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El camino financiero a la servidumbre

Grecia se niega al sucidio

MICHAEL HUDSON

(Última parte)

En el caso de Grecia, es una parodia presentar simplemente esta revolución como un ejercicio financiero para resolver el “problema de liquidez” como si fuera compatible con los últimos cuatro siglos de reformas políticas y económicas clásicas de Europa. Por eso la protesta en la plaza Syntagma frente al Parlamento ha ido creciendo cada semana, llegando a más de 70 mil participantes el domingo pasado, 5 de junio.

Algunos manifestantes establecieron un paralelo con los políticos de Wisconsin que abandonaron el Estado para impedir un quórum en la votación del programa anti-sindical que trató de imponer el gobernador Walker. Al día siguiente, el 6 de junio, algunos ministros del gabinete se unieron a treinta diputados del Partido Socialista Panhelénico (Pasok) del primer ministro George Papandreou amenazando con “renunciar a sus escaños parlamentarios antes que aprobar medidas que recortaban miles de puestos de trabajo del sector público, volver a aumentar los impuestos y deshacerse de activos del Estado por 50 mil millones de euros, según personas informadas del partido. “El problema principal del partido son los estrictos recortes en el sector público… que llegan al corazón del modelo de protección social del Pasok de suministro de puestos de trabajo en entidades estatales para sus seguidores”, dijo un alto funcionario socialista”.

En vista de la renuencia popular a cometer suicidio financiero, el jefe de la oposición conservadora, Antonis Samaras, también se opuso a pagar a los banqueros europeos, “exigiendo una renegociación del paquete acordado la semana pasada con la “troika” de la UE, el FMI, y el BCE”. Era obvio que ningún partido podría obtener apoyo popular para la exigencia del BCE de que Grecia renuncie al gobierno popular y “nombre a tecnócratas experimentados para reducir a la mitad una docena de ministerios esenciales a fin de implementar el programa de la UE y el FMI”.

El presidente del BCE, Trichet, actúa como si siguiera a Erasmo al llevar a Europa más allá de su “concepto estricto de la condición de Estado”. “Esto se debe realizar reemplazando a funcionarios elegidos por una burocracia de planificadores cosmopolitas amigos de los banqueros. El problema de la deuda pide nuevas “medidas de política monetaria, las las llamamos decisiones ‘no estándar’, estrictamente separadas de las decisiones ‘estándar’, y orientadas a restaurar una mejor transmisión de nuestra política monetaria en estas condiciones anormales del mercado.” Lo que tenemos que hacer es que estas condiciones sean una nueva normalidad, y que se re-defina la solvencia para que refleje la capacidad de una nación de pagar deudas mediante la venta del dominio público.

El BCE y la UE afirman que Grecia será “solvente” mientras tenga activos que vender. Pero si las poblaciones en las actuales economías mixtas piensan que la solvencia existe bajo las proporciones públicas/privadas existentes, resistirán el intento del sector financiero de seguir adelante con adquisiciones y embargos hasta que posea todos los activos del mundo, todos los activos hasta ahora públicos y corporativos y los de individuos y sociedades.

Para minimizar la oposición a esta dinámica los economistas favoritos del sector financiero restan importancia al peso de la deuda, pretendiendo que puede ser pagada sin perjudicar la vida económica y, en el caso griego por ejemplo, utilizando la contabilidad chatarra de “valoración según modelos” y derivados y permutas financieras para ocultar simplemente su magnitud. Dominique Strauss-Kahn en el FMI afirma que la crisis de la deuda post-2008 es solo un “problema de liquidez” a corto plazo y de falta de “confianza”, no insolvencia que se refleja en una incapacidad subyacente de pago. Los bancos prometen que todo irá bien cuando la economía “vuelva a la normal” – como si pudiera “pedir prestado para salir de deudas”, al estilo de Bernanke.

De eso trata la actual guerra financiera. Está en juego la relación del sector financiero con la economía “real”. Desde la perspectiva de esta última el papel apropiado del crédito -es decir, la deuda- es financiar la inversión y gasto de capital productivo, porque las deudas se pagan con el beneficio económico. Esto requiere un sistema financiero regulatorio y un sistema tributario para maximizar el crecimiento. Pero ésta es precisamente la política fiscal contra la cual lucha el sector financiero actual. Exige una deducción preferencial de impuestos sobre intereses a fin de alentar el financiamiento de deudas en lugar de derechos de propiedad. Ha deshabilitado las leyes y regulaciones de veracidad en créditos para mantener las tasas de interés y los aranceles en línea con los costes de producción. Y bloquea que los gobiernos hagan que los bancos centrales financien libremente sus propias operaciones y suministren dinero a las economías. Y para colmo ahora exigen que la sociedad democrática ceda ante el régimen de la autoridad financiera autoritaria.

