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retobosemplumados 

Orejas de seda por cerumen

 

HAY DE OREJAS A OREJAS en los símbolos del decir, de alquilar a otros tímpanos el murmullito, desde los lumpenianos chivato y soplón que no se chivean ni ruborizan al exhalar el quedito clamor de sus delaciones... al Oreja trajeadito rebautizado “Indicador” que reporta chismarajos en farfullo. Oreja de mayor postín es el testigo “protegido” que despepita todo desde el escondite de su verbo, aunque también está el Gan Oreja académico con prosapia de heráldico relumbrón. 

Orive y Hernández: Orejas de harto caché 

Adolfo Orive Bellinger, hijo de un secretario de Estado durante el alemanismo y poseedor de postgrados universitarios a granel, es señalado como uno de los artífices intelectuales en el genocidio en Acteal y, antes, de “convencer” al presidente Zedillo para que aniquilara zapatistas y, con más antelación todavía, de susurrar en el soberbio apéndice auricular de Carlos Salinas bombardeos aéreos, incursiones de infantería, tanques y artilleros con el mandato de calcinar hasta la mismísima sombra del EZLN y pobladores. 

Pino.jpgA Jorge Enrique Hernández Aguilar, igualmente se le vincula en la muerte colectiva de Acteal, donde físicamente estuvo jefaturando la evaporación de rastros, el burilar de huellas e indicios que condujeran hacia los asesinos. Antes, al servicio de políticos y latifundistas formó cuerpos paramilitares, muy posiblemente entre éstos, aquellos genocidas. Con más antelación todavía, desde su puesto de procurador de “Justicia” de Chiapas... con torquemadiano fervor reprimió cualquier protesta. Es acusado de incrementar y “mejorar” la tortura en calentaderos secretos, donde -en macabra paradoja- fantasmales aparecían las desapariciones. 

Don Adolfo y don Jorge procedían, empero, de izquierdas que combaten a fondo donde ellos alueguito se afincarían: el señor Orive, en el maoísmo; el señor Hernández, trosquista. El primero afirmaba que las masas, el tumulto revolucionario, debía dirigir el proceso emancipador... aunque desde entonces creó una especie de supramembrete por encima de otras siglas: Organización Ideológica Dirigente, la OID, a fin de que nada más se oyera cómo sus chicharrones tronaban en tempestad. El otro, se refería a la democracia popular, al rechazo de imposiciones que se endurecen en pegamento y dictadura. 

Cómo danzan marometas las andanzas 

Adolfo Orive Bellinger, el “maoísta” sin Mao, en temporales setentanteros, con ex alumnos suyos universitarios, se fue a diversas regiones norteñas, en especial coahuilenses y neoleonesas; obtuvo la confianza de no pocos obreros y campesinos quienes combativamente participaron en la Línea de Masas de don Adolfo. La acción más importante ocurrió en 1976 cuando en Coahuila trabajadores de una empresa vitivinícola –propiedad de Manuel Suárez- consiguieron, tras importantes batallas por la tierra, que el gobierno de Luis Echeverría las decretara ejido. 

Con el señor Orive estaban, así fuera de a lejitos en la intensidad de la contienda, los temibles fratelos Salinas; Hugo Andrés Araujo, a quien el virrey de Coahuila, Oscar Flores apresó un ratito y después se mutase salinista y neoliberal en un ratote que aún perdura; Gustavo Gordillo, al que labriegos jarochos denunciaron ante Heberto Castillo cuando aquél ingresó al PMT, más tardecito sería nombrado subsecretario de Agricultura en el salinato; Rolando Cordera, emérito unamita, el cual quedó más roncó que un trombón de tantas desgañitadas alabanzas a Carlos Salinas de Gortari durante la usurpación sexenal; Alberto Anaya al que don Raúl y don Carlos obsequiaron el Partido del “Trabajo”. Manuel Camacho también fue pupilo del señor Bellinger y lector literalmente desorbitado de un ensayo de su maestro: La difícil construcción de una utopía

No le costó tanta dificultad a don Adolfo la “utópica” autoconstrucción de un osario en las calcificadas arquitecturas de Polakia: el señor Salinas, sin requerimientos de escalafones o nomenclaturas, le dio Pronasol donde la solidaridá se acentuaba en las tildes monumentales de la Grilla. Como arribita ya se apuntó, el señor Orive, en base a su experiencia física y libresca del accionar social (asimismo estuvo en Chiapas, aunque el obispo Ruiz y residentes de volada lo mandaron a volar) asesoró a don Carlos cómo exterminar hasta en pósters zapatistas... lo que al señor Bellinger convirtió en Oreja que pese a escurrir seda por cerumen no deja de ser orejísima al servicio de cualquier oidor.    

