yacimientos. Pero tal y como est√° redactado dicho art√≠culo, existe la posibilidad de atar de nueva cuenta la recuperaci√≥n de los hidrocarburos de los yacimientos a la condici√≥n de maximizaci√≥n de su valor, situaci√≥n en donde privar√≠an, con seguridad, los criterios econ√≥micos de corto plazo. Lo plasmado en la reforma permite continuar extrayendo la mayor cantidad de petr√≥leo sin importar el da√Īo que se haga al yacimiento.

De manera concomitante, se pretende garantizar la seguridad energ√©tica de la naci√≥n a partir de la reposici√≥n de las reservas de hidrocarburos, con base en los recursos prospectivos, considerando la tecnolog√≠a disponible y conforme a la viabilidad econ√≥mica de los proyectos. Sin embargo, al no establecer ning√ļn par√°metro cuantitativo m√≠nimo como fundamento para explotar los yacimientos en producci√≥n y no fijar los alcances de la explotaci√≥n, la exploraci√≥n y explotaci√≥n para la reposici√≥n de reservas se realizar√°n conforme a lo dispuesto en la pol√≠tica de hidrocarburos y los programas de la Secretar√≠a de Energ√≠a (Sener), de modo que la prioridad continuar√° siendo la de exportar la mayor cantidad de petr√≥leo crudo. Lo anterior llevar√° a efectuar cuantiosas inversiones con un nivel de riesgo directamente proporcional a la acelerada disminuci√≥n de las reservas de hidrocarburos.

El derrotero de ‚ÄúLa reposici√≥n de reservas de hidrocarburos como garante de la seguridad energ√©tica de la naci√≥n‚Ķ‚ÄĚ tiene un alto contenido ret√≥rico, en virtud de que la plataforma de producci√≥n de petr√≥leo est√° claramente orientada a la exportaci√≥n. Tampoco es clara respecto a qui√©n y con base en qu√© criterios se realizar√°, por lo que puede esperarse una irracional explotaci√≥n de yacimientos y costosas inversiones de alto riesgo, como las que actualmente se realizan en campos de dudosa rentabilidad econ√≥mica.

Todo lo anterior ocurre por a las indefiniciones conceptuales que quedaron plasmadas en la reforma, debido al af√°n de darle la vuelta a la Constituci√≥n, pese a que √©sta es muy clara en su mandato. Ilustra lo anterior la redefinici√≥n que se hace en la Ley de la Comisi√≥n de Hidrocarburos respecto del t√©rmino constitucional ‚Äúexplotaci√≥n‚ÄĚ, el cual es sustituido en la reforma por el de ‚Äúextracci√≥n‚ÄĚ. De manera deliberada se recort√≥ el alcance del proceso o actividades de car√°cter productivo del √°rea estrat√©gica de hidrocarburos, a partir de la redefinici√≥n de los conceptos constitucionales ‚Äúexploraci√≥n‚ÄĚ y ‚Äúexplotaci√≥n‚ÄĚ y a favor de los t√©rminos ‚Äúexploraci√≥n‚ÄĚ y ‚Äúextracci√≥n‚ÄĚ de los carburos de hidr√≥geno. En la misma ley se a√Īadi√≥: ‚Äúas√≠ como las actividades de proceso, transporte y almacenamiento que se relacionan directamente con los proyectos de exploraci√≥n y extracci√≥n‚ÄĚ. El objetivo era presentar las etapas del proceso productivo primario como actividades independientes entre s√≠. Esto con el prop√≥sito de ir separ√°ndolo de etapas posteriores como el transporte y el almacenamiento del petr√≥leo crudo y del gas, desde la boca de los pozos hasta la entrega a la exportaci√≥n y a los organismos subsidiarios encargados de la transformaci√≥n industrial, con miras a crear un mercado paralelo para la iniciativa privada; un mercado alterno a las actividades sustantivas de car√°cter productivo reservadas a Pemex.

A fin de reforzar lo anterior, quedaron fuera de la Ley de la Comisión Nacional de Hidrocarburos los procesos de transformación industrial de refinación, el tratamiento de gas, la petroquímica, el transporte, almacenamiento y distribución de derivados. La idea es que todas estas actividades quedaran en manos de la Comisión Reguladora de Energía, encargada de continuar la transición hacia una industria petrolera de mercado abierto regulado.

Uno de los aspectos m√°s controversiales de la reforma, relacionado con la Ley Reglamentaria del art√≠culo 27 Constitucional en el Ramo del Petr√≥leo, es si se permitir√≠a trabajar a uno o m√°s de los contratistas privados en actividades de explotaci√≥n de petr√≥leo. El √©nfasis se coloc√≥ en el n√ļmero de posibles contratistas, m√°s que en el hecho mismo de que se dividieron mares y territorio nacional en bloques para las empresas privadas, que era el aspecto medular. Esto es, la objeci√≥n principal radica en que se otorgan bloques a los contratistas privados, nacionales o extranjeros, pues implica un riesgo para la soberan√≠a nacional. Vale la pena se√Īalar que, de acuerdo con las adjudicaciones posteriores a la aprobaci√≥n de la reforma, en lo que concierne al campo de Chicontepec, los contratos llevan impl√≠cita la asignaci√≥n del √°rea en donde el inversionista (contratista) realizar√° en forma exclusiva la prestaci√≥n de servicios bajo la modalidad de obra p√ļblica; adem√°s de que las corporaciones privadas entrar√°n de lleno en actividades corriente arriba, hasta ahora prohibidas por la Constituci√≥n. Con ese ‚Äúdarle la vuelta‚ÄĚ a la Carta Magna, dichas corporaciones entran de manera legal (pero inconstitucional) a las actividades de exploraci√≥n y explotaci√≥n, a los procesos industriales y a los sistemas de transporte, almacenamiento y distribuci√≥n del petr√≥leo crudo y el gas, desde los pozos hasta los puntos de entrega para la exportaci√≥n y puntos de distribuci√≥n a Pemex refinaci√≥n y Pemex gas y petroqu√≠mica b√°sica. La diferencia respecto de la situaci√≥n anterior a la reforma estriba en que no lo har√°n bajo la figura de la concesi√≥n o permiso, sino bajo las modalidades especiales de contrataci√≥n de servicios y obras p√ļblicas que realiza el Estado a trav√©s de Pemex exploraci√≥n y producci√≥n.

