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Apunte

JORGE GUILLERMO CANO

(Exclusivo para Voces del Periodista)

Miseria política

Perdido, sin remedio a la vista, el sentido original de la política, la participación en la cosa pública, los asuntos de la colectividad, la polis, el ejercicio político como obligación y derecho de incidir en la vida de la comunidad sobre la base del interés general, lo que hoy tenemos por política en México no es siquiera remedo burdo de su deber ser.

Animosidades aparte, ciegos y sordos habría que ser para no darnos cuenta que el país está en manos de truhanes y vividores, negociantes sin escrúpulos que ven a los gobiernos como el lugar del latrocinio ventajoso e impune.

Y por si algo faltase, ni las apariencias se guardan. Así lo hemos visto en el reciente capítulo de la desvergüenza protagonizado por firmantes de acuerdos “políticos” para mejor llevar agua a cada bule.

Vemos a un “dirigente” nacional panista, César Nava, exhibido como mentiroso contumaz y terco ocultador de lo evidente; a sus homólogos del PRI alegando menos carga de culpa porque aceptan que firmaron el “contrato” que luego revelaron a conveniencia.

Después, ya se sabe, fue violado por el panista. Por el jefe del panista, mejor dicho: Felipe Calderón.

Tal caso ilustra, por sí, la forma en que se conduce este país en contra del interés general, presa de poderes relativos, pero al fin poderes, que representan intereses particulares que sin descaro se colocan por encima de la nación toda.

Bien se sabe y (off record, maestro) los propios beneficiarios de la debacle cívica, y general, lo admiten al punto del descaro.

Y que luego nos vengan con sus cínicos “argumentos” de la “alternancia” ¿de qué? De la expulsión histórica de los malos ¿por otros iguales o peores?

Aquella política de a pie

El PAN se quejaba de la forma en que, durante el priato, desde Los Pinos el gobierno hacía y deshacía en la política electoral; ahora ellos están peor, lo que no hace buenos a sus antecesores (y, por lo que se ve, maestros de los actuales blanquiazules.)

La credibilidad de Calderón, de su comisionado panista, César Nava; del PRI y sus firmadores de convenios, de los cachadores perredianos,  por los suelos. Pero nada de qué se alarmen, la actoría ciudadana está igualmente en la calle.

Es penoso, nos comenta en correo un panista de la vieja guardia, “cuando hacer política opositora de a pie era digno”, ver “cómo Acción Nacional pasó de la denuncia a la imitación de los vicios y excesos” del institucional “revolucionario”.

Se advertía entonces que el acceso al poder, cuando los principios no son sólidos, o no existen, deriva en la corrupción cuyo combate fue bandera. “Es penoso, pero eso fue lo que pasó y no puede ser rebatido ante las experiencias conocidas”, señala.

 

cano


Las palabras ajenas

Y pareciera que la llamada “clase política” (a donde al parecer se entra precisamente por no tener clase alguna) carece por completo del sentido de la proporción.

Véase cómo el panista Gustavo Madero defendió las alianzas utilitarias, la “coalición” con los perredistas en pos de gubernaturas en el camino al 2012, diciendo que “no es un matrimonio”.

Dándoselas de ingenioso, el priísta Manlio Fabio Beltrones respondió que “tampoco se podría decir que es una acostadita juntos, sin compromiso”.

Traicionado por la lógica, el “coordinador” de los senadores del PRD, Carlos Navarrete, hubo de admitir que las cuestionadas alianzas no son cuestión “de principios” sino de “utilidad práctica”.

Y nada más “práctico” para ellos que la inserción y permanencia en los presupuestos de la “democracia”.

La confusión a sabiendas

No sería, siquiera, el recurso del discurso pues éste exigiría (pese a su inutilidad en estos tiempos) cierta decencia intelectual y peso razonable.

Lo que sucede con las alianzas impensadas en materia de principios, pero perfectamente comprensibles en la pragmática y el oportunismo político-electorero, sólo se puede plantear desde el ofensivo cinismo que niega el entendimiento y ofende a la inteligencia.

Los cónyuges impensados, escribimos el mes pasado, se prometen “no hablar de lo que los divide” sino de lo que los une, pero nunca admitir la realidad de lo que los junta pues tendrían que reconocer que el usufructo del poder relativo y sus ventajas es la divisa primordial (y prácticamente la única).

Y comentamos lo que es menester repetir bajo el influjo de los tiempos estrambóticos que nos han tocado.

Las alianzas de lo disímbolo en la forma, pero semejante en el fondo, no son, ciertamente, nuevas en este país que ves.

La cuestión elemental es: ¿de qué le han servido al pueblo y a la democracia?

 

La cruzada sin cruzados

La pugna por la gubernatura de Sinaloa sigue su curso telenovelero. Al cierre de esta columna se había concretado la ¿pre? candidatura del ¿ex? priísta, Mario López Valdez por el PAN; el PRD, por su parte, lo proclamó candidato con 60 votos a favor y dos en contra en su Consejo Político Estatal.

En el lado ¿contrario? Jesús Vizcarra Calderón, también con la infumable etiqueta de precandidato (del PRI), continúa su precampaña.

En el decurso se proveen los contendientes de méritos y virtudes, de su parte; de vicios, corruptelas y desviaciones, enfrente, para librar la cruzada que viene.

Afuera, literalmente, el pueblo de Sinaloa que nada bueno puede esperar de semejantes prototipos del ditirambo.

Porque, quiérase que no, los actores de la comedia actual, si de verdaderas capacidades, méritos y disposiciones democráticas se tratara, resultan un invento.

El peso de la realidad

Ni modo, la cruzada de la figuración se dibuja cada vez más con trazos tan claros como su inocuidad en hablando de la democracia y el interés general.

De lo que se trata es que se pierda de vista el hecho inconcuso de que son los dueños del dinero, utilizando a una “partidocracia” de poder relativo y delegado, quienes han decidido las candidaturas al gobierno de Sinaloa.

El poder real que cerró las opciones y encajonó a la militancia priísta, si es dable hablar de algo así; la que encerró incluso al panismo tradicional al punto de la desvergüenza.

Del otro partido en la comparsa, nada qué abonar: están para servir al patrón cuando los mande llamar.

Hay trampa, dijimos, desde que se presentó el hecho consumado de dos y nada más, cerrando la puerta a cualquier otra opción.

Y así van.

Tamborazos

Sin solución de continuidad, el congresito de Sinaloa continúa en la plena opacidad y es fundada la presunción de mal uso y desviación de recursos. De las instancias que debieran asumir su papel en el caso, complicidad, únicamente.

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Jorge Guillermo Cano
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