Adolfo Orive Bellinger, además de afiliarse en la grisura sexenal de don Ernesto, se empleó con Francisco Labastida en el cargo de éste en Gobernación y al ser postulado para la gran silla. Igualmente laboró para Arturo Montiel en la gubernatura mexiquense, donde con Enrique Peña hizo migas espolvoreadas en palomar. 

Don Adolfo, inspirado en la borgiana hermandá de la famiglia Salinas, colocó a una carnalita suya -Diana Orive- a lo más acolchonadito del erario, por medio de una espectral ”ONG” denominada desde ultratumba”Asesoría Alternativa, A.C.” que no del más allá sino del más acá le ha redituado dinerales que ninguna equivalencia guardan de la quinta dimensión. 

Ahora, el señor Orive es diputado y coordinador petista en la Asamblea Legislativa del Defe, a la cual arribó en el segurito aterrizaje de una plurinominal, seguridad que el mismo partido no quiso conceder a Lucía Moret. El señor Bellinger, en una hipotética verdad dicha en desdicha es cercanísimo a don Andrés Manuel, lo que orilla a formular un sintético e inútil cuestionario al señor López Obrador: 

¿Usted junto con el señor Anaya resolvieron arrellanar estelarmente a don Adolfo en una curul? ¿Comparte, referente a la cuestión política, la visión integral de quien estuvo más ligado al “Innombrable” que un tamal en hoja de maíz? ¿Por qué impulsó a José Guadarrama, ex prisita denunciado de asesinar en Hidalgo decenas de perredistas? ¿A qué se debe su apoyo a la candidatura senatorial de Víctor Anchondo -derrotado en las urnas- a quien las madres de las muertas de Juárez denunciaron, cuando en Chihuahua estuvo en el segundo cargo apenas abajito del gobernador Patricio Martínez, de burlarse de ellas y amenazarlas

De preso a represor                     

En algún texto el retobador evocó que a mitad de los 80’s, hombres y mujeres en apoyo a presos políticos resolvieron, en el local de Costureras 19 de Septiembre, ejercer diversos actos en pro de la excarcelación de activistas recluidos en el chiapaneco penal de Cerro Hueco, entre quienes se encontraba Jorge Enrique Hernández Aguilar. Las tareas fueron variadas e intensas: hacer y distribuir volantes, solicitar firmas pro liberación y enviarles a diferentes organismos, realizar cotidianos mítines relámpago en vialidades y centros concurridos... Al gran Elías, un sexagenario despedido del Centro Textil de México y al tecleador de Retobos Emplumados, les tocó el boteo y la arenga en saloneos de la UNAM, Metro y peseros zonales. ¡Qué verbo el de Elías que no desmereció su nombre de profeta! 

Esas y otras múltiples actividades solidarias dentro y fuera del país... coadyuvaron a la libertad de don Jorge y otros detenidos. En el local del Sindicato de Costureras 19 de Septiembre se festejaron en grande aquellas liberaciones con libaciones a una ollísima copeteada de café más negro que ojazos de tapatía y, entre sorbo y chasquido, el disfrute grabado de José de Molina, Víctor Jara y el Corrido de la Coronela de Silvestre Revueltas. 

Con la prontitud de un estornudo, don Enrique se acomodó junto a quienes en la víspera lo habían desacomodado; en administraciones oficiales de Chiapas obtuvo más huesos que un desenterrados: secretarías, coordinaciones, consejerías... y su Oreja de frac empezó a destilar “informaciones” contra los que, no hacía mucho, había compartido encierro y humedad. 

El señor Hernández delató (con enormes dosis de invención) a ex correligionarios suyos, en especial, a líderes del campesinado; a continuación -al igual que Adolfo Orive- utilizó la “lógica”, la experiencia de lo que antes fue, contra desplazamientos y tácticas de quienes siempre son, de los que jamás se ponen en subasta. 

El señor Aguilar, en su temporal de funcionario acarreó un titipuchal de señalamientos y recomendaciones de organismos oficiales e independientes por su febril quehacer de torturador. En su oficio de consejero, aconsejó (en azufrina sintonía con don Adolfo) la matanza contra el levantamiento indígena. A diferencia del señor Orive, la masacre en Acteal por poco lo vuelve a situar en chirona, pero ya en calidad de victimario. Sin embargo, sus padrinazos lo salvaron, lo hicieron “periodista” y catedrático de un centro universitario privado, en semejanza con Pablo Rodríguez Grez, el facho chileno de “Patria y Libertad”, abogado de Pinochet y rector en una universidad particular de Chile que le puso toga y birrete de  carnaval. 

En el local de costureras 19 de Septiembre se volvió a beber negrísimo café, pero ya sin tonalidades jaliscienses, lúgubre nada más la bebida para devolver a escupitajos la tiniebla.

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