Al quedar incorporadas las actividades de exploraci√≥n y explotaci√≥n en la reforma, como una variante de los Contratos de Servicios M√ļltiples, se descubre la intenci√≥n de dejar las decisiones fundamentales en manos de las empresas privadas. Una evaluaci√≥n general sobre las leyes finalmente aprobadas muestra que ha quedado abierta la posibilidad de que los capitales privados incursionen en toda la cadena de la industria petrolera mexicana, excepto en la actividad de la refinaci√≥n, por el momento.[54]

La privatizaci√≥n es un hecho porque la reforma alienta un intenso contratismo, que es la nueva manera de privatizar una serie de actividades, dejando a la empresa p√ļblica las funciones de un mero administrador de contratos. Tambi√©n resulta cuestionable el argumento esgrimido por los voceros del gobierno federal y otros grupos de poder, en el sentido de que como la naci√≥n mantiene de jure la propiedad de las reservas, se mantuvo la soberan√≠a de la industria est√° a salvo. Debe se√Īalarse que, al estar privatizada de facto toda la cadena de producci√≥n, transporte y comercializaci√≥n, la renta petrolera deber√° distribuirse entre todos estos participantes; por ello, los frutos de la misma ya no llegar√°n al resto de la naci√≥n. En este contexto, la propiedad de las reservas se convierte en un argumento muy limitado para aludir a la propiedad nacional.

Un √ļltimo aspecto que se perfila como importante es el relacionado con los yacimientos ‚Äútransfronterizos‚ÄĚ, definidos en la ley reglamentaria al art√≠culo 27 ya referida[55] como ‚Äúaquellos que se encuentran dentro de la jurisdicci√≥n nacional y tienen continuidad fuera de ella‚ÄĚ. Hay que considerar que el t√©rmino yacimiento es enga√Īoso, pues puede incluir a un gran n√ļmero de campos que, aun cuando ocupan una misma formaci√≥n geol√≥gica no est√°n interconectados entre s√≠, y tampoco existe posibilidad de que los hidrocarburos transiten de un campo a otro de manera natural. Lo anterior no qued√≥ expl√≠cito en la reforma, pese a que es bien sabido que los campos de los estados de Tamaulipas, Nuevo Le√≥n y Coahuila son de tipo lenticular, por lo que no est√°n conectados entre s√≠ y menos a√ļn con los del estado de Texas. El problema radica en que los funcionarios de los aparatos gubernamentales, con apoyo de empresas petroleras privadas, estar√°n a cargo de la exploraci√≥n en ambos pa√≠ses (contratados por Pemex, en el caso de M√©xico, y concesionados en el caso de Estados Unidos), sin que nadie m√°s tenga la capacidad f√≠sica, financiera y legal para conocer la conformaci√≥n de los dep√≥sitos de hidrocarburos en los cuales se va a trabajar.

La magnitud de los yacimientos ser√° del tama√Īo que digan los gobiernos de ambos pa√≠ses y en la definici√≥n territorial existe el riesgo de incluir campos del lado mexicano sin ninguna interconexi√≥n con los situados en la l√≠nea transfronteriza. Esto resulta en extremo delicado, dado que la ley reglamentaria dispone que la explotaci√≥n quede sometida a la normatividad de los tratados internacionales de los que M√©xico forma parte. De sujetarse a la ‚Äúunitizaci√≥n‚ÄĚ, que es el esquema que priva en Estados Unidos, M√©xico tendr√≠a que ceder la explotaci√≥n integral del yacimiento en ambos lados de la frontera a aqu√©l que el tratado designe como responsable. El riesgo es muy grande para M√©xico y la posibilidad de violaci√≥n a la soberan√≠a nacional ser√° un hecho.

Otros factores externos a Pemex que sin duda influir√°n en el futuro, por la situaci√≥n en que qued√≥ la reforma, son la vecindad geogr√°fica con Estados Unidos, el poder de las trasnacionales y la asimetr√≠a de la relaci√≥n, sobre todo con Estados Unidos, ya que pueden desequilibrar m√°s la balanza a favor de nuestro vecino del norte. Lo anterior qued√≥ pr√°cticamente fuera de la informaci√≥n dada a conocer a la sociedad mexicana, porque hubiera significado aceptar la ‚Äúapertura‚ÄĚ de la industria petrolera nacional a la inversi√≥n privada en √°reas restringidas por la Constituci√≥n, a la que M√©xico se resisti√≥ en la negociaci√≥n del tlcan, y que en pa√≠ses como Venezuela, Bolivia y Ecuador est√°n siendo recuperadas por medio de nacionalizaciones y pol√≠ticas para retomar su control.

Por lo anterior, la aprobación de esta reforma puede calificarse como una gran concesión al actor privado, sobre todo trasnacional, y la reforma misma como un dispositivo que favorece los objetivos de la seguridad energética de Estados Unidos.

Otros riesgos

Con el actual esquema de integraci√≥n energ√©tica es necesario considerar la estructura y la din√°mica con base en la que opera la aspan, a fin de evaluar la reforma energ√©tica. Como ya se se√Īal√≥, la estructura de la integraci√≥n es asim√©trica en t√©rminos de poder, de capacidades econ√≥micas y, fundamentalmente, unidireccional en t√©rminos de flujos de energ√≠a. Tambi√©n hay que reconocer la dependencia de M√©xico de ciertos combustibles, como el gas natural y de productos refinados, como las gasolinas, inducida por los procesos de privatizaci√≥n y reformas estructurales recomendadas por organismos internacionales. La reforma aprobada no garantiza la reversi√≥n de estas tendencias.