 

 MICHAEL
George Papandreu.

Finanzas y democracia: del refuerzo mutuo al antagonismo

La relación entre la banca y la democracia ha pasado por muchos serpenteos durante los siglos. Antes este año, el intento de la oposición democrática contra el intento del BCE y del FMI de imponer austeridad y ventas de privatización tuvo éxito cuando el presidente Grimsson de Islandia insistió en un referendo nacional sobre el pago de la deuda de Icesave que dirigentes de Althing habían negociado con Gran Bretaña y Hoaldna (si uno puede caracterizar una abyecta capitulación como una verdadera negociación). Dicho sea a su favor, una fuerte mayoría de 3 a 2 de los islandeses votaron No, salvando a su economía de ser llevada a una esclavitud por deudas.

Históricamente se ha requerido acción democrática para imponer el cobro de deudas. Hasta hace cuatro siglos los tesoros reales eran generalmente guardados en el dormitorio real, y los préstamos a los gobernantes tenían el carácter de deudas personales. Los banqueros se vieron repetidamente timados, especialmente por déspotas Habsburgos y Borbones en los tronos de España, Austria y Francia. Los préstamos a ese tipo de gobernantes tendían a expirar a su muerte, a menos que sus sucesores siguieran dependiendo de los mismos financistas en lugar de volverse hacia sus rivales. Las numerosas bancarrotas del autocrático gobernante Habsburgo de España, Carlos V, agotaron su crédito, impidiendo que la nación reuniera los fondos para derrotar a los rebeldes Países Bajos del norte.

El problema que enfrentaban los banqueros era cómo convertir los préstamos en obligaciones nacionales permanentes. La solución de este problema dio una ventaja a las democracias parlamentarias. Fue un factor importante que permitió a los Países Bajos a lograr su independencia de la España de los Habsburgos en el Siglo XVI. La república holandesa comprometió a toda la nación a pagar sus deudas públicas, obligando al propio pueblo, a través de sus representantes elegidos quienes destinaban impuestos a sus acreedores. Los banqueros consideraron la democracia parlamentaria como una condición previa para hacer préstamos seguros a los gobiernos. Esta seguridad para los banqueros sólo podía ser lograda si los electorados tenían por lo menos una voz nominal en el gobierno. Y la acumulación de préstamos de guerra fue un elemento clave en la rivalidad militar en una época en la cual la máxima para la supervivencia era “el dinero es el nervio de la guerra”.

Mientras los gobiernos seguían siendo despóticos, descubrieron que su capacidad para incurrir en más deudas era limitada. En esa época “la posición del rey como prestatario era confusa, y todavía era dudoso si sus acreedores tenían algún remedio en su contra en caso de default”. El anterior financiamiento holandés-inglés no había satisfecho a los acreedores en este aspecto. Cuando Carlos I pidió prestados 650 mil florines holandeses a los Estados Generales Holandeses en 1625, la alianza militar de los dos países contra España ayudó a retardar la lucha constitucional implícita respecto a quién era responsable en última instancia por las deudas británicas.

El logro financiero crucial del gobierno parlamentario fue por lo tanto establecer a las naciones como cuerpos políticos cuyas deudas no eran solo las obligaciones personales de los gobernantes, sino verdaderamente públicas y vinculantes, no importa quién ocupara el trono. Por este motivo las dos primeras naciones democráticas, Holanda y Gran Bretaña, después de su vinculación dinástica de 1688 entre Holanda y Gran Bretaña en la persona de Guillermo I, y la emergencia de la autoridad parlamentaria sobre las finanzas públicas desarrollaron los mercados de capital más activos y se convirtieron en las principales potencias militares de Europa. “Una deuda financiada no podía ser formada mientras el rey y el parlamento luchaban por la autoridad”, concluye el historiador financiero Richard Ehrenberg. “Recién después de la revolución (de 1688) el Estado inglés se convirtió en lo que la república holandesa había sido hace tiempo -una verdadera corporación de individuos firmemente asociados, un organismo permanente”.

