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CELAC: ¿Expectativas fundadas?

ROQUE SANTACRUZ

La América Latina del esplendor, de los golpes de Estado, la de las grandes civilizaciones como la de la pobreza y la corrupción, la que nos une y separa de Europa, acaba de iniciar un nuevo camino lleno de esperanza que, aunque despierta interés, hace dudar, por fracasos pasados, de su permanente vigencia. Se trata de la CELAC que incluye a las naciones del Caribe y a cuya primera reunión asistieron 20 de los 23 presidentes invitados.

 

La respuesta positiva de tantos mandatarios reunidos en Caracas, implica un encuentro entre gobernantes de diversas ideologías difíciles de congeniar, pero también demuestra que los políticos comienzan a entender la necesidad de redimir a sus pueblos y que, si no lo hacen, se extenderán por nuestros territorios protestas como la de la Primavera Árabe, los Indignados de España y el resto de Europa y los Occupy de Wall Street.

 

Por los menos, en esta ocasión, todos se vieron felices. Contrasta este éxito con el fracaso, auténtico y evidente, de la cumbre Iberoamericana, efectuada poco antes con la presencia del rey de España y muy pocos jefes de Estado latinoamericanos.

RAROQUE

Latinoamérica segunda independencia.

Es inevitable señalar que el cambio, la transformación de las estructuras internacionales, está cerca. De una u otra manera, el círculo político financiero actual será destruido por las desigualdades y la opresión ejercida desde el poder y el dinero. Este nuevo intento tiende a acoplar y hacer funcionen situaciones  políticas igualitarias que ya tocan a la puerta.

 

Recordemos un poco a las instituciones creadas en el siglo pasado y a principios de éste y que no sobrevivieron porque la presión de los menos era tan fuerte que destrozó las cadenas de la buena fe de la mayoría.

 

Primero fue la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio), idea lanzada por el presidente Adolfo López Mateos, allá por los 60`, que murió al siguiente sexenio en México. Después, y luego de unos cuantos levantamientos militares en Centro y Suramérica, llegó Contadora, obra de Miguel de la Madrid

 

Hurtado. ¿Cuántos viajes hizo Bernardo Sepúlveda, entonces secretario de relaciones exteriores de México, a esa isla donde Omar Torrijos era un resorte impulsor y parecía el eslabón perdido de la cadena que llevaba a la emancipación? Contadora consumió ideales, aspiraciones, dinero, protestas, apoyos e indiferencia. Me consta que en varias ocasiones se revivió cuando estuvo a punto de perecer hasta que llegó su enfermad terminal.

 

De aquí y de allá se agarraba nuestro gobierno, y algunos más, para refrescar e impulsar dicho organismo. Contadora estaba en la boca y en la alegría de la gente del continente, acostumbrada a sufrir las inclemencias de las malas administraciones públicas.

 

De la Madrid salió, murió Torrijos y la incipiente estructura quedó hecha añicos, huérfana, olvidada, hasta despreciada para el dolor de algunos y satisfacción de los que la temían y obstruían cuando estuvo vigente.

 

Luego, llegó un período de reconstrucción de un neoliberalismo que, en principio, con Carlos Salinas apuntaba en la buena dirección. Era conveniente y se logró aprobar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, integrado por Canadá, Estados Unidos y México, que trajo beneficios. La intención del mandatario era propiciar después la extensión al resto de las naciones de habla española y portuguesa. Pero los intereses creados que se veían en apuros o que consideraban que tal acuerdo traería consecuencias pocas ventajosas para los que siempre fueron y son dueños de las finanzas, lo mutilaron.

 

La preocupación del presidente Salinas por llegar a buen fin fue evidente. Allanó los problemas que surgieron, rectificó y cedió con absoluto respeto al país. Ajustó propuestas, hizo lo lobysmo abundante en Washington y esperó casi casi y frente al televisor y el teléfono, la votación favorable por sólo dos votos de diferencia. En ese momento, al neoleonés le brillaron más que nunca sus ojos catatónicos. Acababa de lograrse algo impensable en esas épocas.

 

Los recursos intelectuales, el interés de los empresarios de provecho de nuestros países, fueron muchos. Hubo insultos a México, a su gobierno, a sus trabajadores, y decidieron allá arriba y en otros continentes, que el patio trasero de Estados Unidos debería permanecer como tal, por si acaso…

El Tratado sigue vigente en teoría y puede que funcione al cinco por ciento de su eficacia. Pero, de hecho, ha perdido toda capacidad de imponer un nuevo criterio al tercer mundo americano.

 

En los medios de comunicación, seguíamos todo de cerca. Empezó la desazón y la frustración. No avanzaba el acuerdo. Acostumbrados a inclinar la cerviz, los periódicos volvimos a escribir la palabra de la derrota: el subcontienente. Y nuestros amigos “los güeros” y los japoneses se sintieron satisfechos. Abortaba otro intento más de reivindicaciones en la zona.

