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¡Aaaaarrancan!!!

CARLOS RAMÍREZ HERNÁNDEZ


Como si nada hubiera pasado en el país en el último cuarto de siglo, como si las cosas estuvieran para diversiones y como si asistiéramos al remarke de viejas películas políticas, el proceso de sucesión presidencial del 2012 arrancó formalmente con el destape del secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, promovido al viejo estilo priIsta de la cargada por casi centenar y medio de panistas.

En el PRI las posiciones ya estaban definidas: Enrique Peña Nieto como el precandidato seguro, aunque con el senador Manlio Fabio Beltrones construyendo una mejor candidatura; en el PRD no hay otro que Andrés Manuel López Obrador, con un Marcelo Ebrard esperanzado en que algo le pase al tabasqueño y emerja como el bueno. Y en el PAN se hizo una lista de siete aspirantes y la semana pasada Cordero fue lanzado por una élite panista nada desdeñable.
Ya están, pues, fijadas las posiciones, ya está abierto el juego y ya comenzó la carrera presidencial, pero es la hora en que los mexicanos se preguntan cuáles son las ofertas de los aspirantes presidenciales. Sobre todo, la preocupación social radica en la percepción de un entorno político, social y de seguridad bastante adverso. Y lo más grave de todo es que ningún partido ni ninguno de los precandidatos ha diseñado una oferta que se ajuste al escenario de agotamiento del viejo régimen priísta y al desgaste del tiempo panista para la definición del recambio.

 

Lo más grave de todo parece ser el escenario inevitable: el país ya no dividido sino fracturado en tres tercios irreconciliables: el fundamentalismo religioso de López Obrador, el tradicionalismo priísta de Peña Nieto y el economicismo de Cordero dibujan la falta de una visión conjunta de la crisis del país. Pareciera que México no vive un enfrentamiento entre cárteles del crimen organizado ni anhela el regreso del PRI que llevó al país a la orilla del abismo en el 2000 ni una crisis económica que requiera un técnico estabilizador. Las élites políticas han perdido irremediablemente dos sexenios 2000-2012 para definir, negociar y aplicar los cambios de modelo de desarrollo, de sistema político y de pacto constitucional. El corto ciclo panista ha transcurrido entre la administración de la crisis con Fox y la sobrevivencia institucional de Calderón.

 

El escenario del 2012 prefigura una competencia mezquina por el poder. Los perfiles de los precandidatos mejor posicionados no aportan elementos para suponer a alguno como la posibilidad de la modernización y el ajuste del proyecto nacional. Peor aún: dos de ellos -el del PRD y el del PRI- ofrecen datos nada reveladores de que estarían en la lógica de la restauración del viejo régimen y sus protocolos políticos; y el tercero -el del PAN- carece de perfil político y por tanto de alguna propuesta de diferenciación: la continuidad del calderonismo es la ausencia de un proyecto reformador.

La percepción del proceso de sucesión presidencial como una carrera de caballos -que fue tan festejada en los tiempos del priIsmo- sólo confirma el hecho de que la diversión de las apuestas le da valor político a la competencia, todos queriendo hacer la chica o la trifecta o trifecta candado. Total, qué serán otros seis años de continuidad paralizante o el regreso del Ogro filantrópico o la dictadura perfecta.

 

carlosramirez

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