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Políticas anticrisis
para hundir m
ás a los europeos

 

 

REPETIDAMENTE SE ESCUCHA hacer referencia a las diferentes estrategias seguidas en Europa y Estados Unidos (USA) en relación con la crisis económica y, en particular, a las estrategias expansivas seguidas en USA frente a las supuestas estrategias de austeridad desarrolladas en Europa.

Anticrisis

LA PREGUNTA QUE EKAI Center quiere poner sobre la mesa en este sentido es la siguiente: ¿Hasta qué punto es cierto que Europa está siguiendo una estrategia de austeridad en las políticas anti-crisis?

Los economistas oficiales nos responderán que esto es más que evidente, teniendo en cuenta las políticas de reducción o anulación de déficits presupuestarios seguidas por los distintos gobiernos, los mensajes repetidamente lanzados al respecto por los países centrales y por la propia UE , las “draconianas” estrategias de reducción del gasto público en los países periféricos europeos, etc.

Para valorar las políticas anti-crisis europeas es imprescindible tener en cuenta el conjunto de los países y de las instituciones europeas y, de ser posible, cuantificar el conjunto de medidas adoptadas. Y, por supuesto, es imprescindible tener en cuenta el impacto de las políticas monetarias y bancarias desarrolladas por el Banco Central Europeo (BCE) y el Sistema Monetario Europeo en su conjunto.

Por un lado, es evidente que las políticas anticrisis desarrolladas en Europa en los años 2008 y 2009 han sido políticas no de ajuste ni de austeridad sino, al contrario, políticas claramente expansivas, tanto desde la perspectiva del Banco Central Europeo como de las políticas presupuestarias de una buena parte de los Estados de la Unión Europea. Estas políticas tuvieron como efecto, por un lado, graves y crecientes desequilibrios en los presupuestos públicos de los países periféricos europeos y, en concreto, un déficit fiscal global de la Eurozona cercano al 6 por ciento.

Por otro lado, como consecuencia de esta política expansionista, el balance del BCE y la base monetaria europea se dispararon. A pesar de todo ello, las políticas europeas expansivas, tanto presupuestarias como monetarias, de los ejercicios 2008 y 2009, no sólo fueron incapaces de sacar a la Eurozona de la crisis económica, sino que fracasaron, incluso en sus objetivos de relanzamiento de la actividad económica a corto plazo que, supuestamente, es la finalidad esencial de estas políticas que algunos denominan «keynesianas».

Es cierto que el fracaso de estas políticas expansionistas seguidas en algunos países europeos durante los años 2008-09, y la crisis de la deuda pública en los países periféricos, han llevado al conjunto de la Unión Europea a un replanteamiento de fondo de las estrategias anticrisis y a una reorientación sustancial, fundamentalmente, de las políticas presupuestarias.

Como consecuencia, según los economistas «oficiales», las restricciones presupuestarias masivamente aplicadas durante los años 2010 y 2011 han supuesto el viraje de la Eurozona hacia estrategias anticrisis «restrictivas», basadas en el ajuste global de nuestras economías, en radical disonancia con respecto a las políticas «expansionistas» de las instituciones públicas USA.

En este contexto, economistas oficiales de una tendencia defienden las políticas restrictivas como necesarias para superar una crisis de sobreendeudamiento con una perspectiva de medio y largo plazo, objetivo que entienden que sólo puede conseguirse conteniendo el endeudamiento público y, por lo tanto, los déficits, especialmente en los países con problemas crecientes de acceso a los mercados de deuda pública.

Por el contrario, los economistas oficiales «keynesianos» alaban las estrategias USA y consideran un grave error estratégico las actuales políticas «restrictivas» europeas, reprochando en particular a los países centrales europeos su liderazgo en las políticas de equilibrio presupuestario, que sólo pueden generar una mayor contracción de la demanda en un momento en el que la economía occidental necesita exactamente lo contrario.

La realidad es que lo que está sucediendo en este momento en Europa tiene difícil explicación dentro de los esquemas habitualmente utilizados por los economistas «oficiales» (neoclásicos, neoliberales o neokeynesianos). La realidad es que no es cierto que la Eurozona esté desarrollando durante los últimos dos años una estrategia restrictiva. Sorprendentemente, la Eurozona está desarrollando en realidad una extraña combinación de políticas presupuestarias restrictivas con políticas monetarias expansivas, como lo son las políticas de tipos de interés y de financiación bancaria desarrolladas por el Banco Central Europeo.

Como vemos, el BCE no sólo desarrolló estrategias expansivas en los años anteriores a la crisis — siendo así, junto con la Reserva Federal USA , uno de los grandes responsables de la misma — sino que continuó con la misma política tras el estallido de la crisis y, al contrario de lo sucedido con las políticas presupuestarias, incluso ha acelerado la expansión monetaria durante el año 2011.

Esta aparente contradicción sólo puede ser entendida mediante un correcto análisis de las estructuras políticas europeas y de la capacidad de influencia sobre las mismas de los distintos países y grupos de interés europeos.

