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editorial

 

EDITORIAL

11/S: Poder y Dinero

 

Cuán amargo resulta, una década después, asistir al montaje “políticamente correcto” hecho por el gobierno de Estados Unidos con motivo de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pero más triste resulta comprobar que el sacrificio involuntario de casi tres mil personas no es motivo suficiente para que la “gran prensa” se preocupe por investigar la verdad de esos hechos tan lamentables.

Con motivo de los 10 años de lo atentados, los “grandes medios” se dedicaron a machacar la versión oficial de la conjura encabezada por Osama bin Laden, y a manipular las mentes de sus respectivos públicos, con las imágenes trágicas de lo acontecido, sobre todo, en las torres gemelas. Hoy, como lo hicieron hace una década, recurren al morbo y a una sensiblería -muy discutible- para presentar el asunto.

La tendencia mundial fue obedecida, al pie de la letra, por las televisoras privadas, por la mayoría de las empresas radiodifusoras y los diarios de circulación nacional, regional y local.

Para esas “empresas informativas” no existió la injusta guerra contra la población civil afgana -ajena a bin Laden-, ni el genocidio perpetrado por las fuerzas de la Coalición, encabezada por Estados Unidos, contra los iraquíes.

Lo cómodo fue “informar” de la barbarie de Al-Qaeda, sin tener que remitirse a las peligrosas consecuencias de la nueva doctrina de guerra preventiva impuesta por el entonces Presidente norteamericano, George W. Bush.

Ahora bien, si resulta amargo y doloroso comprobar el sesgo tan marcado de los medios alineados con el militarismo de Bush y sus cómplices, resulta más preocupante comprobar que esos mismos medios evitan hablar de las consecuencias de la doctrina Bush. Hagamos una breve lista de las principales:

La imposición, a nivel planetario, de carísimas medidas de seguridad que tienden a reducir la movilidad de las personas -como sucede en las dictaduras-, a cambio de elevar las ganancias de las empresas dedicadas a fabricar todos los dispositivos de control.

Ampliar las “funciones policíacas” de Estados Unidos, so pretexto de combatir al terrorismo. Bastará que la Casa Blanca y sus agencias, por un lado, y el Capitolio, dominado por los más radicales militaristas del Tea Party, o Partido del Té, por el otro, para que los militares norteamericanos se metan en cualquier parte. Lo dijo Bush poco después del 11/S: Los que no estén con Estados Unidos, estarán con los terroristas.

Justificar la tortura y toda violación a los derechos humanos, en aras de combatir a los terroristas. La cárcel de Guantánamo, en Cuba, o la prisión de Abu Ghraib, en Irak, así lo demuestran. También los vuelos secretos de la CIA sobre cielos europeos. El ex Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, proclama abiertamente que está a favor de la tortura.

Más allá de esto, queda claro que, para los medios acríticos, un detalle importante pasó de noche en la crisis de Libia: Que la caída de Muammar Gaddafi se debió a la acción de los milicianos de Al-Qaeda, apoyados -por supuesto-, por el poderío de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Si Estados Unidos es enemigo de Al-Qaeda ¿cómo es que se vale de ella para tirar al dictador libio?

Hablemos, a continuación, de las consecuencias del 11/S en México:

Estados Unidos aprovechó esa tragedia para incorporar a nuestro país en el radio de acción de su Comando Norte, con la anuencia -complicidad- de Vicente Fox.

El propio Fox estuvo de acuerdo en que se aprobara en México la cédula de identidad, a fin de satisfacer las exigencias de Washington. Hoy, todos los mexicanos menores de 17 años serán fichados por el gobierno, el cual les tomará fotografías del iris y sus 10 huellas dactilares… como si se tratara de criminales. Luego seguirán los mayores de edad.

Los acuerdos Bush-Fox propiciaron la firma de la Iniciativa Mérida, gracias a la cual el gobierno de los Estados Unidos opera, abiertamente, en México, con el aval de Felipe Calderón.

El principal precandidato presidencial de los republicanos, el gobernador de Texas, Rick Perry, declaró en días pasados que los grupos criminales que controlan algunas zonas de la frontera con México, son “terroristas” y que, como tales, deben ser combatidos como se hizo con los de Afganistán e Irak. O sea que Perry quiere que entren los marines a México.

El actual gobierno mexicano, con la complicidad del Congreso de la Unión, prepara una serie de controles que, a la postre, asfixiarán la libertad de los ciudadanos. Demos algunos ejemplos: Además de la cédula de identidad, preparan la aprobación de un Buró de Crédito Universal, constituido, por supuesto, por una empresa privada, a donde vayan a dar los datos de todos los que deban impuestos federales y locales, pago de electricidad, teléfono y agua potable; también los que tengan adeudos con el Infonavit  o el Seguro Social, y, por supuesto, los que deban a los bancos o tiendas de autoservicio.

El siguiente paso será la cancelación del papel moneda y del circulante en efectivo, con el pretexto de evitar la falsificación de dinero. Toda transacción será electrónica, por lo que el gobierno -con sus compinches, los bancos- podrá saber que hace Pedrito Pérez con su dinero.

Si usted tiene la curiosidad de revisar qué llamadas ha hecho desde su celular y cuáles ha recibido, se dará una idea de cómo está bajo control de un ojo invisible. Para que lo pueda hacer necesitará, por supuesto, de la buena disposición de la empresa que maneja su línea de telefonía móvil.

El truco es muy claro: So pretexto de combatir a los terroristas y a los delincuentes, los gobiernos estrechan el cerco sobre los ciudadanos. ¿Usted cree que si localizaron a bin Laden en Pakistán, no podrían hacer lo mismo con el Chapo Guzmán? El verdadero Gran Hermano provoca la acción para controlar la reacción…, en perjuicio de una sociedad indefensa, pero muy buena pagadora. En síntesis, 11/S se explica con dos palabras: Poder y Dinero.

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