En breve, las naciones emergieron en su forma moderna adoptando las características financieras de ciudades-Estado democráticas. Los imperativos financieros de las guerras del Siglo XVII ayudaron a que esas democracias fueran victoriosas, porque los nuevos sistemas financieros nacionales facilitaron los gastos militares en una escala ampliamente expandida. Por el contrario, mientras más despóticas eran España, Austria y Francia, más dificultades encontraban para financiar sus aventuras militares. Austria se quedó “sin crédito y consecuentemente sin muchas deudas” a fines del Siglo XVIII, el país menos digno de crédito y peor armado en Europa, como señaló Sir James Steuart en 1767.  Llegó a depender enteramente de subsidios y garantías de préstamo británicas en la época de las guerras napoleónicas.

La época moderna del financiamiento de la guerra se desarrolló por lo tanto al unísono con la expansión de la democracia parlamentaria. La situación fue similar a la que tenían los tribunos plebeyos en Roma en los primeros siglos de su República. Podían vetar todo financiamiento militar hasta que los patricios hicieran concesiones políticas. La lección no se perdió en los parlamentos protestantes del Siglo XVIII. Para que las deudas de guerra y otras obligaciones nacionales fueran vinculantes, los representantes elegidos del pueblo tenían que garantizar impuestos. Esto sólo se podía lograr dando al electorado una voz en el gobierno. Por lo tanto el deseo de ser reembolsados fue lo que apartó la preferencia de los acreedores de las autocracias hacia las democracias. Finalmente solo podían cobrar a las democracias. Esto, por cierto, no reflejaba necesariamente convicciones políticas liberales por parte de los acreedores. Simplemente querían que se les pagara.

MICHAEL
Antonis Samaras.

Las ciudades comerciales soberanas de Europa desarrollaron las mejores calificaciones crediticias, y por lo tanto pudieron emplear mercenarios. El acceso al crédito fue “su arma más poderosa en la lucha por su libertad”, señala Ehrenberg, en una época en la que “el aumento en el uso de armas de fuego las había obligado a rodearse de fortificaciones más sólidas”. El problema era que “cualquiera que daba crédito a un príncipe sabía que el reembolso de la deuda dependía solo de la capacidad y voluntad de pagar de su deudor. El caso era muy diferente en las ciudades: si alguien tenía poder como jefe supremo, también había corporaciones, asociaciones de individuos que daban una garantía común. Según la ley generalmente aceptada cada burgués individual tenía una obligación legal por las deudas de la ciudad, con su persona y su propiedad.”

Ahora han cambiado las cosas: De los votantes islandeses a las grandes multitudes que se reúnen en la plaza Syntagma y otros sitios por toda Grecia para oponerse a las condiciones que el primer ministro Papandreou ha estado negociando para un préstamo de rescate de la UE al gobierno -a fin de rescatar a bancos alemanes y franceses. Ahora, cuando las naciones no buscan dinero para la guerra sino para subvencionar a insensatos banqueros depredadores, Jean-Claude Trichet del BCE sugirió recientemente que se saque la política financiera de las manos de la democracia.

Pero si un país todavía no cumple, pienso que todos estarán de acuerdo en que la segunda etapa tendrá que ser diferente. ¿Sería ir demasiado lejos si consideráramos, en esa segunda etapa, que se diera a las autoridades del área del euro una influencia mucho más profunda y terminante en la formación de las políticas económicas del país si éstas se extravían de modo dañino? ¿Una influencia directa, mucho más allá y por sobre la vigilancia reforzada que se está considerando actualmente?...

Lo que está en juego es la soberanía en sí, cuando se trata de la responsabilidad gubernamental por las deudas. Y al respecto la guerra que libra contra Grecia el Banco Central Europeo (BCE) ser considerada en el mejor de los casos como un ensayo general no sólo para el resto de Europa, sino para lo que los lobistas financieros quisieran introducir en EE.UU.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street, distinguido profesor investigador de la Universidad de Missouri, en Kansas City, y autor de numerosos libros, entre ellos: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva edición, Pluto Press, 2002) y Trade, Development and Foreign Debt: A History of Theories of Polarization v. Convergence in the World Economy. Puede contactarse con él en: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

 

 

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