El mecanismo de homologaci√≥n regulatoria que opera en materia de energ√≠a con el liderazgo de las agencias federales de Estados Unidos ( Federal Energy Regulatory Commission ferc ,- Department o Energy DOE, Department of Homeland Security dhs entre las m√°s importantes) es el andamiaje que encubre una integraci√≥n subordinada. Lo es en el sentido de sometimiento a la normatividad, pero tambi√©n en el nivel de las estructuras de producci√≥n, claramente evidente en el caso mexicano. Debido a la modalidad de armonizaci√≥n regulatoria, v√≠a pol√≠ticas p√ļblicas, otra de las principales consecuencias, aunque no del todo evidente, es la p√©rdida de soberan√≠a a trav√©s del dise√Īo de las mismas. En el caso de la reforma energ√©tica, esta p√©rdida ocurrir√≠a en forma de sesgos en el dise√Īo de las pol√≠ticas p√ļblicas a favor de las corporaciones petroleras, proveedores, contratistas y permisionarios nacionales y trasnacionales, que correr√≠a a cargo de los organismos t√©cnicos que operan en la Secretar√≠a de Energ√≠a, la Comisi√≥n Nacional de Hidrocarburos, la Comisi√≥n Reguladora de Energ√≠a, el Consejo Nacional de Energ√≠a y el Foro Consultivo del Consejo Nacional de la Energ√≠a.[56]

Además de la integración de las corporaciones a la industria petrolera mexicana, está la obligación de Pemex de abrir a terceros el acceso a su infraestructura de transporte, lo cual permitirá a tales corporaciones aprovechar la infraestructura existente y ahorrar costos. El usufructo de los bienes de la nación pasará a manos privadas. Lo anterior es perfectamente congruente con la propuesta de integración en América del Norte, que pretende crear economías de escala para las corporaciones y garantizar la viabilidad económica de los flujos transfronterizos.

Conclusión

F√°cilmente podr√≠a concluirse que muchos de los problemas econ√≥micos a que ha llegado el pa√≠s tienen su ra√≠z en el modelo neoliberal y aperturista, pero debe reconocerse que M√©xico desaprovech√≥ la coyuntura que combin√≥ su pico de producci√≥n petrolera con el aumento de los precios internacionales del petr√≥leo, y dej√≥ pasar la oportunidad de invertir sus enormes recursos excedentes en una mayor industrializaci√≥n del pa√≠s, desarrollar m√°s infraestructura, elevar el nivel de educaci√≥n, investigaci√≥n y desarrollo tecnol√≥gico, y desarrollar tanto fortaleza como capacidad para afrontar el impacto que la declinaci√≥n petrolera tendr√≠a en todos los niveles de la sociedad. La pregunta que hoy se hacen algunos especialistas es ¬Ņen cu√°nto se lograr√° realmente aumentar la oferta? La respuesta no es f√°cil, pero es claro que s√≥lo podr√° aminorar la declinaci√≥n productiva de los campos en explotaci√≥n y no se espera que compense totalmente la ca√≠da. Por lo anterior, M√©xico debe incluir, como un aspecto fundamental en el dise√Īo de su pol√≠tica, la declinaci√≥n de los recursos convencionales en Am√©rica del Norte y el costo que implicar√° el desarrollo de los recursos prospectivos; esto √ļltimo, dado que el petr√≥leo que no se ha descubierto todav√≠a va a ser muy costoso de producir. Tambi√©n deber√° considerar la madurez geol√≥gica de algunas de sus zonas productivas m√°s prol√≠ficas, por las restricciones que ello implica para elevar la plataforma de producci√≥n, aun inyectando fuertes inversiones en estas actividades.

En el caso de desarrollar recursos no convencionales, como petróleo de aguas ultraprofundas, crudos pesados, esquistos bituminosos, hidratos de metano, etcétera, deberá tener en cuenta no sólo los costos que implica en términos económicos y ambientales, sino el que estos hidrocarburos consumen más energía de la que producen y tienen un menor retorno energético, por lo que la sociedad podría sufrir un retroceso en términos de eficiencia energética.

Una vez llegado a este punto, habr√° que resolver aspectos como ¬Ņcon qu√© recursos se va a generar valor para la subsistencia de su econom√≠a?, ¬Ņqu√© ayuda va a recibir de sus vecinos?, ¬Ņqu√© nos espera de continuar por la v√≠a hasta ahora transitada?[57]

No es gratuita la poca claridad y la falta de estudios que analicen las estructuras mismas, ya que hacerlo obligar√≠a a reevaluar el proceso de integraci√≥n con sus aciertos y perversiones, as√≠ como a determinar c√≥mo beneficia o afecta al conjunto de la sociedad y no s√≥lo a una peque√Īa elite econ√≥mica-pol√≠tica. En el caso de la energ√≠a, la integraci√≥n del mercado es un excelente negocio para las corporaciones de los tres pa√≠ses y cumple un papel medular para la seguridad energ√©tica de Estados Unidos, por lo que el proceso sirve bien a sus intereses. No obstante, la estructura del mercado deja ver sesgos que de no tomarse en cuenta ser√°n muy costosos para M√©xico en el futuro inmediato. El primero es que Estados Unidos necesita de abastecedores para garantizar su seguridad energ√©tica ante la declinaci√≥n de su propia producci√≥n petrolera. Sin l√≠mites actuales a su propio consumo energ√©tico, con el tiempo, Estados Unidos puede acabar con los recursos de los pa√≠ses vecinos; el modelo es depredador y no est√° en el inter√©s de las elites modificar la situaci√≥n.[58]

Lo anterior no significa que México no cuente con un potencial remanente, pero dada la estructura de la integración, la voracidad de su vecino acelerará la explotación de los recursos petroleros mexicanos a un costo elevado, lo cual podría acelerar el agotamiento de sus recursos, con el agravante de tener una elevada deuda con intereses caros que ya no será posible solventar con recursos petroleros.

Como hemos visto, uno de los objetivos de la integración es el acceso a los recursos remanentes no explotados en los tres países. Sin embargo, todo indica que se va a privilegiar el desarrollo de los recursos de Canadá y de México antes que los de Estados Unidos. De continuar la situación, en el mediano y largo plazos, México podría convertirse en un país dependiente de la energía de su vecino del norte; esto no le conviene a Estados Unidos y mucho menos a México.

