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retobos

De lectores y electores

Magnates de diversa oligarquía han dispuesto que afamados seres de la farándula, promuevan que en el aeropuerto de libros los de apipizca aterricen con todo y humedecido lagrimal. Un buen número de estas damitas y estos caballeritos faranduleros son altamente conocidos y re-conocidos porque -al igual que otro buen porcentaje de sus patrones- en cuestiones de leer, ni a la lectura de café le atoran, pues, asientan, tales asientos sin silla son densos y farragosos, como sobrantes jeroglíficos de anochecer.

 

Leer, leer con ligereza de bikini en serranías de silicón

Coparmexes, banqueros, televisivos concesionarios y demás tiburones de bombín… sitúan a cantantes, actrices, actores… con una actuadísima sonrisota de sandía a lo Tablada, convidando a leer; asimismo, comentaristas del chismorreo farandulesco, combinan invitaciones a la lectura, con filosóficos hallazgos de diminutos escotes a lo Sabrina, a fin de que socráticos bebedores dialécticamente se hidraten sin cicuta en las montañotas de un pecado universal.

 

Los mismitos que teletonean y juguetonean en una bondá deducible de impuestos, ponen a sus alfiles de la locución a leer en voz alta boletines de Gobernación, a desinformar lo que ocurre aquí y acullá; los envían dizque muy especiales, por ejemplo,  a Libia, donde fungen de voceros del Pentágono y la OTAN, los re-visten de elegante escenografía, protegiéndoles la sesera con elegante casco-bacinica… y a la vuelta, otra vez los reíres de pura pantalla, motivando -muy a lo Mandino- a depositar en libros la mirada, guardándose parrafitos en el almacén de las ojeras.

RAPINO

Miguel de la Madrid.

 

Desde luego que la lectura debería ser una política de Estado, no la demagogia referida, ni leer de boleto en el Metro, o en el Paralibros, o en el Libroclub… una estrategia estatal que de inmediato y a fondo ataque el analfabetismo, no sólo el total, también el funcional del que por cierto poco se habla. Incrementar, en calidad de hongo benigno, bibliotecas públicas a lo largo del país, en las que en cualquier horario haya servicio y personal con una cultura básica para resolver dudas y, a la par, incentivar bibliotecas particulares, que en las casas haya libros, muchos libros, aunque en un principio sean de adorno, no faltará descendencia y visitantes que los rescaten de mazmorras de ornato y anaquel.

 

La Revolución Cubana, al consuno de la Reforma Agraria, combatió -en política de Estado- el analfabetismo, total y funcional; generar un pueblo de lectores era una de las premisas revolucionarias; junto a la enseñanza masiva de las primeras letras, se editaban, por cientos de miles, obras de Fedor Dostoievski, Nicolás Guillén e incluso de quienes no tardaron en manifestarse contrarios al castrismo, verbigracia, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa, a quien Haydée Santamaría, directora de Casa de las Américas, criticó no su actitud hacia el gobierno de Cuba, ni mucho menos el contenido de sus textos, sino contemporizar con el imperialismo. Miríadas y miríadas de libros salían de las imprentas para miradas y miradas de pueblo que en  gozoso juego y jugo de palabras, encontraban algo más que el alfabeto.

 

En México, acerca de la masiva impresión de libros, José Vasconcelos, desde la SEP recién inaugurada, puso a danzar, entre otros temas y autores, a Homero, Esquilo, Píndaro y a la mismísima Terpsícore, la Diosa del Meneo, bailaron al son de las niñas de muchos ojos en escuelas públicas, textos sin más costo que la destinación de un interrumpido parpadeo, obras que servían de piedra fundamental a bibliotecas caseras. Tal acción, empero, era coyuntural, no correspondía a una política de Estado y don José de “revolucionario” apenitas podía con el cargamento de las comillas. Vasconcelos duró poco en el puesto y, el maravilloso bailongo compaginado, culminó antes del segundo compás de los ojeados contoneos.

 

Varios en Polakia no leen ni las solapas de su tacuche

De la grisura neoliberal de De la Madrid, muy poco puede salvarse de la humareda sexenal: no acceder a las presiones de Reagan para extraditar al independentista puertorriqueño William Morales; algunos aspectos del grupo Contadora y equipar con libros del Fondo de Cultura Económica, a personas que viven en la intemperie, a fin de que en cruceros y banquetas vendieran estupendas obras a precios bajísimos, ejemplares que la burocracia embodega y condena a la gula de roedores, polillas y luego extermina en el reciclaje, esto es, en la pena capital del bagazo. Pero como en la era vasconcelista, la medida emprendida por el recién fenecido Miguel González Avelar, titular entonces de la SEP, no correspondió a una política de Estado. Y cordilleras de novelas, poemarios, ensayos…  continúan sentenciados en  escondrijos de humedad.

2RAPINO

Peña Nieto y familia.

