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La discriminacion y el racismo

actual en el mexico

PABLO MOCTEZUMA BARRAGAN


Los mexicanos y mexicanas aspiramos a unirnos por encima de edades, género, estilo de vida, orígenes nacionales, color de piel, religiones, ideologías, partidos políticos, capacidades físicas para luchar por un México en el que se respeten nuestros derechos y se impulse el bienestar de toda la población.

Siendoiendoiendoiendoiendo 112 millones de mexicanos en México y 30 millones en Estados Unidos, tenemos toda la potencialidad para derrotar al puñado de oligarcas y a los extranjeros que nos dominan, para lograrlo es necesaria esa unidad.
“Divide y vencerás” es la divisa del Imperio y del mal gobierno y esa división que propician los grandes intereses capitalistas y, su sistema, se basa en fomentar la discriminación y el racismo para tenernos a unos contra otros, en luchas internas, y hacernos sentir que valemos menos para que aceptemos pasivamente la dominación.
La discriminación y el racismo se combaten “oficialmente” y los grandes monopolios y el mal gobierno hasta realizan campañas de todo tipo contra el maltrato a la mujer, la discriminación y marginación de los indígenas, la violación de derechos de los niños, la falta de oportunidades a los jóvenes, la desatención a los ancianos, el aislamiento a quienes tienen capacidades diferentes. Hasta se hacen campañas por parte de los monopolios televisivos y asociaciones privadas para ayudar a los “menos favorecidos”.
Las corporaciones privadas usan estas campañas para hacer más dinero y además para tener el control de la población. En realidad nadie necesita “caridad” sino que el Estado asuma su deber de garantizar una vida digna para todos los habitantes, y los derechos que están consagrados por la Constitución. Pero ésta, nuestra Ley Suprema se viola todos los días, así como las garantías individuales, sobre todo con la militarización del país que se ha desarrollado a instancias de Washington.
Ahora pretenden aprobar la ley de Seguridad Nacional para legalizar la militarización y atacar las luchas políticas, sociales y electorales de quienes impulsan un cambio a la situación degradante que vivimos.
Esas campañas “contra la discriminación” son la máscara con la que se encubre la promoción sistemática en la vida real de la violación de los derechos de todos. En la vida cotidiana, son las mujeres quienes trabajan más y ganan menos; son las comunidades indígenas las sujetas al despojo y represión constante; los jóvenes no encuentran trabajo o centros de estudio de manera accesible; los niños y niñas por millones sufren pobreza y maltrato; los ancianos son descuidados y, del sistema de salud, los encargados sólo hacen un gran negocio, no un servicio.

Se discrimina abiertamente a la gente por su color de piel, como si todavía viviéramos en unasociedad de castas, y quien tiene títulos tiene privilegios, como en la época de la nobleza; los discapacitados son sistemáticamente excluidos y las personas son abiertamente discriminadas por su origen nacional, por sus creencias o por la pertenencia o no a un partido político, donde se ingresa de manera obligada para tener acceso a un puesto ambulante, una vivienda o un trabajo.
Nunca como ahora se habla tanto de derechos humanos y en contra de la discriminación, pero en esta materia, debido al capitalismo salvaje o neoliberalismo, estamos peor que nunca. Hoy la vida es radicalmente diferente para quien tiene dinero de quien vive en la pobreza y los servicios a los que tenemos derecho por el hecho de ser humanos los vamos a disfrutar en la medida que tengamos o no recursos económicos. El caso del trato que se da a los migrantes aquí en México y en Estados Unidos es indignante y patético, totalmente inaceptable por inhumano y porque andar en busca de un trabajo no es un delito.
La discriminación contra las y los trabajadores se agudiza al máximo al negar todos los derechos elementales del artículo 123 de la Constitución: Empleo, salario digno, prestaciones de salud adecuadas, jubilaciones y pensiones, estabilidad laboral y por el hecho de ser un trabajador se nos da trato de esclavos que hasta podemos ser muertos sin consecuencias para el patrón como sucedió a las siete trabajadoras que murieron quemadas en Tiendas Coppel de Culiacán Sinaloa, o a los 49 niños y niñas de ABC en Hermosillo, Sonora, o a los mexicanos asesinados en la frontera por la Border Patrol o a los mineros muertos en la explosión de Sabines, Coahuila o a los de Pasta de Conchos.
La solución es la unión para cambiar definitivamente este sistema que por su naturaleza es discriminatorio y excluyente por uno en el que en primer lugar se respeten soberanía y derechos. Somos una sola humanidad.
Debemos desplegar una sola lucha por los derechos de todos, para romper con éste sistema que es inhumano por naturaleza y que de todo quiere hacer un comercio. ¡Vamos a construir un México en el que efectivamente exista la equidad y la justicia! Ha llegado el momento de conquistar el México del Siglo XXI en el que la vida se humanice y se eliminen los lastres del pasado. Para ello es necesaria la unidad, la organización y la acción así como la convicción de que ¡lo lograremos!

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