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Heriberto, el gallo

 

RAYMUNDO RIVA PALACIO

 

Heriberto Félix Guerra tiene dos caras. Una, la que le ven hacia el interior del gabinete, donde los expertos en su tema, desarrollo social, lo consideran como el peor secretario que ha pasado por ese despacho. La otra, la que ven en el exterior del gobierno, que lo consideran el mejor secretario de Desarrollo Social de las administraciones panistas. Visto objetivamente, las dos partes tienen razón. Félix Guerra se las ha ganado a pulso.

 

Hacia el interior de la Secretaría se han convertido en leyenda sus horas de trabajo y la forma como se relaciona con sus subalternos. Sus jornadas laborales comienzan al mediodía -entre 12 y 13 horas-, pero cumple cabalmente con los horarios flexibles de un funcionario de su rango, convocando a reuniones a sus colaboradores a la medianoche y en ocasiones programando sesiones de trabajo a las dos de la mañana. Para quienes tienen horas laborales regulares, las jornadas son extenuantes.

 

Para él hay cosas que son absolutamente irrelevantes. Economista del Tecnológico de Monterrey, empresario de formación y corazón, es pragmático y nada teórico, exuda la praxis sin recato de lo que puedan pensar interlocutores de su visión o sobre su bagaje teórico o académico.

 

En la reciente Cumbre del Milenio de Naciones Unidas, donde por estar enfocada a desarrollo sustentable él debía haber encabezado la delegación mexicana. En lugar de acudir al foro donde participaron más de 60 jefes de Estado y de gobierno, incluidas las potencias del mundo, canceló su participación porque prefirió una reunión con ejecutivos de Wal Mart. Hace casi un año asombró al entonces subsecretario Gustavo Merino, economista por el ITAM, maestro y doctor en Políticas Públicas por la Universidad Harvard, al cuestionar sus planteamientos: “Están sobrentrenados”.

 

RAYMUNDO

Heriberto Félix Guerra

 

A Félix Guerra, que se ha enfrentado a los calderonistas con palmarés académicos, le debe importar un bledo. A diferencia de todos los miembros del gabinete, de todo el gabinete ampliado, él tiene algo de lo que carecen todos: su relación, estrecha e íntima, con el presidente Felipe Calderón, y el nexo poderoso entre su esposa Lorena Clouthier, hija del Maquío Manuel Clouthier, y la esposa del Presidente, Margarita Zavala.

 

La relación la subrayan los hechos. Desde que llegó al Distrito Federal en el arranque del sexenio -era subsecretario de Economía antes de ascender a la titularidad de Desarrollo Social-, no tuvo problemas de vivienda. La familia Calderón dispuso de su casa particular, en el sur de la ciudad de México, para que la habitaran sus amigos.

 

El Estado Mayor Presidencial, que sólo recibe órdenes del Presidente de la República, le otorgó doble protección. Le han permitido cosas como a nadie, como se dio cuando en un viaje en un avión oficial, llevó de última hora a uno de sus seis hijos, con lo cual uno de sus escoltas tuvo que viajar parado.

 

Cuando acudió a ver el daño por las inundaciones en Veracruz, llevó a otros dos hijos, a los cuales subió en las lanchas que le pusieron los marinos para que se desplazara a las zonas más afectadas, hasta que uno de los edecanes militares se atrevió a detenerlo y sugerir que los dejara en tierra por los riesgos que implicaba -para los niños- realizar esa travesía de desastres.

 

Félix Guerra no parece tener límite. Sus familiares políticos lo ven con asombro, y no está claro si en la definición final del presidente Calderón por él para que sea el candidato del PAN a sucederlo, le entreguen su respaldo. Electoralmente hablando, el secretario de Desarrollo Social es hoy, a todas luces, el más dotado del gabinete para enfrentar a sus poderosos rivales en 2012.

 

El secretario de Desarrollo Social sí tiene dos caras. La del burócrata que tiene convertida a la Secretaría en un caos, y la del político que en la calle conecta con la gente. En 2004 contendió por la gubernatura de su natal Sinaloa y perdió por 1.2 por ciento de los votos ante Jesús Aguilar Padilla, en una elección de la cual todavía muchos tienen dudas sobre el verdadero resultado.

 

El año pasado, que se puso en juego nuevamente la gubernatura, él, que parecía el candidato natural, fue soslayado. En Los Pinos no iban a enviarlo a Sinaloa cuando las expectativas puestas en él son mucho más altas. El PAN se quedó con Sinaloa, en una alianza con el PRD, gracias a que un ex priista, Mario López Valdés, asumió la candidatura. López Valdés tiene, entre sus más grandes amigos, al propio Félix Guerra. Esto no es sorpresa. El secretario de Desarrollo Social tiene una enorme credibilidad y confiabilidad entre gobernadores priistas. Tres de ellos, que sufrieron desastres naturales, hablan en muy alta estima de él, comparándolo con la mala que tuvieron con su antecesor, Ernesto Cordero, hoy secretario de Hacienda.

 

Uno de esos gobernadores recordó que cuando enfrentó las inundaciones en su estado, Félix Guerra ejecutó en el acto, resolviendo los problemas en el corto plazo. Otro dijo que Félix Guerra no perdió el tiempo con retórica. “Me dijo, ‘dame tu padrón de beneficiarios, te doy el mío, y por ahí empezamos’,”, recordó el gobernador. “Las cosas se solucionaron”.

 

Las experiencias con ellos son tan positivas, que otro gobernador que sufrió inundaciones, Fidel Herrera de Veracruz, le regaló como agradecimiento a sus gestiones una guitarra. Félix Guerra, que es un bohemio, recorre ocasionalmente pasillos y despachos de Sedesol tocando su guitarra.

 

Félix Guerra conecta bien con la gente y parece el gran gallo de Calderón. Este año, el presupuesto federal tiene un énfasis en la política social, su responsabilidad, y en la semana que terminó tuvo una amplia exposición mediática, con una presentación ante la sociedad política de la capital federal, de casi una hora en televisión. En otoño, cuando lo visitó en México un consultor estadounidense contratado para esos fines, le recomendó comenzar a mostrarse a partir de enero. Eso es lo que hizo. Comenzó a recorrer su escalera al cielo.

 

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