Al igual que un buen número de magnates, seres de Polakia en copiosa cantidad no leen ni las solapas de su tacuche, ante la portada de un libro bostezan la profundidad de un túnel. De Peña Nieto no preocupan los dislates ni su carencia de lectura, lo que aterra es su postura de extrema diestra, fascitizante, así sus cosmetólogos lo maquillen con una telenovelera inocencia a lo Titino.

 

Don Enrique ordenó contra pobladores de San Salvador Atenco, una represión tan furibunda que Pinochet de inmediato lo hubiera doctorado en la Universidá del Gorilato. Exprofeso y contra la Constitución inventó un mandrilesco puestote a Wilfredo Robledo, paque se hiciera cargo de la pinocheteada contra atenquenses, con los respectivos crímenes, violaciones, golpizas, apresamientos, hurtos... Acerca de robos, la carta de recomendación de don Wilfredo era la de haber atracado sin anclas y sin muelle pero con afiladísimos uñeros, recursos para adquisición de helicópteros. Una vez cumplida la encomienda criminal, al señor Robledo (primo del también gorileano Mario Villanueva, exvirrey quintanarroense, ¡qué monita famiglia!), lo protegieron en un escondite de nómina gordísima, en lo que se vuelvan necesitar sus torquemadianos oficios.

Eso es lo que causa escozor de Enrique Peña, no su antilectora vocación, esa alianza que estableció con Vicente Fox y el munícipe de Texcoco para reprimir, esa renovada triple alianza partidaria: Partido “Revolucionario” Institución, Partido de Acción “Nacional” y Partido de la Revolución “Democrática”, triates que enviaron a San Salvador Atenco marabuntas y marabuntas de asesinos uniformados en jubileo de aquelarre.

Lo que de veras genera salpullido es cómo don Enrique dispuso la verdá legal en el caso de la niña Paulette. Y cómo guarneció en el regazo de la impunidad a Montiel Rojas, su padrino de grilla y de bautismo. Y cómo ampara de afecto y presupuesto a Joaquín Villalobos, ex dirigente salvadoreño del FMLN que asesinara al poeta Roque Dalton y, tras el crimen, deviniera subordinado de la CIA, asesor del presidente colombiano Álvaro Uribe, cobra en la PGR de don Jelipe, escribe en Nexos y más nexos aún mantiene con Carlos Salinas y Peña Nieto. Y cómo incrementó en espiral la deuda durante su virreinato, drenando fortunas del erario a sus cosmetólogos de pantalla. Y cómo enviudó de la señora Pretelini. Y cómo entabló vínculos con el asambleísta del PT, Adolfo Orive, cuando éste era secretario del gabinete de su padrinote. Y cómo… En efecto: la falta de lectura no es lo peor del ahijadito

Leer no quita lo facho, Hitler tuvo una temporada entre sus filas al filósofo Heiddeger, quien al asumir una rectoría universitaria colmó de loas al Tercer Reich, o a Richard Satrauss, que del título de su magnífica partitura Muerte y transfiguración, hizo premonitoria pauta de su mismísimo reflejo, o Cioran, el de los aforismos tan musoliniano y tan pronazi, o el bardo Marinetti que instauró su Futurismo en el presente de su duce, o las alabanzas al “füherer” que desde aquí le destinaron Vasconcelos, Doctor Atl, Soto y Gama, o las felicitaciones a Díaz Ordaz tras el 68 de muchos leídos y desleídos que al macabro don Gustavo ofrendaron en escuadra su espaldar…

Fox Quesada, durante su estadía en Los Pinos, con énfasis recomendaba leer, incluso en un mensaje-proemio que escribió para un libro de texto gratuito, don Vicente estipulaba que “La historia es nuestra gran educadora”. Ni quién dude de su histórica sapiencia, en especial de próceres al estilo del precoz Memín y don Chanoc; pasión históricamente compartida por su cónyuge, la seño Martita, quien con un feminismo acendrado recomendaba leer y releer a doña Rabinita Tagorita.

De López Obrador, Alejandro Aura apuntó que, en materia de cultura, tenía un empate técnico con el señor Fox. En el debate de aspirantes a la Jefatura de Gobierno, Tere Vale criticó a don Andrés Manuel porque a la S, en la parte final de la segunda persona en pretérito singular, a destajo le agregaba esa consonante, con mayor proliferación que una S en el pectoral de un regimiento de supermanes.

A quienes leen y estudian los acribillan

Estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, quienes sí leen y luchan para que leer sea una política de Estado… fueron pateados, recluidos y asesinados. Nuevamente la nada santísima trinidad aquélla de Federales , estatales y municipales, ese reprimir tan macaneramente conjugado, verbo que el virrey Aguirre domina desde que era ínterin en el virreinato guerrerense, donde la autoridá sembró metralletas y suciedad en Aguas Blancas, paque no se ahogara Rubén Figueroa Alcocer en su percudida inmensidad. Mataron a casi una veintena de campesinos por exigir, entre otras demandas, escuelas y libros. Jaulas por aulas y dagas por sagas… Defender el derecho a le lectura, se torna peligroso en consignas sin set ni maquillaje.

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