El mecanismo bajo el cual opera la integraci√≥n es dise√Īado en la aspan, de modo que las directrices son dictadas por las corporaciones para que el Ejecutivo las ponga en pr√°ctica sin el escrutinio del Legislativo. La reforma energ√©tica del presidente Calder√≥n refleja bien este aspecto: un manejo discrecional de los √≥rganos de decisi√≥n, de los √≥rganos t√©cnicos y de las licitaciones, y la tendencia a maximizar la oferta petrolera. Todo apunta a que la Secretar√≠a de Energ√≠a y la Comisi√≥n Nacional de Hidrocarburos se convertir√°n en instrumento de los intereses de las empresas trasnacionales, por medio de las cuales se tomar√°n las decisiones fundamentales en cuestiones petroleras, con asimetr√≠as de informaci√≥n y de cuadros t√©cnicos capacitados (por ejemplo, en geof√≠sica, materia que se ha desechado de los planes de estudio de las universidades mexicanas) por parte de M√©xico. Con la aspan la p√©rdida de soberan√≠a ocurre a trav√©s del dise√Īo de las pol√≠ticas p√ļblicas, en virtud de que es el pa√≠s hegem√≥nico el que dicta las pautas de la integraci√≥n. El mecanismo es menos burdo que una intromisi√≥n directa por parte de Estados Unidos.

A fin de allanar el camino hacia una mayor integración en materia de energía entre los tres países, hay quienes sostienen que incluso en condiciones de asimetría la cooperación es posible si se identifica el interés nacional. Sin embargo, habrá que considerar que este término no tiene sustancia en la práctica, pues desde el punto de vista de autores como Jeff Faux[59] el interés nacional en realidad significa el interés de los grupos en el poder. La cooperación no está ausente de la relación México-Estados Unidos; sin embargo, es claro que la cooperación ocurre de manera subordinada para México y que no se están fincando los cimientos en el resto de su economía para revertir o cuando menos acortar la profunda asimetría con Estados Unidos.

En Irak, Estados Unidos obtuvo el control del petr√≥leo por la v√≠a militar, en M√©xico, ello no ha sido necesario, dado que la existencia de la integraci√≥n y la convergencia del proyecto de elites de Am√©rica del Norte producen el mismo resultado: el control de la industria petrolera. En el caso de M√©xico, el proceso de militarizaci√≥n tiene un significado distinto del de una invasi√≥n, pero no menos da√Īino en el largo plazo. Se da como una extensi√≥n del Homeland Security de Estados Unidos, bajo la Iniciativa M√©rida. √Čsta puede condicionar la plataforma de exportaci√≥n mexicana, pues bajo la ‚Äúintegraci√≥n profunda‚ÄĚ sus reservas se someten a las medidas de seguridad de Estados Unidos, lo mismo ocurre con el control del desarrollo de la infraestructura cr√≠tica asociada a campos petroleros, gasoductos,¬† oleoductos que transportar√°n parte de los recursos destinados a ese pa√≠s.

Como la necesidad de Estados Unidos de garantizar su suministro de petr√≥leo es asunto de seguridad nacional, el margen de maniobra de M√©xico para aplicar una pol√≠tica petrolera independiente se reduce y su sociedad civil corre el riesgo de confrontarse con proyectos de desarrollo de empresas y corporaciones energ√©ticas trasnacionales en asuntos como los derechos de v√≠a, por poner un ejemplo.[60] Las implicaciones y consecuencias de formar parte de esta estrategia de seguridad no han sido plenamente analizadas en todos los √°mbitos de la vida nacional. La Iniciativa M√©rida, un proyecto equivalente al Plan Colombia, cuyo prop√≥sito aparente es controlar el narcotr√°fico y el crimen organizado (con la promesa de recibir 400 millones de d√≥lares para la compra de armamento), es en realidad un mecanismo para dar oportunidad a las fuerzas de seguridad de Estados Unidos de controlar territorio mexicano. En M√©xico, como en muchos otros pa√≠ses, el argumento del narcotr√°fico ha sido utilizado para incursionar en el territorio e intervenir en las decisiones de otras naciones. A M√©xico se le ha calificado en fechas recientes como un ‚ÄúEstado fallido‚ÄĚ y se le exhibe, nacional e internacionalmente, como un pa√≠s incapaz de controlar el crimen y el narcotr√°fico. En realidad, este tipo de etiquetas tiene como objetivo justificar un control cada vez mayor sobre los yacimientos petroleros y sobre la infraestructura paralela que va a desarrollarse en el sector energ√©tico mexicano; as√≠ como sobre sectores como el transporte, aeropuertos y turismo. Esto forma parte de la extensi√≥n del Homeland Security[61] hacia territorio mexicano, en la medida en que las corporaciones energ√©ticas y los grupos privados consideren que con ello aseguran sus inversiones, aunque ya lo han conseguido de jure con la reforma energ√©tica.

Es claro que la integraci√≥n en un contexto de asimetr√≠a es un proceso subordinado, tanto para Canad√° como para M√©xico. En este √ļltimo, el dise√Īo de sus pol√≠ticas energ√©tica, exterior, militar y policiaca ya refleja claramente las prioridades y el proyecto del hegem√≥n. La endogeneidad de la pol√≠tica energ√©tica mexicana, en funci√≥n de la seguridad energ√©tica de su vecino del norte, convierte al pa√≠s en pieza clave no s√≥lo de la pol√≠tica interna y de la pol√≠tica exterior estadunidense, sino de su seguridad territorial a trav√©s del Homeland Security o la Iniciativa M√©rida.


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[1] V√©ase Mary E. Burfisher et al., ‚ÄúRegionalism: Old and New, Theory and Practice‚ÄĚ, mtid discussion paper, no. 65, Washington, D.C., International Food Policy Research Institute, febrero de 2004, en <http://www ifpri.org/pubs/confpapers/2003/burfisherrobinsonthierfelder.pdf>.

[2] Steven L. Lamy, ‚ÄúContemporary Mainstream Approaches: Neo-realism and Neoliberalism‚ÄĚ, en John Baylis and Steven Smith, editors, The Globalization of World Politics (Oxford: Oxford University Press, 2001), 182-199.

