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Cárdenas siempre

Cárdenas

EDUARDO LÓPEZ BETANCOURT

 

Durante el mes de diciembre tuve, quizá como muchos, infinidad de invitaciones; algunas para comer, pero primordialmente para cenar; sin embargo, lo peor es tener dos compromisos en sitios totalmente distantes; la ciudad desquiciada, millones en la calle, una auténtica locura. En verdad deseaba que ya no hubiera más brindis, el tráfico era intolerable, aunado al mal humor de automovilistas y gente con compras de último minuto.

 

Sin duda, en esas tertulias decembrinas, durante y después de una sabrosa cena, se habló de todo, pero en especial de política; concretamente con quienes yo departí, tocaron el tema de los candidatos a la Presidencia de la República. Muchos afirmaban que Peña Nieto es quien alcanzaría Los Pinos; otros preguntaban si su incultura no le afectaría; no en pocas ocasiones he precisado que ésta, lejos de ser un defecto en nuestro país, era una condición obligada para el político azteca, sino veamos casos concretos, el más sonado, el de un execrable sujeto, que por circunstancias inesperadas llegó a ocupar el más alto cargo de nuestra nación; el zafio Fox no conocía la “O” ni aún por lo redondo, realmente su ignorancia ofendía, no tenía límites; tal hecho demostró que los mexicanos superamos a Calígula, ya que si bien éste nombró a su caballo cónsul, nosotros con el “alto vacío”, elegimos como presidente a un rucio.

2

Lo triste del asunto, es observar ahora que quien aspira a ser jefe del Ejecutivo, no sabe citar tres libros y sus autores, o bien, desconoce de cuánto es el salario mínimo en México, así como el costo del kilo de tortilla, lo cual es elemental en alguien que se dice ser gran político. Resulta innegable, el “hombre del copete”, es toda una polichinela que por desgracia vuela para presidente de la mano de su manager, o mejor dicho, de su titiritero, Carlos Salinas.

 

Tocante a los tres del PAN, muchos coincidimos, sólo provocan risa, nadie, ni aun los más anárquicos convidados a esa velada decembrina, daban un ápice por Josefina, Creel o Cordero, más bien eran la chunga de la reunión.

 

Con respecto a López Obrador, no en pocos encontré temor porque subieran los bonos del terrible “peje”, la mayoría se cuestionaban cómo actuaría en realidad si llegara a presidente, ya que había cambiado de modo radical su discurso, inclusive ahora se reunía con industriales.

 

Cuauhtemoc

Cárdenas Solórzano.

De forma evidente, comprobé que en esas comidas y cenas de fin de año pocos piensan en México, en sus graves y patéticos problemas, en la imperiosa necesidad de alguien capaz que nos gobierne y transforme nuestro desolador destino.

 

Frente al infausto panorama expuesto en esa noche de buenos deseos, ante mi volvió a crecer la figura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano; estoy cierto, es de los pocos mexicanos que sacarían al “buey de la barranca”. Cárdenas es culto, prudente, directo, honesto y sumamente patriota; lamentablemente somos ciegos y preferimos a los reaccionarios del PAN, aceptamos al “muñeco” de telenovela, nos ilusionamos con el atrabancado “peje”, quien se burla de manera cruel, cuando menciona “En 45 días le daré chamba a millones de jóvenes”. Lo inconcebible, es que teniendo a Cárdenas, político congruente, valiente a carta cabal, conocedor serio y profundo de la problemática nacional, tonta e irresponsablemente lo dejamos en el olvido; por ello, en todo este proceso electoral “cuentero” y sumamente caro, precisó que la solución absoluta es Cárdenas, siempre Cárdenas.

 

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