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Las Palabras se las

Lleva el Viento

Para Abraham García Ibarra:
“Columna y corazón del pensamiento en tinta”.


La costosa guerra calderoniana contra el crimen organizado y los señores del narcotráfico, se ha convertido en cosa de todos los días, cuestión harto peligrosa porque está comprobado que de tanto repetirse algo, esto termina por ser asimilado y aceptado como cosa común y corriente, como algo que deja de ser noticia e interesar a la sociedad.

 

Ahora tocó nuevamente el turno a Monterrey, con el criminal incendio provocado de una casa de juego que costó la vida a más de medio centenar de gente inocente, cuyo único pecado, fue la de estar en el momento y el lugar equivocados. Y por más que sigamos reflexionando y cuestionando el papel del Estado mexicano, enfrascado en una lucha sin cuartel y sin estrategia contra un poder que actúa cada vez más a la luz del día y que está ampliamente protegido por los capos de los Estados Unidos, nuestro primer magistrado de la nación continúa con la misma retórica desgastada por su propia demagogia.

 

VOCES

Él y los voceros oficiales de su gabinete de seguridad, continúan la misma línea, la misma rutina informativa y de “cara a la opinión pública nacional e internacional”; es el recurso del método maniqueo en donde, o todos son villanos, o todos son muy buenos. Las ejecuciones, los ajustes de cuentas, los movimientos en la geografía de los cárteles delictivos siguen a la orden del día, presentándonos de manera mediática a un país colombianizado, a una nación en garras de la delincuencia.

 

Para el ciudadano común, para quien trabaja y se gana la vida bajo una durísima rutina laboral con cada vez más escasas oportunidades de trabajo o recibiendo una educación costosa y deficiente, o laborando en un hogar que se mantiene enfrentando costos cada vez más altos desde su canasta básica, esta guerra entre fuerzas judiciales federales, militares y navales, no es más que la expresión clara de un estado fallido que apostó todo al neoliberalismo globalizador y al entreguismo al Tío Sam y ahora está pagando las consecuencias, claro que el actual sexenio está agonizando y ya hace maletas para marcharse a la sombra del olvido y la impunidad que en este país otorga, por ello unos muertos más no son más que frías estadísticas y materia mediática.

 

El problema ahora es ¿hacia adonde apunta el timón nacional? ¿quién llegará al mando y que va a hacer al frente del país? Por ello, la verborrea oficial disfrazada de “mensaje a la nación”, simple y llanamente cumple la función de darle atole con el dedo a la sociedad, engañar con su retórica de tercera clase a la opinión pública internacional y aprovechar el apoyo de sus socios de conveniencia que son los medios más influyentes para difundir, por centésima ocasión, un sonoro y público “lamentamos mucho” del gobierno federal. Y los muertos, callados están, y las víctimas que sobreviven…¡Pues con su pan se lo coman!

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