[3] Una situaci√≥n estructural de la regi√≥n es la diferencia en niveles de desarrollo, sobre todo en el caso de M√©xico. En este sentido, el t√©rmino asimetr√≠a lo aplicaremos a la condici√≥n de contrastes y particularidades propias de cada Estado en t√©rminos estructurales, as√≠ como a las oportunidades aprovechadas y no aprovechadas por sus miembros. El concepto permite establecer ciertas comparaciones entre los pa√≠ses que se integran, de acuerdo con el desempe√Īo y la evoluci√≥n de sus cifras e indicadores macroecon√≥micos, en este caso relacionados con la energ√≠a. La teor√≠a econ√≥mica coadyuva a explicar el papel de las simetr√≠as-asimetr√≠as frente a la apertura y la integraci√≥n, y la convergencia o divergencia de los niveles de desarrollo econ√≥mico que resulta de los procesos de integraci√≥n.

[4] Alfredo Portillo, ‚ÄúUna propuesta de definici√≥n de los fen√≥menos geopol√≠ticos‚ÄĚ, Revista de Geograf√≠a Venezolana 42, no. 2, Suplemento200, 227-238.

[5] Noam Chomsky, ‚Äú¬°Es el petr√≥leo, est√ļpido!‚ÄĚ, La Jornada de Morelos, 27 de junio de 2008, 6-7.

[6] Shirley Neff, ‚Äú North America‚ÄĚ, en Jan H. Kalicki y David L. Goldwyn, eds., Energy and Security towards a New Foreign Policy Strategy (Washington, D.C.: Woodrow Wilson Center Press-The Johns Hopkins University Press, 2005), 364.

[7] <http://tonto.eia.doe.gov/dnav/ng_move_impc_s1_a.html>, consultada el 30 de abril de 2009.

[8] Desde 1985 cuando se desregul√≥ el mercado de gas natural en Canad√°, las corporaciones lo han estado exportando tan r√°pido como han podido. Esta pol√≠tica se fortaleci√≥ con el Acuerdo de Libre Comercio, la reducci√≥n del poder regulatorio de la National Energy Board (neb) y la construcci√≥n de gasoductos a Estados Unidos. Canad√° exporta un poco m√°s de la mitad de lo que extrae (3.5 trillones) a Estados Unidos. John W. Warnock, ‚ÄúWhy‚ÄôDiss‚Äô Integration? Canada‚Äôs Intercontinent Energy Policy‚ÄĚ, Briarpatch Magazine (febrero de 2006): 3.

[9] Sobre el d√©ficit de gas natural en Estados Unidos, v√©ase Douglas B. Reynolds, ‚ÄúLos recursos estadunidenses de gas natural y las nuevas tecnolog√≠as para la exploraci√≥n y desarrollo‚ÄĚ, en Ros√≠o Vargas y Jos√© Luis Vald√©s-Ugalde, eds., Recursos naturales estrat√©gicos. Los hidrocarburos y el agua (M√©xico: cisan-unam, 2006).

[10] De hecho las dos primeras empezarían a operar en 2008. Localizadas en la frontera norte de México tienen como tarea principal ser receptoras del combustible que luego tiene como destino el mercado estadunidense.

[11] Las reservas probadas se refieren a la cantidad de aceite y gas que se estima recuperable de campos conocidos, en condiciones económicas y operativas existentes. Los recursos convencionales hacen referencia a las energías conocidas y ampliamente utilizadas como petróleo, carbón y gas. Los no convencionales se refieren a recursos que pueden tener un amplio potencial, aun cuando su explotación y uso no se ha estandarizado.

[12] Shirley Neff, ‚ÄúNorth America‚ÄĚ, 364.

[13] Antonio Gershenson, ‚ÄúLas reservas de hidrocarburos en M√©xico y en el mundo‚ÄĚ, en Recursos naturales estrat√©gicos, 63.

[14] Algunos especialistas destacan el hecho de que con esa producción se podría alcanzar la autosuficiencia en el este canadiense hasta ahora importador del recurso.

[15] En 1984 tenía 101.9 mil millones de barriles en probadas. En 2004 son 61 mil millones.

[16] El √©xito de la introducci√≥n de medidas de eficiencia en el uso de combustibles en Estados Unidos podr√≠a modificar los escenarios futuros de dependencia energ√©tica. La propuesta del presidente Barack Obama de alcanzar una meta de 57 km por gal√≥n hacia el 2016 podr√≠a significar un ahorro de 1800 millones de barriles de petr√≥leo, en la vida de los veh√≠culos vendidos en los pr√≥ximos cinco a√Īos. Esto significa una cantidad mayor a las importaciones totales procedentes de Arabia Saudita, Venezuela, Libia y Nigeria en el 2008. El √©xito de este proyecto ciertamente modificar√≠a los escenarios de dependencia creciente para ese pa√≠s. V√©ase ‚ÄúPropone Obama limitar emisiones contaminantes de los autom√≥viles‚ÄĚ, La Jornada Morelos, 20 de mayo de 2009, 8.

[17] La alternativa preferida son los biocombustibles diferentes de los fósiles. Se espera alcanzar la meta de 1 millón de b/d en el 2012 con la nueva Ley de Independencia Energética y Seguridad del 2007. La mayor parte de los incentivos internos a la producción se ha dirigido a los biocombustibles, particularmente etanol. Esto también involucra relaciones como las que se tienen con Brasil y Canadá en materia tecnológica y comercial. Se maneja también la alternativa del carbón líquido, ya que Estados Unidos es el país con mayores reservas carboníferas en el mundo. También el secuestro de carbón, plantas de gasificación integradas de ciclo combinado.

[18] Klein, Naomi, ‚ÄúCapitalismo del desastre: estado de extorsi√≥n‚ÄĚ, La Jornada, Correo del Sur, 20 de julio de 2008, 7.

[19] ‚ÄúAcusa Bush al Congreso de contribuir al incremento de los precios de la gasolina. Las discusiones que el legislativo ha tomado por a√Īos afectan a los ciudadanos, asevera‚ÄĚ, La Jornada, 3 de agosto de 2006, 24.

