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bajolalupa

El fraude conjunto de la AIEA, Israel y EU sobre su inexistente científico nuclear ruso

 

DOMO

Vista de la central nuclear de Busher en Irán, país al que se ha acusado recientemente
de estar desarrollando armas atómicas

Sobre la presunta bomba nuclear iraní en proceso de fabricación, según el polémico reporte Amano de la AIEA, desde el punto de vista de inculpación penal de todos los códigos del mundo, su principal testimonio, el científico nuclear ruso, es absolutamente falso, y ni existe cuerpo del delito: todas las acusaciones han sido presuntivas y proyectivas contra Irán, quien dispondría de un sistema de detonación que futurísticamente puede (sic) ser usado para fabricar una bomba atómica (lo mismo se puede decir de Brasil, y no por ello se le debe bombardear).

La falacia del sistema de detonación expuesto por la AIEA –basado en endebles reportes de espionaje provenientes de Estados Unidos e Israel– ha sido desmantelado por Rusia, que no apoyará más sanciones a Irán (tampoco lo hará China).

Sustentado en una mentira del consuetudinariamente mendaz David Albrigth, The Washington Post (Joby Warrick, 5 y 13/11/11) desinformó sobre la profesión del científico nuclear ruso Vyacheslav Danilenko, a quien señaló como el padre de la bomba atómica iraní, que aún no existe, y que, en el mejor de los casos, se encontraría en proceso de fabricación, aun si se admite el polémico reporte de la AIEA en la fase aciaga de su director, el japonés Yukiya Amano, que fue tajantemente repudiado por Rusia (ver Bajo la Lupa, 13/11/11).

El tóxico David Albrigth es muy cercano a Israel y ha sido hiperinflado por los oligopolios multimediáticos israelí-anglosajones como uno de los máximos expertos en materia nuclear desde su polémico centro Institute for Science and International Security (ISIS), con sede en Washington, que sirve para los fines propagandísticos de Estados Unidos y la entidad sionista.

Entre los patrocinadores de ISIS se encuentran la misma AIEA (¡súper sic!), Ford Foundation, The Rockefeller Foundation, el Departamento de Energía de Estados Unidos, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón (sic), etcétera.

¿Qué diantres tiene que hacer la quebrada empresa automotriz Ford financiando comprometedores asuntos nucleares?

Gareth Porter, analista de asuntos de seguridad nacional de Estados Unidos, escudriñó la profesión verdadera del principal testigo ruso Vyacheslav Danilenko (“El ‘científico nuclear soviético’ nunca trabajó en armas”, IPS, 9/11/11) del sesgado reporte Amano (quien, a mi juicio, debe ser expulsado de su cargo para impedir una tercera guerra mundial).

Para empezar, Vyacheslav Danilenko no es ruso, sino ucraniano, y resulta que no (¡súper sic!) es un científico de armas nucleares, sino uno de los principales especialistas en el mundo para la producción de nanodiamantes con explosivos.

¿Nadie en la AIEA ni en The Washington Post sabe diferenciar un explosivo de nanodiamantes con el que sirve para detonar una bomba nuclear?

Al rato Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña (GB) van a bombardear Yucatán al confundir la bomba de sus jaranas con una bomba atómica.

Que Vyacheslav Danilenko haya trabajado durante el periodo soviético en el Instituto de Investigación Científica de Física Técnica en Snezhinsk –consagrado al desarrollo de ojivas nucleares– no lo convierte automáticamente en experto nuclear, cuando su profesión consiste en la síntesis de diamantes. Los físicos nucleares no se crean al vapor.

Independientemente de su proyecto nuclear, sea o no pacífico, Irán posee otro programa para desarrollar su sector de nanotecnología, que incluye como uno de sus focos principales a los nanodiamantes, en lo que colaboró Vyacheslav Danilenko.

Gareth Porter es muy estricto: un cuidadoso (sic) examen de los documentos de la AIEA/ISIS, denunciados por Irán como falsos, ha revelado inconsistencias y otras anomalías que evidencian un fraude (¡súper sic!).

