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Apunte



La lógica empresarial

 

en educación


 

JORGE GUILLERMO CANO

(Exclusivo para Voces del Periodista)

 



Liderazgo y calidad confluyen en la era de la globalización. Su conjunción es clara en la visión netamente empresarial, de acuerdo a los parámetros del “mundo desarrollado”. Para Bill Gates, uno de los hombres más ricos del mundo, la diferencia entre las empresas de punta "y el pelotón", estriba en "realizar un trabajo de primera con la información", pues ganar o perder, en términos de rentabilidad, se entiende, dependerá de "cómo captemos, gestionemos y utilicemos la información" (Gates 1999: 25).

La información, deriva Gates, debe circular de modo que el conocimiento se maximice constantemente (información, que es conocimiento, para optimizar procesos a partir de la operación de saberes). Ahí está la clave del éxito, asegura el principal accionista de Microsoft, más que en la eficiencia de los procesos, el reconocimiento de marcas o el seguimiento del mercado.

Todos esos factores son importantes para el éxito, pero "se necesita un flujo rápido de informaciones fiables para agilizar los procesos, elevar la calidad y mejorar la ejecución operativa" (Gates 1999: 26).

Esto quiere decir que la información (saberes sobre cuestiones estratégicas de la competencia) es un factor de primera importancia para que las empresas mejoren su calidad y se coloquen a la cabeza de sus competidoras: mejor calidad, a partir de conocimientos que den ventaja, para ejercer liderazgo.

 


El liderazgo, en esa perspectiva empresarial, en efecto puede depender del cúmulo informativo de que se disponga, directamente ligado a la capacidad receptiva de los líderes, que son "personas con gran amplitud de miras y que saben escuchar"; que tienen que "compaginar diversos intereses de una forma muy diplomática y convencer a una serie de rivales para que adopten nuevas direcciones" (Kanter 2000: 360).

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Ventajas y ganancias, la divisa

¿Y con qué propósitos despliegan tales líderes sus habilidades? ¿Cuáles son las motivaciones de fondo en su actuación y hacia dónde se proyectarán las ventajas obtenidas?

En el caso empresarial, en estricto, la respuesta es sencilla: el propósito es obtener las mayores ganancias para la empresa que se representa y las ventajas se proyectarán a los dueños o accionistas de la empresa en cuestión.

Los saberes y la capacidad receptiva, en este caso, están enfocados sin concesiones al logro de los objetivos particulares en la cruda competencia entre intereses financieros, empresariales y de mercado.

Esa connotación meramente utilitaria del conocimiento y de su aplicación a procesos productivos rentables, es la que se impulsa ahora para los procesos educativos en nuestros países, lo que tiene enormes implicaciones para el tipo de liderazgos que en el futuro se estimulen en el campo educativo.

Así las cosas, con el liderazgo, tal y como hoy es entendido, se da una suerte de extrapolación un tanto arbitraria de supuestos que no son adecuados en muchos campos de la actividad social y, particularmente, al campo educativo.


La disputa entre control y cambio

Por lo demás, liderazgo en educación siempre se ha dado. Maestros y directores, responsables de áreas, académicos relevantes, capaces de aglutinar esfuerzos comunes, han ejercido, y ejercen, liderazgo.

Lo que hoy sucede, lo novedoso, se relaciona directamente con la necesidad de responder, de alguna manera, a los reclamos del entorno globalizado en donde se da una determinada forma de entender el ejercicio del liderazgo: la que corresponde a la perspectiva empresarial.

Si bien los liderazgos educativos tradicionales suelen ser resistentes al cambio, la expresión cambio tiene que precisarse, a fin de establecer con la mayor claridad el sentido de las resistencias. Al respecto, sigue muy viva la discusión sobre si la educación es un factor de cambio social o un agente de control social.

En una tercera vía, se concibe a la educación como el espacio donde es posible moldear las estructuras mentales propiciatorias del cambio, pero sin que signifique la palanca decisiva del cambio, pues esa capacidad se encuentra en la economía y en la política.

El caso es que se da un claro uso interesado de la expresión “cambio” cuando en realidad las transformaciones no van más allá de adecuaciones, de puestas al día, seguimiento de corrientes o utilización de recursos ciertamente novedosos (como los que proporciona la tecnología educativa) pero dejando inamovibles los términos relacionales del contexto en el que se desarrolla el proceso educativo.


¿Como en el Gatopardo?

En ese manoteo del “cambio” puede suceder que se pretenda cambiar todo para dejarlo exactamente igual, como explicaba el señor de Salina a su sobrino Tancredi, en El Gatopardo de Lampedusa. Así que, con base en la experiencia histórica, es necesario ubicar los alcances, y las matrices, de los cambios impulsados por la visión empresarial privada en los procesos educativos, a fin de ubicarlos en su justa perspectiva.

En lo que toca a los cambios educativos que implican rebasar autoritarismos, relaciones verticales, procedimientos rutinarios, formas tradicionales de simplemente transmitir saberes que no son procesados por los discentes y, en suma, todo un conjunto de inercias que hacen de la relación pedagógica un elemento de refuerzo para el mantenimiento del estatus, dentro y fuera de las instituciones educativas, sin duda deben procurarse.

Podemos suponer que en un ambiente educativo donde las inercias que hemos referido se hayan superado, sería posible aspirar a la vanguardia constructiva en la generación de saberes, la investigación y la innovación.

La reconstrucción teórica y la resignificación de términos como calidad y liderazgo en educación, para una conjunción transformadora, está directamente relacionada con esas cuestiones. (Citas: Gates, Bill, 1999, Los negocios en la Era Digital, Plaza & Janés, México; Kanter, Rosabeth Moss, 2000, La nueva clase directiva mundial (World Class) Progreso local en una economía global, Paidós Empresa, España.)


Tamborazos

-Como en el resto del país, carentes de una verdadera interlocución social, en Sinaloa la cuestión educativa es asunto de ocurrencias y adecuaciones cuasi mecánicas a lo que caiga.

-En el que llamamos “congresito” de Sinaloa, sigue campeando la opacidad y la impune negativa a rendir cuentas claras del dinero público que ahí se gasta a manos llenas.

-Hay en ese estado una “Comisión Estatal de Acceso a la Información Pública” (CEAIPES) de onerosa factura que en modo alguno se justifica, considerando su incapacidad y negligencia para hacer cumplir otra figuración: la Ley de Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa (LAIPES).

-Así, sin instancia alguna que lo impida ni meta orden en el desgarriate que priva en el uso y abuso del erario, los obligados a rendir cuentas claras y expeditas sencillamente hacen mutis ante los señalamientos y siguen tan campantes.

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