 

Con la ausencia -ni presencia ni atención- de Europa, sumergida en su desarrollo unitario, los acontecimientos funestos volvieron a discurrir por un río contaminado que ni siquiera llegó al mar para refrescarse.

 

Vinieron después otras manifestaciones unionistas pero parciales: el Mercado Común Centroamericano (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica) que falleció durante un doloroso parto propiciado.

 

Otro tanto ocurre con el Mercosur. Parece que no cuaja por culpa de desencuentros, falta de atención y diferencias que antepone el nacionalismo radical al quehacer plural.

 

Pero, de pronto, en pleno susto por la recesión en Europa, cuya unión puede quedar malherida como se ve, aparece fuerte y sigilosa la Comunidad de Estados de América Latina y del Caribe.

 

Ingenuos son, cuando menos ingenuos, los que piensan que esta junta de presidentes en la capital venezolana no es vista con recelo. Igualmente, en el primer mundo se sigue, paso a paso, su desarrollo.

 

Esas naciones que se envuelven en la bandera de la democracia y del respeto al derecho ajeno, son las que ya han comenzado a filtrar recomendaciones y dispersar rumores de lo que para ellos es un peligro.

 

El mensaje enviado por el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, no deja lugar a dudas. Felicitó a los líderes de este movimiento pero hizo hincapié en que estaba seguro que la organización de estados americanos y la  CELAC lucharán juntos para mejorar en todas la instancias, el bienestar de tantos millones de apachurrados.

 

Claro está. Advierte también, que dicha institución permanecerá viva y alerta y que no existe la menor amenaza de que pueda ser sustituida por la nueva organización.

 

Lanzó un aviso a los dirigentes latinoamericanos desde su despacho allá en Washington, y con el apoyo de los gobiernos de Canadá y Estados Unidos, en el sentido de que ellos son los únicos capacitados para dialogar entre el norte y el sur, pese a que llevan ya muchos años sin ayudar a los trabajadores y al emprendedor pueblo de nuestras naciones.

 

La olla express, el volcán con su lava y grisú, están a punto de saltar por los aires. Pero ahora sí, sí, porque no queda otra. Es precisa una transformación pacífica pero total en el círculo y la línea que nos maneja desde hace ya seis y media décadas.

 

Las manifestaciones democráticas en África y Europa fundamentalmente, están abriendo las puertas al aire reconfortante de la libertad.

 

La consumación de los sueños de millones de personas sin comida ni salud, llegará más temprano que tarde pero irremediablemente.  Porque ¿alguien podría haber pensado hace unos años que se juntarían para dialogar a los representantes de tres tendencias ideológicas distintas en Latinoamérica? Pues sí. Estuvieron charlando Chávez, Morales, Cristina Fernández, Felipe Calderón, Dilma Rousell, Rafael Correa, que pocas cosas hasta ahora habían tenido en común.

 

En el comunicado que emitieron al término de esta cumbre se atrevieron -óiganlo bien- se atrevieron a pedir que cese el embargo a Cuba. Y nuestro presidente dio la bienvenida a una “nueva América” lo cuál resulta insólito o, por lo menos, poco congruente con los intereses del PAN, partido conservador, aunque justo es reconocerlo, con simpatizantes, intelectuales, banqueros y empresarios de respeto.

 

En estos momentos, el frente único financiero que maneja la política está siendo atacado en todos sus puntos cardinales. Es tan evidente lo anterior como que en la capital del dinero haya habido disturbios. Y allende los océanos se hermanan plantones de gente agobiada en Marruecos, Egipto, Túnez, Yemen, Libia y Siria. Todo apunta a que la convergencia de ideales de todos los indignados del mundo llegará a buen puerto.

 

Pero, nunca falta el condicional, la CELAC tendrá que cerrar filas, dar y recibir, conceder y aceptar lo suficiente para su sobrevivencia. El trabajo ha empezado. La obra ha sido autorizada y la mano de obra abunda para que el edificio libertario quede terminado lo antes posible. Eso sí, necesitamos buenos arquitectos, ingenieros, políticos y economistas que ayuden y dirijan este engranaje.

 

En otra parte del interesante acuerdo tomado por la CELAC se dice:

 

El bloqueo a Cuba se basa en las medidas coercitivas y unilaterales aplicadas por motivos políticos”.

 

Naturalmente que la actitud de Raúl Castro debe cambiar. Otras palabras para los mismos mensajes libertarios. Diversas actitudes para no ensombrecer el panorama. Hay que ir apartando el humo del agobio con actos que convenzan a la mayor parte. Los insultos deben dar paso a las doctrinas y a los hechos serios.

 

Es un toma y daca para construir un cuerpo limpio de celos, de egoísmos, de ambigüedades y desapego.

 

El edificio, al final, lucirá tan grande como queramos. Hay que olvidar los rencores y algunos pasajes históricos que nos enfrentaron. El ímpetu de los que reclaman otro estatus es imparable.

 

Pero sin visionarios y paciencia este brote de justas peticiones desembocará en la misma sepultura que los otros.

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