[20] Tomado de T. Murray, ‚ÄúPemex To Fund Increased Share of Capital Spending from Operating Cashflow‚ÄĚ, The Oil Daily 56, no. 100, 25 de mayo de 2006, citado en Energy Information Administration, International Energy Outlook, Washington, Department of Energy, 2006, 32. Si bien puede haber diferencias con las estimaciones oficiales del gobierno mexicano, nos interesa destacar las estimaciones y las expectativas de lo que puede alcanzar la producci√≥n petrolera mexicana, desde el punto de vista de los especialistas estadunidenses.

[21] La administración se decía complacida de que los dos países sean los abastecedores líderes de Estados Unidos. Esto fue en mayo de 2006 (Washington File).

[22] Canad√°, como parte del Protocolo de Kioto, ha reconocido que no har√° frente a sus obligaciones. Es claro que este pa√≠s se aleja del modelo de objetivos y tiempos de Kioto. La pol√≠tica interna m√°s reciente de Canad√° destaca la intensidad de las emisiones (gases de efecto invernadero) en oposici√≥n a una reducci√≥n en t√©rminos¬† absolutos y define los objetivos para la reducci√≥n de emisiones en t√©rminos del nivel en el a√Īo 2006, dejando atr√°s la meta a que se comprometi√≥ en el protocolo, cuya base era 1990.

[23] Las estimaciones son del ingeniero Francisco Garaicochea, presidente del Grupo Ingenieros Constitución del 17 y fueron presentadas en el Foro del Senado, realizado el 24 de abril de 2009.

[24] V√©ase Anthony H. Cordesman y Khalid R. Al-Rodhan, ‚ÄúThe Changing Risk in Global Oil Supply and Demand: Crisis or Evolving Solutions?‚ÄĚ (Washington: csis, octubre) [manuscrito].

[25] Del total de reservas revaluadas: 9 mil MMb pasaron a la condici√≥n de reservas probables y casi 7¬†500 MMb a la categor√≠a de posibles. Gerardo Baz√°n Navarrete y Gilberto Ortiz Mu√Īiz, ‚ÄúReservas de Hidrocarburos‚ÄĚ, Energ√≠a a Debate, a√Īo 5, no. 25 (marzo-abril de 2008): 60.

[26] La Jornada, 9 de mayo de 2008, en <http://www.jornada.unam.mx/20/08/05/09/index_php?section=politica&article=005n1pol>, consultada el 15 de junio de 2008.

[27] De acuerdo con especialistas reconocidos, como George Baker, el ‚Äú√ļnico lugar donde hay nuevo potencial en gran escala, arriba de 1 mill√≥n de b/d es en el √°rea de aguas profundas del Golfo de M√©xico, donde puede haber campos gigantes con altas tasas de producci√≥n. Pemex estima que en esta √°rea hay campos que contienen 30 mil millones de crudo equivalente‚ÄĚ. V√©ase George Baker, ‚ÄúMexico‚Äôs Deepwater Gulf of Mexico: Potential and Prospect vs. Energy Reforms‚ÄĚ, P√°gina electr√≥nica de Penn Energy, Oil and Gas Journal, <www.pennenergy-com/index/research-and_data/oil:and_gas/product-display/7455868515/s-products/s-|>, consultada el 15 de mayo de 2009.

[28] La reforma se√Īala que es ‚Äúfundamental que la gran riqueza petrolera siga contribuyendo a la seguridad energ√©tica del pa√≠s, abasteciendo las necesidades internas de combustibles [...] para lograr lo anterior, es necesario transformar el marco regulatorio que rige la industria petrolera nacional. Este cambio incluye [...] modificaciones a la Ley Reglamentaria del art. 27 Constitucional en el ramo del petr√≥leo‚ÄĚ.

[29] Uno de los pocos te√≥ricos que abordan la cuesti√≥n energ√©tica desde la perspectiva del institucionalismo es Stephen Clarkson, Does North America Exist? Governing the Continent After nafta and 9/11 (Toronto: University of Toronto Press; Woodrow Wilson Center Press, 2008), v√©ase cap√≠tulo VIII: ‚ÄúContinental Energy In(security)‚ÄĚ, 182-204.

[30] Gordon Laxer, ‚ÄúFreezing in the Dark: Why Canada Needs Strategic Petroleum Reserves‚ÄĚ, Working Paper (Alberta, Parkland Institute, enero de 2008), 5.

[31] Gary C. Hufbauer y Jeffrey J. Schott, nafta Revisited: Achievements and Challenges (Washington: Institute for International Economics, 2005), 395.

[32] Gordon Laxer y John Dillon, ‚ÄúOver a Barrel: Exiting from nafta‚Äôs Proportionality Clause‚ÄĚ, Working Paper (Alberta, Parkland Institute and Canadian Centre for Policy Alternatives, mayo de 2008), 1.

[33] Respecto de los cuatro aspectos ya mencionados en la introducción: 1) la integración comercial; 2) la empresarial; 3) la física (infraestructura); y 4) la institucional.

[34] El sentir de Estados Unidos respecto a lo obtenido qued√≥ plasmado en la expresi√≥n de ‚Äúya ceder√°n en el tiempo, sin presiones‚ÄĚ, en tanto que Carla Hills, quien estaba a cargo de la negociaci√≥n, exhib√≠a en su pa√≠s el √©xito de haber abierto el mercado mexicano de compras gubernamentales; M√©xico, por su parte, mostraba los cinco ‚Äúno‚ÄĚ a la negociaci√≥n en las √°reas restringidas por la Constituci√≥n.

[35] En el anexo al cap√≠tulo VI del tlcan, se consigna la posibilidad de que el sector privado acceda a ciertas formas de producci√≥n como la generaci√≥n independiente, la cogeneraci√≥n y la autogeneraci√≥n. En diciembre de 1992, se reforma la Ley del Servicio P√ļblico de Energ√≠a El√©ctrica a fin de armonizarlo con el tlcan. Actualmente, la importancia que han tomado dichas formas de inversi√≥n es evidente pues controlan el 40 por ciento de la generaci√≥n el√©ctrica nacional. Sobre lo negociado en el tlcan y algunos de los cambios generados en la legislaci√≥n del sector energ√©tico, v√©ase Ros√≠o Vargas, ‚ÄúLos energ√©ticos y el tlcan o el cuestionable respeto a la Constituci√≥n mexicana‚ÄĚ, en M√≥nica Gambrill, ed., Diez a√Īos del tlcan en M√©xico (M√©xico: cisan-Instituto de Investigaciones Econ√≥micas-Facultad de Econom√≠a, unam, 2006): 451-467.