Es cierto que el tejido industrial más dinámico de los países centrales europeos ha venido siendo especialmente crítico con las políticas expansivas del BCE y que esta doble política bien puede explicarse como el resultado de la confrontación de dos estrategias radicalmente contrarias en el seno de las instituciones europeas.

EUROS

Pero lo cierto es que «el ahorro» que se está produciendo en la política presupuestaria, a través fundamentalmente de recortes crecientes en el gasto social de distintos países europeos, se está de alguna forma dilapidando a través de la política monetaria. Las políticas monetarias expansivas del Banco Central Europeo están, sin duda, dando aliento al sector bancario, y tienen efectos drásticos desde el punto de vista de la redistribución de renta entre los distintos países y colectivos sociales en Europa.

Por un lado, las políticas que están manteniendo artificialmente bajos los tipos de interés provocan un masivo traslado de recursos desde el BCE y desde el conjunto de los ahorradores europeos hacia el sector bancario, además de -por supuesto- facilitar el crédito empresarial.

Por otro lado, las políticas de financiación bancaria del sistema monetario europeo constituyen un trasvase ingente de recursos desde el conjunto de la sociedad europea hacia el sector bancario.

¿Cuál es la dimensión relativa de cada una de estas dos contradictorias políticas? Lógicamente, una cuantificación global es compleja, dada la distinta naturaleza de las operaciones.

Supongamos que cuantificamos el esfuerzo presupuestario en curso por los países de la Eurozona en base a la diferencia entre el 6% sobre PIB del déficit fiscal alcanzado en el 2010 y el 3% adoptado como referencia normativa en la Eurozona. Según los datos de Eurostat, el PIB de la eurozona al 31.12.2010 ascendía a 9,16 billones de euros. Esto supone que una reducción global del conjunto del déficit en un 3% sobre PIB puede suponer — orientativamente — un esfuerzo conjunto cuantificable en 0,27 billones por año.

Frente a este dato, los activos del Eurosistema se han incrementado durante los tres últimos años en aproximadamente 1 billón de euros, fundamentalmente a través de la concesión de préstamos al sector bancario a tipos de interés bonificados.

Se dirá que, efectivamente, no son magnitudes directamente comparables, pero sí entendemos que nos dan una referencia de la importancia relativa de las políticas presupuestarias y monetarias de la eurozona. Sin olvidar, por supuesto, la trascendencia efectiva de los trasvases de recursos generados a través del mantenimiento en niveles mínimos de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo. La política monetaria del BCE y del Eurosistema ha sido y está siendo progresivamente expansiva. Aunque también es cierto que no en el nivel alcanzado por la Reserva Federal de Estados Unidos.

No es objetivo básico de este documento incidir en la valoración global del efecto que estas políticas están teniendo o pueden tener sobre la economía y la sociedad europeas.

En el caso de la política monetaria del Eurosistema, es evidente que la expansión de su balance ha incidido en buena parte más en ayudas masivas al sector financiero que en una verdadera política de reactivación económica. Pero no es éste el objeto de este análisis. Pretendemos básicamente dejar constancia de en qué medida es o no cierto que los esfuerzos de nuestras instituciones públicas están suponiendo realmente, en su conjunto, un esfuerzo de austeridad.

En nuestra opinión, en base a las razones expuestas, creemos que esta afirmación no responde a un análisis serio y de conjunto de la realidad europea. Deberíamos más correctamente decir que estamos esforzándonos en estrictas políticas de austeridad en los presupuestos públicos de nuestros gobiernos, pero que estos esfuerzos se contraponen con políticas monetarias expansivas, en las que recursos masivos del conjunto de la sociedad europea se están destinando a reanimar el sector financiero.

Esta contradicción entre políticas presupuestarias y las monetarias demuestra que la justificación de las políticas de austeridad no debería asentarse con tanta facilidad en conceptos éticos como «rigor», «seriedad», «responsabilidad», «respeto de las reglas del mercado», etc. Los dirigentes europeos, al apelar a estos conceptos con tanta facilidad para exigir esfuerzos presupuestarios a sus ciudadanos deberían antes explicar cómo es posible que, al mismo tiempo, de forma sistemática se olviden el rigor, la seriedad, la responsabilidad y las reglas del mercado a la hora de, en el momento álgido de la crisis económica, destinar ingentes recursos a subvencionar al sector financiero.

En este sentido, es imprescindible recordar una vez más que las políticas monetarias no tienen un carácter neutro desde la perspectiva de la Economía Política. Aunque este hecho tienda a ser ocultado u obviado por los economistas oficiales, los recursos trasladados desde los bancos centrales a las entidades bancarias son en todo caso una subvención directa y permanente de estas entidades. Y esto tiene -o debería tener- consecuencias muy claras en la teoría económica.

Defender el libre mercado y la libre competencia hasta sus últimas consecuencias y, al mismo tiempo, obviar el compor tamiento sistemáticamente inter vencionista de nuestras entidades públicas a favor del sector financiero no sólo no es teóricamente consecuente sino que tiene unas consecuencias evidentes para la credibilidad del conjunto de las políticas anti-crisis desarrolladas por los gobiernos de la Unión Europea.

EKAI Center , GARA

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