Más grave aún: el país que proporcionó los datos sobre Vyacheslav Danilenko es casi (sic) seguramente Israel, que ha sido la fuente de virtualmente todo el espionaje sobre las bombas nucleares de Irán en la pasada década. Israel ostenta una unidad especial del Mossad para desinformar permanentemente con documentos fraudulentos (¡súper sic!) al respecto, como confesaron funcionarios israelíes a los periodistas Douglas Frantz y Catherine Collins.

Gareth Porter cita a Yaakov Katz, especialista militar de The Jerusalem Post, quien reportó que las agencias de espionaje de Israel han abastecido (sic) con información crucial usada en el reporte del nipón Amano cuyo propósito es empujar un nuevo régimen de sanciones contra Teherán.

El contumazmente mendaz David Albrigth ha sido denostado como un vulgar proveedor de mentiras nucleares que benefician a Israel. Más que el desprestigiado japonés Amano –desde Fukushima hasta Irán– es David Albrigth quien parece ser el director oficioso tras bambalinas de la AIEA, mancillada innecesariamente en su credibilidad (al menos de parte de Rusia, y cuyas mentiras tampoco han sido compradas por China, dos relevantes actores geoestratégicos).

Todavía no se diluyen las falsificaciones de David Albrigth con el perverso papel que jugó para propiciar la invasión a Irak cuando importó a Estados Unidos desde 1994 (¡súper sic!) al mercenario iraquí Khidir Hamza, entronizado falazmente como el fabricante de las bombas nucleares de Saddam Hussein, para los fines propagandísticos de la dupla Cheney-Bush y los neoconservadores straussianos.

El físico nuclear iraquí del MIT Hamza trabajó en ISIS de 1997 a 1999 y hasta escribió un libro e innumerables artículos especializados con el mendaz David Albrigth sobre las armas de destrucción masiva de Saddam que nunca existieron, y se dieron el lujo de basar sus conclusiones en fotos satelitales que cualquiera puede descargar de los portales comerciales.

Hamza y David Albrigth fueron expuestos como mentirosos y fraudulentos por Scott Ritter, en ese entonces inspector nuclear de la ONU (North Country Public Radio, 7/10/02).

Lo menos que se puede decir de David Albrigth es que personifica a un soberano delincuente nuclear, lo cual evidencia Scott Ritter en su indeleble artículo demoledor El experto nuclear que nunca fue (Truthdig, 26/6/08): un verdadero experto nuclear habría reconocido las imposibilidades técnicas e inconsistencias de las fabricaciones de Hamza.

Los asertos de Scott Ritter fueron apuntalados por Alexander DeVolpi, ingeniero nuclear retirado del Laboratorio Nacional Argonne, así como por Frank Von Hippel, de la Universidad de Princeton, investigador de no proliferación de armas nucleares y anterior director adjunto de seguridad nacional en ciencia y tecnología en la Casa Blanca.

Con tal de avanzar su agenda en el Medio Oriente, Estados Unidos, Israel y GB son capaces de degradar inescrupulosamente a sus excelsos científicos (y a sus prestidigitadores multimedia), pocos de los cuales se han atrevido a abrir la boca por temor a ser perseguidos, como fue el caso del notable inspector nuclear de la ONU, de nacionalidad estadunidense, Scott Ritter, quien desmontó el invento de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein en Irak.

El gobierno bushiano no le perdonó su temeraria honestidad a Scott Ritter, a quien luego le sacaron los trapitos al sol de su intimidad sexual.

Sea lo que fuere, los inventos conjuntos de David Albrigth y Hamza sirvieron de pretexto para la inútil invasión de Estados Unidos a Irak, que desembocó en su derrota de alcances geoestratégicos.

Después de una generación de falsificaciones sobre Irak, ahora el tóxico David Albrigth, una polichinela israelí, vuelve a la carga, esta vez contra Irán.

 

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