[36] Publicada en el Diario Oficial de la Federación el 16 de julio de 1992.

[37] En el pr√©stamo negociado, el Congreso de Estados Unidos vot√≥ en contra de la aprobaci√≥n de fondos de rescate. No obstante, algunas personas dentro del Tesoro estadounidense encontraron un truco legal para enviar el rescate por medio del Fondo de Estabilizaci√≥n de Divisas, el cual no requer√≠a la aprobaci√≥n del Congreso. As√≠, se enviaron de Estados Unidos 20 mil millones de d√≥lares, a los cuales se les a√Īadieron casi 30 mil millones m√°s: 17 mil millones del Fondo Monetario Internacional, 10 mil millones del Bank for International Settlement, mil millones del Banco de Canad√° en forma de swaps de corto plazo y mil millones m√°s provenientes de diversos pa√≠ses latinoamericanos (entre ellos Argentina y Brasil cuyas econom√≠as estaban siendo severamente afectadas por los efectos de la crisis mexicana).

[38] getean, ‚ÄúLa visi√≥n del mercado del gas natural en Am√©rica del Norte‚ÄĚ (2005): 9, en Sener, <www.sener.gob.mx>, cit. en Sarri√° √Āngeles, ‚ÄúSituaci√≥n actual y perspectivas de Pemex en la industria del gas natural‚ÄĚ, en C√©sar Francisco Colmenares Pemex: presente y futuro (M√©xico: unam-uam-Universidad Aut√≥noma de Campeche-Plaza y Vald√©s, 2008), 64.

[39] A este respecto, V√≠ctor Rodr√≠guez-Padilla ha se√Īalado que la aparente crisis que se observa en Pemex en realidad es un reflejo de la naturaleza misma del modelo neoliberal. La situaci√≥n de la empresa no es producto del agotamiento de recursos, de los vaivenes econ√≥micos ni de la incapacidad de su personal, sino el resultado de un plan dise√Īado espec√≠ficamente para liquidar el patrimonio y entregar actividades productivas al sector privado. Por medio de este plan, se concentra a la empresa p√ļblica en la extracci√≥n y exportaci√≥n de crudo; se le impide ejercer el oficio de petrolero; se le quitan o niegan actividades operativas; se favorece a sus competidores en el mercado nacional; se le aplican controles excesivos e inmovilizantes resultantes en ineficiencia; se le impide desarrollar tecnolog√≠a; se desmontan equipos t√©cnicos y se despide selectivamente al personal. Paralelamente, el gobierno federal aplica mecanismos presupuestales, fiscales y regulatorios para conducir a Pemex al borde de una crisis financiera, para justificar as√≠ una costosa capitalizaci√≥n por parte del Estado y conseguir cambios constitucionales con car√°cter privatizador, que es la verdadera intenci√≥n. Pemex se halla en crisis por voluntad del gobierno federal mismo. V√©ase V√≠ctor Rodr√≠guez-Padilla, ‚ÄúLa estrategia oficial para privatizar la industria petrolera mexicana y Pemex‚ÄĚ, en Vargas y Vald√©s Ugalde, eds., Recursos naturales estrat√©gicos, 124-125.

[40] Trabaja en tres áreas: mercado, tecnología y energía limpia.

[41] Además de trabajar bajo la aspan con Canadá, existe un mecanismo consultivo cuyo propósito es explorar cómo alentar y facilitar comercio transfronterizo.

[42] Greg Anderson y Christopher Sands, ‚ÄúNegotiating North America: The Security and Prosperity Partnership‚ÄĚ White Paper (Washington, D.C.: Hudson Institute, primavera de 2007), 24.

[43] Si bien hay sólo algunos canales oficiales en donde se vierten sus propuestas y demandas, como los informes de mandatarios y los documentos del Consejo de Cooperación de América del Norte (ccan), hay información que se filtra de las reuniones del aspan y que se filtra a ong o a la prensa que también se ha considerado a fin de analizar sus propuestas y objetivos.

[44] Este tipo de contratos funciona como una ‚Äúespecie‚ÄĚ de concesi√≥n, pues a los inversionistas (contratistas) se les asigna un √°rea de trabajo para que se dediquen de manera exclusiva a la exploraci√≥n y explotaci√≥n de hidrocarburos.

[45] El dictamen sobre la Comisi√≥n de Hidrocarburos sugiere la necesidad de revisar el t√©rmino explotaci√≥n petrolera. En realidad esto est√° de m√°s considerando que en la Constituci√≥n mexicana se define bien. La exploraci√≥n y explotaci√≥n son prerrogativas del Estado a trav√©s de su empresa y no tendr√≠an por qu√© redefinirse. La cuesti√≥n es que bajo la regulaci√≥n estadunidense el concepto m√°s importante es precisamente el de explotaci√≥n, pero aqu√≠ el usufructo de las reservas es el privado, que paga una regal√≠a fijada por el gobierno de Estados Unidos. De aqu√≠ la necesidad de claridad en los t√©rminos. Sobre este aspecto, v√©ase Juan E. Pardinas, ‚ÄúLa soberan√≠a, la naturaleza y el calendario‚ÄĚ, en Cruzando l√≠mites. M√©xico ante los desaf√≠os de sus yacimientos transfronterizos (M√©xico: Red Mexicana de Energ√≠a-Foreign Affairs, en espa√Īol, 2007), 14-23.

[46] La seguridad energética fue una de las áreas prioritarias que se definieron en la pasada reunión de Nueva Orleans, el 22 de abril de 2008.

[47] Claudia Herrera Beltr√°n, ‚ÄúPropone Calder√≥n un ‚Äúmercado americano de energ√≠a‚ÄĚ, La Jornada, en <www.jornada.unam.mx/2009/04/19/index.php?section=politic...>, consultada el 20 de abril de 2009.

