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Viaje a Oaxaca

EDUARDO LÓPEZ BETANCOURT

 

Cometí un grave error: irme en auto a Oaxaca, un auténtico martirio. De ida cinco retenes militares, al frente de ellos un antropoide vestido de verde me interrogaba sin idea de lo que hacía. Todos con pasamontañas, pero con ojos relumbrosos y extraviados, denotando que algo raro habían consumido. En verdad es un asco tratar con esos sujetos, quienes obviamente de derecho no conocen nada, pero ¿qué tal saben de violentar las garantías individuales? Fue sumamente molesto observar cómo la soldadesca con sus manos sucias revolvía mi ropa, por supuesto, ni protestar ya que esos helmintos tienen siempre el dedo en el gatillo, bien se sabe que ante el mínimo reclamo, el ciudadano es cobardemente asesinado.

 

Aunado a lo anterior, el particular que viaja a Oaxaca por carretera sufrirá las múltiples “reparaciones”, donde lo sorprendente, es no ver a nadie trabajando, sólo conos y barreras anaranjadas que obligan al conductor a usar un solo carril, trayecto a vuelta de rueda, y para rematar, en las inmediaciones de Tehuacán Puebla se debe tener aun mayor paciencia para estar más de dos horas totalmente parado. En síntesis, mi viaje de México a Oaxaca duró ocho horas, cuando por lo general se realizan cinco.

1

Se supone que al pagar el peaje, se obtiene el derecho de circular por una autopista en buen estado, una “vía rápida”. Nada más falso, lo cual representa un vil robo. Ante el tráfico, es común mirar vendedores ambulantes, por cierto, platicando con ellos, nos relataron que la obra llevaba muchos meses y sabían que no había fecha aproximada para acabar.

 

Realmente me arrepiento de haber ido por tierra a Oaxaca, empero por otro lado, los boletos de avión están inaccesibles; un vuelo redondo entre México y esa Entidad, cuesta cerca de cinco mil pesos por persona, claro, como no hay control, las contadas líneas aéreas que vuelan para allá cobran lo que les da la gana. Ante tan graves inconvenientes los resultados son fatales, escaso turismo, hoteles vacíos, drama que repercute en la economía local. Si algo puede dejar dinero al país, es precisamente el turismo, pero en México no hay alternativa factible, se requeriría de gobiernos honestos, proyectos serios y sólidos, por ejemplo, trenes rápidos a lugares como Acapulco, Oaxaca, y no se diga Puebla, Guanajuato, Querétaro, etcétera, tal circunstancia revolucionaría la economía. Por qué no tomar el ejemplo de España, donde los trenes de alta velocidad han sido de enorme importancia, derivando en progreso.

 

Al margen de las vicisitudes para llegar a Oaxaca, debo referirme a la calidez de sus habitantes, magníficos anfitriones, dueños de una ciudad llena de colorido, poseedora de extraordinarias ruinas prehispánicas, excelentes monumentos coloniales, como el museo de Santo Domingo, sin duda el mejor de América Latina. Oaxaca, es simplemente un paraíso.

2

Otro aspecto que quiero destacar, es la excepcional muestra gastronómica oaxaqueña, única en el mundo, desde las botanas hasta los postres, pasando por la gran variedad de moles, todo un deleite al paladar, sus nieves son una delicia. Hay que agregar que todo el tiempo en esta bella ciudad se realizan eventos culturales, en su mayoría gratuitos; en su zócalo hay más de tres templetes, además, en el kiosco se escuchan estupendas piezas musicales, se presentan bailes regionales e inclusive obras teatrales.

 

Quien visita Oaxaca, invariablemente siente la imperiosa necesidad de regresar muy pronto, pese a los miles de obstáculos e incomodidades que las autoridades ponen al viajero.

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