[48] Con los yacimientos transfronterizos se pretende acordar con las entidades que deseen realizar la labor de exploración y explotación de hidrocarburos en los yacimientos comunes de las zonas limítrofes con Cuba y Estados Unidos, para asegurar que se puedan establecer mecanismos de explotación conjunta.

[49] Debe destacarse que el Ejecutivo asegura buscar el mejor aprovechamiento posible de los hidrocarburos en territorio nacional, pero no dice que a favor de sus nacionales.

[50] Manuel Bartlett D√≠az, ‚ÄúLas iniciativas petroleras. Un modelo privatizador‚ÄĚ, 2008 (mimeo), 6.

[51] The Economist, 22 de diciembre de 2007, citado por Bartlett D√≠az, ‚ÄúLas iniciativas...‚ÄĚ, 4.

[52] C√°mara de Diputados, ‚ÄúLey Reglamentaria al Art√≠culo 27 Constitucional en el Ramo del Petr√≥leo‚ÄĚ, Diario Oficial de la Federaci√≥n, 28 de noviembre de 2008.

[53] C√°mara de Diputados, ‚ÄúLey de la Comisi√≥n Nacional de Hidrocarburos‚ÄĚ, Diario Oficial de la Federaci√≥n, 28 de noviembre de 2008.

[54] El 10 de marzo de 2009 se presentó ante la LX Legislatura una propuesta de los diputados Agustín Mollinedo Hernández, Elizabeth Morales García y Juan Darío Lemmarroy Martínez, con el fin de revisar la Ley Reglamentaria al artículo 27 Constitucional en el Ramo del Petróleo e incorporar la refinación como susceptible de ser manejada por la iniciativa privada.

[55] C√°mara de Diputados, ‚ÄúLey Reglamentaria al Art√≠culo 27 Constitucional en el Ramo del Petr√≥leo‚ÄĚ, Diario Oficial de la Federaci√≥n, 28 de noviembre de 2008.

[56] Al introducir esta idea, el Ejecutivo se√Īala que es necesario contar con un equipo multidisciplinario; y acude a las experiencias internacionales para justificar la creaci√≥n de √≥rganos t√©cnicos especializados y argumentar en favor de la creaci√≥n de la Comisi√≥n Nacional de Hidrocarburos. √Čsta, se√Īala el texto, apoyar√≠a a la Sener en la regulaci√≥n y supervisi√≥n de actividades de exploraci√≥n y producci√≥n; ser√≠a un √≥rgano desconcentrado con autonom√≠a t√©cnica y operativa de la Sener; apoyar√≠a en la evaluaci√≥n de las √°reas asignadas para la exploraci√≥n y explotaci√≥n, en la determinaci√≥n de reservas de hidrocarburos y emitir√≠a dict√°menes t√©cnicos de los proyectos de exploraci√≥n y explotaci√≥n que presente Pemex. Adem√°s, emitir√≠a y supervisar√≠a la aplicaci√≥n de la normatividad t√©cnica y otorgar√≠a permisos para los trabajos petroleros. Se proponen 5 comisionados, quienes ser√≠an designados por el Ejecutivo.

[57] Las recientes declaraciones de Jos√© √Āngel Gurr√≠a respecto de la situaci√≥n econ√≥mica de M√©xico son elocuentes: ‚ÄúEsto no es una crisis, esto es un desastre, esto es una demolici√≥n de la econom√≠a de M√©xico y el pa√≠s tiene que salir solo de esto porque nadie le va a ayudar‚ÄĚ, en <http://www.jornada.unam.mx/2009/05/23/index.php?section=economia&article=025nleco>, consultada el 24 de mayo de 2009.

[58] La introducci√≥n de medidas de eficiencia en el uso de combustibles en Estados Unidos podr√≠a modificar los escenarios futuros de dependencia energ√©tica de ese pa√≠s. La propuesta del presidente Barack Obama de alcanzar una meta de 57 km por gal√≥n para el 2016 podr√≠a significar un ahorro de 1¬†800 millones de barriles de petr√≥leo en la vida de los veh√≠culos vendidos en los pr√≥ximos cinco a√Īos. Esto equivale a una cantidad mayor a la de las importaciones totales procedentes de Arabia Saudita, Venezuela, Libia y Nigeria en el 2008. V√©ase ‚ÄúPropone Obama limitar emisiones contaminantes de los autom√≥viles‚ÄĚ, La Jornada Morelos, 20 de mayo de 2009, 8.

[59] Jeff Faux, La guerra global de clases. Cómo nos robaron el futuro las elites de Estados Unidos, Canadá y México y qué hacer para recuperarlo (México: uacm, 2008).

[60] La senadora Rosario Ibarra de Piedra ha empezado a dar una voz de alerta sobre las desapariciones forzadas y los levantones: ‚Äú¬°Nada de que es el narcotr√°fico, eso no es cierto¬° Los de la delincuencia organizada tienen un modus operandi particular!‚ÄĚ. A la par que da cuenta de numerosas desapariciones de petroleros y explica que tienen que ver con polic√≠as y soldados, con √≥rdenes de alto nivel. Sobre la desaparici√≥n de 38 petroleros de Cadereyta, en mayo de 2007, se√Īala que ‚Äúfueron secuestrados por varios hombres con armas largas, uniformes negros sin insignias, granadas al cinto y chalecos antibalas‚ÄĚ. Los petroleros hab√≠an manifestado su oposici√≥n a la venta de Pemex y uno de los secuestrados es el posible sucesor del l√≠der del sindicato, Carlos Romero Deschamps. V√©ase Paola Mart√≠nez, Entrevista a Rosario Ibarra de Piedra, directora del Comit√© Eureka y senadora, La Jornada, 17 de mayo de 2009, 5.

[61] Homeland Security incorpora los aspectos de infraestructura cr√≠tica y recursos clave como parte de su √°mbito de acci√≥n. ‚ÄúLa confiabilidad, seguridad y prosperidad de la naci√≥n debe protegerse al interior como en el exterior‚ÄĚ. V√©ase Department of Homeland Security, National Infraestructure Protection Plan International Issues for CI/KR Protection‚ÄĚ, en <www.dhs.gov/nipp>, consultada el 5 de mayo de 2009.


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